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viernes, 17 de octubre de 2014

Domingo 12.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Ponferrada II. Me ofrecí ayer a ayudar en lo que pueda en el albergue y hoy al ser festivo dos personas que vienen a limpiar no vendrán por lo que mi ayuda es finalmente acepta y paso la mañana limpiando aseos, ya limpios de por sí por los peregrinos que friegan lo que ensucian y recibe atenciones diarias de los hospitaleros. Barro y friego cocina, vajilla, duchas de los lavaderos y finalmente ayudo con el patio de la entrada que dejamos impecable. Al ir a comprar el pan traigo una hogaza para los hospitaleros que me invitan a comer con ellos, pero prefiero no ir tan lejos hoy y lo dejo para tal vez otro momento. Hoy como con los peregrinos cuando estos comienzan a entrar a las 14:00.


Me siento mejor que en días pasados y confió que esta estancia me esté recuperando en esta forzada espera hasta el martes cuando espero pueda continuar si bien no se hasta donde, dependeré de la hora de salida y mi estado. El día salió con lluvia como se esperaba, mañana también se espera. Comparto dormitorio con Alfredo, de Perú, es médico anestesista en Brístol y hablamos de viajes, del suyo, del mio, de los caminos mayas que quiere hacer algún día. Una señora de Valladolid ya versada en cosas del camino tiene adoptada hoy a una jovencita de Brasil que lo comenzará mañana, en bici, ceno con ellas compartiendo algunas cosas y conversación, principalmente la señora que la joven escucha más que otra cosa y anda nerviosa por su debut.

En el albergue hay un cuadro que representa al Santo que le da nombre, San Nicolás de Flüe, este aparece feo, no lo sacaron bien parecido. En el exterior del albergue hay un emparrado con mesas debajo que en verano ha de hacer seguro que de estancia más concurrida, ahora siempre esta con el suelo, las mesas y las sillas mojadas por el agua. Del emparrado cuelgan racimos, que un hombre que hace de jardinero, de sacristán y es quien pone las lavadoras y secadoras, corta cuando están maduras y las pone en una caja para que los peregrinos coman de ellas, las pruebo y encuentro deliciosas, más con la poca fruta que como, el resto del albergue parece despreciarlas por lo que como un racimo más, a mi si me gustan, supongo que son uvas más de vino que de mesa, pero eso precisamente las hace distintas y aprecio su diferencia con deleite.

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