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viernes, 17 de octubre de 2014

Lunes 13.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Ponferrada III. Que un día comience con un efusivo abrazo de una criatura que de un salto se te cuelga del cuello, es un buen presagio. Me pidió anoche mi nobel compañera brasileña que le ayudara hoy con su bici, que nunca antes le puso alforjas y bien temprano, tras un café nos ponemos en ello mientras me pide consejos. La bici es nueva igualmente y hoy se estrena en el Camino, muchas, demasiadas cosas nuevas, no me gusta. El Camino agradece que la gente que se tira a el lo haga con las cosas probadas, sea un calzado o una mochila, una vez en medio del asunto poco se puede ir haciendo, algo, pero no mucho.

Las tareas del día ya las conozco, son la rutina de poner el albergue presentable para los nuevos que lleguen hoy. No necesito preguntar ni esperar a nadie y me pongo con los aseos, patio, cocina, las cosas que ya hice ayer. Me sobra tiempo para ayudar al irlandés con las basuras y me encargo de vidrios y plásticos para a continuación lavar los cubos.

Hoy la entrada a los museos es gratuita y me voy al castillo que visito rápido al no tener con quien comentar banalidades ni hacerme poses fotográficas en almenas. Si veo la exposición que en una de sus torres hay sobre templarios, así como me recreo ante unos maniquís ataviados con diversos ropajes que corresponden a distintos oficios o labores. Me reservo para la biblioteca.

El primer vistazo me decepciona. Normal, Hay dos y vi una que no merece gran cosa, a ver, para mi la quisiera, pero esperaba encontrar más. Es al dar la vuelta al tan intervenido palacio que ya ni se le reconoce como tal cuando encuentro la exposición de libros y ahí si que me quedo helado. Son facsímilesentendámonos, pero quitando la autenticidad del objeto, el libro que veo es el libro que existe, fiel en todo siendo otro, y que libros... “beatos“ para aburrir, libros de horas, reglas de mil ordenes, biblias, eso en la parte religiosa que la profana esta muy bien surtida de igual modo. Un “Códice Calixtino” abierto casualmente por una pagina que relata el paso del fraile Aymeric Picaud  por Somport confirma lo que sostenía Francisco en Monte do Gozo del Camino Tolosano como el original camino a Santiago. Busco y encuentro los apocalipsis del Beato de Liebana, con iluminaciones que yo pinte en tabla y me sonrío ante el, son viejos amigos esos monigotes que siempre encontré simpáticos con su carencia de perspectiva. Recuerdo un coro con más pies que monjes, al estar los libros tras cristales imposible pasar páginas y buscar la imagen, pero si hay uno abierto por un lugar que muestra otros motivos que ya pinte hace años, recuerdo titulado “los evangelistas bajo el signo de Dios” que los muestra bajo un cordero armado con una espada, aquí no aparece con ese título.

Los que hablamos mi idioma somos cada vez "más minoría" en los albergues y aquí lo voy comprobando, veo grupos importantes de italianos principalmente, algún francés, siempre anglosajones y surcoreanos  y así. Por lo que me comentaron desde estas fechas el número de coreanos aumenta, si bien ya es numeroso, raro es el día en que no se hospedan media docena al menos de ellos. La vida en el albergue sin tener el cansancio del Camino ni las expectativas de salir al día siguiente, sin estar en uno de esos grupos animados, se hace tediosa, aburrida, en parte me recuerda a días cuarteleros ociosos en que andaba de un lado para otro matando las horas, el tiempo no se presta a dar paseos, frío, húmedo o lluvioso según el momento.


Es solo un tiempo de espera, de transición y esperanza en que mañana pueda solucionar algunas de las molestias que padezco y ese no hacer nada en parte me hace bien, es reposo y calor bajo techo, es recuperación del desgaste que arrastro, lenta pero supongo que efectiva recuperación.

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