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jueves, 12 de marzo de 2015

Miércoles 11.03.15 Ohrid (Macedonia) Tras una noche en la que no paró la lluvia, desmonto la tienda, empapada, con las manos ateridas de frío. Esta lluvia con la que inicio el día será nieve en el paso fronterizo que une/separa Albania con/de Macedonia y que dista siete kilómetros de mi dormitorio y no se cuantos metros de altura de diferencia de cota.

Tan pronto comienzo a rodar por el país voy notando las diferencias. Más vegetación, menos basura y construcciones mucho más cuidadas. Ya al cruzar las primeras poblaciones se puede observar una atención y cuidado en sus espacios comunes así como gusto en su planificación urbana, cosas de las que Albania carece totalmente.

Primero cambiar moneda, poca, ya que pretendo, si el tiempo lo permite, cruzar el sur del país en tan solo un par de jornadas.

Me detengo a primera hora de la tarde, cuando encuentro una zona cubierta donde intentar poner a secar la tienda, cosa complicada con la cantidad de humedad en el ambiente, la falta de sol y su baja temperatura. De cualquier modo, dormiré bajo techo y sin montar la tienda, tan solo el doble techo apoyado en la bici, en un intento de retener en lo posible el calor y lograr cierto grado de intimidad. Así dormí mi primera noche en Albania y alguna que otra en Portugal y con solo disponer de una pared, el resultado puede ser realmente confortable.

Entro por curiosidad en un supermercado, la sorpresa es grata, ante la escasez de oferta que vengo padeciendo estas dos últimas semanas, voy recorriendo estantes y calculando los precios en euros, la moneda local me da 61 unidades por un euro, ya lo hice antes ante la puerta de unos bares y veo que aquí las diferencias están más equilibradas. Bares más caros, levemente, y supermercados no tan caros, levemente también, de modo que iré alternando ambos modos de nutrirme, según me de.

Esta zona del país esta habitada por muchos albaneses y mañana encontraré a griegos. Parte de los albaneses llegaron refugiados por la guerra de Kósovo, y se establecieron cerca de su país. Leí no se por donde de la influencia eslava por migraciones búlgaras a lo que hay que sumar los movimientos de población de cuando esto era parte de Yugoslavia. Una cosa que noto en falta es que no recurren al italiano y directamente establecen comunicación en ingles, en el que puedo construir frases pero apenas lo entiendo cuando me hablan. Las indicaciones de carreteras o en sus ciudades están con el nombre en macedonio que no conozco y escritas en cirílico que aún lo comprendo menos. Por fortuna, tras cambiar moneda, me hice con un plano, por el equivalente a un euro, en donde todo esta escrito en macedonio y cirílico. Miro la señal de carretera y tras un momento puedo localizar el lugar en el plano, si lo han puesto en el plano.

En el supermercado compré leche kosovar y un cuaderno servio. En una panadería, un cruasan, descomunal, y que no sabe a cruasan.


Me sucedió hace unos días también y no lo mencioné. Misma pregunta. Fue hoy en la frontera y me lo preguntó un guardia albanés, ¿por que viajas en bici?, ¿por que por Albania?. Desconcertado, se le ve en una cara, que no deja de hacer señales de negación, no comprende ni este modo de viajar ni que a nadie le de por visitar un país en donde una buena parte de los que lo habitan a buen seguro le encantaría dejar atrás. No tengo respuestas para el.
Lunes y martes 09 y 10.03.15 Vía Egnatia. Tan pronto salgo del aeropuerto, y tras dormir como una hora y veinte minutos en la noche, me dirijo a la autopista que une Durrës con Tiranë y puedo observar el denso transito de vehículos que de buena mañana se dirigen a la capital. Cruzarla es caótico, nada que ver con la ciudad que pude ver durante el fin de semana.

Los intentos de la policía por ordenar algo esa marea son inútiles ante la nula observación de sus indicaciones por parte de vehículos y peatones. Cada cual actúa a su entender sorteándose peligrosamente. Puedo asistir a un autentico motín cuando los peatones, cansados del tiempo que el policía les hace esperar para cruzar, pasando de el completamente invaden la calzada y se monta un lío monumental. El policía se da la vuelta e impotente se retira, les deja hacer.

Dejo atrás Tiranë y hasta la frontera todo será una prolongada cuesta, para ir tomando altura, que va serpenteando entre montañas nevadas. El paisaje quiere ser bello sin lograrlo. Le falta algo, un no se que. Pero por encima de todo, no ayuda, ni una arquitectura de fealdad sólida, sin fisuras ni concesiones, ni ayudará la basura amontonada por doquier. Ni siquiera como paraíso vintage le veo futuro a esto, mucho tiene que cambiar para alcanzar su sueño de destino turístico, a pesar de su costa o sus precios. Por la costa he visto edificios de apartamentos con su piscina separada por la valla de montañas de basura pestilente. Un río que recorro ahora a lo largo de unos 60 kilómetros, tiene sus riveras convertidas en vertedero con toneladas de bolsas de basura que cuelgan de cualquier saliente. Esto deprime.

El martes ya llueve y he de recoger la tienda, que he usado ambas noches, totalmente empapada y sin posibilidad de secar durante el día.

Por estas alturas, la temperatura nada tiene que ver con la que disfruté en la costa o los días soleados del fin de semana. Hace frío, las manos necesitan de los guantes y tan pronto comienza la tarde me he de abrigar como lo hacía al comenzar el invierno. Voy logrando la suficiente calidez como para conciliar el sueño, si bien de madrugada noto el frío exterior y me despierta.


Estos dos días, ruedo algún kilómetro más de lo normal ante los posibles retrasos que el mal tiempo y las montañas que tengo por delante, bien en Macedonia, bien en Grecia, me puedan ocasionar en mi pretensión de llegar a Tesalónica antes del día 20, donde espero encontrarme de nuevo con Marga. Ilusionado.
Viernes, sábado y domingo 06, 07 y 08.03.15 Tiranë

Desayunar, esperar, comer, esperar, desesperar, esperar, fumar, esperar, ver, abrazar, mirar, abrazar, besar, hablar y hablar, dormir y no dormir.

Desayunar y rodar.



Mi chica


TIRANË, llegar, preguntar, buscar, volver a desayunar, preguntar, buscar, encontrar el hostel, saludar, descargar, salir.



MERCADO, comprar dos pomelos, comprar dos peras, comprar cuatro huevos de corral, comprar aceitunas, comprar una patata. Buscar precinto, comprar precinto.



Comer fruta, duchar, lavar ropa, tender ropa, acostarse, soñar despierto, soñar dormido, SOÑAR, dormir y no dormir, besar, abrazar, acariciar, reír, AMAR.


Respirar
inspirar
expirar
transpirar
suspirar.

Dos cervezas, un paseo. Cenar.


Besar, abrazar, VOLVER A SOÑAR, dormir, soñar.

Despertar, desayunar, salir.





Tomar un café al sol, almorzar al sol, hablar al sol, esperar al sol, tomar el sol.

En la terraza de un café suena...
una rumba (con mucho “nonaino naino”) en español
una canción italiana de los ´80 también en español
música balcánica
un tema de The Beatles
no recuerdo que más.



Ir al aeropuerto, detenerse para un beso, para otro,

para otro más,

comprar la cena, cenar,
planear, quedar,

montar la cama, dormir,

despertar, facturar, desayunar,


abrazar, besar, volver a abrazar, despedirse con la mano, partir.


Nota: Tiranë es un destino romántico, si ha ti no te funciona, ¡cambia de pareja!

viernes, 6 de marzo de 2015

Jueves 05.03.15 Alrededores del aeropuerto. Poco a poco le voy pillando el punto a esto de comer en Albania. Sale mucho más a cuenta hacerlo en un bar que comprar en las tiendas alimentos envasados y los que venden a granel los compran a saber en donde, supongo que tendrán sus lugares y precios. La única precaución es dejar el precio de la comida en el bar pactado antes de comer, para evitar que como extranjero te cobren el doble o el triple del precio normal.

En Durrës me tomé una hamburguesa con patatas y botella de agua por 60 Leke y me llevé tres bollos descomunales y más o menos comestibles por 40.

Siguiendo las indicaciones del diácono ortodoxo que conocí ayer, me dirijo a un convento que se encuentra en lo alto de una población mísera a las afueras de Durrës y camino a Tiranë. Es un convento reconstruido. En un edificio adyacente recorro una exposición de fotos que muestran el estado en que se encontraba el patrimonio religioso del país a la caída del comunismo. Ver un suelo de ricos mosaicos en donde crece la hierba y es pisoteado por rebaños de cabras tiene más que ver con una falta de sensibilidad cultural que con temas políticos, a mi parecer. O el hacer pintadas patrióticas sobre frescos milenarios. Una salvajada.

El complejo monástico tiene una escuela de teología y allí pasaré un buen rato de charla con estudiantes venidos de diversas partes del mundo así como con un par de profesores estadounidenses, el de Alaska y ella de Texas.

Necesito hablar del tiempo, se que puedo resultar cansino con ello. La ración de lluvia de hoy es copiosa, muy generosa.

No se si dispongo de unas horas o de estas horas más un día para encontrarme con Marga. Un correo que leí y su mala traducción me hace tener dudas cuando menciona la madrugada de un día. Imposible la comunicación telefónica por mucho que lo intento y mira que le dedico tiempo al tema. Cabinas a las que, de cuajo, le arrancaron el auricular, un altavoz o el teléfono entero y las que veo completas no dan señal.

Ante esta perspectiva me voy al aeropuerto confiando en desde allí poder llamar y si es mañana cuando llega, que así será, siempre podré dormir en las cercanías del mismo o en la misma terminal. Finalmente uso de dormitorio una casa sin terminar que esta pegada a la valla del mismo.

Me gusta una especie de yogur líquido y salado que venden por 50 Leke el medio litro y que encuentro en bares o restaurantes de fast foot, veo muchos que lo toman acompañando la comida y al imitarlos lo agradezco con placer. Por las tiendas no los he llegado a ver y tengo curiosidad por saber su precio.

EL camino al aeropuerto lo he de hacer de nuevo por una autopista de las de aquí. Veo motos de desguace que usan añadiendo un carro, delante o atrás, y convirtiéndolas en triciclo para llevar mercancías. Son de fabricación casera y carecen de matrícula, cosa que no parece ser gran problema, me he cruzado con coches sin ellas en algún pueblo. Las conducen sin casco. Bueno todas las motos las llevan sin casco, de hecho, por Albania tan solo he visto dos cascos, el mio y el de un tipo con el puesto y paseando por la playa.


A última hora de la tarde, minutos antes del ocaso, me pilla una tromba de agua apocalíptica acompañada de vendaval, cosa seria. Calado hasta los empastes me cambio a oscuras en mi abrigo ocasional y entro agradecido al saco en búsqueda de calor.
Miércoles 04.03.15 Durrës. Día muy entretenido.

Al pasar por un convento de monjes ortodoxos se me antoja entrar a visitarlo. A la entrada del templo, en su interior, dos mujeres sirven a los frailes y feligreses una especie de yogur líquido en vasos de chupito, le añaden una cucharadita de cereales y lo rematan con un dado minúsculo de pan. Quiero pensar que es un tentepie y no se trata de un desayuno.

No tardo en entablar conversación con algunos monjes, uno de ellos me empieza a contar su historia, como se convirtió a la iglesia ortodoxa, siendo el católico, por no gustarle las reformas del Concilio Vaticano II y prefiriendo las liturgias anteriores a este. Me explica igualmente que le gusta el pueblo español por que es católico y monárquico y la monarquía es obra de Dios, le pareció que Franco tuvo su mejor acierto al poner al rey al frente del estado como su sucesor. La reforma del concilio según el, es la causante de la ola de ateísmo y homosexualidad que azota a Europa.

Ya por las playas, veo edificios de apartamentos prácticamente vacíos, así como sus calles. En uno de ellos conozco a Aldin. Fue jugador profesional de fútbol en la liga albanesa, por los años 94 al 2.000 y militó en tres equipos. Su hijo, Stephan, me da la foto en que aparece antes de jugar la final de la copa en el año 96. Su mujer, no me dijo su nombre, es un encanto de simpatía. Entiende y habla algo de español de México, por eso de las telenovelas. Al retirarse de su carrera deportiva, tempranamente me confiesa por su “falta de cabeza” que le hizo tener problemas con entrenadores y directivos, compró un edificio de apartamentos turísticos. Ahora el edificio, y el bar que tiene montado en sus bajos, le da para vivir con lo que saca en la temporada vacacional. Turistas del país así como de Macedonia, Kósovo y últimamente polacos, húngaros, franceses e italianos son su clientela.

Me va contando los difíciles años que pasó el país desde la caída del comunismo, como tuvieron un conato de guerra civil, la situación resultante y el modo en que vivieron las diversas guerras balcánicas. Especialmente compleja fue la de Kósovo, que produjo un buen número de refugiados y muchos problemas posteriores. Aquí en Durrës la presencia kosovar ya es notable, cosa que no vi más al sur. Su restaurante, ahora cerrado, dispone de dos construcciones anejas en el jardín, una es barra, la otra dispone de horno para pizzas y barbacoa. Me permite hacer noche en una de ellas, cuando termine la barbacoa, que espera amigos a cenar esa noche. A malas penas evito caer en el alcohol, pero lo logro. Y paso una noche muy agradable de charla con todos ellos.

Aladi es el que esta en pie al centro.


Esta me la envió Lev a petición mía.





jueves, 5 de marzo de 2015

Domingo, lunes y martes 01, 02 y 03.03.15 Vlorë – Fier – Lushnje – Kavaje. De Himarë a Vlorë cruzo un pedazo de montaña descomunal. Nevada y entre brumas, lloviendo, por supuesto, casi al borde del mar y buena parte del recorrido pie en tierra, empujando la bici cuesta arriba por una pendiente interminable y maldiciendo todo lo imaginable. Descender la misma no fue más fácil, por una carretera que en ocasiones había perdido su asfalto y era un barrizal, temiendo quedarme sin frenos y comerme cualquiera de los hermosos pinos de ese parque natural. Una vez abajo, dejo atrás un paisaje para entrar en otro muy distinto, como distinto es desde aquí Albania, sus ciudades y gentes.

Hasta Vlorë la influencia era griega. Los campos, excepto olivos, se usan para el ganado y ahora ya no será así. Los albaneses que ahora me cruzo tienen mayor influencia italiana, por la emigración y eso me facilitará la comunicación con ellos. El otro día, al entrar a un bar, vi a todos los clientes viendo una telenovela mexicana, sin doblar, con los subtítulos en albanés y gracias a la afición que les tienen he tenido la fortuna de hablar español, y ser entendido y respondido, con dos empleados de bares y un policía con el que casi me da un ataque cuando me suelta con fuerte acento mexicano: “no entiendo el español que usted me habla”.

De estos tres días, tan solo el martes no llovióFue el domingo por la tarde, hablando con Claudio, cuando la sensación de irrealidad que padecí la última semana, desapareció, se esfumó de golpe. Así, sin saber la razón ni el como. Con el y dos empleados de la estación de servicio bajo la que me refugie y donde pasé la tarde del domingo bajo techo mientras fuera diluviaba. Claudio atiende el bar de la gasolinera, habló con su jefe y este me permitió hacer noche en la terraza, cubierta y con paredes de plástico, del bar, Lo abrió a las 6:30 y se empeñó en invitarme al café. Yo a mi vez invité a los gasolineros, que velaron mi sueño.

El mercado, en la calle, de Vlorë fue un espectáculo. No digo ni bueno o malo, pero lo fue. El país es pobre, hablo de salarios de 100 a 200 € al mes y haciendo frente a precios en las tiendas que no guardan relación con sus ingresos. Un litro de leche comprado en la misma fábrica, en su tienda, esta marcado a 130 leke, poco menos de un euro, la pasta como en Italia, no más barata y un litro de gasolina a tan solo 20 céntimos por debajo. Algunos vendedores ambulantes venden leche en botellas de litro y medio de refresco, directamente de los ganaderos, no esperes ningún tipo de garantía sanitaria. He visto igualmente vender botellas de refresco al borde de las carreteras llenas de gasolina.

Aquí se creció a golpe de inmigración y ahora la crisis de otros países ha paralizado a este. Todo parece a medio construir, las casas que se hacían con el dinero enviado quedaron detenidas cuando este dejó de llegar. Por otro lado, lo que se rompe, roto se queda. El aspecto es lamentable. No se ve más basura por lo complicado que tienen el acceso a las cosas envasadas. Puedes recorrer una ciudad pequeña sin ver nada parecido a una papelera.

Otra cosa que me llamó la atención es la falta de vallas publicitarias, puedes ver una con anuncio o dos por ciudad, ninguna en las poblaciones más pequeñas y en carretera es fácil hacer 50 kilómetros sin tropezarte con ninguna.

Desde Fier viajo por autopista. No hay otra opción, ni alternativa. No es de peaje y bien mirado de autopista solo tiene el nombre. Esta permitido ir por ella en bici. Y en asno. Y a pie. O que un pastor, por el arcén, que tan solo es la línea pintada a la derecha, conduzca sus cabras. Cuando las gallinas se despistan y se acercan en exceso a los coches, un claxon las hace salir en estampida, despavoridas.

Junto a las carreteras, y desde que entre al país, veo pequeños bunker de hormigón abandonados, y me pregunto de quien querrían defenderse. Luego recuerdo que Mussolini los invadió cuando pretendía montar un imperio.

Si pudiera olvidar lo macabro del personaje, podría compararlo con el villano de las primeras entregas de James Bond y decidiendo hacerse con el mundo por orden alfabético, primero Abisinia, después Albania, y así, todo bien ordenadito. Sobreactuaria, al gusto de la época, tan solo con hacer una escena en la que se desplazara, con sus oficiales, a paso ligero, como una que vi y no logro borrar de mi retina. Tendría éxito asegurado.

Volviendo al tema de la autopista, su ventaja principal es que tiene asfalto, ya que por la nacional esto no siempre es así. Si por cualquier causa este se rompió o deterioró, te toca pasar por suelos de grava, barrizales o directamente cruzar un torrente que se llevo el firme a saber cuando y que ahí sigue sin reparar.

Otro día por la autopista. Logran que esta tenga cruces, nada de rotondas. ¿De que modo?Poco antes de llegar al cruce reduces los dos carriles en cada sentido a tan solo uno, pones señales para aminorar la velocidad prohibiendo ir a más de 40, en algunas curvas lo reducen a 60, y el cruce se convierte en un fiesta. Todo un mercado ambulante donde se compra o vende lo que sea. Coches, billetes de autobús a cualquier parte de Italia, teléfonos móviles arqueológicos, animales vivos, tenderetes donde se cocinan y venden alimentos, etc.

Son lugares de reunión de la gente, que pasa horas sentados en “terrazas” frente a una taza de espantoso café al que ponen de dos a tres sobres de azúcar. Muchos están en pie, siempre con un manojo de billetes en la mano, un gran manojo, no se si para indicar que tienen dinero para comprar. En una zona ajardinada de la mediana, dos vacas comen hierva y un hombre vende conejos a los que circulan con sus coches, que los compran sin bajar de los mismos. Y hombres, solo hombres, por esta zona del país resulta extraño ver a mujeres por la calle, solo en sus tiendas o bares atendiendo a los clientes. Ya se ven bicicletas circular, aquí la planicie las hace más idóneas.

Una tienda se puede montar con cualquier cosa. Un local destartalado o una simple mesa improvisada en cualquier lado y te pones a vender, o intentarlo, tu mercancía. Un anciano le quita cordones a cualquier calzado que encuentra, a continuación los empareja y así como están, sucias o deterioradas, se convierten en mercancía y las pone en venta, ese es su negocio. Otra señora pone en el suelo una báscula de baño, le pagas unos leke por pesarte.

A diferencia de cuando he recorrido otros lugares, aquí, mi desconocimiento cultural de la zona, no me permite prever las consecuencias de usar para dormir espacios públicos o privados sin previa autorización y prefiero enfrentarme a las complicaciones idiomáticas para pedir permiso antes que a las de ofrecer excusas. Por fortuna, hasta la fecha, no he encontrado mayor dificultad en que me permitan usar algún espacio cubierto para hacer noche y con eso descanso con menor inquietud a sabiendas de no tener visitas inoportunas o complicaciones.

Voy sobrado de tiempo. El aeropuerto al que me he de dirigir se encuentra a mitad de camino entre Durrës y Tiranë, lo que hace que tan solo sea media jornada de viaje y la hora en que he de esperar a Marga es bien tarde, a las 23:00, lo que me da todo el viernes para realizarla, paseando si quiero. Ante esta perspectiva me tomo el resto del camino con mucha más calma, recreándome en mis visitas y yendo a conocer sitios cercanos.



Sábado 28.02.15 Himarë. Ayer adquirí una tarjeta de teléfono, se supone que con ella puedo usar una cabía ya que estas no aceptan monedas. Recorrí todas, TODAS, las cabinas de Sarandë sin lograr hacerla funcionar. Cuando le pregunto a un policía le entiendo que las cabinas nunca funcionan.

Hoy en Himarë voy a otra oficina de la misma empresa que me la vendió. Estas se encuentran siempre junto a las oficinas postales y son de la empresa nacional de telecomunicaciones. Por que de nuevo intente usarla sin éxito. Una empleada me acompaña, muy amable, a una próxima cabina y tampoco le funciona. Me dice lo mismo, que aquí las cabinas funcionan fatal. Sumado a que en los 90 km o así que llevo por el país no se ve nada parecido a un wifi público, ni en bares ni locutorios ni nada que se le parezca, desespero , pues comunicar con Marga comienza a ser urgente tras lo que leí en mi correo por Iogumenitza.

Un camionero que habla un poco todos los idiomas de Europa me alarga su móvil dentro de la tienda con una sonrisa. Gracias a eso puedo hacer una breve llamada y ya se que el próximo día 6 podré ver en Tirana, aeropuerto, a Marga. La empleada de la tienda se compadece de mi y me presta su ordenador, con lo que igualmente podré responder un correo y repetir, la conversación telefónica fue espantosa, día y hora de “nuestra cita”.

El miércoles amanecí en Italia, pasé la noche cruzando el Adriático, dormí en Grecia el jueves y hoy he despertado en Albania, todo esto se va pareciendo peligrosamente a aquella película titulada “Si hoy es martes, esto es Bélgica”.

Ahora información de las carreteras. Hoy he circulado por una nacional, lo mejor tras las autopistas, que por la zona costera y más o menos turística no he llegado aún a donde la hay. Esta nacional esta más concurrida que la secundaria por la que rodé ayer, pero concurrida sobre todo de: cabras, solas o en rebaños, vacas, ovejas, gallinas a montones, una cerda descomunal que pasea por ella con sus nueve lechones, a todo esto, los animales van solos, sin pastor, que los he visto y muchos por los montes. Coches, lo que se dice coches, o su versión local que son mercedes, pasa uno cada media hora, pocas motos, ni un atisbo de bicicleta, por toda esta zona al menos, Pequeños autobuses si me voy cruzando, son furgonetas con asientos.

Las tiendas vienen a ser una estantería montada en un bajo, si tiene dos estanterías ya se anuncia como supermercado y los bares que he visitado tienen para tomar, un café, un refresco y poco más. Un desayuno en condiciones aquí se me antoja harto complicado y en cuanto a comprar comida en las tiendas otro tanto de lo mismo, con muy poco donde poder elegir y precios nada bajos. Por fortuna creo que no serán muchos los días en que tarde en dejar atrás el país y por desgracia puede, no tengo la menor idea, que en Macedonia la cosa sea igual o peor.

Calado hasta la médula dejo atrás Himarë para refugiarme bajo techo en la terraza del bar de una gasolinera. Mañana tengo que cruzar, tras Palase, una montaña que se me interpone camino a Vlorë y de la que me han advertido es dura de subir. Con el estado de mi pierna, que me sigue doliendo, me veo haciendo el puerto caminando con la bici a mi lado en la mano.

En la terraza logré secar algo mis pantalones, no me atrevo a cambiarme estos por unos secos ya que desconozco mañana que tiempo tendré, o pasado, y quiero llevar siempre unos de reserva por eventualidades o emergencias serias. Puestos se me secan más rápido si bien no es agradable el proceso de secado. Cuando llega el cambio de turno en la gasolinera, el encargado, un señor mayor, me da la impresión que no ve con buenos ojos mi presencia, por lo que regreso a Himarë a buscar nuevo acomodo para la noche.

De nuevo es otra terraza, techada, cerrada por la estación, de un restaurante que si trabaja. Viron, su dueño me permite hacer noche en ella. Me ofrece grappa o vino, rechazo amablemente teniendo en mi recuerdo el alcohol de días pasados y sus efectos sobre mi. Conversamos un rato mientras dos mesas que tiene ocupadas se demoran tras la cena. Contento por que logré usar el teléfono, por las noticias que por el recibo, lo mismo por los correos, por que estoy a salvo de la lluvia y estos benditos pantalones se terminaron secando, por lo reconfortante que resulta conversar, por que a pesar de lo accidentado del terreno y mi dolorida pierna avanzo a un ritmo aceptable, contento por que si bien las opciones que mi economía me permiten se enfrentan a las dificultades de unas tiendas y bares “complejos” me alimento aceptablemente bien cada día. Si hago resumen del día, realmente no fue tan malo y mañana igual le da por lucir el sol.

Precios: como no están marcados, te cobran lo que quieren, Tengo que tomar la costumbre de preguntar antes, pero un extraño desayuno hoy me ha salido por 100 leke o una infusión por 50 estando el cambio del euro a 138 leke. Barato en general consumir en bares y caro comprar en tiendas cosas envasadas. El tabaco, una marca griega que compré en el barco, tienda libre de impuestos, 25 gr por 2,60€, aquí esta en venta con impuestos por 280 leke, una ganga.

Me contó un albanés que conocí en Italia que se vende en los mercados, aún no he tenido ocasión de visitar uno, a granel, el tabaco, del que la gente cultiva y elabora en sus casas como un vegetal mas y que sus precios pueden resultar espectacularmente bajos. Me dijo que el compraba el kilo por unos 10€.

Otra cosa, a diferencia de Grecia que extiende su territorio hacia el este, y supongo que por eso lo de adelantar una hora, Albania es una franja más o menos estrecha que va de norte a sur y mantiene la hora de Italia por lo que hoy, tras comprobarlo, he vuelto a retrasar mi reloj.

Cuando leí la obra de Murakami, en su comienzo de “1Q84”, un suceso intrascendente hace que su protagonista comience a vivir una realidad paralela, poco más o menos. Me siento, y ahora lo comparo a ello, como si desde hace una semana me estuviera pasando lo mismo. Todas las sensaciones y el como percibo mi entorno lo veo irreal. Se asemeja mucho a lo que he vivido hasta ahora, pero no es del todo igual. No se decir cuando sucedió ese cambio y que lo causó, si se, que el domingo, lo viví como si fuera un sueño, y desde entonces todo lo que vivo sigue siendo onírico, desde el modo de transcurrir el tiempo, o como percibo la temperatura o el hambre cuando lo tengo. He perdido la sincronía con lo que me sucede. No me se explicar mejor, por que yo mismo no lo termino de entender. Todo es parecido, pero todo es distinto, en algo.

Volviendo a la literatura y ahora de la mano de José Luis Sampedro, son las sensaciones iniciales del personaje de su “Amante lesbiano”, no las que siente el, más bien me refiero a las que me transmite como lector, donde le veo desenvolverse por lugares o situaciones “casi” reales, pero sin serlo. Los elementos que la conforman son los de siempre, con los que siempre vivimos, pero están ordenados de otro modo. Siento más inquietud y al mismo tiempo todo me importa un poco menos. Es una espiral que me desalienta y confunde y de la que deseo salir, regresar a la realidad de antes, la de siempre, la que conocía. El realismo fantástico no esta mal como estilo, no siempre me ha gustado y no siempre me gusta, pero para vivirlo no me siento preparado.

Ocho días llueve ya. Hasta catorce pasé seguidos bajo el agua, con otra temperatura, eso si. Y detesto la lluvia. Será todo lo necesaria que se quiera, como los dentistas, pero no por ello los voy a amar.
Viernes 27.02.15 Sarandë. Llovia anoche cuando llegué al cenador bajo el que dormí y llueve al despertar. Maldigo el haber nacido en un sitio seco y que la lluvia, por mi falta de costumbre, siga suponiendome un obstáculo tanto físico como emocional. Me armo de valor, no tengo otra opción, y regreso a Sagiada a tomar café, me lo sirven griego, que viene a ser como el turco, me dicen, tipo puchero y con mucho poso.

Durante unas horas se detendrá la lluvia y como puedo, el dolor de la pierna es intenso, voy hacia la frontera con Albania. Un sitio desolado y azotado por fuerte viento donde estampan el primer sello a mi pasaporte romano. Aquí preguntar es una aventura, ni una palabra de albanés ni este se asemeja a ningún sonido humano que escuchara antes. Tomo mis precauciones y en vez de pronunciar el nombre de las poblaciones a las que deseo ir, o pasar por ellas, las muestro escritas, en un intento de reducir en lo posible confusiones. Espero que quienes me respondan usen el brazo correspondiente a la dirección adecuada y no se confundan. Me perderé.

Unos policías me indican un sentido y pocos kilómetros más adelante veré una señal que me manda en el otro. Prefiero hacer caso a la señal y eso me llevará por peor camino y hacer más kilómetros para llegar al mismo sitio.

En mis primeros cuarenta kilómetros por Albania solo me cruzo con mercedes, del años y la procedencia que tu quieras, pero hasta que no llego a Sarandë no veré otras marcas de coche.

En Sarandë logro un plano de Albania y en una sucursal bancaria cambié euros por leke. Esta localidad es medianamente grande, antes solo pasé por pequeños pueblos. Salgo para buscar abrigo fuera de la población, bajo la lluvia, que asco.

Dos apuntes. Esto es montañoso, mucho, no he visto aún superficies llanas y mi pierna me castiga. Y dos, las montañas que tengo a mi derecha, están todas nevadas, muy próximas al mar pero con cotas altas, a pesar de ello la temperatura no es muy baja.