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domingo, 12 de octubre de 2014

Jueves 09.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. O Cebreiro. En la puerta del albergue miro el exterior oscuro, húmedo y frío. La ausencia de cocina hace que tenga que tomar el café fuera lo que me obliga por segunda vez a dejar la calidez y luz de una estancia para enfrentarme a una etapa que temo. Todos me hablan de la dureza del camino a O Cebreiro, que está en un alto que separa las provincias de Lugo y León y tan pronto me tiro a la carretera es para enfrentarme a una cuesta que me hace ver la señal de pendiente al 7% durante kilómetros y kilómetros. La comienzo a pie y con un cielo cubierto de nubes negras, veo como el cielo se despeja en dirección a Santiago pero la borrasca se desplaza hacia El Bierzo por lo que la tengo ante mi todo el camino.

Este pasa con rapidez de los 750 metros de Triacastela a los 1.300 y allí ya me pongo en la bici para ir haciendo los puertos del camino que pasa entre los 1.100 a los 1.400 pero veo menos duros de lo que pensaba, tal vez por el exceso de advertencias. Las manos, eso si, heladas, así como el agua que me produce dolor en la muela al beberla, también el café con leche me produjo dolor, pero este por caliente.

Pregunto por pan en los lugares que paso, en un bar me dicen que lo están esperando y hago tiempo, enseguida aparece el repartidor y así lo compro, cansado de pagar los abusivos precios que cobran en las tiendas. En las de O Cebreiro, que hay dos, veo precios al doble de los normales en muchos artículos y salgo de la tienda sin comprar nada, por fortuna llevo para comer y ya mañana por León me desviaré del Camino si es preciso a la búsqueda de tiendas con precios razonables y mejor surtidas que esa es otra. La oferta de artículos es magra a más no poder en estanterías que presentan un aspecto desolador.

El albergue es amplio, cómodo y tiene un plato. No necesito más que uno y como en el. Si necesito leche condensada pero me negué a pagar ayer el precio que pedían y aquí no hay que si la hubiera estaría más cara aún, por lo que esta noche pondré una cucharada de descafeinado en agua caliente sin más leche ni azúcar, pero es un modo de tomar algo caliente que me sienta bien.

Por la tarde aún no veo ambiente entre los peregrinos, cada cual a lo suyo. Por mi parte ando mirando el plano y haciendo cálculos, del sitio más idóneo para pedir que me extraigan esa muela, hoy me molesto toda la mañana y la noche anterior. Sigo tomando lo que me recetaron en espera de una mejora que lejos de producirse me parece que empeora. Pero disfruto del calor de mis prendas talismán y la protección que dan los muros, en el exterior toda esta zona permanece dentro de las nubes con rachas de viento helado. Mis manos tardan en entrar en calor, las tenia entumecidas al llegar. Una fina llovizna caía cuando fui a ver las tiendas, una de ellas en el interior de un hórreo. Escribo en la cama, directamente en el procesador de textos, a falta de papel, la libreta se terminó hace días, con los pies tapados y fríos a pesar de ello. Desconozco la temperatura exterior pero ha de ser muy suave para lo que me espera, pronto andaré por tierras más frías y el otoño no hizo más que empezar.

Al fin ayer logre conectar a la red, leer y responder correos, con una emotiva felicitación de mi ex-hijastro, subir algún post pero sin mayor tiempo para consultas, desconozco como es el Camino ante mi y quería bajarme perfiles de etapas y otras informaciones. No me conformo con la que obtengo de los peregrinos que encuentro en su viaje de ida, quiero tener mayor base para contrastar ya que resulta frecuente encontrar desde opiniones triunfalistas a las más catastrofistas como me sucedió hoy con la subida a O Cebreiro, pero las personas en general somos poco dadas a la objetividad, al dato sin más. Y hablando de información carezco de previsión meteorológica para mañana. La gente la consulta en sus teléfonos que son a su vez sus GPS y cámaras de fotos con lo que no paran de usarlos para mil cosas.

Coincido en la cocina con Isabel que peregrina con Rafael, su marido, este está sordo por lo habla poco con la gente pero ella lo hace por los dos, ha sido hospitalera en Ponferrada sumando ya 3 meses lo que suponen 6 períodos de voluntariado y el camino lo hace con cierta frecuencia, jienense de nacimiento y residentes en Barcelona. Me cuanta cosas de la asociación y de su gente conversadora como es, me da buena información para mi paso por algunos lugares, Rafael finalmente se anima y entra en la conversación, son una pareja de jubilados encantadores. Y en ese momento se desata el pánico. Una muchacha entra alarmada por que termina de ver chinches en el dormitorio B, ella y su amiga quieren que le devuelvan el importe de la estancia y salir de allí lo que provoca una estampida de la que poco se enteran los que descansas en los dormitorios de la planta baja. Estos lo que si padecemos es un fuerte olor que parte del baño que ha de tener problemas de desagüe por que no es normal. El olor no solo esta en la zona de, invade la zona del lavadero, un salón de la planta baja y los dormitorios. Esto que podría ser llevado con mejor tacto se escapa a la incompetencia de dos hospitaleras que hacen su trabajo con desgana y poco oficio.

Ayer noche, Françes compartió con Pepe y conmigo sus cuentas, el entro por Roncesvalles y sabe de buena mano que tan solo contando con ese punto de inicio del Camino la cantidad de gente diaria que lo comienza, sabe calcular la media que por día se gastara esa gente a lo largo del recorrido y la cifra que arroja es realmente importante, cifra que sostiene economías de no pocas poblaciones pequeñas y no tanto, de un notable número de familias que viven de los que hacen el camino de forma más o menos oportunista, más o menos decorosa. El Camino existió y murió, el Camino se reinventó, pero el camino es moda y las modas son efímeras, el no cuidarlo no es su mejor política. Cierto que muchos lo afrontan con un cierto aire de aventura, pero de aventura del siglo XIX, con higiene y cierto grado de profesionalidad y atención si no de comodidad que esa ya es preceptiva al bolsillo de cada cual.

Las empresas organizan paquetes con estancias, comidas, traslados de mochilas y lo que necesites, por unos 500 € te llevas los 100 últimos kilómetros y la compostelana sin despeinarte y ya lo puedes contar en tu facebook colgando fotos de tus ampollas supurando y demás imágenes de esa índole que he visto hacer. Recuerdo la camiseta de una chica en el albergue de Bruma, “Sin dolor no hay gloria” que llevaba puesta mientras se cenaba el catering que le sirvieron de un restaurante distante en el propio albergue mientras los demás nos pasábamos trozos de pan y lo poco que teníamos en las mochilas ante la desolada y desorbitada oferta de la furgoneta-tienda. Quiero entender que como “dolor” se referirá al pagar ese tipo de servicios que a mi particularmente me dolería y mucho. En cuanto a la gloria tampoco logro verla al caminar un día tras otro o en mi caso a rodar. Esos jóvenes gloriosos no se deben detener a mirar a los ancianos que sin tanto espectáculo ni medios se meriendan el camino con lacónica discreción. Mi participación en el camino es colateral de cualquier modo, ni era un objetivo ni es ningún logro, es un camino más, cierto que rico en cultura y tradición pero también plagado de incongruencias. Alegre de haberlo conocido, de cualquier modo, ya que nunca me propuse venir a hacerlo y de este modo he tenido oportunidad de conocer más de uno de sus recorridos y no pocos albergues y peregrinos.

Al fin a la noche parece que se va animando un poco aquello, Jaime que viaja con su hermano, ambos de Mexico, con una chica de Madrid, otra colombiana y una de Hong Kong más dos franceses y al mando de esa tropa va Toni, alicantino de Villena. Planifican su etapa de mañana y los próximos días, unos quedaran en Santiago unos días y otros continúan a Fisterra, un descafeinado y un trozo de bizcocho compartido y me retiro ya a dormir.


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