Viernes
11.07.14 Tras una reparadora noche de descanso me pongo en marcha en
dirección a Garrucha. En el camino, una tienda de bicis abierta,
compro unas de esas ¿pinzas? Que se usan para cambiar las cámaras
pinchadas, no se como se llaman, pero de esas, 3 €. Corta distancia
me separa y llego en un rato, desayuno allí y leo a la sombra, hora
de la comida, después a esperar que baje un poco el sol y continuo
para Mojacar, donde si bien he estado en muchas ocasiones, en el
núcleo del pueblo, no conocía su zona de playa, la recorro en toda
su extensión sin que logre gustarme, sucesión de apartamentos,
hoteles, locales de ocio, etc. las playas que veo no me dicen mucho.
Abro una lata de cefalópodos sin determinar, en salsa americana y me
la zampo, una naranja de postre. Me encamino al final de la zona
urbanizada donde me detengo junto a un mercadillo, por su parte de
atrás de los tenderetes sin prestar atención a estos, a leer, que
placer.
En
el camino me cruce, no pude dejar de prestarle atención al hecho,
con un sij en patines. Con sus barbas, cabello recogido en turbante, prendas y
demás, todo, pero en patines. Detenido y enfrascado en mi lectura,
aparece de nuevo, frente a mi, se presenta, Sat Siri Akal, Singh
Khalsa, comenzamos a charlar, sentado ambos en el banco donde estaba,
me habla de dios, de amor, de universos, me recita algunos vedas, el
regreso hace poco del Templo Dorado, Harmandir Sahib en el Panyab.
Hablamos de viajes de lo humano o lo divino, el más de lo divino,
ciertamente, si bien un desamor lo mantiene tocado, con resignación
lo lleva pero ella ocupa sus pensamientos y me habla de ello, de como
la conoció, de como se enamoro y de como teme que la espanto. La
conversación se alarga, nos sentimos bien, alternando temas y
oradores, unas veces uno escucha, con interés lo que el otro cuenta
para a continuación pasar el relevo y convertirse en narrador. Las
horas fluyen. En un momento me pide poder calmar el dolor de mis
pies, hace un ritual y me pone las manos sobre los tobillos
doloridos, comenzando por el que peor siento, sin tocarme, yo le
observo y miro como se transforma su rostro, como entra en una tensión sin que esta parezca forzada, siguen un
esquema que presenta una sonrisa, sonrisa donde la frente, ojos,
pómulos, labios, tienen su sitio y conforman un todo. Veo sus músculos faciales trabajando pero en una situación que parece
forzada y cómoda a la vez, no puedo apartar de ellos mi mirada
mientras el hace y yo me dejo hacer, con escepticismo y con respeto.
Intenta
una foto con su teléfono, no salen las cosas, en el primer intento no
le funciona el flash, en el siguiente ni siquiera la foto es posible.
Algo de su móvil que no anda bien, me dice. Se queda con mi número
de teléfono por si en unos días decide ir hacia Las Negras por
donde yo pasaré, sabe que por allí anduvo hace no mucho su
frustrado amor y se debate entre buscarla o no. Nos abrazamos, son
las 1.34 de la mañana, tengo sueño, el continúa su camino y yo me
retiro a dormir, esta noche sobre un banco y tras algún tenderete de
ese mercado que no he llegado a ver a pesar de estar en el desde hace
unas cinco horas. Mañana partiré hacia Carbonera, tan pronto desayune si encuentro un lugar que sea simplemente bar o cafetería,
sin chill out, sin lounge, algo donde hagan café y tostadas sin mas,
¿parece fácil?, mañana te contare... y otra cosa, me revientan los
diminutivos de gourmet, ya no hay verduras, ahora son verduritas, al
pan tostado de toda la vida ahora se le llaman tostas, los gin tonic parecen gazpachos con ginebras “premium”,
se nos va de las manos esto, compañeros. Vivimos tiempos en que una taberna de toda la vida, es algo tematizado y franquiciado, donde lo de siempre se adquiere previo pago de royalty. De aquellos polvos vienen estos lodos y todo eso, en fin, para que.
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