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martes, 18 de noviembre de 2014

Miércoles 05.11.14 Las Galias I. Sarrance. Nieve en la cima de la montaña que tengo frente a mi y puedo ver por la ventana de la cocina. Estoy en una abadia de monjas en Sarrance, vi un cartel en la puerta que decia llamar y entrar y eso hice. A quitarme el frío que desde esta mañana metí en mi cuerpo al pasar por Somport y que a malas penas he logrado.

Me he adentrado 40 kilómetros en Francia y he bajado 1.200 metros en un intento de alejarme del frío de la cumbre, pero la cocina en la que paso la tarde solo es gélida, el exterior es peor por lo que no me quejo agradecido de poder usarla. Cuando le indique con las manos el gesto de que buscava techo, entendío que queria montar una tienda y me condujo a un prado que tienen dentro del convento. Con señas le pregunto si puedo dormir en un salón destartalado donde he dejado la bici y me dicen que si. A todo esto a las monjas no las he visto, hablo o lo que sea con un tal Jacobo, no se que es del convento ni tengo posibilidad de averiguar por que hablamos lenguas distintas. Me he podido calentar una sopa y tras esta me hice un vaso de leche. Con eso y calcetines secos, eso de que las botas son impermeables es pura fantasia, si no entro del todo en calor al menos detengo el frío que me tenia agarrotado.

El autobus, que al final tome, 2,80 € me deja en Somport a las 9 de la mañana bajo una nevada. Cometo el error de empezar a montar los bultos en la bici sin ponerme los guantes y lo pago caro. Una vez las manos heladas ponerme los guantes me cuesta mucho más. Con capas de prendas superpuestas me lanzo carretera abajo mientras la nieve me azota la cara y cubre parcialmente mi visibilidad a consecuencia de las gafas, malditas. La opción de detenerme para limpiarlas la veo inutil, con lo que esta cayendo no durarian limpias más que unos segundos y detenerme no es tampoco opción, ¿donde? Todo cerrado en el puerto, el antiguo puesto fronterizo incluido. La solución es alejarme lo antes posible sin caerme y bajar cota.

Nunca habia rodado ni por la nieve ni con nieve, pero me pongo en ello con toda precaución y tan pronto dejo atrás la cota de nieve, esta se convierte en lluvia lo que es peor. No me detengo al pasar por Urdos, con todo cerrado, bar incluido. En Borge si lo hago en una marquesina de autobus. Dejó momentaneamente de llover y aprovecho para limpiar gafas, ver mi calamitoso estado general y procurar calentar algo las manos con escaso éxito. Los bares, perdon, el bar, sigue cerrado. Supongo que es su mes de descanso, antes de la temporada invernal y tras los meses de verano en que tendrán más clientela. Tampoco observo ninguna tienda a la vista ni carteles que me la anuncien.

El paisaje, duro, vertical, la arquitectura gris y oscura, me traen a la cabeza las imágenes de la película “Rios de color púrpura”, dos coches de la gendarmeria con los que me cruzo terminan de reforzar esos pensamientos. El río a mi derecha baja con aguas bravas, solo de pensar en su temperatura aumenta la sensación de frío que albergo

Voy dejando atrás pueblo tras pueblo para bajar mas la cota y poner tierra de por medio a las cimas pirenaicas, es inutil. El pueblo en que me detengo tiene una cima próxima de 2.600 metros, nevada por su puesto. Bar cerrado, una carniceria-charcuteria es el primer comercio que veo abierto, me queda por fortuna algo de pan. Y es aquí donde veo la abadia y el cartel que invita a entrar a los peregrinos de modo que ahí me cuelo.

Me abre la puerta un hombre, le digo lo primero, tras saludarle que no hablo francés. Me hace esperar y busca a alguien. Sale a recibirme otro y este es el que confunde mi gesto de hacer un techo sobre mi cabeza. El tema se resuelve satisfactoriamente.

No se por que pensé en monjas. El convento es de frailes o eso supongo. Hay una lista de los servicios religiosos y cuando asisto a “visperas” solo aparecen ellos más el sacerdote. Más tarde mientras fumo los veo entrar de nuevo a “completas”, no se cuantos son ni de que orden, no llevan hábitos ni símbolos distintivos, tan solo como constante la marca de una conocida cadena de material deportivo que se puede leer en sus jerseys, pantalones o botas.

Leyendo en la colchoneta antes de salir, viene otro a saludarme, este si habla español y supongo esta comisionado por los demás para saber algo más de mi. Hablamos brevemente, leo un poco más y me sumo en un profundo sueño. Necesito entrar en calor y descansar de una jornada dura. La nieve ha sido un componente nuevo en mi viaje y no precisamente se ha presentado en un hermoso y soleado día.
Martes 04.11.14 Invirtiendo el Camino Tolosano. Jaca. Tras una noche de lluvia el día sale con nubes pero sin esta por lo que me apresuro a dirijirme a Jaca aprovechando ese respiro que el tiempo me concede. Desayuno con los conquenses y salgo del albergue a la vez que ellos. Se aprecia el descenso anunciado de temperatura y ruedo con más frío que otros días.

Antes de llegar a la ciudad paso por lo que ha de ser un campo de tiro del ejercito y escucho disparos de artillería. Pronto veo unos vehículos con cadenas que me cruzo por la carretera formando un convoy precedido de otros todo terrero. Dentro de ellos puedo ver a los soldados que llevan casco y uniformes miméticos.

Tan pronto entro en Jaca a mi izquierda me recibe un Mercadona hacia el que me lanzo para comprar las últimas provisiones que compraré en España. Los clientes llegan muy abrigados, son gentes de aquí habituados al frío y los veo cargados de chaquetas de plumas y guantes lo que me consuela en parte al ver de este modo que el frío que siento no es tan solo una apreciación personal. Una vez en la población y tras pasar por correos me dirijo a una oficina de turismo. Me informan de la ubicación del albergue, de horarios de autobuses para Somport y me cuentan que desde anoche esta nevando en el puerto. El viento que viene de esa dirección es el responsable del frío que padecemos.

En el albergue tomo algo caliente y entro en calor. Comenzó a llover un par de horas antes de su apertura, pero un tejado en su entrada me ha servido de refugio la última hora. Dentro la calefacción está encendida y se disfruta de una agradable entancia. Con la hospitalera pasaré de charla unas horas, pasando la tarde tan solo yo como “cliente”. Una visita a la catedral, a la iglesia de Santiago y a unas tiendas de deportes para ver sus ofertas, atestadas de madres que el tiempo les ha sorprendido y equipan a sus pequeños con ropas de abrigo. Aquí las prendas técnicas no son una opción, la gente viste con ropas deportivas de abrigo así como con calzado de ese mismo tipo. La cantidad de tiendas y su variedad y calidad de ropas está justificado igualmente por su proximidad a las estaciones de esquí. Compro un jersey por 8.95 € que tienen en liquidación y que me pongo al instante.

Al regresar al albergue me informa la hospitalera que no dormiré solo, un aleman termina de inscribirse, subio a la habitación, se metio en la cama y allí permanecio sin dar señales de vida en lo que resta del día. Ha bajado desde Somport y esta medio congelado y agotado.

Para cenar me preparo un vaso de leche con galletas, no tengo apetito pero si ganas de tomar algo caliente y dulce. El albergue dispone de wifi por lo que me pongo al día con correo y blog. Me facilitan la página de previsión meteorológica francesa que la pongo en favoritos tras consultarla. Parece que mañana tendré un respiro por la mañana que puedo aprovechar para pasar el puerto y avanzar lo que pueda por tierras galas. El valle de Aspe en la Gascuña.

Un rato más de lectura y me retiro a un cálido dormitorio con calefacción. Mañana no tengo la menor idea de donde podré pasar la noche, tras semanas de dormir en albergues de peregrinos y sin facilidad de comunicación para encontrar refugio. Siento cierta inquietud al respecto pero por otro lado alivio de quitarme de encima el costo de los albergues que tanto esfuerzo me han supuesto desde que comencé a usarlos.

Llueve a ratos y eso, me consta, es nieve en las montañas. Los termómetros de la tarde indicaban 7º.

martes, 4 de noviembre de 2014

Lunes 03.11.14 Invirtiendo el Camino Tolosano. Arrés II. Mañana tranquila, desayuno un par de veces con pereza. La del bar quedó en comprar el pan para mi y a medio día pasaré a por el. Mis planes para la mañana son poner orden en el albergue tras el lleno de ayer y limpiar que buena falta le hace.

La demora en la salida del grupo más numeroso hace que no pueda ponerme en faena hasta las 12 del medio día. El trabajo me cunde y un par horas después me dispongo a prepararme, con una cocina a mi sola y entera disposición, una comida como hace un siglo que no me pego. Tras el postre me meto en la cama y dormito una siesta con placer. No se que me deparará la tarde. Dispongo de una mediocre biblioteca a mi disposición, ya terminé el libro de Ira Levin, Las poseídas de Stepford que comencé anoche, sobre esa mediocre novela pesan ya dos versiones cinematográficas tituladas Las mujeres perfectas. Al final me decido por una de Lawrence Sanders del que nunca he leído antes nada.

Aparecen por la puerta un par de conquenses, serán tres pero el que falta anda metido en una especie de lío de teléfonos que le ha obligado a ir a Pamplona y llegará más tarde. Llega con un catalán que irá hasta Santiago, ellos lo dejan en Logroño al no disponer de más tiempo. Pronto se marchan todos al bar del que no regresarán hasta pasadas las 10 de la noche, cenados y convenientemente bebidos dejándome el albergue a mi disposición, cosa que aprovecho para pasar notas de la información que dispongo de lugares donde previsiblemente se puede hacer noche en mi camino por Francia e Italia. Con eso me puedo deshacer de innumerables papelitos y del libro de Pepe Sandoval, que dejo en el albergue para disfrute de a quien pueda gustar.

No deja de llover en toda la tarde y eso supone nieve en los lugares por los que he de pasar entre mañana y pasado, pienso mientras fumo en la puerta confiando en que me de un respiro para llegar a Jaca, después desde allí ya decidiré como y cuando subir Somport. Hasta la fecha, las masas de agua las he cruzado, cuando no tenia un puente, con el auxilio de los ferris. Lo se Sompotr no deja de ser una “masa de agua” solo que en estado sólido y eso bien me justifica a buscar lo equivalente a un ferri, que en este caso sería o bien el autobús que me puede dejar en el mismo Somport o el tren que me dejaría en Canfranc, ambos desde Jaca y ambos sin problemas en llevar una bici en su interior. Todo dependerá en confirmar si los pronósticos se cumplen y hay nieve, si no es el caso, con solo lluvia, subiría rodando con esfuerzo pero yendo yo sobre la bici.

Paso un rato de charla con mis compañeros de albergue, el catalán se retira pronto, mañana quiere madrugar, dos de los conquenses no tiene prisa y nos quedamos en el salón hablando de Cuenca principalmente, de su ciudad y de la provincia, que conozco bien y desde bien niño cuando anduve por su serranía un par de veranos con la mochila a la espalda, la última vez la crucé en invierno, pasé un par de días y de allí por la nieve, en coche y tras una máquina quitanieves, hasta Albarracín. Me hablan de un documental sobre Zobel, del que admiro su obra, que dicen no puedo dejar de ver. Tomo nota.

Por la mañana, haciendo tiempo a que los remolones  abandonen el albergue, me acerque paseando por el pueblo, hasta un grupo de caballos. A esa hora se reunieron un grupo de franceses que a las afueras del pueblo, 32 habitantes, tienen aparcadas las autocaravanas, tras montar en los caballos emprenden una excursión por el valle del río Aragón. Me comentaron ayer en el bar que en el pueblo llegaron a ser solo 10 personas la que vivían y que ahora viven un período de revitalización en que incluso hay niños. Las casas no habitadas son principalmente segundas residencias, con lo que en verano o fines de semana suelen tener vecinos. No es el único caso en la Jacetania, pasé ayer por pueblos que presentan el mismo grado de abandono.


Domingo 02.11.14 Invirtiendo el Camino Tolosano. Arrés. Desayuno a las 6, no tengo prisa en despertarme pero sucede normalmente a estas horas y el cenar temprano hace que siempre comience el día con mucho apetito. El desayuno sigue siendo la comida que más disfruto del día y me apresuro a prepararlo tan pronto me despierto cada día, luego me toca esperar, pero ya sin prisas por compartir la cocina con nadie y en ocasiones me tomo un segundo vaso de leche antes de salir, hoy no es el caso. Me espera un día con kilómetros por delante, subir un puerto y la amenaza de lluvia latente. Me retraso finalmente en la salida, conversando con Javier, haciendo fotos con las pamplonicas y por último la hospitalera llega temprano y nos entretenemos un poco más con besos y abrazos entre todos. La escena parece tópica pero es así y así sucede en muchos albergues en el momento de partir.

El día ya desde el comienzo avisa que será complicado. Niebla como viene sucediendo últimamente y decido ir por la carretera, si llueve los caminos se vuelven incómodos por el barro y subir cuestas embarradas es un suplicio. Tan pronto me alejo del pueblo me dicen que la carretera que he de tomar esta cortada. Obras. Un desvío que me regala 18 kilómetros adicionales a una jornada que no es sencilla. Pronto piso suelo maño, entré en Zaragoza sin apenas a ver visto el sol en Navarra.

He de detenerme constantemente, no veo, las gafas siempre mojadas me impiden ver la carretera y el paisaje por el que estoy pasando. A las 10 me siento cansado y apenas si he avanzado nada. Subir cuestas en las que no ves nada, sin referencias de la distancia que requiere el esfuerzo hace que estas sean más complicadas de acometer si cabe. Por fin enlazo en el cruce, tras una prolongada subida, al que me ha llevado el rodeo de las obras. Son las dos del medio día cuando llego a lo alto del puerto, cansado y hambriento, tomé medio bocadillo dos horas antes pero me siento como si no llevara nada en el cuerpo, me obligo a sabiendas de lo mucho que me queda por recorrer a aplazar el descanso de la comida al menos hasta verme más cerca de mi destino para hoy.

Llueve.

Para un poco y como a pie, en la cuneta, un café con leche y pan con mermelada.

Llueve.

Otro claro en el cielo, me dicen que el punto al que me dirijo lo alcanzaré sobre las 6 de la tarde y me animo a seguir con esa esperanza.

El día anterior el albergue fue usado por dos peregrinos y uno antes por tan solo Javier. Temo que pasaré la noche a solas y solo tengo en la cabeza la cuesta final y la ducha caliente que me daré tan pronto lo pise.

En el cruce antes de comenzar la última cuesta veo a un grupo de ciclistas, son cinco. Nos detenemos a hablar y tan pronto se acerca Mariano me extiende el brazo con una taza de té. Vienen de Ibiza por Cataluña y ahora se unieron al tolosano en Jaca. Llegamos juntos al albergue.

Para mi sorpresa y la de todos somos un total de 13, algo impensable en este Camino Tolosano y en estas fechas. La Fortuna ha un grupo de trotamundos. Dos chicas andan desde Arles y están a la mitad de su camino, ya llevan 800 kilómetros de los 1.600 que cuenta su viaje. Son cifras altas para caminar. Tres más comenzaron en Carcassonne lo que suma igualmente una cantidad notable de kilómetros. Los que vienen desde Ibiza continuarán tras su paso por Santiago hasta Faro en el Algarve. Se habla de viajes, de boofing que casi todos han, hemos, hecho, de senderos y continentes. Santiago a viajado un año por Asia, antes pasó una temporada entre Australia y Nueva Zelanda. Mariano conoce sendas por América del Sur. Ha recorrido gran parte de Brasil, una de las chicas parte en enero hacia Chile a pasar una temporada por allí. Dos cuñados que vienen desde Castellón me cuentan cosas del Canal Midi que recorrieron no hace mucho en el tramo en que pienso hacerlo. Lo dicho, trotamundos.

La cena es animada, cada cual prepara cosas y se van poniendo en la mesa, unas para su consumo, otras muchas para compartir. Calientan y especian vino. Otra francesa hace crepes, una muy callada. Aparece una guitarra y pasa de mano en mano, versionan canciones conocidas y se cantan cosas que nunca antes escuché. El albergue es cálido y atrás queda una dura jornada de agua y kilómetros de asfalto con puertos interminables. Fuera diluvia y en el Pirineo será nieve.

Me acerco al bar. La que lo atiende es la responsable de las llaves del albergue ahora que esta ¿cerrado?. Le hablo de mi cansancio de hoy, del rodeo que me hizo sumar esos kilómetros de más, del plan de lluvias de los próximos días y como pueden encajar con suerte con mis desplazamientos si retraso un día mi partida. No pone objeciones y decido quedarme una jornada más en Arrés.
Sábado 01.11.14 Invirtiendo el Camino Tolosano. Sangüesa. El camino que recorro esta mañana me dicen que pasa por unos parajes de singular belleza, me lo cuentan al llegar, por que yo no logré verlos rodando todo el tiempo dentro de una densa niebla que e envuelve y limita mi visión a escasos metros. He de detenerme cada pocos minutos para limpiar mis gafas siempre mojadas por la humedad suspendida en el aire que me empapa la cara y me hiela las manos.

Nada más entrar en Sangüesa me tropiezo con una oficina de información turística donde obtengo un plano e información. Un café me ayuda a entrar en calor y me dirijo al albergue de peregrinos. La hospitalera es un encanto, portuguesa con muchos años viviendo en Navarra donde ya nació la pequeña de sus tres hijas, estas van pasando a lo largo del día, a verla o a llevarle la comida. Yo me preparo también algo para comer allí. Por la tarde y a pesar de ser festivo, la hija menor me informa, que un supermercado estará abierto, ella trabaja allí reponiendo los lácteos.

Al rato aparece Javier. Tiene un albergue cerca de Llanes, en el Camino del Norte, que cerró el 15 de octubre y no abrirá hasta marzo. Ahora hace el camino y más tarde irá a Madrid a pasar las navidades con su familia. Vamos juntos al supermercado y planeamos la cena entre los dos. Aparecen 3 mujeres de Pamplona. Algún fin de semana hacen rutas del camino por la zona, cuando pueden al menos una de ellas hace periodos más largos y conoce algo del camino francés pero se informa con nosotros de lugares y albergues. Salen a tomar algo y aprovecho para leer con tranquilidad hasta la hora de la cena. Las chicas cenan fuera, pero aparecen a y con los postres, más una botella de vino que les regalo un peregrino con el que caminaron el año pasado y hoy han decidido abrirla, la comparten, un vino blanco francés extraño para mi paladar, solo tomo un par de sorbos tal y como les pedí que me pusieran.


Pasamos buenas horas de conversación, los cinco que vamos a dormir estamos en la cocina y carece de sentido hacer un silencio más temprano cuando nadie muestra deseos de ir pronto a dormir ni nadie piensa madrugar mañana. 
Viernes 31.10.14 Invirtiendo el Camino Tolosano. Monreal. Tras una noche fría la mañana no termina de serlo, pero muy húmeda, todo dentro de una cerrada niebla. Me falta del frigorífico medio cartón de leche, alguien ha podido pensar que era de uso común. No, a una de las chicas le faltan dos bocadillos que por la noche dejó preparados para comer durante la mañana, otro nota en falta un cargador de móvil, un tercero una navaja. Alguien nos ha hurtado cosas durante la noche, pequeñas sustracciones sin importancia obra de un aficionado mangante que ha ido a por lo que tenia más a mano en vez de emplearse en serio con las cosas que seguro merecen más la pena pero ha considerado más arriesgadas.

Me salgo del Camino Francés, desde ahora veré muy pocos peregrinos, ayer que nos conste, este camino lo usaron solo 4 personas. A falta de referencias de gente en sentido contrario estoy a punto de perderme en un par de ocasiones, carezco así mismo de plano de Navarra y unos guardias civiles a los que pregunto no me aclaran tampoco mucho, con explicaciones vagas y confusas más pendientes ellos en preguntarme a mi que en responderme.

De nuevo me cuesta avanzar, como me pasó ayer, pero ruedo al menos hasta el siguiente punto con albergue. He de ir a por la llave tal y como me dijeron, nadie por las sendas y caminos, nadie en el albergue con lo que sospecho que podría pasar la noche solo. Este es de pocas plazas, simple y sin encanto, proporciona, eso sí, un techo ante la anunciada lluvia y protección al frío que se deja ya notar. Unos radiadores portátiles repartidos por el dormitorio dan noticias de noches pasadas frías. Compre pan nada más pisar el pueblo y me queda comida de la que compre en Logroño, al menos para unos días más. Como solo, en la cocina, sin el bullicio de otros días y sin tener que disputar un fuego o una cazuela a nadie. No veo la amabilidad de otros lugares por los que he pasado en estas tierras. Indicaciones secas, gentes poco simpáticas en general.

A primera hora de la mañana, el ciclista de Pamplona, alma en pena del Camino que lo recorre dice que ya 14 veces creo que por que no tiene que hacer ni a donde ir, me dice si me molesta que ruede conmigo. Le advierto que mi ritmo es pausado, que paro cuando y donde e viene en gana para hablar con la gente, ver alguna cosa o por que si. Que dudo pueda ser buen compañero pero que el Camino es de todos y que el valla por donde le venga en gana, que me deje atrás y me espere en mis destinos si lo que busca es modo de no estar solo. Rodamos juntos hasta Santa Maria de Eunate y la veos juntos. Al salir de allí le digo que mi intención es parar en Monreal y si ando sobrado de ganas y no es muy tarde iría hacia Sangüesa cosa que dudo por la distancia y la inexistencia de albergues entre ambas poblaciones, que allí nos vemos si quiere y así nos despedimos.

Algunos kilómetros más tarde hay un desvío que va hacia Pamplona y sospecho que el lo tomará, cosa que se cumple. En Monreal donde dijo que nos reuniríamos no hay sombra de el. Egoistamente pienso que mejor para mi. Por variadas razones. Si un claustro no esta “enclaustrado”, encerrado entre paredes, ¿toma ese mismo nombre o recibe otro?, por que el de Santa Maria de Eunate rodea el edificio en vez de estar intramuros. Tampoco se si el nombre arquitectónico lo toma por el hecho de estar encerrado o si es a la inversa, que algo encerrado recibe el nombre de la construcción. No dispongo, cuando escribo esto, de conexión a la red para saciar mi curiosidad y espero poder hacerlo si antes no lo olvido cuando tenga oportunidad.


Un poco de Deuteronomio con padres apedreando a hijos por gandules y glotones me lleva a una siesta con todo el edificio para mi solo disfrute. Curiosa la excepción de mutilación como sanción que queda fuera del Talión.

Finalmente no estaré solo, aparece Michel, francés que viene caminando desde Toulouse, el cena fuera en el bar de la plaza pero tras la cena hablamos un poco, no se aún como, yo no se francés y el no sabe español, ninguno de los dos lo suficiente de inglés, pero nos entendemos.

Me da información, en serio, sobre el Canal Midi que me recomienda use para ir desde Toulouse hasta Narbona, la idea me parece genial, teniendo en cuenta una serie de factores. Uno, en las carreteras secundarias, que son las que busco, francesas, el arcén es inexistente, dos, los conductores no se distinguen por su respeto a los ciclistas según e han informado cicloturistas con los que he conversado estos meses, tres, el canal me garantiza un trazado plano con pocas o ningunas cuestas, cuatro, introduce y saca de las ciudades sin líos de indicaciones y sin tramos donde en ocasiones, me ha sucedido, las carreteras secundarias se funden con autovías, y algunas más que seguro olvido con un ataque de emoción que siento al verme rodando por tan hermoso canal. Lo conozco solo por un reportaje que pude leer en el National Geographic y que me enamoró, no se como he sido capaz de olvidar la existencia del mismo.

Mi compañero de albergue se retira a dormir muy pronto para mi, Al rato se abre la puerta y comienzan a entrar solos o por grupos gentes del pueblo. Resulta que por la puerta del albergue que da a la calle y una vez dentro a través del vestíbulo del mismo, se accede a un salón, que permanecía cerrado y no reparé en el, donde no se cuantas veces por semana usan para ensayar un coro local. Leyendo en la cocina, con un descafeinado con leche mientras escucho los ensayos del coro paso un rato espléndido, la mar de entretenido. Al salir cuando terminan su ensayo tengo ocasión de conversar con algunos de ellos mientras nos fumamos un cigarrillo en la puerta. Con sueño, ahora sí, me retiro a mi litera a dormir.

Jueves 30.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Puente la Reina. La mala noticia es que a partir del domingo se espera lluvia, por varios días seguidos. Pero la cosa no se queda ahí, la cota de nieve esta a 1500 metros y Somport, por donde he de cruzar, esta a 1.640.

El sube y baja de ayer hoy me ha pasado factura, las piernas congestionadas, pero como necesito una receta para retirar mis gotas de los ojos, me lo tomo con calma, paro en Puente la Reina y pido cita al médico, me la dan para las 13:50, con la espera de rigor ya me quedo aquí a pasar el día. El albergue, este será de los últimos que pise, está en un seminario, en edificio aparte, es sencillo y cómodo, con horario poco rígido, para el silencio y para abandonarlo por la mañana. Me aprovecho del acceso a una cocina que en tiempo no disfrutaré y me preparo una copiosa comida que sorprendentemente, no se de que me sorprendo con lo mucho que como ahora, la engullo con rapidez. Se me está terminando el descafeinado y quiero comprar esas cosas antes de cruzar la frontera, lamento la falta de espacio por cargar también con una botella de aceite que no me entra por mucho que me esfuerce.

Termino de escribir a Lev y le explico lo inteligente de mi modo de actuar, rodando por Andalucía en verano para ir a hacer la cara norte del Pirineo ahora que empiezan los fríos y nieves. Por fortuna no es biológico y con suerte poco le habré contagiado de mi absurdo modo de obrar.

Tras salir del médico me acerco a la oficina de información turística que permanece abierta a medio día, ya compre pan nada más pisar el pueblo, allí me informan de los albergues que el camino tolosano en su parte navarra siguen operativos, uno esta todo el año y el otro cerrara en diciembre, si bien me advierten que los puedo encontrar cerrados y he de ir a buscar la llave. Dos hermanas que aparecen por el albergue del pueblo para preguntar no se que y desde allí tomar un autobús que les lleve a Pamplona y desde allí a Jaca, donde dejaron su coche estacionado, me confirman esos extremos, que están abiertos pero que hicieron noche solas y en uno de ellos fueron a por la llave. Otros dos peregrinos que me tropiezo horas más tarde, estos pasarán la noche en otro albergue del pueblo, más de lo mismo.

Este albergue lejos de llenarse en estas fechas tampoco permanece vacío, alguna gente recala aquí pero todos llegan desde Roncesvalles. Tres jóvenes que caminan junto a un señor ya maduro, se conocieron hace un par de jornadas y unieron sus pasos. Un tipo inmenso, con una tripa descomunal, de Elche, resopla y nos amenaza explicitamente de su apnea de sueño, avisados estamos. El coreano de rigor, un ciclista de Pamplona, otro de no se donde, una chica alemana, una pareja creo que italianos y que solo hablan entre ellos, la fauna de cada día.

Uno de los hospitaleros voluntarios, son de una asociación local, me pregunta si he visitado ya la iglesia, esta es de Santiago y lo tenia previsto por lo poco leí en un folleto del Camino a su paso por Navarra. Me recomienda verla y no me defrauda, la nave central es digna de verse, su techo soberbio. Allí coincido con un hombre de un pueblo riojano que camina desde Pamplona hasta su localidad por la que pasa el Camino, regresamos juntos, tras nosotros la pareja creo que de italianos que andaban por la iglesia igualmente.

Más muestras de las guerras carlistas, en esta ocasión son unas aspilleras para los tiradores en la fachada del seminario desde donde se combatió en más de una ocasión, encontrándose Puente la Reina entre Estella y Pamplona fue escenario de muchos enfrentamientos. Alguna placa por el pueblo habla de batallas libradas en sus calles, ley sálica o pragmática sanción y toneladas de muertos, un sinsentido. A todo esto Fernando VII todo un genio. Alguna imagen de las que me salen por los carteles o de las que vi en el Museo Carlista de Estella la conocí en una edición ilustrada de los Episodios Nacionales. Incomoda de leer por su formato me limite a hojearla viendo sus ilustraciones, mapas y notas, los Episodios los leí tiempo antes en ediciones de finales del XIX con hojas amarillentas de tacto fino y suave, encuadernados en piel algunos, otros en una tela roja.


Otro rato de charla en el albergue hasta la hora de dormir, con el ciclista de Pamplona, el riojano que viste una de esas chaquetas de chándal a la que se le podían quitar las mangas por debajo de los codos y que hacia años que no veía, olvidé que eso en un tiempo fue moda, se nos une el joven que viaja con las dos chicas. Unos comienzan una partida de cartas de un juego que no conozco, parece sencillo. Mucho antes de la hora de apagar las luces que ando en la cama leyendo hasta que me vence el sueño.

jueves, 30 de octubre de 2014

Miércoles 29.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Estella. Día muy entretenido. Al comenzar a rodar, dentro de una niebla espesa ante mi y dentro de mi cabeza me confundo de salida en una rotonda y termino entrando sin querer en el País Vasco. Nada grave, en los siguientes veinte minutos estoy de nuevo en La Rioja y ya en Navarra, de juntas que están las tres comunidades autónomas en este punto geográfico.

El camino hasta Estella es un subir y bajar, subir de nuevo y baja otra vez, así hasta hartarte, me detengo a ver la iglesia de El Santo Sepulcro en Torres del Río y allí me encuentro con Ana, rusa de Novosibirsk, de donde es mi amiga Irina, nos toca tirar del ingles ya que en mis 7 años de matrimonio con una esposa rusa solo aprendí una palabra por año. Viaja desde Barcelona a Santiago en su bici, con una cubierta de recambio sin que logre entender la razón de ese modo de proceder. Un café juntos, un rato de charla y cada mochuelo a su olivo, que vamos en direcciones opuestas.

Mas cuestas.

Llego a Estella y me dirijo lo primero al albergue. A comer que voy hambriento. Me siento fuera con Elena y un chico que viaja con ella y que no despega los labios en ningún momento, creo que es sueco, Elena del norte de Italia y rápidamente le pido información, ella también quiere hacer esa ruta y sabe de la misma menos que yo, le paso lo que tengo y me promete que tan pronto disponga de más me la hace llegar. Con ellos esta ¿Sandy, Terry?, o algo así. Habla español sin problemas, con un acento que no logro identificar, estudio filología hispana en Colorado USA y más tarde amplió estudios en Sevilla y Argentina, donde realmente aprendió a hablar nuestra lengua con un acento que realmente es muy personal.

Justo tras la comida me tropiezo con Luis, lo conocí en Melide, en el albergue donde ambos hicimos noche y resulta que es de Estella y primo de la hospitalera. Otro rato de charla.

Si hay un lugar donde tiene que estar un museo carlista este es Estella y por eso lo hay aquí con el incentivo de que los peregrinos tenemos la entrada gratis ya no tengo excusas y me paso la tarde allí dentro sin darme cuenta. Historia del partido tradicionalista desde sus orígenes a la sombra de otros partidos contrarrevolucionarios europeos por el siglo XVIII-XIX hasta el momento en que Franco lo disolvió al integrarlo en la falange y mandar a Fal Conde al exilio, dos guerras carlistas incluidas. Les pongo cara a personajes sobre los que he leído, muestra de unifomres donde puedo ver por vez primera un “detente”, oleos, documentos. De las tres salas que dispone el museo solo veo la de sus fondos permanentes sin darme tiempo a visitar una temporal más otra sala que trata sobre la historia del propio edificio. Dato, tres empleados toda una santa tarde para un solo visitante. Se lo tienen que hacer mirar que después dicen que no hay dineros para cultura y lo mismo es que se emplean en vete a saber que culturas.

El albergue, que no lo he dicho, tomado por asiáticos, algún japones, una de ellas se pone un kimono de seda tras la ducha, y unos 30 coreanos ya de edad que viajan arrastrando a sus retoños. A los jóvenes que voy viendo desde que coincido con el Camino los veo comer comida occidental pero estos de hoy, ya con cierta edad, cocinan platos asiáticos y los comen con palillos. La cocina tiene un bullicio increíble dentro de una densa humareda mientras las señoras mueven perolas y dan órdenes, sus maridos fuman en el patio ajenos a todo. Un joven pide un cigarrillo a uno de los mayores, ¿su padre?, y se lo agradece con inclinaciones de cuerpo mientras retrocede sin darle la espalda.


A la hora de cenar me siento con Hermenegilda,  vizcaína de 59 años que empezó a caminar hace pocos días. Se nota que estamos cerca de los comienzos del Camino, gente cargada de empuje y de ampollas en la misma medida. Pronto se van retirando a sus literas y solo tres jóvenes españoles apuran cenando la hora de silencio, a las 22:00.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Martes 28.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Logroño. Antes de entrar a la ciudad el Camino, por que hoy de nuevo he rodado por el, me lleva por un parque que a pocos kilómetros de la población rodea un embalse. Muy frecuentado por gentes del lugar me detengo en el y paso unas horas, disfrutando del día, del entorno y de las gentes con las que entablo alguna conversación. Estas comienzan al verme ir en “dirección contraria” y pretenderme corregir. Con eso paso media mañana entretenido y entro en Logroño casi a la hora de la comida.

Pronto localizo el albergue parroquial que no lo es tal, resulta ser una casa adosada a la iglesia donde reciben peregrinos, les dan aposento, ducha y comida. Soy el único hasta las 19:30 en que se presenta el segundo y último, ahora hablaremos de el.

La hospitalera esta sorda, no se si es religiosa o laica pero me da la impresión de lo primero, cosa que no indago por no hacerlo a gritos y enturbiar la paz del lugar que comparte edificio y puerta con otras dependencias parroquiales y solo edificio pero no puerta con Cáritas. La tarde la paso recorriendo la población, visito una exposición de un autor local que no recuerdo su nombre pero si su obra que me deja una grata impresión. Un hospitalero, este si que oye, comparte tareas con ella, me dice que ayer tenían a 15 peregrinos y le encanta cocinar para ellos. Al estar a esas horas yo solo me interroga por mis preferencias gastronómicas. Le confieso que desde que ando recorriendo tierras siempre estoy con hambre y engullo lo que me pongan y que preferencia ninguna, lo que tenga por ahí o nada, que yo viajo con comida y me da no se qué que se ponga a prepararme nada para mi solo. Al final queda en calentarme unas patatas riojanas, que nunca he probado antes, que le quedaron de ayer y hará, eso sí, una ensalada.

La casa parroquial esta adosada a la Iglesia de Santiago y me entero en una visita que allí fue párroco tras finalizar su seminario el ahora Santo Jose María Escriba, fundador del Opus Dei. Ya mencione creo los hábitos religiosos de mi padre, que escucho misa diaria desde que tengo uso de razón y hasta que el perdió la suya a causa de su enfermedad. En una ocasión siendo yo muy niño, 7 u 8 años, recuerdo un domingo en que le acompañé a una reunión de La Obra a la que el había sido invitado, por mi parte me aburrí como un ciprés y él me consta que no volvió.

Es a la hora convenida para la cena y a mi regreso cuando conozco a mi compañero de hospitalidad. Un argentino de nombre Gabriel, profesor de tango, baile, en Hong Kong, dice. Por lo disparatado que me resulta su empleo pudiera ser que hasta es cierto. Del resto de su historia no puedo decir lo mismo. Me confiesa que se alimenta de agua del mar principalmente y que hace este camino a Santiago por su proximidad al mar en vez del Camino Maya que era su intención inicial. Le pregunto si ya ha cenado en la playa de Logroño o se mantiene con lo que comió el otro día en la costa de Pamplona. En fin.

Cuando me suelta que el pertenece al universo y que desde que dejó en sus manos el destino de su pasos y que así todo le funciona mejor, caigo en su trampa y le respondo que al carecer de perspectivas difícilmente estas pueden ser frustradas. Caí. Desde ese momento un desparrame existencialista y metafísico me acompaña durante horas. Leo para que deje de hablarme, nada. Escribo y actualizo el blog, tampoco funciona, el habla y habla. Respondo correos con su murmullo de fondo, cansino. Finalmente decido adelantar mi hora de dormir confiando en que el desdichado no hable en sueños.

Como ya me sucedió en Burgos, me sorprendo gratamente al observar como esta capital disfruta de una hermosa convivencia entre trafico a motor y bicicletas. El uso que hacen de esta última sus ciudadanos es todo un ejemplo, disfrutando de zonas preferentes de circulación en alguna avenida, carriles, aparcamientos específicos, etc. Muy cerca del lugar donde me alojo esta el edificio donde nacieron los hermanos que sintetizaron el Wolframio o algo asíRápidamente me pongo a pensar en el papel que este metal jugó en la política franquista de la posguerra, durante la confrontación mundial, cosa que me esta rondando la cabeza estos días por no se que relato que leí sobre espías y Canfranc por donde pasaré próximamente.


Antes de despedirse la hospitalera sorda me pregunta que a que hora quiero salir mañana, por abrirme la cochera donde la bici pernocta, le digo que no muy temprano, no la quiero hacer madrugar ya que el desayuno lo dejan casi listo, a falta de hacer nosotros mismos el café, antes de irse por las noches. Quedamos a las 7:30. Al retirarme a dormir antes de lo que es habitual en mi y falto de sueño no dejo de pensar en el volumen de chismes que arrastra mi compañero de habitación que camina con dos mochilas, una inmensa a la espalda más otra algo más reducida en el pecho, me confeso durante la cena que ahora se desplaza con solo 20 kilos, tras desprenderse de gran parte de su equipaje que no imagino donde lo podría arrastrar. No solo vas conociendo gente diversa, muy diversa, también modos totalmente distintos de afrontar el Camino, en lo físico o espiritual. Este hace el Camino por poder alimentarse con agua de mar. Me acuerdo de Josevi, el psiquiatra que dejé ayer en Nájera y lo bien que se lo habría pasado hoy durante la cena con nosotros dos.

martes, 28 de octubre de 2014

Lunes 27.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Nájera. De nuevo ruedo poco, pero es que esto anda cargado de lugares dignos de ser visitados. No me he detenido apenas en Santo Domingo de la Calzada, ni desviado a San Millán donde se escribió el primer texto en español y que cuenta con dos conventos pero me resulta imposible ir más rápido con tanta cosa interesante por conocer. Me niego a pasar de largo esta población sin ver su claustro o una exposición que tienen sobre la restauración de patrimonio artístico en España.

Por la mañana la cadena hizo un sonido que me hizo recordar el nulo mantenimiento que le doy y tan pronto entro en la población pregunto y me dirijo hacia una tienda donde venden bicis en un polígono a la salida de la misma. Allí me venden y me explica como he de usar un lubricante para la cadena y me convenzo de la necesidad de usarlo con la debida diligencia y disciplina. Ya cumplido este trámite devoro mi comida en la puerta del albergue a espera de que lo abran. Aquí estos tienen precios más bajos que en Galícia y usando la cocina compenso lo que he de pagar en algunos, ya que esos días como más y mejor, aparte de la ducha que ya no pueden ser fías como en verano o el tema de lavar ropa que tampoco seca tan rápido en estas fechas. Cuando salga por Somport dejaré atrás los albergues por una larga temporada ante lo prohibitivo de los precios de estos tras cruzar la frontera y tendré que crear nuevas rutinas que aún no logro imaginar como serán pero que se intuyen frías, solitarias y oscuras.

Hans es uno de los hospitaleros y para mi que se tiene ganado el paraíso por hacer su trabajo entre dos arpías patrias ya entradas en años y que llevan su negocio como maestras de la posguerra. En total son tres bregando con un albergue que hacen funcionar con orden y pulcritud.

Josevi es un psiquiatra de Vitoria que comienza el camino ahora, no lo culminará ni lo pretende, es solo un primer contacto disfrutando de unos días que tiene y aficionado como es a la bici y amante del arte el si se detendrá en San Millán así como en Santo Domingo de la calzada sin importarle hasta donde logre llegar. El cena en un restaurante cercano y más tarde compartimos café escuchando a un viejo del lugar con amigos comunes en su lugar de origen y que nos amenaza con cantarnos unas jotas. En la mesa de al lado los dos primeros coreanos que veo en bici, uno con una fixie y unas piernas descomunales que me dan la explicación de como puede viajar con eso. Un californiano, otro más, este del Valle de Napa, cata vinos con devoción compartiendo mesa con un par de alemanes y un austriaco de aceptable castellano.


Converso un rato con una muchacha italiana recavando información útil para mi viaje, con sus pies doloridos y quemada por el sol que estos días hemos gozado. Terminada mi lectura quiero volver a La Biblia donde la dejé, matando cabras en cada frase por la menor razón, pero el bullicio se que no me dejará concentrarme ya que este es mucho y la parte por la que voy carente de argumento o atractivo requiere al menos paz o aburrimiento para retomar. 
Domingo 26.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Grañón. Son muchos los que me habían recomendado hacer noche aquí, más por el albergue que por que el pueblo tenga algo en especial que si lo tiene yo no lo encuentro. Pequeño y aburrido, sin nada de interés. Entro en el poco convencido de quedarme y a la entrada me sale uno del pueblo, Juanfran, antiguo peregrino que me da conversación. Su prima, o eso me pareció entender, lleva un albergue en la ermita de la Virgen del Carrascal y este fin de semana, ya hay muy pocos peregrinos, tiene hospedados a una banda de música de un pueblo cercano a Calatayud, ensayan su repertorio, una especie de concentración. El caso es que hoy a las 11 y como el tiempo es espléndido, piensan ensayar-interpretar al aire libre en una pradera que hay a la puerta de la ermita, que si me apetece escucharles. Pues si, y mucho, así que para allí me dirijo, dos pasodobles, una romanza que me gusta y no se el nombre y como colofón, y tras varios ensayos por partes, interpretan Juana de Arco que no les queda nada mal.

Tras el concierto matinal que escucho parcialmente como único público,  se me unirán dos madres cargadas de niños uno de los cuales se me sienta al lado y escucha formalmente una pieza cogiéndome de la mano, antes de marcharse me regala una hormiga, regreso al pueblo pues la ermita se encuentra algo apartada y me dijo a la iglesia, por detrás de la cual se entra al albergue que forma parte de esta.

Muros gruesos, desgastados por el tiempo, pulidos por las manos que durante siglos se han apoyado en ellos para subir por la angosta y oscura escalera para acceder a lo que fue la casa parroquial y que ahora alberga el hospital de peregrinos repartido en tres estancias, primera planta dormitorio, en la segunda han montado una cocina, el comedor y un acogedor estar con sillones en torno a una gran chimenea junto a la que descansa un piano desafinado. A la tercera planta no accedo cerrada como esta para los hospitaleros que son un matrimonio de californianos, San José, que no hablan una palabra de español.

El sitio me gusta y por la hora que se me hizo con el tema del concierto decido quedarme y la cosa comienza bien, no piden credencial, no cobran mas que el donativo que quieras dejar de forma anónima y con un atrevido texto sobre la caja abierta que reza: "toma lo que necesites, deja lo que puedas", no sellan tampoco credenciales, esto último es la primera vez que me sucede, y mientras como de mis cosas en el comedor la hospitalera me pone en la mesa un trozo de tarta para el postre.

El albergue se comienza a llenar, mucho peregrino para estas fechas y la visita de uno que fue voluntario aquí mismo este verano y que va a hacer noche mientras viaja de Pamplona a Burgos creo. Xavi. Esta a punto de decidirse a montar en Pamplona una panadería me cuenta pero le tienta tanto lo de hospitalero que por otro lado duda si montar su propio albergue, quedamos en escribirnos y contarnos, ya me iré enterando.

El anfitrión va preparando unas alubias para la cena, me muero de curiosidad de saber como será una fabada de californiana y de repente la cocina se revoluciona. Tenemos de peregrino lo que resulta ser un afamado chef en sus tierras, al menos algunos lo conocen que españoles solo somos tres y ni idea de quien es. Michael se llama la mole, grande, alto, con unos brazos como jamones y tatuados que se le ven al arremangarse y meterse en faena, dice que esta noche la cena es cosa suya. Prepara un par de ensaladas distintas, un plato de pasta que no como ya que lo hace para 4 vegetarianos que nos acompañan yo tomare la fabada exótica. Eso si, dos platos y tras meterme en el cuerpo otros dos platos de ensalada, uno de cada, para una de ellas sirve una salsa vinagreta. Pan, vino y postre. Me río de los menús que ofertan a los peregrinos, pedazo de cena.

Tras esta el hospitalero monta dos cadenas de limpieza con lo que todo queda en condiciones en breves minutos y de ahí nos invita a seguirlo por unas galerías. Accedemos a la cerrada iglesia que tiene iluminada especialmente para la ocasión con luces tenues, entramos por el coro y allí nos quedamos, lo tiene iluminado con velas y donde antaño estaban las partituras ahora hay en diversos idiomas unos papeles con salmos y oraciones para recitar cada uno en su lengua y a su aire. Es el servicio de completas que desde 1.977 los peregrinos que pernoctan allí realizan y en el que hoy voy a participar. Tras este y a modo de terapia de grupo cada cual dice lo que le venga en gana, de si mismo, del camino o a saber de que hablan que no logro enterarme de nada, pero a los que si se entienden se les ve en mayor o menor grado pero emocionados. Al terminar damos un paseo por el interior de la iglesia semioscura y a nuestro aire.

Un rato más tarde termino el libro que me dieron ayer y no se realmente que hacer con el. Supongo que tan pronto tenga un rato de aburrimiento tomare alguna nota, pocas, de lo útil que contenga y lo soltaré en el primer albergue que se preste a ello. Sin mediar palabra se dejan abiertas las ventanas de la estancia para que así permanezcan toda la noche en una sabia decisión tras la copiosa cena leguminosa, que a las alubias se le tienen que añadir los garbanzos que contenían una de las ensaladas y somos legión.

Conversamos Rafael, Xavi y yo hasta la hora de dormir y terminar así un agradable domingo de Camino.

En el albergue me he hecho con un par de calcetines que tendré que remendar mas unos pantalones polares interiores. Voy completando mi equipo de invierno con tiempo y ahora que puedo. No mencioné que con anterioridad me hice con unas sábanas de seda para el saco, desde que las uso las noches son otras, el placer de meterme en ellas y lo cómodo de poder lavarlas y mantener el saco limpio hace que pronto me acostumbrara a ellas. Altamente recomendables. Necesito unos pantalones, los que tengo largos para poder ir en la bici se me caen de grandes que son, los he de cambiar en algún sitio, tan pronto se me ofrezca la oportunidad.
Sábado 25.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Tosantos. Este es uno de los puntos donde me habían recomendado no dejar de pasar y a ser posible detenerme en su albergue y así lo hago, en el parroquial, donde te reciben como si fueras un hijo prodigo que regresas al hogar.

Me atiende Santi, es hospitalero desde hace 11 años, en otro albergue, y ahora que este cierra ayuda aquí unas semanas hasta que regrese a su Madrid natal, vendrá de nuevo en marzo cuando su albergue abra de nuevo. Tras las presentaciones e instalarme conozco a Pepe que anda por la cocina preparando algo, me invitan a comer y como un risoto con boletus increíble, lo aprendió a hacer en Italia y al decirle que voy para allí me sale con un libro publicado por el donde relata su peregrinación a Roma desde Burgos. Aquí a mi lado tengo ahora un ejemplar dedicado por el autor.

Van llegando más peregrinos, pero no seremos más que cuatro, y un hospitalero, Jose, que hace noche camino a Burgos donde retoma su peregrinación, también a Roma, que interrumpió hace semanas por un tema familiar ya felizmente solucionado. A ratos voy leyendo el libro en cuestión y si bien tras conocer al personaje que lo ha escrito no le pongo demasiadas expectativas a lo que me voy a encontrar me sorprende que es capaz de escribir casi tan mal como yo. A las horas ya no es una sospecha, es un convencimiento y no escribe tan mal como yo lo hago, me supera y con creces, el libro es un bodrio. Lo peor de todo es que la poca información que pensaba sacar de el se convierte en nula, nula para mi, por supuesto.

Hacemos una pequeña excursión para visitar una ermita, la totalidad de los peregrinos con una “guía” local, una señora que se presta a hacerlo con mas voluntad que aptitudes. La ermita está excavada en la roca, es rupestre. Lástima que ya no existan ni la vivienda del ermitaño ni las escuelas que durante años también eran parcialmente rupestres si bien la parte de construcción la tenían en madera y la carcoma de las mismas les aconsejo su demolición antes de que pudieran afectar al resto, que si la iglesia es de piedra no lo es el altar ni imágenes.

Cena en grupo, todos compartiendo una sopa de ajo soberbia, una ensalada y de postre una tarta que prepara el autor del librillo que en mi modesto parecer tiene más futuro entre fogones que con los papeles si bien cosas peores se ven publicadas por ahí con relativo éxito de ventas. Esta noche cambia la hora y mañana por fin podré salir, si así lo deseo, a la hora en que nos insisten dejemos los albergues y con luz.
Viernes 24.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Burgos. Día de alegrías y absurdos. Comencemos por lo que merece la pena ser recordado. Cuando a medio día, antes de entrar al albergue abro mi mochila y saco una bolsa. Horas antes, al despedirme con besos y abrazos de Marta en Tardajos esta me pregunto si quería algo para comer, ante mi negativa y su insistencia acepto un par de manzanas, las pone en una bolsa e introduce en la mochila donde normalmente llevo los alimentos en vez de en las alforjas. Regresamos a la hora de comer y abro la mochila, en un banco de los que hay a los pies de la catedral y a su alrededor, en la parte posterior y junto al albergue. Abro la bolsa y … un bocadillo preparado con ese pan de aceite que tanto me gusta y que ella sabe, una cerveza, un tomate con autoria de persona física que no jurídica, como los que la gente del pueblo le lleva al albergue para consumo de los peregrinos, exquisito, las dos manzanas que negociamos y para terminar de matarme tres gominolas de frutas. ¿Como describo en que estado me dejó esto?, por lo pronto una gran emoción y agradecimiento y sumar en el recuerdo que de ella conservo un detalle más, no se limito su hospitalidad el tiempo que pasé en su techo si no que la quiso extender, y lo logro, a una jornada más. Grande Marta. Las gominolas las comparto con dos coreanas que esperan la apertura del albergue. Que por cierto, empiezo a comprender el por que de esa invasión surcoreana por estas latitudes. Un libro tiene parte de culpa y del resto los créditos que en la universidad les conceden a los que lo hacen. A su regreso muchos hablan bien de la experiencia y sus amigos, familiares y demás les emulan haciendo que en este momento sean una parte nada despreciable de las gentes que lo recorren.

Las gestiones para lograr mi cartilla sanitaria europea han caído en la burocracia más absurda. Si hace unos años la obtuve sin mayor complicación, tan pronto la pedí que fue en Castellón y en el momento, ahora han decidido que te la envían a tu domicilio ¿que domicilio?, en el plazo de 10 días. Para cambiar de domicilio y poner en su lugar una lista de correos visito otra planta del edificio, otra cola y otro tiempo de dar explicaciones, me lo cambian, cuando me hacen la solicitud el cambio no sale y vuelta a comenzar. En este momento no saben ni ellos ni yo si tendré en Jaca mi tarjeta esperándome o no. Otra alternativa que se les ocurre es la solicitud de un certificado que por validez de dos meses se puede expedir, sencillo, me dan los datos para hacerlo por mi mismo, solo necesito tener un teléfono móvil. Que en este momento aún no me he decidido a activar por el coste del mismo. De nuevo mas derechos que al carecer de domicilio dejas de tener. Más servicios que por carecer de móvil no puedes acceder, lo que se suponía que podría ser una comodidad para muchos lo han convertido en un obstáculo para aquellos que carecen de el, pasando de ser una opción a un requisito para el disfrute de los mismos. Logramos de este modo excluir más si cave a los ya excluidos.

Por la tarde visito la catedral entrando a un culto, el único modo de hacerlo sin pagar peaje y en este se celebran los 15 años de una asociación familiar cristiana, con asistencia de autoridades, así lo dice uno de los 9 sacerdotes que lo ofician, tendrán que explicarle la diferencia entre poder y autoridad que si lo primero se te otorga por diversos modos lo segundo te lo tienes que ganar tu y dudo que esos señores disfruten de autoridad ante la gente por muy conservadora que sea la sociedad burgalesa, que lo es.

Cosa que me gusto de Burgos entre otras muchas es la cantidad de ciclistas urbanos que se ven en sus calles en una ciudad que se presta especialmente a ello por lo plana que es. Jóvenes y mayores sobre todo tipo de monturas se mueven de un lado a otro, si por la mañana me los crucé camino a la universidad por el día los veo ir a trabajar o de compras y por la noche más de un grupo de amigos con sus fixies saliendo a tomar unos vinos.

El albergue es una monstruosidad para almacenar peregrinos en diversas plantas, se descansa bien, pero no se presta a la interrelación entre ellos ni de ellos con los hospitaleros que son voluntarios. Una “cocina” carente de cocina no ayuda mucho, un simple microondas en un espacio sin menaje para 200 plazas, tan solo unos pocos hacemos uso de esas instalaciones, no más de 6 personas para cenar y los mismos en el desayuno.

El “profesional del Camino”, el portugués que durmió anoche en mi mismo albergue, salió esta mañana después de mi, a pie, pero eso no es inconveniente para que nada más llegar a Burgos y detenerme frente a su catedral, el ya estuviera allí, autobús supongo, que dudo que nadie le parara haciendo auto stop. Se pasa el día en un bar frente al albergue al que solo entra para ver que prendas puede usar de las que los peregrinos dejan u olvidan, tomando vinos que algunos peregrinos le van pagando a cambio de sus historias sobre sus 14 caminos de Santiago realizados y cosas así.
Jueves 23.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Tardajos. Pequeña población próxima a Burgos donde decido parar hoy, albergue pequeño, los prefiero, y de voluntarios, también los prefiero así.

Tan pronto llego me pongo a comer con mucho apetito, la hospitalera me dice que hasta la hora de la entrada no puedo pasar, ni lo necesito, pero si puedo hacer mi colada y ni lo dudo, con un sol fantástico que luce y una suave brisa que de seguro secan las prendas con rapidez como así sucede. La mañana fue fría al menos hasta la mitad de ella dando paso a continuación a un día muy caluroso. Esto ya viene sucediendo desde hace días, mañanas por debajo de los 10 grados y medios días rondando los 30. ¡Que siga así el tiempo que quiera!

Una vez abre el albergue ya espera un indigente que intenta hacer noche en el, carece de credencial por lo que la hospitalera no se lo puede permitir, pero Marta que así se llama la mujer, le prepara algo de comer con lo que tiene en la cocina y un poco que saco de mi mochila, el caso es que el hombre come hoy. Se ajusta al patrón de los que ya he tenido ocasión de conocer, historias con saltos donde mezclan realidad con fantasía, repeticiones, contradicciones, explicaciones que dan donde nadie se las pide e historias que nadie les puede creer. Tan pronto se marcha aparece el segundo, este si armado de su credencial y mucho más profesional que el primero.

Todo un profesional del Camino que vive, como siempre hay gente que han vivido, a la sombra de los caminos, de la gente del Camino. Portugués y con los brazos plagados de tatuajes carcelarios ha sido de todo, lo sabe todo, lo conoce todo y opina de todo. Se hace cansino y se le tolera como se puede.

En maldito momento opine en la cocina sobre la cena que al final me la adjudican y termino cocinando para los peregrinos y hospitalera. El que se comieran hasta la última miga de lo que preparé, con el hambre con que andan los caminantes, poco motivo de orgullo es. Somos pocos y hay muchas plazas, una pareja de canadienses ocupan solos una habitación, comenzaron su camino desde Arles y me pasan  el título de una guía,  la información la  voy ampliando cada vez más.

Con todos acostados, el portugués se dormía durante la cena y tras esta estando fumando de pie, me adueño del comedor y me quedo leyendo a placer mientras en el exterior la temperatura vuelve a caer en picado, me dice Marta que la pasada madrugada llegaron a un grado.

Mis planes para mañana son solucionar un par de cuestiones de la tarjeta sanitaria y recetas en Burgos en donde puedo estar temprano y hacer noche si quiero por lo amplio en plazas que es el albergue municipal, creo que llevado por la Asociación Madrileña de Amigos del Camino. Como al día siguiente dispondré de mi pensión, comprar unas botas que mantengan mis pies calientes y secos, que no se me salgan y dispongan de suela. Las botas que usé estos días las dejé en Castrojeriz cambiadas por unas zapatillas de deporte que no están nada mal para lo que son si bien me vienen grandes y no son botas cosa importante si hay barro. Compartiendo mis planes para el siguiente días con Marta esta desaparece en el interior de la casa y me sale con un par de botas, ligeras, Gorotex, suela Vibram y marca de renombre, nuevas, con apenas uso, me las pruebo y me quedan bien. No me lo puedo creer. Algo así no me lo podría haber permitido ni con los ahorros de dos meses. Dos meses de estrecheces sin fin y ni aún así podría soñar con poder comprar nada parecido. El Camino te ofrece lo que necesitas, la máxima se me cumple cada día, ¿como poder así dudar de ella?
Miércoles 22.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Castrojeriz. De nuevo hoy tengo la oportunidad de hacer mi camino por el Camino, sin pisar la carretera recorro la senda de los peregrinos con tan solo un tramo de especial complicación que se resuelve con un poco de paciencia y sudor. Los bosques hace tiempo que quedaron atrás, ahora el paisaje es una ondulada presencia en muchas ocasiones sin árboles ni sombra, fácil poder imaginar lo que supondrá cruzar estas tierras en pleno verano.

Entre las varias opciones para terminar la etapa de hoy me decido por Castrojeriz al suponerlo al pueblo con interés para visitar en la tarde y no me equivoco. Riqueza monumental para aburrir que conoceré en parte ya que al caer la tarde visito un monasterio de clarisas algo más apartado del pueblo y solo me dejo pendiente las ruinas de otro monasterio que, esas sí, me quedan ya muy apartadas. Monjas de clausura con un ritmo propio para hacer las cosas que puede desesperar, como le sucede al sacerdote que oficia para ellas, soy el único presente no perteneciente al convento aparte del cura, el servicio de vísperas. De tan lento que cantan los salmos que se pueden hacer eternos. Desde hace días disfruto de un estado de gracia, de paz espiritual o lo que sea que desconocía en mi vida y del que, aparte de tomar consciencia cosa que no siempre nos sucede, gozo. Vivo en algo parecido a la felicidad o igual la felicidad es esto. No recuerdo cuando disfruté de menor grado de ansiedad en décadas.

En el albergue los grupos de costumbre y los perfiles de peregrinos que ya conozco. Lo mismo decir de los hospitaleros que aquí son voluntarios. Manolo y Jose, este último vive en el pueblo pero ahora descansa mientras Manolo le hace el trabajo con ese fin. Al saber que rumbo llevo me pone en las manos información de lugares donde seré bien recibido en Italia conocedor como es el de la Via Francígena, los copio.

Compre una torta de pan de aceite, una vez la pruebo no puedo dejar de comerla, así sola, sin nada, por no saber con que puede comerse bien eso, hasta terminarla. Regreso a la tienda donde la compré tan pronto la probe para llevarme la otra media que dejé allí.

Un japones ronca junto a mi oreja toda la noche, cuando se detiene emprende una especie de cántico o así me lo parece y por ruidoso y molesto que sea el buen hombre termino vencido por el sueño con esa murga de fondo.
Sábado 18 al martes 21.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Virgen del Camino. El Burgo Ranero, Sahagún, Carrión de los Condes.

Deje atrás la provincia de León y ando ahora por la de Palencia, camino a Burgos. Los albergues se suceden, los pueblos, ciudades, gentes que conozco y con las que comparto mesa y techo, confidencias y anhelos, el Camino se presta en ocasiones a soltar las lenguas y te cuentan sus cosas. Procuro no opinar pero no soy disciplinado, en ocasiones muestro mi punto de vista para arrepentirme tan pronto soy consciente de ello. Por un lado la mayor parte de personas solo quieren que les escuchen, no que les respondan y por otro ¿quien soy yo para mostrar mi parecer sobre lo que me dicen?

En Virgen del Camino conocí a un cartagenero que ligaba con una gringa de Nueva Inglaterra, a un par de húngaros con lo que podo pude hablar, a otra murciana que camina con un portugués a su lado, el grupo de coreanos de costumbre, gente diversa y un matrimonio ya jubilado y en crisis de pareja, realmente el es insufrible y la compadezco. Me estoy alimentando bien estos días, ruedo bien y reposo bien, me siento mejor. Por la mañana visito León bien temprano, casi sin gente ni tránsito de coches. Si antes critique las señalizaciones de las ciudades para salir de ellas, queda León excluida de esas críticas, un lujo de información en cantidad y calidad.

Llego a Burgo Ranero, poco más que una aldea con un hermoso y acogedor albergue que llevan dos voluntarias, Gina y Silvana, congenio mejor con Gina desde el principio. Una construcción de adobe enlucida con barro y paja. La tienda del pueblo con precios sorprendentemente bajos y abierta en domingo. Allí los grupos ya llegan creados, muchos desde hace días y paso la tarde de lectura, con un tiempo casi caluroso. De nuevo rodé hoy sin mayor esfuerzo y el resfriado si bien sigue ahí parece que lo tengo bajo control. Por la mañana me quedo un rato ayudando con las camas a las hospitaleras, Gina me abraza en la puerta cuando sale a despedirme.

Ruedo poco, quería desde hace tiempo pasar el día en Sahagún y visitar sus lugares y lo tengo muy cerca de modo que tan pronto llego me instalo en el albergue situado en un antiguo convento del Cluny que comparte espacio con un auditorio. Es una sola sala pero con una disposición de literas que lo hace cómodo y poco claustrofóbico, supermercado y comida en el albergue.

Ya por la tarde la gente se va reuniendo en la mesa y se improvisan cenas que se comparten. Terminamos juntándonos tres mujeres que viajan juntas, australiana, neozelandesa y peruana, Cristina y Juan que viajan juntos, Lucas, un portugués, que nos prepara un delicioso postre a base de frutas y yogur, una joven madre alemana que viaja con su hijo de unos dos años en un cochecito preparado para hacer senderos, estos últimos duermen junto a mi y el niño, acostumbrado como esta a dormir de albergues ni lo escucho en toda la noche. Charla en la puerta hasta tarde, por no molestar a los que se acuestan pronto ya que este albergue cierra a las 23. A las 19:30 asistí con algún otro peregrino, que no están en mi mismo albergue, a un servicio en un convento de benedictinas, tienen en la capilla, en un sepulcro, los restos de Felipe VI, de León solo, no de España, junto a unas cuantas de sus 6 esposas. El servicio son salmos cantados, con mi sordera que aún perdura no me entero de lo que dicen, al menos en Samos disponía de un papel con la letra de los salmos cuando asistí a laudes. Tras el servicio, la madre del convento nos bendice a los peregrinos.

Ya por la mañana Cristina nos invita a un café a unos cuantos y desde ahí nos despedimos, Juan regresa a San Sebastián por León, Cristina continua ahora acompañada de la chica alemana y su niño.

Al entrar en la provincia de Palencia tomo conciencia de la carretera desierta, de los campos desiertos, de los pueblos o aldeas que cruzo desiertos. Silencio. Ruedo horas sin cruzarme con un solo coche por una carretera nacional. Un ocasional tractor a la entrada de un pueblo, una mujer que llama a una puerta y nada más, silencio.

Carrión de los Condes es la primera población a la que llego con algo más de vida. Conventos, muchos, de religiosas creo y es en uno de ellos donde me acomodo tras intentarlo en un primero también de religiosas y que estará cerrado por unos días me informa una hermana. Tras inscribirme en el albergue, con camas en vez de literas, me dirijo al supermercado por hacer algo de compra y a la salida del mismo coincido con Simona, peregrina italiana. Va sin mochila, pero las prendas de ropa que usamos, los andares cansados, todo forma parte de un “aire” imposible de confundir, nos identificamos tan pronto nos cruzamos en cualquier población sin mediar una palabra y en ocasiones tan solo nos saludamos con unas sonrisas, como sucede ahora, es más tarde en la cocina del albergue, mientras preparamos nuestras comidas cuando hablaremos por vez primera, al ofrecerme media lechuga que le sobra.

El caso es que pasamos juntos toda la tarde, de visita por el pueblo y a un monasterio benedictino que hay a la entrada del mismo, después iremos juntos a un servicio religioso con peregrinos realmente emotivo y que la lleva hasta la emoción. Cena compartida con una familia que hace el camino por años, según puede. Ella estudio letras en la universidad, sea esto lo que sea allí en Italia, pero se que comprende literatura entre otras cosas y pasamos parte de la tarde hablando de autores de allí y de aquí. Me da sus datos para cuando pase por San Remo le valla a ver.