Domingo
13.07.14, Carbonera. Mañana de lavar. Pantalón, camisetas, ropa
interior y calcetines, chaqueta y toalla.
Se
lava mal, no se puede tener la ropa a remojo, es difícil enjuagar el
jabón e imposible quitar el exceso de agua ¿centrifugar?, pues eso,
imposible, por lo que si bien dispongo de todo el sol y tiempo del
mundo para secarlas, las prendas están totalmente empapadas,
chorreando, por mucho que me empeñe en escurrirla, la chaqueta y la
toalla van a precisar horas de sol.
Con
calma, el libro y un melón que compro a un señor que desde
Tomelloso se ha desplazado para vendérmelo, pues nadie más en toda
la playa ni desde los bloques de apartamentos próximos muestra interés por su mercancía. Me zampo el dulce melón, 1 €, ni se
molesta en pesarlo. La ropa, ya seca, ocupa su sitio en las alforjas,
noto el sol en mi espalda a pesar de haber buscado las escurridizas
sombras, ciertamente cada vez con menos ahínco. A comer por que es la
hora, sin apetito, ¿como tenerlo tras almorzar un melón entero?,
rato de sombra, lectura, media siesta con las moscas y a hacer
tiempo.
Hace
días que no me conecto a la red para consultar los mapas y
desconozco la distancia que me separa de Agua Amarga, mi siguiente
punto en el camino. Pregunto a quien supongo informado por llegar de
esa misma dirección y en caravana, 30 kilómetros me suelta el tipo
y el alma se me cae a los pies. Unos minutos después y tras cinchar
mis bártulos pasa un guardia civil y no conforme con la
desalentadora información previa le pregunto.Esta vez son sólo 9 km
y antes de que la distancia sufra nuevas variaciones que podrían ser
en mi contra decido partir raudo. Zona industrial de Carbonera,
potabilizadora de agua, central térmica, cementera, aceites
vegetales comestibles, etc y por ahí hasta la playa de Los Muertos
con un atestado parking de pago sobre una loma de la que parte el
sendero que baja a la playa. Subo un poco mas y aparece al fin Agua
Amarga, paseo de prospección, un helado en el kiosco, 1,20 € con
un corneto que en los demás sitios he visto a solo 1 €, esto huele
a caro.
Compro
pan y fruta en la tienda, abierta aún a las 21:30 de un domingo y
nueva confirmación de los precios que por aquí se gastan. Me dejo
caer en un banco en la plaza del pueblo, dos pantallas de dos bares
transmiten la final del mundial que no atiendo yendo de mi libro a
la gente, observando como se relacionan con sus cachorros, todo
turismo familiar, como negocian con ellos, los nombres que les han
puesto, como los visten. Me marcho sin que termine la prorroga y sin
importarme el resultado.
Esta
noche, junto al mar, una franja ajardinada con el suelo de segada y
mullida hierba, entre dos palmeras. Sin viento ni mosquitos, dormir a
pierna suelta como hacia días, hasta las 8:30 a pesar del alto sol
en que me despierta la máquina que limpia la playa y me hace
regresar a la realidad.
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