Lunes
13.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Ponferrada III. Que un día
comience con un efusivo abrazo de una criatura que de un salto se te
cuelga del cuello, es un buen presagio. Me pidió anoche mi nobel
compañera brasileña que le ayudara hoy con su bici, que nunca antes
le puso alforjas y bien temprano, tras un café nos ponemos en ello
mientras me pide consejos. La bici es nueva igualmente y hoy se
estrena en el Camino, muchas, demasiadas cosas nuevas, no me gusta.
El Camino agradece que la gente que se tira a el lo haga con las
cosas probadas, sea un calzado o una mochila, una vez en medio del
asunto poco se puede ir haciendo, algo, pero no mucho.
Las
tareas del día ya las conozco, son la rutina de poner el albergue
presentable para los nuevos que lleguen hoy. No necesito preguntar ni
esperar a nadie y me pongo con los aseos, patio, cocina, las cosas
que ya hice ayer. Me sobra tiempo para ayudar al irlandés con las
basuras y me encargo de vidrios y plásticos para a continuación
lavar los cubos.
Hoy
la entrada a los museos es gratuita y me voy al castillo que visito
rápido al no tener con quien comentar banalidades ni hacerme poses
fotográficas en almenas. Si veo la exposición que en una de sus
torres hay sobre templarios, así como me recreo ante unos maniquís
ataviados con diversos ropajes que corresponden a distintos oficios o
labores. Me reservo para la biblioteca.
El
primer vistazo me decepciona. Normal, Hay dos y vi una que no merece
gran cosa, a ver, para mi la quisiera, pero esperaba encontrar más.
Es al dar la vuelta al tan intervenido palacio que ya ni se le
reconoce como tal cuando encuentro la exposición de libros y ahí si
que me quedo helado. Son facsímiles, entendámonos, pero quitando la
autenticidad del objeto, el libro que veo es el libro que existe,
fiel en todo siendo otro, y que libros... “beatos“ para aburrir,
libros de horas, reglas de mil ordenes, biblias, eso en la parte
religiosa que la profana esta muy bien surtida de igual modo. Un
“Códice Calixtino” abierto casualmente por una pagina que relata
el paso del fraile Aymeric Picaud por Somport confirma lo que sostenía Francisco en
Monte do Gozo del Camino Tolosano como el original camino a Santiago. Busco y encuentro los apocalipsis del Beato de Liebana, con
iluminaciones que yo pinte en tabla y me sonrío ante el, son viejos
amigos esos monigotes que siempre encontré simpáticos con su
carencia de perspectiva. Recuerdo un coro con más pies que monjes,
al estar los libros tras cristales imposible pasar páginas y buscar
la imagen, pero si hay uno abierto por un lugar que muestra otros
motivos que ya pinte hace años, recuerdo titulado “los
evangelistas bajo el signo de Dios” que los muestra bajo un cordero
armado con una espada, aquí no aparece con ese título.
Los
que hablamos mi idioma somos cada vez "más minoría" en los albergues y
aquí lo voy comprobando, veo grupos importantes de italianos
principalmente, algún francés, siempre anglosajones y surcoreanos y así. Por lo
que me comentaron desde estas fechas el número de coreanos aumenta,
si bien ya es numeroso, raro es el día en que no se hospedan media
docena al menos de ellos. La vida en el albergue sin tener el
cansancio del Camino ni las expectativas de salir al día siguiente,
sin estar en uno de esos grupos animados, se hace tediosa, aburrida,
en parte me recuerda a días cuarteleros ociosos en que andaba de un
lado para otro matando las horas, el tiempo no se presta a dar
paseos, frío, húmedo o lluvioso según el momento.
Es
solo un tiempo de espera, de transición y esperanza en que mañana
pueda solucionar algunas de las molestias que padezco y ese no hacer
nada en parte me hace bien, es reposo y calor bajo techo, es
recuperación del desgaste que arrastro, lenta pero supongo que
efectiva recuperación.
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