Jueves, 10.07.14 El Playazo, Vera. Ayer tarde llegué a las playas de Vera, una
ducha. ¿Existe otro lugar como este? Donde se puede ir de tu casa a
la playa por la calle en bolas, sentarte así mismo en más de un
local y tomar algo, donde una urbanización naturista se sucede a otra
junto al único hotel naturista que conozco. Aquí viví hace unos
años, durante unos seis meses creo recordar, ahora apuro las últimas
horas de sol del día respirando el aire marino, tras una ducha que
necesitaba. Paso la noche por aquí y disfruto de este paraíso al
menos todo el día para después ir hacia Mojacar. Cené y después
un rato de fútbol en el chiringuito. Durante unas horas nos sobrevoló
la playa un parapente a motor, molesta, supongo que ando muy
sensibilizado ante las cosas que vuelan y zumban al tiempo. Una
cerveza, 2 € que no termino del todo.
Dormí
medio protegido por un tamarix, mucho calor en el saco a la vez que
fresco excesivo fuera de el, viento que levanta polvo y mezclado con
la humedad del ambiente hace que por la mañana amanezca todo sucio,
con una especie de barrillo fino que iré mirando de limpiar. Amanece
con bruma, espesa y extraña, si bien esto desaparece tan pronto
caigo en la cuenta y limpio mis gafas.
Tras
el desayuno paso un rato en la playa, ahora que aún no quema el sol,
los pies húmedos en la orilla, frescos, noto que aún sigue ahí la
inflamación del tobillo derecho que si bien molesta menos que estos
días atrás, aun presenta el mismo aspecto hinchado. Reposar un día
o dos, los que sean precisos, si esto se pone feo lo puedo pasar
francamente mal.
Ya
por la tarde, me acerco a un supermercado, pan, fruta y error de los
gordos, un libro, no me puedo resistir, soy adicto, tengo un monazo
de lectura y se que comprarlo es una insensatez, por el precio, por
que pesa, por que una vez terminado lo deberé regalar, pero aún con
esos argumentos en su contra sucumbo a la tentación. “La gran
desmemoria” Pilar Urbano, no es que la oferta del lugar en cuanto a
libros fuera como para tirar cohetes y me inclino por este comprándolo al peso, algo mas de 800 páginas.
Con
avidez lo comienzo, algo más tarde comienzo a sentir frío, ¿frío?,
estoy junto a la playa y el sol aún esta alto, cierto que desde que
comencé el viaje colecciono noches frescas, ventosas casi todas las
tardes-noches, pero esto es otra cosa, unos estornudos, y sentir
congestión nasal encienden todas mis alarmas. Sera estúpido pero
simplemente no me he parado a pensar durante este tiempo en un plan
de contingencia ante algo tan simple y vulgar como pueda ser un
resfriado, ¿que se hace?, ¿como se actúa ante esto?, ¿donde pasa
uno el día cuando se tiene fiebre, malestar, un mareo y el cuerpo
demanda cama, reposo, oscuridad o silencio?.
Me
abruman estos pensamientos, el “frío” lo atajo con rapidez,
pantalón largo, una chaqueta y rodeo el cuello con un pañuelo de
algodón, con esto me siento algo mejor. Ceno pronto sin reparar
hasta horas después en que es lo que he comido, mecánicamente sin
prestar atención.
En
el chiringuito, con mi libro y dos aspirinas me tomo un descafeinado
con leche, 1,30 yo solo como cliente, un cocinero y un camarero
completamos el desolador cuadro, pasa una hora, casi dos y me marcho
a buscar mi tamarix de hoy. Para estas fechas y lugar, realmente no
veo veraneantes apenas. Se como las esperan los hosteleros tras
largos meses de inactividad y no les envidio.
Por
fortuna el abrigarme, las aspirinas o ambas cosas o ninguna de ellas
parecen funcionar y al menos estornudos y congestión no van a más,
incluso la garganta que me envió un aviso parece ya calmada. EL
tobillo tampoco me está doliendo ahora, mañana si todo sigue así
reanudaré camino.
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