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lunes, 14 de julio de 2014

Viernes 11.07.14 Tras una reparadora noche de descanso me pongo en marcha en dirección a Garrucha. En el camino, una tienda de bicis abierta, compro unas de esas ¿pinzas? Que se usan para cambiar las cámaras pinchadas, no se como se llaman, pero de esas, 3 €. Corta distancia me separa y llego en un rato, desayuno allí y leo a la sombra, hora de la comida, después a esperar que baje un poco el sol y continuo para Mojacar, donde si bien he estado en muchas ocasiones, en el núcleo del pueblo, no conocía su zona de playa, la recorro en toda su extensión sin que logre gustarme, sucesión de apartamentos, hoteles, locales de ocio, etc. las playas que veo no me dicen mucho. Abro una lata de cefalópodos sin determinar, en salsa americana y me la zampo, una naranja de postre. Me encamino al final de la zona urbanizada donde me detengo junto a un mercadillo, por su parte de atrás de los tenderetes sin prestar atención a estos, a leer, que placer.

En el camino me cruce, no pude dejar de prestarle atención al hecho, con un sij en patines. Con sus barbas, cabello recogido en turbante, prendas y demás, todo, pero en patines. Detenido y enfrascado en mi lectura, aparece de nuevo, frente a mi, se presenta, Sat Siri Akal, Singh Khalsa, comenzamos a charlar, sentado ambos en el banco donde estaba, me habla de dios, de amor, de universos, me recita algunos vedas, el regreso hace poco del Templo Dorado, Harmandir Sahib en el Panyab. Hablamos de viajes de lo humano o lo divino, el más de lo divino, ciertamente, si bien un desamor lo mantiene tocado, con resignación lo lleva pero ella ocupa sus pensamientos y me habla de ello, de como la conoció, de como se enamoro y de como teme que la espanto. La conversación se alarga, nos sentimos bien, alternando temas y oradores, unas veces uno escucha, con interés lo que el otro cuenta para a continuación pasar el relevo y convertirse en narrador. Las horas fluyen. En un momento me pide poder calmar el dolor de mis pies, hace un ritual y me pone las manos sobre los tobillos doloridos, comenzando por el que peor siento, sin tocarme, yo le observo y miro como se transforma su rostro, como entra en una  tensión sin que esta parezca forzada, siguen un esquema que presenta una sonrisa, sonrisa donde la frente, ojos, pómulos, labios, tienen su sitio y conforman un todo. Veo sus músculos faciales trabajando pero en una situación que parece forzada y cómoda a la vez, no puedo apartar de ellos mi mirada mientras el hace y yo me dejo hacer, con escepticismo y con respeto.


Intenta una foto con su teléfono, no salen las cosas, en el primer intento no le funciona el flash, en el siguiente ni siquiera la foto es posible. Algo de su móvil que no anda bien, me dice. Se queda con mi número de teléfono por si en unos días decide ir hacia Las Negras por donde yo pasaré, sabe que por allí anduvo hace no mucho su frustrado amor y se debate entre buscarla o no. Nos abrazamos, son las 1.34 de la mañana, tengo sueño, el continúa su camino y yo me retiro a dormir, esta noche sobre un banco y tras algún tenderete de ese mercado que no he llegado a ver a pesar de estar en el desde hace unas cinco horas. Mañana partiré hacia Carbonera, tan pronto desayune si encuentro un lugar que sea simplemente bar o cafetería, sin chill out, sin lounge, algo donde hagan café y tostadas sin mas, ¿parece fácil?, mañana te contare... y otra cosa, me revientan los diminutivos de gourmet, ya no hay verduras, ahora son verduritas, al pan tostado de toda la vida ahora se le llaman tostas, los gin tonic parecen gazpachos con ginebras “premium”, se nos va de las manos esto, compañeros. Vivimos tiempos en que una taberna de toda la vida, es algo tematizado y franquiciado, donde lo de siempre se adquiere previo pago de royalty. De aquellos polvos vienen estos lodos y todo eso, en fin, para que.

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