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viernes, 18 de julio de 2014

Lunes 14.07.14 Agua Amarga, entro a desayunar a un bar y al final paso allí media mañana, con el ordenador, tras el desayuno un segundo café, sin prisas, me siento a gusto aquí.

Las sombras no protegen igual en todos los sitios, la brisa es mas grata en unos que en otros lugares, el sol cuando lo cruzamos parece quemar menos, son mas amables los rostros que te cruzas, parecería exagerado decir que el duro suelo es menos duro si no fuera cierto, pero lo es.

El vagabundo es como una pieza de puzle, de otro puzle distinto, no se de cual, pero aún así en ocasiones, sea por el color de la pieza que no desentona tanto, sea por la forma que sin casar por ser la idónea ni encajar, queda en uno de los huecos sin forzar al resto, no completa el puzle pero no crea estridencias, la pieza deberá ser movida, reemplazada o lo que sea, pero mientras si no la sometemos a un especial escrutinio casi pasa desapercibida, mimetizada entre las demás. Después en la playa, una de esas con sobra para minusválidos, en su intento de hacer los ayuntamientos accesibles sus playas, paso las horas leyendo, o sin leer. Allí como, fumo en ocasiones, comparto el espacio con gente a quien escucho y observo si en ese momento me merece la pena hacerlo o simplemente nos ignoramos.

Un kiosco de helados y chuches próximo es atendido por dos jóvenes y estas se acercan buscando la sombra, conversamos casi un par de horas con breves interrupciones para atender alternativamente a algún cliente. Sobre las diferentes formas de viajar, “El viajero ve lo que ve, el turista ve lo que ha venido a ver” les parafraseo a G.K. Cherteston, pedante que soy. Hablamos del pueblo, de sus recién terminados estudios, de esto y de aquello y así llega mi hora de partir con el sol ya no tan alto, en esta ocasión hacia Fernán Pérez.

Camino corto, parte en bici y parte a pie, cosa que tengo de sobra asumido y que cubro sin mayor complejo. Pequeña población, una minúscula iglesia, con su plaza y poco más allá otra plazo algo mayor con su bar, escuelas...

En el bar una cerveza, un plato de costillas ahogadas en aceite y un descafeinado con leche, 3 €, charla con algún parroquiano que me dice por la zona que está bien y que no, rivalidades de pueblos, caminos alternativos para mañana e incluso me sugieren sitios para pasar la noche, el lavadero esta techado y a la salida del pueblo.

Jaguai – bombai esun paraiso
caveces yo me monto en mi piso...
tarareo mientras estiro mi plástico, pongo la colchoneta y me preparo para leer un rato mientras me vence el sueño, una farola alumbra un poco el lado derecho de mi lecho y mañana no tengo prisa en levantarme, el bar no abre hasta las 8:30 y Las Negras a donde me dirijo, esta próximo.


Buenas noches.
Domingo 13.07.14, Carbonera. Mañana de lavar. Pantalón, camisetas, ropa interior y calcetines, chaqueta y toalla.

Se lava mal, no se puede tener la ropa a remojo, es difícil enjuagar el jabón e imposible quitar el exceso de agua ¿centrifugar?, pues eso, imposible, por lo que si bien dispongo de todo el sol y tiempo del mundo para secarlas, las prendas están totalmente empapadas, chorreando, por mucho que me empeñe en escurrirla, la chaqueta y la toalla van a precisar horas de sol.

Con calma, el libro y un melón que compro a un señor que desde Tomelloso se ha desplazado para vendérmelo, pues nadie más en toda la playa ni desde los bloques de apartamentos próximos muestra interés por su mercancía. Me zampo el dulce melón, 1 €, ni se molesta en pesarlo. La ropa, ya seca, ocupa su sitio en las alforjas, noto el sol en mi espalda a pesar de haber buscado las escurridizas sombras, ciertamente cada vez con menos ahínco. A comer por que es la hora, sin apetito, ¿como tenerlo tras almorzar un melón entero?, rato de sombra, lectura, media siesta con las moscas y a hacer tiempo.

Hace días que no me conecto a la red para consultar los mapas y desconozco la distancia que me separa de Agua Amarga, mi siguiente punto en el camino. Pregunto a quien supongo informado por llegar de esa misma dirección y en caravana, 30 kilómetros me suelta el tipo y el alma se me cae a los pies. Unos minutos después y tras cinchar mis bártulos pasa un guardia civil y no conforme con la desalentadora información previa le pregunto.Esta vez son sólo 9 km y antes de que la distancia sufra nuevas variaciones que podrían ser en mi contra decido partir raudo. Zona industrial de Carbonera, potabilizadora de agua, central térmica, cementera, aceites vegetales comestibles, etc y por ahí hasta la playa de Los Muertos con un atestado parking de pago sobre una loma de la que parte el sendero que baja a la playa. Subo un poco mas y aparece al fin Agua Amarga, paseo de prospección, un helado en el kiosco, 1,20 € con un corneto que en los demás sitios he visto a solo 1 €, esto huele a caro.

Compro pan y fruta en la tienda, abierta aún a las 21:30 de un domingo y nueva confirmación de los precios que por aquí se gastan. Me dejo caer en un banco en la plaza del pueblo, dos pantallas de dos bares transmiten la final del mundial que no atiendo yendo de mi libro a la gente, observando como se relacionan con sus cachorros, todo turismo familiar, como negocian con ellos, los nombres que les han puesto, como los visten. Me marcho sin que termine la prorroga y sin importarme el resultado.


Esta noche, junto al mar, una franja ajardinada con el suelo de segada y mullida hierba, entre dos palmeras. Sin viento ni mosquitos, dormir a pierna suelta como hacia días, hasta las 8:30 a pesar del alto sol en que me despierta la máquina que limpia la playa y me hace regresar a la realidad.
Sábado 12.07.14 Salgo de Mojacar tras desayunar tarde, aquí se cierra tarde por las noches y se abre más tarde aún por las mañanas, además, mi falta de previsión es demencial, nunca o casi nunca caigo en temas tan elementales como que necesito agua o alimentos para la siguiente jornada si esta la pretendo emprender a buena hora y no me da como destino algún lugar donde abastecerme a la hora que los necesite, o simplemente algún imprevisto. Mi falta de prevención ante estos temas prácticos es preocupante y casi siempre cara.

Al salir tan tarde, he de detenerme, por el sol, muy cerca, en Agua del Medio, donde hay una ermita, a la sombra de un algarrobo, lectura, comida, siesta corta y vuelta al camino todo esto junto a la Casa de las Mariposas donde unas campanillas alegran con su sonido mi estancia. Todo subida lo que augura una buena bajada que ha de aparecer tras alguna curva. Cruzo el camping Sopalmo y continua el ascenso, más picado si cabe. Por fin llego a un mirador que anuncia la entrada al parque natural y ofrece una esplendida vista de la costa, Carbonera al frente, El Algarrobico con su polémica construcción a mis pies y una hermosa bajada serpenteando el monte que promete ser rápida y fresca. Antes de dejarme caer me fumo medio cigarrillo, me salen espantosamente mal, no se liar y no creo que aprenda nunca esa habilidad y por supuesto no reparo en que se me terminan las boquillas.

Llegada a Carbonera, doy un paseo bici en mano, breve charla con un jubilado, en el paseo marítimo, vive aburrido, le gustaría viajar, tener algo que hacer, pero el solo no se anima, se interesa por mi viaje y el como llevo la soledad del mismo. El, viudo, la lleva mal. Cena, un rato de lectura sentado en ese paseo y comienza mi búsqueda de suelo donde dormir, camino hasta el final del pueblo, puerto deportivo, un pequeño parque lo separa de otra playa que no me atrae para dormir pero que veo perfecta para mis planes de mañana, colada. Retrocedo los metros que me separan de una calle cortada en el puerto deportivo, con unas plantas que adornan junto al muro, se me hacen atractivas por la intimidad que me dan y me decido al fin. Aún así me demoro un rato más en la lectura, interrumpida por otra breve charla, esta vez con el camarero que me sirve un descafeinado con leche, el de Castellón, me pregunta y le contesto, cuando afirmo que en el fondo desconozco a donde voy siempre tengo la sensación que no me terminan de creer.


Me retiro cansado, relajado y en paz a descansar.

lunes, 14 de julio de 2014

Viernes 11.07.14 Tras una reparadora noche de descanso me pongo en marcha en dirección a Garrucha. En el camino, una tienda de bicis abierta, compro unas de esas ¿pinzas? Que se usan para cambiar las cámaras pinchadas, no se como se llaman, pero de esas, 3 €. Corta distancia me separa y llego en un rato, desayuno allí y leo a la sombra, hora de la comida, después a esperar que baje un poco el sol y continuo para Mojacar, donde si bien he estado en muchas ocasiones, en el núcleo del pueblo, no conocía su zona de playa, la recorro en toda su extensión sin que logre gustarme, sucesión de apartamentos, hoteles, locales de ocio, etc. las playas que veo no me dicen mucho. Abro una lata de cefalópodos sin determinar, en salsa americana y me la zampo, una naranja de postre. Me encamino al final de la zona urbanizada donde me detengo junto a un mercadillo, por su parte de atrás de los tenderetes sin prestar atención a estos, a leer, que placer.

En el camino me cruce, no pude dejar de prestarle atención al hecho, con un sij en patines. Con sus barbas, cabello recogido en turbante, prendas y demás, todo, pero en patines. Detenido y enfrascado en mi lectura, aparece de nuevo, frente a mi, se presenta, Sat Siri Akal, Singh Khalsa, comenzamos a charlar, sentado ambos en el banco donde estaba, me habla de dios, de amor, de universos, me recita algunos vedas, el regreso hace poco del Templo Dorado, Harmandir Sahib en el Panyab. Hablamos de viajes de lo humano o lo divino, el más de lo divino, ciertamente, si bien un desamor lo mantiene tocado, con resignación lo lleva pero ella ocupa sus pensamientos y me habla de ello, de como la conoció, de como se enamoro y de como teme que la espanto. La conversación se alarga, nos sentimos bien, alternando temas y oradores, unas veces uno escucha, con interés lo que el otro cuenta para a continuación pasar el relevo y convertirse en narrador. Las horas fluyen. En un momento me pide poder calmar el dolor de mis pies, hace un ritual y me pone las manos sobre los tobillos doloridos, comenzando por el que peor siento, sin tocarme, yo le observo y miro como se transforma su rostro, como entra en una  tensión sin que esta parezca forzada, siguen un esquema que presenta una sonrisa, sonrisa donde la frente, ojos, pómulos, labios, tienen su sitio y conforman un todo. Veo sus músculos faciales trabajando pero en una situación que parece forzada y cómoda a la vez, no puedo apartar de ellos mi mirada mientras el hace y yo me dejo hacer, con escepticismo y con respeto.


Intenta una foto con su teléfono, no salen las cosas, en el primer intento no le funciona el flash, en el siguiente ni siquiera la foto es posible. Algo de su móvil que no anda bien, me dice. Se queda con mi número de teléfono por si en unos días decide ir hacia Las Negras por donde yo pasaré, sabe que por allí anduvo hace no mucho su frustrado amor y se debate entre buscarla o no. Nos abrazamos, son las 1.34 de la mañana, tengo sueño, el continúa su camino y yo me retiro a dormir, esta noche sobre un banco y tras algún tenderete de ese mercado que no he llegado a ver a pesar de estar en el desde hace unas cinco horas. Mañana partiré hacia Carbonera, tan pronto desayune si encuentro un lugar que sea simplemente bar o cafetería, sin chill out, sin lounge, algo donde hagan café y tostadas sin mas, ¿parece fácil?, mañana te contare... y otra cosa, me revientan los diminutivos de gourmet, ya no hay verduras, ahora son verduritas, al pan tostado de toda la vida ahora se le llaman tostas, los gin tonic parecen gazpachos con ginebras “premium”, se nos va de las manos esto, compañeros. Vivimos tiempos en que una taberna de toda la vida, es algo tematizado y franquiciado, donde lo de siempre se adquiere previo pago de royalty. De aquellos polvos vienen estos lodos y todo eso, en fin, para que.
Jueves, 10.07.14 El Playazo, Vera. Ayer tarde llegué a las playas de Vera, una ducha. ¿Existe otro lugar como este? Donde se puede ir de tu casa a la playa por la calle en bolas, sentarte así mismo en más de un local y tomar algo, donde una urbanización naturista se sucede a otra junto al único hotel naturista que conozco. Aquí viví hace unos años, durante unos seis meses creo recordar, ahora apuro las últimas horas de sol del día respirando el aire marino, tras una ducha que necesitaba. Paso la noche por aquí y disfruto de este paraíso al menos todo el día para después ir hacia Mojacar. Cené y después un rato de fútbol en el chiringuito. Durante unas horas nos sobrevoló la playa un parapente a motor, molesta, supongo que ando muy sensibilizado ante las cosas que vuelan y zumban al tiempo. Una cerveza, 2 € que no termino del todo.

Dormí medio protegido por un tamarix, mucho calor en el saco a la vez que fresco excesivo fuera de el, viento que levanta polvo y mezclado con la humedad del ambiente hace que por la mañana amanezca todo sucio, con una especie de barrillo fino que iré mirando de limpiar. Amanece con bruma, espesa y extraña, si bien esto desaparece tan pronto caigo en la cuenta y limpio mis gafas.

Tras el desayuno paso un rato en la playa, ahora que aún no quema el sol, los pies húmedos en la orilla, frescos, noto que aún sigue ahí la inflamación del tobillo derecho que si bien molesta menos que estos días atrás, aun presenta el mismo aspecto hinchado. Reposar un día o dos, los que sean precisos, si esto se pone feo lo puedo pasar francamente mal.

Ya por la tarde, me acerco a un supermercado, pan, fruta y error de los gordos, un libro, no me puedo resistir, soy adicto, tengo un monazo de lectura y se que comprarlo es una insensatez, por el precio, por que pesa, por que una vez terminado lo deberé regalar, pero aún con esos argumentos en su contra sucumbo a la tentación. “La gran desmemoria” Pilar Urbano, no es que la oferta del lugar en cuanto a libros fuera como para tirar cohetes y me inclino por este comprándolo al peso, algo mas de 800 páginas.

Con avidez lo comienzo, algo más tarde comienzo a sentir frío, ¿frío?, estoy junto a la playa y el sol aún esta alto, cierto que desde que comencé el viaje colecciono noches frescas, ventosas casi todas las tardes-noches, pero esto es otra cosa, unos estornudos, y sentir congestión nasal encienden todas mis alarmas. Sera estúpido pero simplemente no me he parado a pensar durante este tiempo en un plan de contingencia ante algo tan simple y vulgar como pueda ser un resfriado, ¿que se hace?, ¿como se actúa ante esto?, ¿donde pasa uno el día cuando se tiene fiebre, malestar, un mareo y el cuerpo demanda cama, reposo, oscuridad o silencio?.

Me abruman estos pensamientos, el “frío” lo atajo con rapidez, pantalón largo, una chaqueta y rodeo el cuello con un pañuelo de algodón, con esto me siento algo mejor. Ceno pronto sin reparar hasta horas después en que es lo que he comido, mecánicamente sin prestar atención.

En el chiringuito, con mi libro y dos aspirinas me tomo un descafeinado con leche, 1,30 yo solo como cliente, un cocinero y un camarero completamos el desolador cuadro, pasa una hora, casi dos y me marcho a buscar mi tamarix de hoy. Para estas fechas y lugar, realmente no veo veraneantes apenas. Se como las esperan los hosteleros tras largos meses de inactividad y no les envidio.


Por fortuna el abrigarme, las aspirinas o ambas cosas o ninguna de ellas parecen funcionar y al menos estornudos y congestión no van a más, incluso la garganta que me envió un aviso parece ya calmada. EL tobillo tampoco me está doliendo ahora, mañana si todo sigue así reanudaré camino.

miércoles, 9 de julio de 2014

Miércoles 09.07.14 14:09 Villaricos. Salí ayer a dar un paseo por la playa y cenar algo, con las provisiones repuestas cuando pasé por Águilas, y después de comer algo, era tan agradable la hora, la temperatura y el lugar por donde rodé que sin darme cuenta apenas estaba en la salida del pueblo, aún así veía a grupos de caminantes de buen ritmo, de esos que salen por mantener la forma y quemar calorías o colesterol, les pregunte por el camino que les traía de regreso y me dicen que vienen de la cercana población de Pozo del Esparto de modo que me dirijo hacia allí. He rodado lo que ha sido con diferencia el mejor tramo de mi viaje, ya sin sol, sin calor, sin transito y sin proponérmelo, tan solo con la idea de alejarme un poco de los bulliciosos chiringuitos playeros, buscar un lugar donde dormir y de paso acortar en algo la calurosa jornada de hoy. Por un camino de tierra junto al mar la corta distancia que separa San Juan de los Terreros de Pozo del Esparto, puro gozo. Pero después, por ese pueblo, buscando el sillín, con ganas de un poco más he dejado de lado el caminar junto a la bici por el callejeo subido a ella, cosa que sucede por vez primera desde que salí.

Termino en un bar de este encantador pueblo, de charla con un parroquiano y un camarero que parece disponer de tiempo a pesar de sus tareas, en el interior mientras en la terraza la gente cena lo que les cocinan en unas brasas y ven como llegan al final del primer tiempo los alemanes con un rotundo 0-5 frente a Brasil, felices y contentos los clientes alemanes inflan su cuenta con nuevas rondas de cerveza.

Un terreno din edificar en primera línea es mi primera opción para dormir de modo que me detengo a esperar que terminen de jugar al ping pong, también tenis de mesa, dos jóvenes y dos niños. Que genialidad montar una sólida mesa así, junto a la playa. Una hora y pico antes, nada mas llegar al pueblo, observé a otro grupo de jóvenes jugando a balonvolea, ahora voleibol, daba gusto verlos , cantando, bailando, riendo y saltando. Una marca de refrescos que pretendiera hacer un anuncio con estos ingredientes  les quedaría un pastiche forzado, artificial, poco creíble y allí estaban ellos en un hermoso canto a la vida y la amistad. Por cierto, ahora son los niños quienes juegan, tras eliminar a sus jóvenes contrincantes.

Me sorprendí al entrar en el pueblo y ver que las sombrillas de playa, las de algunos pero no pocos particulares, están en la arena con una base de hormigón, como se pueden ver en algunas terrazas de bares, aquí al marcharse a sus casas las pliegan pero no se las llevan con ellos, no las retiran de un día para otro, simplemente las dejan en la playa junto a algunas sillas o tumbonas que no se molesta nadie en retirar ofreciendo de este modo no solo la comodidad de tener que llevar y retirar cada día, de tenerla que clavar, si no además una propiedad de facto sobre ese trozo de playa, en en casas que ya no es que estén frente a la playa, es que están literalmente sobre ella.

Me gusta el ritmo de este pueblo. Esta mañana espere hasta las 8 que antes no abrió sitio alguno donde poder desayunar.

La noche fue ligeramente movida, elegí mal sitio para dormir, a las afueras, pegado a un muro por contar con su protección, algo mas de transito de esperado, lugar con mas pendiente de la que resulta recomendable, oigo un mosquito y comienzo mi ritual de loción, la cosa queda ahí sin mayor molestia. Como viene siendo ya normal, calor dentro del saco y demasiado fresco fuera de el, con lo que termino sudando algo dentro del mismo.

Hace años, en mi juventud, recuerdo que acampando por Cazorla escuché de jaurías de perros, asilvestrados, provenientes de abandonos de mascotas si bien alguno puede haber nacido ya en ese estado salvaje. Pues bien, comparto espacio y horario de reposo con una de estas jaurías que en la oscuridad no logro adivinar ni número, por su sonido estimo que al menos cinco de ellos, ni de que razas o que aspecto pudieran tener. Me ladran y se van acercando, supongo que me ponen  a prueba, buscando tal vez comida pues vienen de unos contenedores donde les escuché disputar algún pobre bocado. Cuando ya los siento cerca y cansado de sus ladridos me incorporo y alcanzando una piedra del suelo la tiro en su dirección, solo les entreveo, sin ánimo de alcanzarles cosa que desde luego no sucede, pero logro de este modo espantarlos e incluso que dejen de ladrar.

Ya con las primeras luces del día veo que son no menos de diez animales, en diferente estado de alimentación y cuidado, alguno de raza, un labrador o golden retriever y que con la luz emprenden su camino al igual que yo. El mas grande, oscuro, lidera el grupo.

Ah, no he resuelto aún lo del rocío, la humedad junto al mar por su brisa o lo que sea que empapa mi saco o cuanto tengo en mi vivac. Urgente encontrar solución a ello. Como hoy tocó hacer colada, mientras las prendas secan al sol, dejé también el saco extendido durante mas tiempo para que seque en condiciones al tiempo que se airea.


A todo esto estoy en Villaricos donde llegue tras rodar esta mañana con autentico placer, del paisaje espectacular de las calas, placer de poder afrontar sobre la bici algunas cuestas y repechos, por fin, placer de ver que puedo hacerlo tras jornadas muy preocupado por mi rendimiento sobre la bici y temiendo a cada instante el tener que hacer siempre camino a pie sobre mis doloridos y rotos pies. Pues no, parece que esto, si no bien del todo, tampoco va a ser malo del todo, paciencia y perseverancia.

martes, 8 de julio de 2014

Martes 08.07.14 14:16 San Juan de los Terreros. He recorrido la escasa distancia que separa Águilas, entrando en Andalucía y me he detenido en el primer bar que me encuentro, a desayunar, cargar la batería del ordenador y preguntar por un wifi al que pudiera acceder, me invitan a hacerlo allí mismo y paso de blogs media mañana, leyendo de los que leo y escribiendo en el que escribo, actualizando varios días que tenia escritos en cuaderno pero sin subir.

Hoy no pienso caminar mas de lo mínimo imprescindible, ni pedalear, ni hacer otra maldita cosa que reponer fuerzas y ánimos agotados. He pasado por las cuatro calles de esta agradable población, asomado a un par de calas que por tener el acceso mediante escaleras me están negadas si no decido dejar la bici fuera de mi vista. Localizado en centro social donde iré esta tarde. Sigo teniendo muy inflamado el tobillo derecho, espero que el reposo de hoy ayuda a que se calme.

Entiendo que una gran parte de mi confort pasa por el hecho de montar la tienda aunque tendría mejor que decir que gran parte de mi escaso confort pasa por el hecho de NO montarla, si bien esto obedece a una serie de cuestiones por mi razonadas pero no por ello razonables. Por un lado nadie pone reparos a quien subrepticiamente se deja caer al suelo una vez anochecido y discretamente se retira una vez sale el sol. La tienda es otra cosa, que está taxativamente prohibida en la mayor parte de los sitios y mal vista en los demás salvo que se trate de una propiedad privada, cosa que implica encontrarla, localizar a dueños y pedirles autorización. No soy una pareja de jóvenes con la inocencia dibujada en sus rostros y un aire lúdico-vacacional que les envuelve como halo por donde pasen. Sumemos a ello la energía necesaria para indagar sobre los propietarios de la hacienda en cuestión más la no menor energía que se precisa para negociar dicha pernoctación que nada de interés les reporta.

Y dentro del capítulo energético, la tienda se monta en nada, pero por las mañanas el proceso de desmontar, recogida de pertrechos, plegado, etc, no es tan rápido en un cuerpo entumecido, necesitado de un café, un lavabo, con urgencia y no olvidemos, solo, con lo sinérgicas que son esas tareas en compañía (me refiero, claro está, a lo de desmontar, etc, la tienda, lo de ir al lavabo me lo gestiono solo estupendamente). La tienda viaja conmigo "por si". Por si llueve, por si no solo le da por llover si no que ademas lo hace mas de un rato, en mitad de ningún sitio, por la noche.

Esto no es una excursión donde puedo decidir en la siguiente que cosas llevé de menos o de más. Si me desprendo de algo, reponerlo supondrá después un esfuerzo económico que lo puede convertir en prohibitivo e inalcanzable, la tienda viene a ser como uno de esos seguros que se contratan con la esperanza de no tener que usarlos o no al menos de un modo inmediato pero sería insensato no tener, como un extintor donde es preceptivo tenerlo.

Se además que con los días, adquiriré nuevos hábitos, sufriré transformaciones fruto de mi aprendizaje o de mi insensatez y cosas que ahora pueden carecer de sentido o aparente utilidad deben de cobrar protagonismo, de modo que la tienda sigue conmigo. Además que mi actual reticencia a su uso indiscriminado puede variar completamente bajo circunstancias que en este momento están fuera de mi previsión. 

Pero con la tienda no serian los mosquitos el problema que son ahora, ni me despertaría en mitad de la noche con todo empapado de humedad, saco incluido y el frío metido en los huesos a causa de ello. Tiene que existir una solución intermedia, por lo pronto cualquier simple techado, la copa de un árbol tal vez, ya podría ir actuando de paliativo (lo es el poner un  techo efímero a quien carece de el) circunstancial. Esto requiere un aprendizaje. Observar, pensar y cambiar para ir mejorando cada día.