Jueves
09.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. O Cebreiro. En la puerta del
albergue miro el exterior oscuro, húmedo y frío. La ausencia de
cocina hace que tenga que tomar el café fuera lo que me obliga por
segunda vez a dejar la calidez y luz de una estancia para enfrentarme
a una etapa que temo. Todos me hablan de la dureza del camino a O
Cebreiro, que está en un alto que separa las provincias de Lugo y
León y tan pronto me tiro a la carretera es para enfrentarme a una
cuesta que me hace ver la señal de pendiente al 7% durante
kilómetros y kilómetros. La comienzo a pie y con un cielo cubierto
de nubes negras, veo como el cielo se despeja en dirección a
Santiago pero la borrasca se desplaza hacia El Bierzo por lo que la
tengo ante mi todo el camino.
Este
pasa con rapidez de los 750 metros de Triacastela a los 1.300 y allí
ya me pongo en la bici para ir haciendo los puertos del camino que
pasa entre los 1.100 a los 1.400 pero veo menos duros de lo que
pensaba, tal vez por el exceso de advertencias. Las manos, eso si,
heladas, así como el agua que me produce dolor en la muela al
beberla, también el café con leche me produjo dolor, pero este por
caliente.
Pregunto
por pan en los lugares que paso, en un bar me dicen que lo están
esperando y hago tiempo, enseguida aparece el repartidor y así lo
compro, cansado de pagar los abusivos precios que cobran en las
tiendas. En las de O Cebreiro, que hay dos, veo precios al doble de
los normales en muchos artículos y salgo de la tienda sin comprar
nada, por fortuna llevo para comer y ya mañana por León me desviaré
del Camino si es preciso a la búsqueda de tiendas con precios
razonables y mejor surtidas que esa es otra. La oferta de artículos
es magra a más no poder en estanterías que presentan un aspecto
desolador.
El
albergue es amplio, cómodo y tiene un plato. No necesito más que
uno y como en el. Si necesito leche condensada pero me negué a pagar
ayer el precio que pedían y aquí no hay que si la hubiera estaría
más cara aún, por lo que esta noche pondré una cucharada de
descafeinado en agua caliente sin más leche ni azúcar, pero es un
modo de tomar algo caliente que me sienta bien.
Por
la tarde aún no veo ambiente entre los peregrinos, cada cual a lo
suyo. Por mi parte ando mirando el plano y haciendo cálculos, del
sitio más idóneo para pedir que me extraigan esa muela, hoy me
molesto toda la mañana y la noche anterior. Sigo tomando lo que me
recetaron en espera de una mejora que lejos de producirse me parece
que empeora. Pero disfruto del calor de mis prendas talismán y la
protección que dan los muros, en el exterior toda esta zona permanece dentro de las nubes con rachas de viento helado. Mis manos
tardan en entrar en calor, las tenia entumecidas al llegar. Una fina
llovizna caía cuando fui a ver las tiendas, una de ellas en el
interior de un hórreo. Escribo en la cama, directamente en el
procesador de textos, a falta de papel, la libreta se terminó hace
días, con los pies tapados y fríos a pesar de ello. Desconozco la
temperatura exterior pero ha de ser muy suave para lo que me espera,
pronto andaré por tierras más frías y el otoño no hizo más que
empezar.
Al
fin ayer logre conectar a la red, leer y responder correos, con una
emotiva felicitación de mi ex-hijastro, subir algún post pero sin
mayor tiempo para consultas, desconozco como es el Camino ante mi y quería bajarme perfiles de etapas y otras informaciones. No me
conformo con la que obtengo de los peregrinos que encuentro en su
viaje de ida, quiero tener mayor base para contrastar ya que resulta
frecuente encontrar desde opiniones triunfalistas a las más
catastrofistas como me sucedió hoy con la subida a O Cebreiro, pero
las personas en general somos poco dadas a la objetividad, al dato
sin más. Y hablando de información carezco de previsión
meteorológica para mañana. La gente la consulta en sus teléfonos
que son a su vez sus GPS y cámaras de fotos con lo que no paran de
usarlos para mil cosas.
Coincido
en la cocina con Isabel que peregrina con Rafael, su marido, este
está sordo por lo habla poco con la gente pero ella lo hace por los
dos, ha sido hospitalera en Ponferrada sumando ya 3 meses lo que
suponen 6 períodos de voluntariado y el camino lo hace con cierta
frecuencia, jienense de nacimiento y residentes en Barcelona. Me
cuanta cosas de la asociación y de su gente conversadora como es, me
da buena información para mi paso por algunos lugares, Rafael finalmente se anima y entra en la conversación, son una pareja de
jubilados encantadores. Y en ese momento se desata el pánico. Una
muchacha entra alarmada por que termina de ver chinches en el
dormitorio B, ella y su amiga quieren que le devuelvan el importe de
la estancia y salir de allí lo que provoca una estampida de la que
poco se enteran los que descansas en los dormitorios de la planta
baja. Estos lo que si padecemos es un fuerte olor que parte del baño
que ha de tener problemas de desagüe por que no es normal. El olor no
solo esta en la zona de, invade la zona del lavadero, un salón de la
planta baja y los dormitorios. Esto que podría ser llevado con mejor
tacto se escapa a la incompetencia de dos hospitaleras que hacen su
trabajo con desgana y poco oficio.
Ayer
noche, Françes compartió con Pepe y conmigo sus cuentas, el entro
por Roncesvalles y sabe de buena mano que tan solo contando con ese
punto de inicio del Camino la cantidad de gente diaria que lo
comienza, sabe calcular la media que por día se gastara esa
gente a lo largo del recorrido y la cifra que arroja es realmente
importante, cifra que sostiene economías de no pocas poblaciones
pequeñas y no tanto, de un notable número de familias que viven de
los que hacen el camino de forma más o menos oportunista, más o
menos decorosa. El Camino existió y murió, el Camino se reinventó,
pero el camino es moda y las modas son efímeras, el no cuidarlo no
es su mejor política. Cierto que muchos lo afrontan con un cierto
aire de aventura, pero de aventura del siglo XIX, con higiene y
cierto grado de profesionalidad y atención si no de comodidad que
esa ya es preceptiva al bolsillo de cada cual.
Las
empresas organizan paquetes con estancias, comidas, traslados de
mochilas y lo que necesites, por unos 500 € te llevas los 100
últimos kilómetros y la compostelana sin despeinarte y ya lo puedes
contar en tu facebook colgando fotos de tus ampollas supurando y
demás imágenes de esa índole que he visto hacer. Recuerdo la
camiseta de una chica en el albergue de Bruma, “Sin dolor no hay
gloria” que llevaba puesta mientras se cenaba el catering que le
sirvieron de un restaurante distante en el propio albergue mientras
los demás nos pasábamos trozos de pan y lo poco que teníamos en las
mochilas ante la desolada y desorbitada oferta de la
furgoneta-tienda. Quiero entender que como “dolor” se referirá al
pagar ese tipo de servicios que a mi particularmente me dolería y
mucho. En cuanto a la gloria tampoco logro verla al caminar un día
tras otro o en mi caso a rodar. Esos jóvenes gloriosos no se deben
detener a mirar a los ancianos que sin tanto espectáculo ni medios se
meriendan el camino con lacónica discreción. Mi participación en
el camino es colateral de cualquier modo, ni era un objetivo ni es
ningún logro, es un camino más, cierto que rico en cultura y
tradición pero también plagado de incongruencias. Alegre de haberlo
conocido, de cualquier modo, ya que nunca me propuse venir a hacerlo
y de este modo he tenido oportunidad de conocer más de uno de sus
recorridos y no pocos albergues y peregrinos.
Al
fin a la noche parece que se va animando un poco aquello, Jaime que
viaja con su hermano, ambos de Mexico, con una chica de Madrid, otra
colombiana y una de Hong Kong más dos franceses y al mando de esa
tropa va Toni, alicantino de Villena. Planifican su etapa de mañana
y los próximos días, unos quedaran en Santiago unos días y otros continúan a Fisterra, un descafeinado y un trozo de bizcocho
compartido y me retiro ya a dormir.
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