Martes
07.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Samos. Día de agua, llueve o
no, a ratos, cuando llueve el agua cae y cuando no simplemente queda
suspendida en el aire haciendo un ambiente acuoso por el cual se anda
o rueda como es mi caso. Todo esta húmedo o mojado, el suelo, las
piedras o plantas, los arboles que en ocasiones te protegen en otras
el viento mueve las hojas y hacen que te llueva solo a ti si te pilla
debajo.
La
noche ha sido ruidosa, 3 de los 8 que ocupamos la habitación son de
roncar y esta noche lo han hecho a placer. El que duerme en mi litera
sobre mi es quien no me deja dormir a mi que los otros tienen un
roncar más civilizado. A eso le sumo que por la razón que sea en la habitación hay mas calor del que se espera y todo junto me da una
noche casi de insomnio. A las 6 me levanto pero es a las 7 cuando se
enciende la luz de la habitación que es automática, antes he
desayunado en el comedor, copiosamente. Más tarde tomaré un café
con mi compañero ciclista de Bilbao, Juantxu, nos lo prometimos ayer
y aun no hay luz suficiente como para rodar con un mínimo de
seguridad, el anda mal de una pierna y no sabe donde terminará el
día.
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| Juantxu |
Al
cruzar el puente de Portomarín tengo una vista de salvaje belleza
con el cauce del río que puedo seguir viendo mientras comienzo una
prolongada subida que cruzando aldeas me lleva a Sarria donde busco
el albergue situado en el Monasterio de la Magdalena, de la orden de
los Mercedarios con la intención de comer allí y así lo hago pero
no dentro como era mi intención si no en un banco en la puerta que
resulta que la orden tiene arrendada una parte del monasterios a una
empresa que la explota de modo privado como albergue. Visito eso sí
su claustro y la iglesia.
De
camino a Samos desde Sarria si me cae un chaparrón bueno, que
termina justo al pisar la población que recorro hasta llegar a su
monasterios, una preciosidad con albergue llevado por voluntarios
este benedictino como es de franciscanos el de San Antonio Herbon y
ambos piden como condición a quien los lleve que sean voluntarios
los hospitaleros y donativo la cantidad que se ingrese en
contraposición a lo que vi de los mercedarios en Sarria. Lo lleva
Emilio con esmerada atención a la gente y modestos medios. Este
carece de cocina cosa que poco me importa después de estar en
cocinas sin menaje que no imagino para que pueden ser útiles. Con la
estancia incluye la posibilidad de visitar la ermita del Ciprés, una
prerrománica del siglo IX y mañana poder asistir a laudes en el
convento, cosa que no me pienso perder por nada.
El
pueblo es hermoso, con el río Sarria que lo recorre y le regala
rincones de ensueño, una parte del monasterio da directamente al río. Las paredes y arcos del dormitorio están decoradas con imágenes del Panteón de los Reyes, de la Iglesia de San Idelfonso en Leon. Imágenes que reconozco por que en su tiempo las pinté con temple
haciendo un fresco en el techo del salón de mi casa, solo cambia el
Pantocrator que tenia en mi vestíbulo y que aquí han sustituido por
una imagen de Cristo en pie que parece algo cómica por los carrillos
pintados. Emilio me interpreta alguna de las imágenes que en su
momento tuve sin conocer del todo su significado, tan solo por su
plasticidad, su policromia simplista, como también me dio en esa
época por hacer tablas con imágenes de las que uso el Beato de
Liébana para iluminar sus apocalipsis. Es imposible no relacionar
estas cosas y la reciente visita a Fisterra con la biblioteca que
crea Eco, destrozando la CDU para reinventar un modo de desordenar
los libros, como hizo Saramago en “Todos los nombres” o Borjes.
Uso
el agua caliente de la ducha para hacerme un descafeinado con leche
con el cual meriendo, no por apetito si no por calmar un cuerpo que
tras el bocadillo de la comida me demanda algo caliente, que el día
si es húmedo también es frío. Amaneció más templado que los anteriores pero a diferencia también de estos no se ha ido caldeando
con un sol inexistente si no al contrario y la tarde es fría.
Disfruto de un nuevo momento preferido del día y este no es otro que
al parar, cuando me detengo, quitarme las prendas húmedas y ponerme
el pantalón que me regalaron en Portugal, el “casaco” que compre allí mismo, la camisa de franela que compré en el centro de
rehabilitación de drogodependientes y la bufanda que me regalé en
mi cumpleaños. De este modo ataviado, cálido y cómodo, entro en un
estado de relajación y calma que si acompaño de un tazón de algo
caliente se convierte en sublime.
No
visito el monasterio por no pagar la entrada, al menos cuando asista
a Vísperas esta noche o en Laudes mañana podré ver la iglesia. En
la visita que si hago a la Ermita del Tejo nos cuentan como vivían los eremitas por aquellos años, la simpleza del edificio en su
interior es tal que los arcos o decoraciones eran simples y
elementales frescos, estos de estilo mozárabe lo que propicia que en
ocasiones celebren en su interior misas con ese rito, algunas
privadas y pocas al público. Allí, a modo de terapia de grupo, el
hospitalero y un fraile de la orden, Leandro, que regresa tras terminar su
camino desde Barcelona, nos invitan a que cada cual relate su
experiencia en el Camino, cada cual en su lengua o como pueda,
resulta entrañable escuchar algunas historias.
En Vísperas veo al fin la iglesia y escucho estas cantadas por los
frailes, con asistencia de peregrinos y gente del pueblo, tras la
ceremonia hay una sencillo acto en el que se bendice a los que van a
Santiago. Fui sin llover y sin pensar que sucedería, tonto de mi, con
las prendas cálidas que uso cuando ya he parado y a la salida de Vísperas diluvia. Los más previsores llevaron prendas de agua, otros
igual no le importa mojarlas si cada día usan y pagan secadora. Mis
prendas de rodar están tendidas en un inútil intento de secado, lo
peor es que las dejé en el exterior con lo que ahora estarán
chorreando y si mojo estas me quedo sin prendas de abrigo. Espero en
la puerta a que deje de llover o afloje un poco. Una peregrina
italiana con una larga melena casi blanca de sus canas y que me
recuerda a una ardilla, aparece en la puerta con ponchos, pero solo
yo estoy allí y cuando me lo voy a poner para regresar al albergue
que se encuentra justo a espaldas del edificio pero que por cosas de
los patios, muros y demás dista alguna distancia, aparece en la
puerta un fraile para cerrar esta. Con sorpresa nos invita a ir hasta
el albergue a través de unos pasajes del convento, sin necesidad de
salir al exterior, nos da indicaciones y aparece Emilio el
hospitalero que conoce otro pasaje. Y de este modo, ya noche oscura,
la lluvia de fondo y alumbrado con mi linterna visito sin esperarmelo
el monasterio, pasando por donde pasan las visitas y por donde no
pasan, con luz irreal y sentido de lo furtivo es una recorrido
cargado de misterio que nos hace recorrer claustros y galerías,
bóvedas y estancias de exposición con imágenes románicas hermosamente expuestas. Por estas galerías llegamos a una puerta del
albergue que por el lado de este pone, “privado, no pasar”.
Hay
un muchacho colombiano con el que termino cenando y la charla que
emprendemos durante la cena la prolongamos más tarde en la puerta
viendo diluviar. Prepara su ingreso en una orden, decidió
franciscanos, que le atraen los Hermanos Menores Renovados, pero
otra parte de sí mismo se siente inclinada hacia la contemplación y
ha sido invitado por esta orden a pasar un tiempo con ellos y
conocerlos. Se habla de órdenes y sus reglas, y sale, por supuesto,
la figura revolucionaria de San Francisco y lo delicado de si
situación en aquellos tiempos, sus enfrentamientos con el papado y
como salió de ellos.
Y
a dormir.

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