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viernes, 17 de octubre de 2014

Lunes 13.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Ponferrada III. Que un día comience con un efusivo abrazo de una criatura que de un salto se te cuelga del cuello, es un buen presagio. Me pidió anoche mi nobel compañera brasileña que le ayudara hoy con su bici, que nunca antes le puso alforjas y bien temprano, tras un café nos ponemos en ello mientras me pide consejos. La bici es nueva igualmente y hoy se estrena en el Camino, muchas, demasiadas cosas nuevas, no me gusta. El Camino agradece que la gente que se tira a el lo haga con las cosas probadas, sea un calzado o una mochila, una vez en medio del asunto poco se puede ir haciendo, algo, pero no mucho.

Las tareas del día ya las conozco, son la rutina de poner el albergue presentable para los nuevos que lleguen hoy. No necesito preguntar ni esperar a nadie y me pongo con los aseos, patio, cocina, las cosas que ya hice ayer. Me sobra tiempo para ayudar al irlandés con las basuras y me encargo de vidrios y plásticos para a continuación lavar los cubos.

Hoy la entrada a los museos es gratuita y me voy al castillo que visito rápido al no tener con quien comentar banalidades ni hacerme poses fotográficas en almenas. Si veo la exposición que en una de sus torres hay sobre templarios, así como me recreo ante unos maniquís ataviados con diversos ropajes que corresponden a distintos oficios o labores. Me reservo para la biblioteca.

El primer vistazo me decepciona. Normal, Hay dos y vi una que no merece gran cosa, a ver, para mi la quisiera, pero esperaba encontrar más. Es al dar la vuelta al tan intervenido palacio que ya ni se le reconoce como tal cuando encuentro la exposición de libros y ahí si que me quedo helado. Son facsímilesentendámonos, pero quitando la autenticidad del objeto, el libro que veo es el libro que existe, fiel en todo siendo otro, y que libros... “beatos“ para aburrir, libros de horas, reglas de mil ordenes, biblias, eso en la parte religiosa que la profana esta muy bien surtida de igual modo. Un “Códice Calixtino” abierto casualmente por una pagina que relata el paso del fraile Aymeric Picaud  por Somport confirma lo que sostenía Francisco en Monte do Gozo del Camino Tolosano como el original camino a Santiago. Busco y encuentro los apocalipsis del Beato de Liebana, con iluminaciones que yo pinte en tabla y me sonrío ante el, son viejos amigos esos monigotes que siempre encontré simpáticos con su carencia de perspectiva. Recuerdo un coro con más pies que monjes, al estar los libros tras cristales imposible pasar páginas y buscar la imagen, pero si hay uno abierto por un lugar que muestra otros motivos que ya pinte hace años, recuerdo titulado “los evangelistas bajo el signo de Dios” que los muestra bajo un cordero armado con una espada, aquí no aparece con ese título.

Los que hablamos mi idioma somos cada vez "más minoría" en los albergues y aquí lo voy comprobando, veo grupos importantes de italianos principalmente, algún francés, siempre anglosajones y surcoreanos  y así. Por lo que me comentaron desde estas fechas el número de coreanos aumenta, si bien ya es numeroso, raro es el día en que no se hospedan media docena al menos de ellos. La vida en el albergue sin tener el cansancio del Camino ni las expectativas de salir al día siguiente, sin estar en uno de esos grupos animados, se hace tediosa, aburrida, en parte me recuerda a días cuarteleros ociosos en que andaba de un lado para otro matando las horas, el tiempo no se presta a dar paseos, frío, húmedo o lluvioso según el momento.


Es solo un tiempo de espera, de transición y esperanza en que mañana pueda solucionar algunas de las molestias que padezco y ese no hacer nada en parte me hace bien, es reposo y calor bajo techo, es recuperación del desgaste que arrastro, lenta pero supongo que efectiva recuperación.
Domingo 12.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Ponferrada II. Me ofrecí ayer a ayudar en lo que pueda en el albergue y hoy al ser festivo dos personas que vienen a limpiar no vendrán por lo que mi ayuda es finalmente acepta y paso la mañana limpiando aseos, ya limpios de por sí por los peregrinos que friegan lo que ensucian y recibe atenciones diarias de los hospitaleros. Barro y friego cocina, vajilla, duchas de los lavaderos y finalmente ayudo con el patio de la entrada que dejamos impecable. Al ir a comprar el pan traigo una hogaza para los hospitaleros que me invitan a comer con ellos, pero prefiero no ir tan lejos hoy y lo dejo para tal vez otro momento. Hoy como con los peregrinos cuando estos comienzan a entrar a las 14:00.


Me siento mejor que en días pasados y confió que esta estancia me esté recuperando en esta forzada espera hasta el martes cuando espero pueda continuar si bien no se hasta donde, dependeré de la hora de salida y mi estado. El día salió con lluvia como se esperaba, mañana también se espera. Comparto dormitorio con Alfredo, de Perú, es médico anestesista en Brístol y hablamos de viajes, del suyo, del mio, de los caminos mayas que quiere hacer algún día. Una señora de Valladolid ya versada en cosas del camino tiene adoptada hoy a una jovencita de Brasil que lo comenzará mañana, en bici, ceno con ellas compartiendo algunas cosas y conversación, principalmente la señora que la joven escucha más que otra cosa y anda nerviosa por su debut.

En el albergue hay un cuadro que representa al Santo que le da nombre, San Nicolás de Flüe, este aparece feo, no lo sacaron bien parecido. En el exterior del albergue hay un emparrado con mesas debajo que en verano ha de hacer seguro que de estancia más concurrida, ahora siempre esta con el suelo, las mesas y las sillas mojadas por el agua. Del emparrado cuelgan racimos, que un hombre que hace de jardinero, de sacristán y es quien pone las lavadoras y secadoras, corta cuando están maduras y las pone en una caja para que los peregrinos coman de ellas, las pruebo y encuentro deliciosas, más con la poca fruta que como, el resto del albergue parece despreciarlas por lo que como un racimo más, a mi si me gustan, supongo que son uvas más de vino que de mesa, pero eso precisamente las hace distintas y aprecio su diferencia con deleite.
Sábado 11.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Ponferrada. El recorrido de hoy es sencillo, cómodo, pero me siento molido, falta de alimentarme como debo, falta de sueño por noches agitadas, efectos no deseados de los antibióticos, los mareos tal vez causa de estos o de los problemas de oído, el resultado es que soy una piltrafa necesitado de recomponerme y mi objetivo es lograr eso en esta ciudad.

Ruedo con frío, a las 10:00 la temperatura sube a los 10 grados, entre nubes bajas y nieblas con un tiempo que podría ser de lluvia en cualquier momento cuando llego a Ponferrada como puedo. El camino hasta el albergue recorre toda la ciudad y voy viendo esta, sus tiendas, mercadillo, el castillo y zona antigua tras cruzar el río, haciendo tiempo para la apertura del albergue que desconozco cuando será. Al llegar al mismo, tengo la oportunidad de hablar con el hospitalero al frente del cual esta, hay al menos otros 3 más y creo que un par de voluntarios haciendo diversas tareas que no son muchas manos debido al tamaño de este y la cantidad de peregrinos que puede albergar y más teniendo en cuenta que en esta población es el único albergue que existe. Le expongo a David mi situación y necesidad de permanecer aquí unos días esperando que me extraigan la muela y retiren el tapón del oído, que en estas condiciones no puedo desplazarme con los mareos y demás. Se hace cargo y solo me pide que cuando vaya al médico le pida un justificante para incluir en la memoria de su tiempo de hospitalero y de ese modo justificar mi larga estancia, cosa que por supuesto haré.

Ya en la farmacia retiro por fin las gotas para el oído 8,90 € que me recetaron y que no usé antes por no poder planificar lo que ahora ya he logrado. Estas gotas no las cubre la seguridad social ¿? ellos conocerán sus motivos. En una tienda compro yogur y me meto toda la tarde en el albergue poniéndome las gotas y tapando mis oídos con algodón a la espera del milagro. Horas más tarde, preparándome una sopa tengo un nuevo mareo, esta vez tomo  asiento inmediatamente hasta que se me pasa y ya no se vuelve a repetir ni precisa que me tenga que retirar al aseo con vómitos como días pasados, pero me deja lleno de temor a un nuevo episodio como los anteriores.

Javier es un peregrino de San Sebastián está haciendo el Camino con bici, compartimos poca charla, que estoy sordo del todo y apenas si le puedo escuchar con el bullicio del comedor que de paso me aturde. El albergue dispone de una modesta biblioteca en la que encuentro un libro de Ellis Peters que no me gusta mucho y presumo que está mal traducido o lo mismo es que la autora escribe así. No logro que una supuesta novela detectivesca me arrastre en su trama, me resulta indiferente, pero no ando como para exigir. Un periódico abandonado me permite ponerme ligeramente al día de lo que anda pasando.

No pocos peregrinos, al salir de un albergue, se deshacen de cosas de sus mochilas, unas por deterioro otras por que cargaron de más y prefieren aligerar, o las olvidan en cualquier lado y van a parar todas a unas cajas. He mirado cada vez que las veo a lo largo del camino en busca de unas botas, aquí las encuentro finalmente, bueno me las compongo con restos de tres botas, unas en las que me entran el pie carecen de plantilla y cordoneras que las obtengo de otras dos botas haciendo de este modo algo que puedo usar. Una funda de mochila que parece buena pero muy usada la tomo igualmente y con esto voy dando un pasito más en la protección del agua de mi persona y equipaje. Hay unas polainas pero inservibles y el resto de las cosas carecen de utilidad para mi.

Por la razón que sea hoy coinciden un gran número de italianos en el albergue y se montan una cena conjunta, pasta, por supuesto, regada con vino del Bierzo, yo cene mucho antes y me retiro a leer un poco mientras me pongo de nuevo esa mezcla oleosa de trementina y ricino en mis oídos. El calor de un techo, el disponer de una cocina, el forzado descanso de mañana y pasado, junto al uso de los medicamentos espero hagan su conjunto trabajo en aras de levantar mi calamitoso estado actual. Las visitas preceptivas a la ciudad las hice en parte cuando busqué la farmacia y el lunes he visto anunciado que las visitas al castillo y museos locales es gratuita, especial interés tengo en conocer la biblioteca del castillo que anuncian como una de las mejores templarias del mundo. ¿O es de las mejores en facsímiles? no lo tengo claro.


Viernes 10.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Vilafranca del Bierzo. Mal, muy mal la noche y peor la mañana. La paso inquieto costandome mucho dormir, vueltas, levantarme de la litera más de una vez, y una de ellas, ya de madrugada al aseo me he de sujetar a la pared para no caer, no le doy importancia, y regreso a la cama. A las 6 me levanto tras despertarme sobresaltado, mi compañero de litera que duerme sobre mi la ha movido y ese movimiento se introdujo en el sueño de una forma extraña. Tenia una bolsa, yo sentando en la cama y esta sobre mis piernas, esta se movía y yo tenia pánico de mirar que tenia la bolsa dentro, cosas de los sueños la bolsa se transforma en mi saco de dormir y es este ahora el que veo moverse, al despertar sobresaltado me doy cuenta que es todo lo que se mueve, saco, litera y yo con ellos.

Y aquí comienza lo feo. Espacio entre literas claustrofóbico en un ambiente excesivamente cargado con tanta gente y la calefacción, con prendas de ropa colgadas por todos lados desprendiendo su humedad y me vuelvo a marear otro poco. Cocina, café con leche y salgo a ver el exterior y ahí me mareo de nuevo. A malas penas entro para arrastrarme a un aseo y me tiro al suelo para no caer y regresan los vómitos. Sobre las 9 de la mañana, ya con el albergue vacío de gente logro caminar hasta la habitación donde dejé todo recogido y tirarme en la cama, la chaqueta esta en la cocina así como los tarros de café, ya los recogeré cuando pueda.

Allí en litera hablo con las limpiadoras cuando llegan, les explico y me dicen que sin problemas, que según me sienta salgo, me quedo, o se llama a un médico, que yo decido. Y me quedo metido en el saco de dormir, que de nuevo saque de la alforja, hasta casi medio día. Al incorporarme con precaución me veo mejor, hambriento y dolorido, pero con apenas un rastro del mareo y angustia que sentí. Decido cargar la bici con todo a ver que pasa. El pueblo esta dentro de una nube helada pero el frío me espabila y cargado de prendas me lanzo por la carretera abajo hasta Piedrafita do Cebrero y desde allí, al verme bien para seguir rodando continuo para entrar en la provincia de León. Al cruzar el primer pueblo me tomo una manzanilla, necesito algo en el cuerpo y si es caliente mejor, las manos congeladas por el descenso. Ya desde allí y entrando en calor continúo hasta Villafranca del Bierzo para buscar albergue, me siento cansado y dedil, quiero también solucionar cuanto antes mi tarjeta sanitaria de Castilla-León y ver como se funciona aquí para lo de la extracción de la muela, ya me dice el médico que con el tapón de oído me puedo haber mareado fácilmente o que los antibióticos que me retira al no verlos ya necesarios hacer que la leche del desayuno me sentara mal. En definitivas cuentas que ambos tenemos las mismas conjeturas y la misma falta de seguridad por las causas.

El pueblo es de una riqueza monumental tremenda, lo paseo y voy logrando primero un plano de la comunidad autónoma entera, dos planos que se estropean, llenar la mochila de comida en un supermercado surtido con precios para gente normal, desde hoy tengo comida para varios días, más contando con que será festivo el lunes. Y como, me preparo en la cocina algo caliente y lo tomo con mucho apetito. El albergue poblado de gente que no conozco y dudo que lo haga, pocos de habla hispana salvo una señora de Cartagena insoportable e impertinente con la que tengo un roce en la cocina, no es capaz de esperar su turno y se queja de todo. Aquí ya hay menaje, pero no es posible que cuatro personas cocinen a la vez por mucho que ella se empeñe y hay unos turnos, que con su impertinencia nadie esta dispuesto a ceder, obviamente. Con otros modales habría logrado mucho más sin duda alguna.


Con lo de la fiesta del lunes se me desbaratan algunos planes, ahora hasta el martes, tal vez en Astorga o si me salen bien las cosas en Ponferrada pueda quitare esa muela de una vez e incluso eliminar el tapón del oído que ambas cosas me están dejando molido de molestias y me resiento en cada kilómetro que ruedo exigiéndome un sobresfuerzo.

domingo, 12 de octubre de 2014

Jueves 09.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. O Cebreiro. En la puerta del albergue miro el exterior oscuro, húmedo y frío. La ausencia de cocina hace que tenga que tomar el café fuera lo que me obliga por segunda vez a dejar la calidez y luz de una estancia para enfrentarme a una etapa que temo. Todos me hablan de la dureza del camino a O Cebreiro, que está en un alto que separa las provincias de Lugo y León y tan pronto me tiro a la carretera es para enfrentarme a una cuesta que me hace ver la señal de pendiente al 7% durante kilómetros y kilómetros. La comienzo a pie y con un cielo cubierto de nubes negras, veo como el cielo se despeja en dirección a Santiago pero la borrasca se desplaza hacia El Bierzo por lo que la tengo ante mi todo el camino.

Este pasa con rapidez de los 750 metros de Triacastela a los 1.300 y allí ya me pongo en la bici para ir haciendo los puertos del camino que pasa entre los 1.100 a los 1.400 pero veo menos duros de lo que pensaba, tal vez por el exceso de advertencias. Las manos, eso si, heladas, así como el agua que me produce dolor en la muela al beberla, también el café con leche me produjo dolor, pero este por caliente.

Pregunto por pan en los lugares que paso, en un bar me dicen que lo están esperando y hago tiempo, enseguida aparece el repartidor y así lo compro, cansado de pagar los abusivos precios que cobran en las tiendas. En las de O Cebreiro, que hay dos, veo precios al doble de los normales en muchos artículos y salgo de la tienda sin comprar nada, por fortuna llevo para comer y ya mañana por León me desviaré del Camino si es preciso a la búsqueda de tiendas con precios razonables y mejor surtidas que esa es otra. La oferta de artículos es magra a más no poder en estanterías que presentan un aspecto desolador.

El albergue es amplio, cómodo y tiene un plato. No necesito más que uno y como en el. Si necesito leche condensada pero me negué a pagar ayer el precio que pedían y aquí no hay que si la hubiera estaría más cara aún, por lo que esta noche pondré una cucharada de descafeinado en agua caliente sin más leche ni azúcar, pero es un modo de tomar algo caliente que me sienta bien.

Por la tarde aún no veo ambiente entre los peregrinos, cada cual a lo suyo. Por mi parte ando mirando el plano y haciendo cálculos, del sitio más idóneo para pedir que me extraigan esa muela, hoy me molesto toda la mañana y la noche anterior. Sigo tomando lo que me recetaron en espera de una mejora que lejos de producirse me parece que empeora. Pero disfruto del calor de mis prendas talismán y la protección que dan los muros, en el exterior toda esta zona permanece dentro de las nubes con rachas de viento helado. Mis manos tardan en entrar en calor, las tenia entumecidas al llegar. Una fina llovizna caía cuando fui a ver las tiendas, una de ellas en el interior de un hórreo. Escribo en la cama, directamente en el procesador de textos, a falta de papel, la libreta se terminó hace días, con los pies tapados y fríos a pesar de ello. Desconozco la temperatura exterior pero ha de ser muy suave para lo que me espera, pronto andaré por tierras más frías y el otoño no hizo más que empezar.

Al fin ayer logre conectar a la red, leer y responder correos, con una emotiva felicitación de mi ex-hijastro, subir algún post pero sin mayor tiempo para consultas, desconozco como es el Camino ante mi y quería bajarme perfiles de etapas y otras informaciones. No me conformo con la que obtengo de los peregrinos que encuentro en su viaje de ida, quiero tener mayor base para contrastar ya que resulta frecuente encontrar desde opiniones triunfalistas a las más catastrofistas como me sucedió hoy con la subida a O Cebreiro, pero las personas en general somos poco dadas a la objetividad, al dato sin más. Y hablando de información carezco de previsión meteorológica para mañana. La gente la consulta en sus teléfonos que son a su vez sus GPS y cámaras de fotos con lo que no paran de usarlos para mil cosas.

Coincido en la cocina con Isabel que peregrina con Rafael, su marido, este está sordo por lo habla poco con la gente pero ella lo hace por los dos, ha sido hospitalera en Ponferrada sumando ya 3 meses lo que suponen 6 períodos de voluntariado y el camino lo hace con cierta frecuencia, jienense de nacimiento y residentes en Barcelona. Me cuanta cosas de la asociación y de su gente conversadora como es, me da buena información para mi paso por algunos lugares, Rafael finalmente se anima y entra en la conversación, son una pareja de jubilados encantadores. Y en ese momento se desata el pánico. Una muchacha entra alarmada por que termina de ver chinches en el dormitorio B, ella y su amiga quieren que le devuelvan el importe de la estancia y salir de allí lo que provoca una estampida de la que poco se enteran los que descansas en los dormitorios de la planta baja. Estos lo que si padecemos es un fuerte olor que parte del baño que ha de tener problemas de desagüe por que no es normal. El olor no solo esta en la zona de, invade la zona del lavadero, un salón de la planta baja y los dormitorios. Esto que podría ser llevado con mejor tacto se escapa a la incompetencia de dos hospitaleras que hacen su trabajo con desgana y poco oficio.

Ayer noche, Françes compartió con Pepe y conmigo sus cuentas, el entro por Roncesvalles y sabe de buena mano que tan solo contando con ese punto de inicio del Camino la cantidad de gente diaria que lo comienza, sabe calcular la media que por día se gastara esa gente a lo largo del recorrido y la cifra que arroja es realmente importante, cifra que sostiene economías de no pocas poblaciones pequeñas y no tanto, de un notable número de familias que viven de los que hacen el camino de forma más o menos oportunista, más o menos decorosa. El Camino existió y murió, el Camino se reinventó, pero el camino es moda y las modas son efímeras, el no cuidarlo no es su mejor política. Cierto que muchos lo afrontan con un cierto aire de aventura, pero de aventura del siglo XIX, con higiene y cierto grado de profesionalidad y atención si no de comodidad que esa ya es preceptiva al bolsillo de cada cual.

Las empresas organizan paquetes con estancias, comidas, traslados de mochilas y lo que necesites, por unos 500 € te llevas los 100 últimos kilómetros y la compostelana sin despeinarte y ya lo puedes contar en tu facebook colgando fotos de tus ampollas supurando y demás imágenes de esa índole que he visto hacer. Recuerdo la camiseta de una chica en el albergue de Bruma, “Sin dolor no hay gloria” que llevaba puesta mientras se cenaba el catering que le sirvieron de un restaurante distante en el propio albergue mientras los demás nos pasábamos trozos de pan y lo poco que teníamos en las mochilas ante la desolada y desorbitada oferta de la furgoneta-tienda. Quiero entender que como “dolor” se referirá al pagar ese tipo de servicios que a mi particularmente me dolería y mucho. En cuanto a la gloria tampoco logro verla al caminar un día tras otro o en mi caso a rodar. Esos jóvenes gloriosos no se deben detener a mirar a los ancianos que sin tanto espectáculo ni medios se meriendan el camino con lacónica discreción. Mi participación en el camino es colateral de cualquier modo, ni era un objetivo ni es ningún logro, es un camino más, cierto que rico en cultura y tradición pero también plagado de incongruencias. Alegre de haberlo conocido, de cualquier modo, ya que nunca me propuse venir a hacerlo y de este modo he tenido oportunidad de conocer más de uno de sus recorridos y no pocos albergues y peregrinos.

Al fin a la noche parece que se va animando un poco aquello, Jaime que viaja con su hermano, ambos de Mexico, con una chica de Madrid, otra colombiana y una de Hong Kong más dos franceses y al mando de esa tropa va Toni, alicantino de Villena. Planifican su etapa de mañana y los próximos días, unos quedaran en Santiago unos días y otros continúan a Fisterra, un descafeinado y un trozo de bizcocho compartido y me retiro ya a dormir.


Miércoles 08.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Triacastela. ¿Que como esta la tripa de la que hace poco parecía que iba a morir? Pues muy bien, gracias. Del mismo modo que empezaron las molestias sin que supiera su origen estas remitieron y desaparecieron, pero para dar lugar a una nueva plaga. Esta noche se ve que he castigado con saña una muela y hoy estoy fatal de dolor. Tengo esta muela partida, pero los médicos que la ven me dicen que se puede salvar, previo pago, como no hay con que pagarlo la mantengo esperando tiempos más prósperos, vano sueño, y de vez en cuando me da algún disgusto. Me ha molestado esta noche y ya por la mañana me tiene algo más que molesto.

Llego a Triacastela y me dirijo al centro de salud, me dicen lo que ya se y me recetan antibióticos y antinflamatorios, para una semana. Con todo esto se me hacen horas en las que afrontar la dura subida a O Cerbeiro, dura, y con lluvia intensa que cae ahora y que seguirá y aumentará en intensidad esta tarde y esta noche, opto por refugiarme en el albergue de la localidad, soñando con meterme en el cuerpo esas pastillas, meter mi cuerpo en el saco y dormir. Antes he de comer algo y el agua no deja de caer.

Espero a la apertura de tiendas y farmacia y espero a que la lluvia me de un respiro, para ir a por las cosas que preciso de ambos sitios y meterme en la cama. Los precios de la tienda son salvajes, me limito a comprar pan por el que pago el rescate de un rey.

Monserrat y Françes, de Tarragona, Pepe de Cantabria, Raquel de Almería, un par de franceses que viajan con dos alemanas, tres israelís con los que comparto dormitorio si bien no viajan juntos, uno va solo y los otros dos si lo comparten, el que va solo se ducho al salir de casa y no piensa hacerlo hasta que regrese por el hedor que despide, dos palestinos y muchos más conforman la fauna del albergue hoy, por la noche Divina que así se llama la hospitalera me enseña a distinguir la Boletus edulis que me las encontré en San Roque y por no saber que especie eran se quedaron sin ser comidas. Voy desentrañando el misterio de los menajes, ya se de primera mano que los hace desaparecer. La tarde es de lluvia intensa y por la noche se prevé sea más si cabe. Por ese precio mañana se espera que llueva poco o nada, dependerá de la zona.

El albergue esta planteado en dos edificios, teniendo cada uno de ellos servicios independientes, con un área de estar demasiado reducida ya que a su vez hace las veces de comedor. Grandes cristaleras permiten ver un entorno natural encantador y por la tarde ya algunos demandan calefacción que finalmente se pone, la noche lo requiere.


Retraso la hora de irme a dormir, entretenido conversando con los demás peregrinos y a sabiendas que la noche no será sencilla, el dormitorio apesta por su inquilino y la muela no deja de molestarme. Termino fuera, en la puerta, de charla con los franceses que fuman hachís mientras se habla de vinos. Pepe comenzó el camino en su primer día de jubilación, Françes va sin ganas, solo por acompañar a Montse, su esposa, y no lo disimula. Raquel hace fotos y se interesa por la gente, la noche es agradable y cálida, tras las ventanas se ve llover.

Raquel

Martes 07.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Samos. Día de agua, llueve o no, a ratos, cuando llueve el agua cae y cuando no simplemente queda suspendida en el aire haciendo un ambiente acuoso por el cual se anda o rueda como es mi caso. Todo esta húmedo o mojado, el suelo, las piedras o plantas, los arboles que en ocasiones te protegen en otras el viento mueve las hojas y hacen que te llueva solo a ti si te pilla debajo.

La noche ha sido ruidosa, 3 de los 8 que ocupamos la habitación son de roncar y esta noche lo han hecho a placer. El que duerme en mi litera sobre mi es quien no me deja dormir a mi que los otros tienen un roncar más civilizado. A eso le sumo que por la razón que sea en la habitación hay mas calor del que se espera y todo junto me da una noche casi de insomnio. A las 6 me levanto pero es a las 7 cuando se enciende la luz de la habitación que es automática, antes he desayunado en el comedor, copiosamente. Más tarde tomaré un café con mi compañero ciclista de Bilbao, Juantxu, nos lo prometimos ayer y aun no hay luz suficiente como para rodar con un mínimo de seguridad, el anda mal de una pierna y no sabe donde terminará el día.

Juantxu


Al cruzar el puente de Portomarín tengo una vista de salvaje belleza con el cauce del río que puedo seguir viendo mientras comienzo una prolongada subida que cruzando aldeas me lleva a Sarria donde busco el albergue situado en el Monasterio de la Magdalena, de la orden de los Mercedarios con la intención de comer allí y así lo hago pero no dentro como era mi intención si no en un banco en la puerta que resulta que la orden tiene arrendada una parte del monasterios a una empresa que la explota de modo privado como albergue. Visito eso sí su claustro y la iglesia.

De camino a Samos desde Sarria si me cae un chaparrón bueno, que termina justo al pisar la población que recorro hasta llegar a su monasterios, una preciosidad con albergue llevado por voluntarios este benedictino como es de franciscanos el de San Antonio Herbon y ambos piden como condición a quien los lleve que sean voluntarios los hospitaleros y donativo la cantidad que se ingrese en contraposición a lo que vi de los mercedarios en Sarria. Lo lleva Emilio con esmerada atención a la gente y modestos medios. Este carece de cocina cosa que poco me importa después de estar en cocinas sin menaje que no imagino para que pueden ser útiles. Con la estancia incluye la posibilidad de visitar la ermita del Ciprés, una prerrománica del siglo IX y mañana poder asistir a laudes en el convento, cosa que no me pienso perder por nada.

El pueblo es hermoso, con el río Sarria que lo recorre y le regala rincones de ensueño, una parte del monasterio da directamente al río. Las paredes y arcos del dormitorio están decoradas con imágenes del Panteón de los Reyes, de la Iglesia de San Idelfonso en Leon. Imágenes que reconozco por que en su tiempo las pinté con temple haciendo un fresco en el techo del salón de mi casa, solo cambia el Pantocrator que tenia en mi vestíbulo y que aquí han sustituido por una imagen de Cristo en pie que parece algo cómica por los carrillos pintados. Emilio me interpreta alguna de las imágenes que en su momento tuve sin conocer del todo su significado, tan solo por su plasticidad, su policromia simplista, como también me dio en esa época por hacer tablas con imágenes de las que uso el Beato de Liébana para iluminar sus apocalipsis. Es imposible no relacionar estas cosas y la reciente visita a Fisterra con la biblioteca que crea Eco, destrozando la CDU para reinventar un modo de desordenar los libros, como hizo Saramago en “Todos los nombres” o Borjes.

Uso el agua caliente de la ducha para hacerme un descafeinado con leche con el cual meriendo, no por apetito si no por calmar un cuerpo que tras el bocadillo de la comida me demanda algo caliente, que el día si es húmedo también es fríoAmaneció más templado que los anteriores pero a diferencia también de estos no se ha ido caldeando con un sol inexistente si no al contrario y la tarde es fría. Disfruto de un nuevo momento preferido del día y este no es otro que al parar, cuando me detengo, quitarme las prendas húmedas y ponerme el pantalón que me regalaron en Portugal, el “casaco” que compre allí mismo, la camisa de franela que compré en el centro de rehabilitación de drogodependientes y la bufanda que me regalé en mi cumpleaños. De este modo ataviado, cálido y cómodo, entro en un estado de relajación y calma que si acompaño de un tazón de algo caliente se convierte en sublime.

No visito el monasterio por no pagar la entrada, al menos cuando asista a Vísperas esta noche o en Laudes mañana podré ver la iglesia. En la visita que si hago a la Ermita del Tejo nos cuentan como vivían los eremitas por aquellos años, la simpleza del edificio en su interior es tal que los arcos o decoraciones eran simples y elementales frescos, estos de estilo mozárabe lo que propicia que en ocasiones celebren en su interior misas con ese rito, algunas privadas y pocas al público. Allí, a modo de terapia de grupo, el hospitalero y un fraile de la orden, Leandro, que regresa tras terminar su camino desde Barcelona, nos invitan a que cada cual relate su experiencia en el Camino, cada cual en su lengua o como pueda, resulta entrañable escuchar algunas historias.

En Vísperas veo al fin la iglesia y escucho estas cantadas por los frailes, con asistencia de peregrinos y gente del pueblo, tras la ceremonia hay una sencillo acto en el que se bendice a los que van a Santiago. Fui sin llover y sin pensar que sucedería, tonto de mi, con las prendas cálidas que uso cuando ya he parado y a la salida de Vísperas diluvia. Los más previsores llevaron prendas de agua, otros igual no le importa mojarlas si cada día usan y pagan secadora. Mis prendas de rodar están tendidas en un inútil intento de secado, lo peor es que las dejé en el exterior con lo que ahora estarán chorreando y si mojo estas me quedo sin prendas de abrigo. Espero en la puerta a que deje de llover o afloje un poco. Una peregrina italiana con una larga melena casi blanca de sus canas y que me recuerda a una ardilla, aparece en la puerta con ponchos, pero solo yo estoy allí y cuando me lo voy a poner para regresar al albergue que se encuentra justo a espaldas del edificio pero que por cosas de los patios, muros y demás dista alguna distancia, aparece en la puerta un fraile para cerrar esta. Con sorpresa nos invita a ir hasta el albergue a través de unos pasajes del convento, sin necesidad de salir al exterior, nos da indicaciones y aparece Emilio el hospitalero que conoce otro pasaje. Y de este modo, ya noche oscura, la lluvia de fondo y alumbrado con mi linterna visito sin esperarmelo el monasterio, pasando por donde pasan las visitas y por donde no pasan, con luz irreal y sentido de lo furtivo es una recorrido cargado de misterio que nos hace recorrer claustros y galerías, bóvedas y estancias de exposición con imágenes románicas hermosamente expuestas. Por estas galerías llegamos a una puerta del albergue que por el lado de este pone, “privado, no pasar”.

Hay un muchacho colombiano con el que termino cenando y la charla que emprendemos durante la cena la prolongamos más tarde en la puerta viendo diluviar. Prepara su ingreso en una orden, decidió franciscanos, que le atraen los Hermanos Menores Renovados, pero otra parte de sí mismo se siente inclinada hacia la contemplación y ha sido invitado por esta orden a pasar un tiempo con ellos y conocerlos. Se habla de órdenes y sus reglas, y sale, por supuesto, la figura revolucionaria de San Francisco y lo delicado de si situación en aquellos tiempos, sus enfrentamientos con el papado y como salió de ellos.

Y a dormir.