Miércoles
09.07.14 14:09 Villaricos. Salí ayer a dar un paseo por la playa y
cenar algo, con las provisiones repuestas cuando pasé por Águilas,
y después de comer algo, era tan agradable la hora, la temperatura y
el lugar por donde rodé que sin darme cuenta apenas estaba en la
salida del pueblo, aún así veía a grupos de caminantes de buen
ritmo, de esos que salen por mantener la forma y quemar calorías o
colesterol, les pregunte por el camino que les traía de regreso y me dicen que vienen de la cercana población de Pozo del Esparto de modo
que me dirijo hacia allí. He rodado lo que ha sido con diferencia el
mejor tramo de mi viaje, ya sin sol, sin calor, sin transito y sin
proponérmelo, tan solo con la idea de alejarme un poco de los
bulliciosos chiringuitos playeros, buscar un lugar donde dormir y de
paso acortar en algo la calurosa jornada de hoy. Por un camino de
tierra junto al mar la corta distancia que separa San Juan de los
Terreros de Pozo del Esparto, puro gozo. Pero después, por ese
pueblo, buscando el sillín, con ganas de un poco más he dejado de
lado el caminar junto a la bici por el callejeo subido a ella, cosa
que sucede por vez primera desde que salí.
Termino
en un bar de este encantador pueblo, de charla con un parroquiano y
un camarero que parece disponer de tiempo a pesar de sus tareas, en
el interior mientras en la terraza la gente cena lo que les cocinan
en unas brasas y ven como llegan al final del primer tiempo los
alemanes con un rotundo 0-5 frente a Brasil, felices y contentos los
clientes alemanes inflan su cuenta con nuevas rondas de cerveza.
Un
terreno din edificar en primera línea es mi primera opción para
dormir de modo que me detengo a esperar que terminen de jugar al
ping pong, también tenis de mesa, dos jóvenes y dos niños. Que
genialidad montar una sólida mesa así, junto a la playa. Una hora y
pico antes, nada mas llegar al pueblo, observé a otro grupo de
jóvenes jugando a balonvolea, ahora voleibol, daba gusto verlos ,
cantando, bailando, riendo y saltando. Una marca de refrescos que
pretendiera hacer un anuncio con estos ingredientes les quedaría un
pastiche forzado, artificial, poco creíble y allí estaban ellos en
un hermoso canto a la vida y la amistad. Por cierto, ahora son los
niños quienes juegan, tras eliminar a sus jóvenes contrincantes.
Me
sorprendí al entrar en el pueblo y ver que las sombrillas de playa,
las de algunos pero no pocos particulares, están en la arena con una
base de hormigón, como se pueden ver en algunas terrazas de bares,
aquí al marcharse a sus casas las pliegan pero no se las llevan con
ellos, no las retiran de un día para otro, simplemente las dejan en
la playa junto a algunas sillas o tumbonas que no se molesta nadie en
retirar ofreciendo de este modo no solo la comodidad de tener que
llevar y retirar cada día, de tenerla que clavar, si no además una
propiedad de facto sobre ese trozo de playa, en en casas que ya no es
que estén frente a la playa, es que están literalmente sobre ella.
Me
gusta el ritmo de este pueblo. Esta mañana espere hasta las 8 que
antes no abrió sitio alguno donde poder desayunar.
La
noche fue ligeramente movida, elegí mal sitio para dormir, a las
afueras, pegado a un muro por contar con su protección, algo mas de
transito de esperado, lugar con mas pendiente de la que resulta
recomendable, oigo un mosquito y comienzo mi ritual de loción, la
cosa queda ahí sin mayor molestia. Como viene siendo ya normal, calor
dentro del saco y demasiado fresco fuera de el, con lo que termino
sudando algo dentro del mismo.
Hace
años, en mi juventud, recuerdo que acampando por Cazorla escuché de jaurías de
perros, asilvestrados, provenientes de abandonos de mascotas si bien
alguno puede haber nacido ya en ese estado salvaje. Pues bien,
comparto espacio y horario de reposo con una de estas jaurías que en
la oscuridad no logro adivinar ni número, por su sonido estimo que
al menos cinco de ellos, ni de que razas o que aspecto pudieran
tener. Me ladran y se van acercando, supongo que me ponen a prueba,
buscando tal vez comida pues vienen de unos contenedores donde les
escuché disputar algún pobre bocado. Cuando ya los siento cerca y
cansado de sus ladridos me incorporo y alcanzando una piedra del
suelo la tiro en su dirección, solo les entreveo, sin ánimo de
alcanzarles cosa que desde luego no sucede, pero logro de este modo
espantarlos e incluso que dejen de ladrar.
Ya
con las primeras luces del día veo que son no menos de diez
animales, en diferente estado de alimentación y cuidado, alguno de
raza, un labrador o golden retriever y que con la luz emprenden su camino al
igual que yo. El mas grande, oscuro, lidera el grupo.
Ah,
no he resuelto aún lo del rocío, la humedad junto al mar por su
brisa o lo que sea que empapa mi saco o cuanto tengo en mi vivac.
Urgente encontrar solución a ello. Como hoy tocó hacer colada,
mientras las prendas secan al sol, dejé también el saco extendido
durante mas tiempo para que seque en condiciones al tiempo que se
airea.
A
todo esto estoy en Villaricos donde llegue tras rodar esta mañana
con autentico placer, del paisaje espectacular de las calas, placer
de poder afrontar sobre la bici algunas cuestas y repechos, por fin,
placer de ver que puedo hacerlo tras jornadas muy preocupado por mi rendimiento sobre la bici y temiendo a cada instante el tener que
hacer siempre camino a pie sobre mis doloridos y rotos pies. Pues no,
parece que esto, si no bien del todo, tampoco va a ser malo del todo,
paciencia y perseverancia.
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