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domingo, 12 de octubre de 2014

Martes 07.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Samos. Día de agua, llueve o no, a ratos, cuando llueve el agua cae y cuando no simplemente queda suspendida en el aire haciendo un ambiente acuoso por el cual se anda o rueda como es mi caso. Todo esta húmedo o mojado, el suelo, las piedras o plantas, los arboles que en ocasiones te protegen en otras el viento mueve las hojas y hacen que te llueva solo a ti si te pilla debajo.

La noche ha sido ruidosa, 3 de los 8 que ocupamos la habitación son de roncar y esta noche lo han hecho a placer. El que duerme en mi litera sobre mi es quien no me deja dormir a mi que los otros tienen un roncar más civilizado. A eso le sumo que por la razón que sea en la habitación hay mas calor del que se espera y todo junto me da una noche casi de insomnio. A las 6 me levanto pero es a las 7 cuando se enciende la luz de la habitación que es automática, antes he desayunado en el comedor, copiosamente. Más tarde tomaré un café con mi compañero ciclista de Bilbao, Juantxu, nos lo prometimos ayer y aun no hay luz suficiente como para rodar con un mínimo de seguridad, el anda mal de una pierna y no sabe donde terminará el día.

Juantxu


Al cruzar el puente de Portomarín tengo una vista de salvaje belleza con el cauce del río que puedo seguir viendo mientras comienzo una prolongada subida que cruzando aldeas me lleva a Sarria donde busco el albergue situado en el Monasterio de la Magdalena, de la orden de los Mercedarios con la intención de comer allí y así lo hago pero no dentro como era mi intención si no en un banco en la puerta que resulta que la orden tiene arrendada una parte del monasterios a una empresa que la explota de modo privado como albergue. Visito eso sí su claustro y la iglesia.

De camino a Samos desde Sarria si me cae un chaparrón bueno, que termina justo al pisar la población que recorro hasta llegar a su monasterios, una preciosidad con albergue llevado por voluntarios este benedictino como es de franciscanos el de San Antonio Herbon y ambos piden como condición a quien los lleve que sean voluntarios los hospitaleros y donativo la cantidad que se ingrese en contraposición a lo que vi de los mercedarios en Sarria. Lo lleva Emilio con esmerada atención a la gente y modestos medios. Este carece de cocina cosa que poco me importa después de estar en cocinas sin menaje que no imagino para que pueden ser útiles. Con la estancia incluye la posibilidad de visitar la ermita del Ciprés, una prerrománica del siglo IX y mañana poder asistir a laudes en el convento, cosa que no me pienso perder por nada.

El pueblo es hermoso, con el río Sarria que lo recorre y le regala rincones de ensueño, una parte del monasterio da directamente al río. Las paredes y arcos del dormitorio están decoradas con imágenes del Panteón de los Reyes, de la Iglesia de San Idelfonso en Leon. Imágenes que reconozco por que en su tiempo las pinté con temple haciendo un fresco en el techo del salón de mi casa, solo cambia el Pantocrator que tenia en mi vestíbulo y que aquí han sustituido por una imagen de Cristo en pie que parece algo cómica por los carrillos pintados. Emilio me interpreta alguna de las imágenes que en su momento tuve sin conocer del todo su significado, tan solo por su plasticidad, su policromia simplista, como también me dio en esa época por hacer tablas con imágenes de las que uso el Beato de Liébana para iluminar sus apocalipsis. Es imposible no relacionar estas cosas y la reciente visita a Fisterra con la biblioteca que crea Eco, destrozando la CDU para reinventar un modo de desordenar los libros, como hizo Saramago en “Todos los nombres” o Borjes.

Uso el agua caliente de la ducha para hacerme un descafeinado con leche con el cual meriendo, no por apetito si no por calmar un cuerpo que tras el bocadillo de la comida me demanda algo caliente, que el día si es húmedo también es fríoAmaneció más templado que los anteriores pero a diferencia también de estos no se ha ido caldeando con un sol inexistente si no al contrario y la tarde es fría. Disfruto de un nuevo momento preferido del día y este no es otro que al parar, cuando me detengo, quitarme las prendas húmedas y ponerme el pantalón que me regalaron en Portugal, el “casaco” que compre allí mismo, la camisa de franela que compré en el centro de rehabilitación de drogodependientes y la bufanda que me regalé en mi cumpleaños. De este modo ataviado, cálido y cómodo, entro en un estado de relajación y calma que si acompaño de un tazón de algo caliente se convierte en sublime.

No visito el monasterio por no pagar la entrada, al menos cuando asista a Vísperas esta noche o en Laudes mañana podré ver la iglesia. En la visita que si hago a la Ermita del Tejo nos cuentan como vivían los eremitas por aquellos años, la simpleza del edificio en su interior es tal que los arcos o decoraciones eran simples y elementales frescos, estos de estilo mozárabe lo que propicia que en ocasiones celebren en su interior misas con ese rito, algunas privadas y pocas al público. Allí, a modo de terapia de grupo, el hospitalero y un fraile de la orden, Leandro, que regresa tras terminar su camino desde Barcelona, nos invitan a que cada cual relate su experiencia en el Camino, cada cual en su lengua o como pueda, resulta entrañable escuchar algunas historias.

En Vísperas veo al fin la iglesia y escucho estas cantadas por los frailes, con asistencia de peregrinos y gente del pueblo, tras la ceremonia hay una sencillo acto en el que se bendice a los que van a Santiago. Fui sin llover y sin pensar que sucedería, tonto de mi, con las prendas cálidas que uso cuando ya he parado y a la salida de Vísperas diluvia. Los más previsores llevaron prendas de agua, otros igual no le importa mojarlas si cada día usan y pagan secadora. Mis prendas de rodar están tendidas en un inútil intento de secado, lo peor es que las dejé en el exterior con lo que ahora estarán chorreando y si mojo estas me quedo sin prendas de abrigo. Espero en la puerta a que deje de llover o afloje un poco. Una peregrina italiana con una larga melena casi blanca de sus canas y que me recuerda a una ardilla, aparece en la puerta con ponchos, pero solo yo estoy allí y cuando me lo voy a poner para regresar al albergue que se encuentra justo a espaldas del edificio pero que por cosas de los patios, muros y demás dista alguna distancia, aparece en la puerta un fraile para cerrar esta. Con sorpresa nos invita a ir hasta el albergue a través de unos pasajes del convento, sin necesidad de salir al exterior, nos da indicaciones y aparece Emilio el hospitalero que conoce otro pasaje. Y de este modo, ya noche oscura, la lluvia de fondo y alumbrado con mi linterna visito sin esperarmelo el monasterio, pasando por donde pasan las visitas y por donde no pasan, con luz irreal y sentido de lo furtivo es una recorrido cargado de misterio que nos hace recorrer claustros y galerías, bóvedas y estancias de exposición con imágenes románicas hermosamente expuestas. Por estas galerías llegamos a una puerta del albergue que por el lado de este pone, “privado, no pasar”.

Hay un muchacho colombiano con el que termino cenando y la charla que emprendemos durante la cena la prolongamos más tarde en la puerta viendo diluviar. Prepara su ingreso en una orden, decidió franciscanos, que le atraen los Hermanos Menores Renovados, pero otra parte de sí mismo se siente inclinada hacia la contemplación y ha sido invitado por esta orden a pasar un tiempo con ellos y conocerlos. Se habla de órdenes y sus reglas, y sale, por supuesto, la figura revolucionaria de San Francisco y lo delicado de si situación en aquellos tiempos, sus enfrentamientos con el papado y como salió de ellos.

Y a dormir.



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