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viernes, 18 de julio de 2014

Domingo 13.07.14, Carbonera. Mañana de lavar. Pantalón, camisetas, ropa interior y calcetines, chaqueta y toalla.

Se lava mal, no se puede tener la ropa a remojo, es difícil enjuagar el jabón e imposible quitar el exceso de agua ¿centrifugar?, pues eso, imposible, por lo que si bien dispongo de todo el sol y tiempo del mundo para secarlas, las prendas están totalmente empapadas, chorreando, por mucho que me empeñe en escurrirla, la chaqueta y la toalla van a precisar horas de sol.

Con calma, el libro y un melón que compro a un señor que desde Tomelloso se ha desplazado para vendérmelo, pues nadie más en toda la playa ni desde los bloques de apartamentos próximos muestra interés por su mercancía. Me zampo el dulce melón, 1 €, ni se molesta en pesarlo. La ropa, ya seca, ocupa su sitio en las alforjas, noto el sol en mi espalda a pesar de haber buscado las escurridizas sombras, ciertamente cada vez con menos ahínco. A comer por que es la hora, sin apetito, ¿como tenerlo tras almorzar un melón entero?, rato de sombra, lectura, media siesta con las moscas y a hacer tiempo.

Hace días que no me conecto a la red para consultar los mapas y desconozco la distancia que me separa de Agua Amarga, mi siguiente punto en el camino. Pregunto a quien supongo informado por llegar de esa misma dirección y en caravana, 30 kilómetros me suelta el tipo y el alma se me cae a los pies. Unos minutos después y tras cinchar mis bártulos pasa un guardia civil y no conforme con la desalentadora información previa le pregunto.Esta vez son sólo 9 km y antes de que la distancia sufra nuevas variaciones que podrían ser en mi contra decido partir raudo. Zona industrial de Carbonera, potabilizadora de agua, central térmica, cementera, aceites vegetales comestibles, etc y por ahí hasta la playa de Los Muertos con un atestado parking de pago sobre una loma de la que parte el sendero que baja a la playa. Subo un poco mas y aparece al fin Agua Amarga, paseo de prospección, un helado en el kiosco, 1,20 € con un corneto que en los demás sitios he visto a solo 1 €, esto huele a caro.

Compro pan y fruta en la tienda, abierta aún a las 21:30 de un domingo y nueva confirmación de los precios que por aquí se gastan. Me dejo caer en un banco en la plaza del pueblo, dos pantallas de dos bares transmiten la final del mundial que no atiendo yendo de mi libro a la gente, observando como se relacionan con sus cachorros, todo turismo familiar, como negocian con ellos, los nombres que les han puesto, como los visten. Me marcho sin que termine la prorroga y sin importarme el resultado.


Esta noche, junto al mar, una franja ajardinada con el suelo de segada y mullida hierba, entre dos palmeras. Sin viento ni mosquitos, dormir a pierna suelta como hacia días, hasta las 8:30 a pesar del alto sol en que me despierta la máquina que limpia la playa y me hace regresar a la realidad.

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