Lunes
14.07.14 Agua Amarga, entro a desayunar a un bar y al final paso allí
media mañana, con el ordenador, tras el desayuno un segundo café,
sin prisas, me siento a gusto aquí.
Las
sombras no protegen igual en todos los sitios, la brisa es mas grata en unos que en otros lugares, el sol cuando lo cruzamos parece quemar
menos, son mas amables los rostros que te cruzas, parecería exagerado decir que el duro suelo es menos duro si no fuera cierto,
pero lo es.
El
vagabundo es como una pieza de puzle, de otro puzle distinto, no se
de cual, pero aún así en ocasiones, sea por el color de la pieza
que no desentona tanto, sea por la forma que sin casar por ser la
idónea ni encajar, queda en uno de los huecos sin forzar al resto,
no completa el puzle pero no crea estridencias, la pieza deberá ser
movida, reemplazada o lo que sea, pero mientras si no la sometemos a
un especial escrutinio casi pasa desapercibida, mimetizada entre las
demás. Después en la playa, una de esas con sobra para minusválidos,
en su intento de hacer los ayuntamientos accesibles sus playas, paso
las horas leyendo, o sin leer. Allí como, fumo en ocasiones, comparto
el espacio con gente a quien escucho y observo si en ese momento me
merece la pena hacerlo o simplemente nos ignoramos.
Un
kiosco de helados y chuches próximo es atendido por dos jóvenes y
estas se acercan buscando la sombra, conversamos casi un par de horas
con breves interrupciones para atender alternativamente a algún cliente. Sobre las diferentes formas de viajar, “El viajero ve lo
que ve, el turista ve lo que ha venido a ver” les parafraseo a G.K.
Cherteston, pedante que soy. Hablamos del pueblo, de sus recién terminados estudios, de esto y de aquello y así llega mi hora de partir con el sol ya no tan alto, en esta ocasión hacia Fernán
Pérez.
Camino
corto, parte en bici y parte a pie, cosa que tengo de sobra asumido y
que cubro sin mayor complejo. Pequeña población, una minúscula
iglesia, con su plaza y poco más allá otra plazo algo mayor con su
bar, escuelas...
En
el bar una cerveza, un plato de costillas ahogadas en aceite y un
descafeinado con leche, 3 €, charla con algún parroquiano que me
dice por la zona que está bien y que no, rivalidades de pueblos,
caminos alternativos para mañana e incluso me sugieren sitios para
pasar la noche, el lavadero esta techado y a la salida del pueblo.
Jaguai
– bombai esun paraiso
caveces
yo me monto en mi piso...
tarareo
mientras estiro mi plástico, pongo la colchoneta y me preparo para
leer un rato mientras me vence el sueño, una farola alumbra un poco
el lado derecho de mi lecho y mañana no tengo prisa en levantarme,
el bar no abre hasta las 8:30 y Las Negras a donde me dirijo, esta
próximo.
Buenas
noches.
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