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martes, 16 de septiembre de 2014

Viernes 12.09.14 Jornadas lusitanas XVIII. Para las personas que viajamos usando como fuente de energía los vatios que somos capaces de generar por nosotros mismos, caminantes, ciclistas y poco más, tienen las rutas portuguesas dos elementos inestimables. Uno ya lo he mencionado y son las marquesinas de las paradas de autobús, sembradas por las carreteras y a no mucha distancia unas de otras, proporcionan techo, pequeño pero suficiente para dar resguardo del sol o la lluvia, ademas, de entre una a tres paredes, casi de cuatro las he llegado a ver por la zona más al norte y un banco. Como normalmente están enfrentadas a ambos lados de la carretera, muy mal tiene que venir el viento para que una de ellas no te sirva de improvisado refugio cuando llueve.

El otro elemento y de este no he mencionado aún nada son los parques de merienda. Por pequeña que sea la aldea, a las afueras de esta y en una arboleda suelen tener uno de estos dotado con mesas de obra, bancos o sillas, alguna con fuente y otras también con aseo. Ya depende de cada población que se encuentre en mejor o peor estado. Ojo que ya quisiéramos tener por allí los aseos públicos o de los bares en estas condiciones.

He pasado tardes de verano alicantino, murciano y andaluz buscando sombras públicas y desde que cruce a Portugal no les he necesitado habiéndolos. Pero nadie dijo que el mundo fuera perfecto. Los uso, eso sí, para comer en ellos muchos días, ya por las noches, en las cenas, prima el alojamiento y ceno o camino de este si ya lo he encontrado o en el mismo si antes no pude.

Tras mi segunda noche en cama de la que me levanto más tarde que de costumbre, a las siete que hasta las 7:30 no hay donde tomar un café, veo el día algo mas claro, el sol sale tímidamente entre nubes oscuras. Tomando ese café veo por la TV que hoy anuncia también lluvia, de modo que me apresuro a ponerme en marcha. En los primeros kilómetros las piernas no me responden, es un decir, claro que me responden, me gritan que las deje en paz. Están entumecidas. Por suerte una buena parte del camino a Leiria es cuesta abajo y pasada la ciudad, continuando para Figueira da Foz son suaves las cuestas. Una vez entran en calor funcionan algo mejor, pero las siento pesadas.

A unos 17 km pasado Leiria comienza a llover con cierta intensidad y es justo despues de ver por primera vez en estas jornadas lusitanas al tercer tipo de profesional de la carretera que me faltaba, a saber, guardias de tráfico, camioneros y putas. Ruedo en los intervalos en que la lluvia se detiene, pero a buen ritmo y llego a Figueira da Foz con suficiente tiempo para visitarla con una rápida visita al supermercado para reponer provisiones y ocupo la terraza de un bar de playa que cerraba cuando pase camino a mi compras. Hoy hace una semana que llueve y la estampida de las playas fue salvaje después de un verano ya de por si no muy bueno para los que viven de ellos.

Desde que pase por Cabo San Vicente sea por que me pillara apartado de la línea de mar a esas horas o buscando refugio o los días que me metí al interior, el caso es que no había tenido aún ocasión de ver una puesta de sol sobre el océano y hoy en Figueira de Foz la he disfrutado con un increíble cielo de tormenta que no impedía la visión de un sol violento sobre un mar embravecido, muy cabreado.

Al salir de Fátima, por su ladera norte, ya pude ver suelos tapizados de helechos en los bosques, más adelante he visto muchos más y el paisaje se va tornando levemente más norteño con una lenta pero imparable progresión. Con la temperatura sucede lo mismo, estos días lo atribuía a la altura en Fátima, pero al descender sobre el nivel del mar noto igualmente que esto ya no es el sur.

Me sorprende lo rápido que podemos cambiar de hábitos que nos parecían enquistados. Hasta hace tres meses leía cada día un par de ediciones digitales de periódicos nacionales y hojeaba, ya en papel, la prensa local, he de confesar que esta última como divertimento a la caza de anfibologías. De eso pase a ver por encima, y también en papel, las prensas locales cuando crucé Andalucía, aquí en Portugal  lo hago ocasionalmente, pero desde que pisé este país he dejado de estar al tanto de lo que sucede o nos cuentan que sucede en España sin que me importe un comino.

La terraza en la que en he acomodado para pasar la noche está al final de la muralla, en una zona donde terminan las casas bajas y chalets para comenzar los bloques de apartamentos. De uno de estos chalets sale una señora bien arreglada a pasear a su pareja de perros que se me acercan con curiosidad. Ella me mira con desaprobación, molesta de verme sobre la colchoneta sentado mientras escribo. Cierto que voy a dormir en el suelo, ella esta recogiendo ahora mierdas de perro también del suelo. Unos lo usamos por necesidad y ella por que ha decidido criar animalitos excretores. No termino de tener claro quien de ambos hace un uso mas digno del mismo.

Versaba el sermón de la misa que ayer se estaba celebrando cuando llegaron los ciclistas granadinos, misa en castellano, que las hay en muchas lenguas pero dada la proximidad de Fátima a España más la cantidad de países de habla hispana que la tienen como religión principal estas se celebran en la explanada principal y al menos a las 7:15 cada día donde puede ver a muchos mexicanos, venezolanos y panameños estos dos días ademas de españoles, decía del sermón, sobre el amor a quien nos odia, que el amar a quien te ama carece de mérito, decía, sale en la lectura sobre la otra mejilla y todo eso. No he tenido ocasión de conocer cristianos de esa clase y dudo si los hay que sean cuerdos. Tienen una religión que no practican, unos preceptos que no siguen.

No se si tienen conciencia de ello y aún así continúan con el fraude o simplemente prefieren vivir en la ignorancia.

Y no podía dejar de mirar a los sacerdotes, los hay por allí de medio mundo, maduros muchos de ellos, sin preguntarme cuantos de ellos habrán abusado de un niño.

Viendo después a las mujeres, en la cocina por la tarde y ya de noche ofreciendo sopa a los que llegaban a la casa abrigo, me pregunte también como de distinta habría sido una religión, esta misma sin ir más lejos, en manos de ellas. O ¿las habría corrompido el poder sobre sus fieles?, por que también las he visto actuar cuando tienen poder. Mi preescolar, que por entonces se llamaba párvulos, lo hice en las Carmelitas y pude conocer a alguna monja especialmente sádica en el modo en que aplicaba castigos a casi bebes. Creo que por fortuna no he tenido la ocasión de cruzarme por la calle, ya de adulto, con uno de los profesores por los que pasé en el colegio, también religioso, Salesianos en este caso, y que con tanta soltura recurrían a los castigos físicos, realmente no se como habría reaccionado.

Los dos sacerdotes con los que más trato he tenido, uno un tutor en el colegio con el que llegué a congeniar bien y el otro mi padrino, dejaron ambos los hábitos y ambos se casaron.


Por separado, se entiende.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Jueves 11.09.14 Jornadas lusitanas XVII. Fátima. La lluvia continua, por la noche a intervalos y amanece lloviendo. Si bien en estos albergues lo normal es pernoctar una noche ahora no tienen apenas peregrinos y Lúcia me dijo que podía hacerlo por dos noches si así lo quería. Yo decliné su invitación pensando en continuar hoy camino, pero la lluvia insistente y desde bien temprano sumado al pensar desde el calor de un refugio me hace cambiar de opinión, por lo que hablo tan pronto puedo con el que ahora esta de responsable, que cambia en mi ficha una sola noche por las dos que me ofreció Lúcia. Hoy pasaré el día por aquí, de descanso y a resguardo para continuar mañana mi ruta hacia el norte.

Mientras tomo café consulto el correo, entre varios, tengo uno de Javier con las fotos que tomo en Huelva y otras que me ha enviado Cristina, la primera de ella me da tiempo a incluirla en el blog. Visito ya con tiempo la ciudad, a ratos con lluvia, pero a pie y con sitios donde ponerme a cubierto eso no representa problema. Para a ratos de llover pero cuando cae lo hace con intensidad descargando gran cantidad de agua.

La ciudad carece del urbanismo de las poblaciones antiguas, esta es una ciudad creada alrededor de una basílica con mentalidad moderna, antes también se levantaban ciudades en torno a una catedral pero ademas de sus funciones religiosas y comerciales, tenían las defensivas, por lo que eran ciudades “recogidas”. Esta en cambio se extiende intercalando las construcciones con amplias zonas verdes dando además espacio suficiente para las aglomeraciones de turistas y peregrinos que ahora viajen en autocar y precisan de extensas explanadas para sus estacionamientos. Por otro lado los edificios ademas de residenciales, priman los de carácter religiosos, entre órdenes, conventos, iglesias, centros de peregrinos de distintas nacionalidades, etc, así como infraestructuras hoteleras. No es una ciudad pensada para vivirla, si no para visitarla, con distancias muy largas entre un lugar a otro y malas soluciones para proteger a la gente de las inclemencias.

Los comerciantes han cambiado con oportuna rapidez los sombreros y gorras que protegen del sol, por impermeables de todo tipo y paraguas, Dar servicio y hacer caja. Casi la mayor parte de tiendas que veo son con motivos devotos, souvenir para un turismo confesional.

En el santuario encuentro unos folletos para un peregrinaje interior, dentro de sus instalaciones, los hay los idiomas de las lenguas más comunes de sus visitantes y no cuesta encontrarla en castellano. Tomo una y recorro el recinto siguiendo esas indicaciones, esa ruta y esas oraciones que han de rezarse en ese orden y lugar. Es un modo de recorrer el templo y de ese modo además fluyes con la corriente humana que lo visita. Cada hora el carillón marca la misma con un “Ave Maria” que recuerdo de mi infancia en colegios religiosos y en el seno de una familia que cada cual a su modo también lo era, que mi madre era devota y mi padre de un catolicismo militante, siendo mis hermanos de costumbres más relajadas.

El sol sale a ratos y cuando sale la temperatura se nota ascender, o es mi impresión. No dejo de mirar el cielo deseando que las lluvias me den un respiro, si bien no puedo quejarme, que me han pillado siempre o casi a resguardo, me han permitido hasta la fecha pasar el día seco y no me han impedido tener una noche decente. Ademas de los tres que compartimos habitación, hay en la casa de abrigo otros tres peregrinos más, tres italianos que viajan juntos y que he podido ver brevemente cuando han bajado a desayunar. Se dispone de un comedor con un microondas para calentar cosas, pero no de cocina con fuego. Los alimentos precocinados salen mas caros, por lo que paso de preparar alguna cosa que con fuego me habría animado con seguridad. Además nunca he usado un microondas que no sea muy ocasionalmente para calentar algo ya cocinado desconociendo que se puede cocinar en el y como hacerlo.

Por la tarde paso otro rato de paseo por el santuario, de charla primero con un joven guardia de la GNR que quiere un destino en algo similar al Seprona y mientras pues anda por aquí haciendo lo que le mandan, congeniamos rápido y a lo tonto se nos pasa el tiempo con las interrupciones de algún visitante que no encuentra un aseo y emergencias de esa índole. Al final le hago compañía hasta el final de su servicio. Ya de camino a la casa de abrigo veo llegar a un grupo de ciclistas que vienen de Granada, todo en plan muy deportivo e hidráulicos ellos, se ajustan al perfil de los MTB que he mencionado en otras ocasiones, se plantan con las bicis en el centro del recinto de la basílica para hacerse las fotos de rigor y mandarlas a casa con sus guasap para contar que llegaron, nos saludamos y poco más, vienen reventados de rodar en una jornada de lluvia como la de hoy y yo se bien como son las cuestas hasta aquí, de modo que no están para muchas fiestas. Después me encuentro a dos de los cuatro en la casa de abrigo más nueva gente que ha ido llegando, entre los cuales  me distraigo con un poco de conversación con otro peregrino, este italiano de nacimiento, del Veneto, pero residiendo en Portugal tiempo y que mezcla al hablar ambas lenguas en un galimatias divertido, viaja solo, con sus 70 años ya cumplidos y conoce a algunos de los que trabajan por aquí no siendo esta la primera ocasión en que les visita.

Imagino las caras de los ciclistas granadinos al ver las dos bicis que hay aparcadas en el almacén, con uno de sus frenos pagan la de Viktor y la mia, la de Viktor eso si, monta cubiertas Schawalbe Marathon, una versión para 26 pulgadas de las que yo tenia en mi bici cuando se la llevaron y que nadie sabe como se pueden echar de menos en asfalto. Los tacos de la zona central de las mías han sufrido un gran desgaste. Como nunca he tenido unas ruedas de tacos antes ni he visto en otras ese nivel de deterioro no se cual es el límite ni en que momento es adecuado para plantearme la necesidad de cambiarlas. Este extremo lo tengo que consultar con Paco, que de el me fío, le mandare un correo tan pronto pueda a ver que me dice. Por un lado dispondría de unas cubiertas mas adecuadas para el asfalto, pero por otro es un gasto importante si pretendo poner algo en condiciones. Solo en el aspecto de los pinchazos, rodé con las Marathon que tenia antes desde Altea a Olot, en Gerona, después algunos años con poca intensidad de uso y al final desde Altea hasta Roquetas de Mar, sin saber lo que es cambiar una cámara, que sera mucha casualidad pero es así. Y ya no es solo el coste de cámaras que lo es, el tema es que no siempre se vacían en el momento más idóneo para hacer la reparación y con la de atrás el cambio de cámara es una epopeya para hacerlo en una cuneta con malas condiciones climáticas o con transito de vehículos. No puedo imaginar la pesadilla de haber tenido que cambiar una cámara en la jornada que pasé cruzando la playa de Doñana, en que con solo detenerme unos segundos para beber la rueda ya se estaba empezando a hundir en la arena húmeda.

Llegan mis compañeros polacos de cenar, divertidos tras su cena en una de las mesas de los comedores al aire libre del recinto del santuario, tras eso han paseado mientras rezan el rosario, ya anoche lo hicieron así. Que por cierto no se los criterios que siguen en la casa abrigo para decidir las pernoctaciones, ni me preocupa, todo sea dicho, pero Viktor se que permanecerá hasta el lunes, en que retorna a Polonia un viaje organizado en autocar con el que tiene concertado su regreso. Se que algunos viajeros pagan una cantidad por usar los servicios de la casa y otros, en el otro extremo, tienen incluidas las comidas, cosa que han solicitado en una oficina que tienen habilitada en el propio santuario y que anoche vi mientras buscaba al empleado.


Voy a dormir mi segunda noche en cama en meses, de hecho escribo en ella ahora, por un lado quiero ya cerrar los ojos para soñar, por otro retrasar ese momento para disfrutar de la calidez y confort que siento en estos instantes antes de conciliar el sueño.
Miércoles 10.09.14 Jornadas lusitanas XVI. Esta mañana al despertar y ver el día no hubiera dado un céntimo por el. Incluso y he de reconocerlo he estado tentado de quedarme en la “cama”, discreto como era el sitio y a resguardo. Llovió ligeramente de madrugada y comenzó de nuevo esta vez con mayor intensidad al levantare, con un cielo plomizo y amenazante que prometía un feo día por delante.

Con sensación otoñal en el cuerpo que ya el verano no lo veo desde hace días partí en dirección a Alcobaça subiendo una cuesta inmensa e intensa, eterna, entre bosques y nubes con alguna explotación maderera en el recorrido. Rodando entre brumas y sin haber visto el sol, con el temor de la lluvia fue una subida ingrata, más cuanto por mucho que miro no veo nada que me pueda servir como refugio ni ocasional.

Ya prácticamente terminada la cuesta veo a lo lejos las cosas que sirven para identificar que en un sitio hay café y eso me anima y mucho. Entre esos bosques me tropiezo con Cacau Arte, una boutique de chocolates que Cristina lleva con mucho oficio y esmero. Con el café me sirve una especie de teja elaborada con deliciosas semillas. Hace que cualquiera se sienta a gusto en su local y la conversación surge, sin prisas que viajo y cómodo que estoy paso media mañana en su oasis para golosos, cambiamos correos, nos hacemos fotos y me obsequia ¡y mira que paso vergüenza y apuro cuando alguien lo hace! una bolsa con cosas cosas que ella elabora, bombones típicos de Brasil, de donde procede Cristina, unas magdalenas de chocolate que son puro pecado y una tejas de esas con semillas, riquísimas.

La vida tiene premios, regalos, cosas y personas que endulzan tu paladar y tus ánimos poniendo en sus gestos, palabras, miradas, el calor de su presencia, más dulzor, más afecto si se puede, que el que pone en las delicias que sirve. Muchas gracias Cristina por endulzarme una fea mañana de nubes y cuestas sin fin.

Tiene Alcobaça razones sobradas para ser visitada por si misma, pero se le tiene que añadir el turismo mariano colateral. Su proximidad a Fátima hace que se beneficie de las rutas periféricas que programan los viajes organizados a el santuario, por eso no sorprenden los autocares en su plaza, de Polonia, de Italia, España... La recorro sin prisas, ocioso y a pie, relajando mis cargadas piernas por el esfuerzo de la mañana para continuar desde allí dirección a Batalha.

Poco antes de llegar me encuentro una tienda de bicicletas grande, a las afueras y pienso que allí si han de tener surtido de mandos donde elegir, ante el problema visto de los mandos con o sin manetas de freno y para diversas cantidades de piñones mas las distintas calidades y modelos de los mismos lo que repercute en sus precios. Y lo encuentro. Me dejo un pellizco de mis magros dineros pero salgo con siete piñones sincronizados que saltan con una precisión que casi me hacen llorar de alegría.

Por la hora del día, o visito Batalha o procuro llegar a Fátima y pienso erróneamente que regresaré por ese mismo camino con lo que la podre recorrer a la vuelta. El camino a Fátima es otra eterna subida en la que al menos cuento con que los piñones se comportan de una manera disciplinada haciendo lo que les pido, pero además contando con uno adicional que lo noto en ocasiones pudiendo atacar pendientes con más alternativas de las que tenia esta mañana.

Llego tarde, he de parar en unas marquesinas de autobuses para refugiarme de la lluvia en dos ocasiones y siempre podre contar con otra para pasar la noche si las cosas se ponen feas y no logro encontrar refugio una vez allí. En la explanada, en una de las capillas se esta celebrando una misa en castellano, descanso escuchando y empapándome del espíritu del lugar, observando mis sensaciones. Es sabido que muchos emplazamientos marianos ocupan antiguos asentamientos druidas, con sus pozos, o lugares de antiguos ritos paganos y esos lugares disponen de su propia fuerza telúrica independiente del culto que lo ocupe. No he sido nunca capaz de percibirlos, insensible que debo ser para esas cosas o tal vez con mis sentidos mas primarios embotados. Pero me atraen esos lugares marianos por muchas razones y me traen recuerdos de viejas lecturas de Fulcanelli y demás.

La noche cae fría en estas alturas con la humedad de las lluvias y el ligero viento que sopla. Todo templo tiene sus mercaderes y aquí en uno de sus lados ocupan unos soportales que me ofrecen refugio, de modo que pregunto a uno de esos mercaderes si el ve algún problema en que pernocte allí. Este me dice que hable con los empleados de la basílica ya que esta dispone de una “casa de abrigo”, un refugio para peregrinos que llegan a pie o en bici. Localizo con no poco esfuerzo por lo tarde ya de la hora a uno de estos empleados y me manda con sus indicaciones a Acolhimento S. Bento Labre, donde me acomodan.

Cenar en una mesa, sentado en silla, con un plato bajo mis alimentos.

Beber agua en un vaso.

Ducharme y ponerme ropa limpia.

Ver que voy a dormir en una cama, con sábanas y manta, con almohada.

Allí conozco a mis compañeros de habitación, dos polacos, Marti es joven, Viktor es un un venerable peregrino que ha venido desde su Polonia natal haciendo el viaje en bici con sus nada despreciables 67 años. Pasando por Lourdes y Santiago. Desde aquí regresará en autobús.

Me los presenta Lúcia, que es la empleada que está ahora al frente de este albergue. Desde la ventana a mi derecha veo una cúpula en gótico acebollado azul celeste de un templo cercano y desde la que tengo frente a mi, la torre de la basílica de Fátima.

Conversamos con el auxilio de Marti, que habla italiano que medio entiendo y el medio me entiende a mi con mi español, el nos traduce a Viktor.

Y así termino un día por el que no daba un céntimo cuando empezó.

Cristina dice que estoy más delgado que cuando salí y me da dulces.



Martes 09.09.14 Jornadas lusitanas XVI. Día agotador. Miro el plano y no he visto que me desplazara apenas, y en cambio siento haber recorrido mucho más, si bien es cierto que un rodeo por aquí, el ir y volver hasta Peniche, la vuelta que he dado a esa casi isla, las cuestas que hoy han sido algunas y todo cuenta...

El Cabo Carvoeiro no tiene túmulo para hacerse fotos, ni tienda en la que te puedan vender un diploma certificando que estuviste allí como sucede en Cabo San Vicente o en Cabo Roca, por eso no esta lleno de coches ni autocares, ellos se lo pierden y yo egoistamente lo gano, por que su belleza supera con mucho los otros dos y esta es aún más placentera sin el tumulto de la gente. Pero tiene la desgracia del segundón, los otros dos son los primeros en algo y este se queda en el casi, de modo que los coleccionistas de lugares lo pasan por alto.

Esta noche ha debido de caer algo de agua, poca pero algo, por como estaba empapado el mundo al despertarme, ahora el tener un techo para guarecerme cada noche ya no es una opción y me complica y mucho cada “alojamiento”, de hecho escribo esto bajo el que me servirá como protección si llueve y no cae del sur, que es raro por aquí. Agua no he tenido en todo el día pero si he pasado por lugares con el asfalto aún húmedo.

Salí temprano en dirección Silveira para desayunar en una gasolinera en cuyo bar si esta permitido fumar, lo indica, hay ceniceros y la gente lo hace, yo fumo de nuevo. Un croasán que sale del horno, humeante, acompaña mi medio de leche con café. La carretera me hace dar un rodeo por Praia de Santa Cruz, A-dos-Cunhados que está en fiestas y por ahí para Lourinha ya por la carretera nacional para ir hasta Peniche, ciudad conservera.

Es, como decía, casi una isla y además su casco antiguo y la península que termina en el faro están intramuros, ¡como me gustan las ciudades amuralladas! Antes de recorrerla voy hacia el faro, en el cabo, viendo los acantilados más hermosos que he visto nunca. Es difícil poner adjetivos a las cosas, fuera de bonito, hermoso, bello, estos se terminan si no quieres caer en las cursiladas o en rebuscadas expresiones de comparación y lo cierto es que me he de repetir si pretendo registrar las cosas que estoy viendo. Y gracias a que lo hago que me sirven de recordatorio ya que son tantas las poblaciones, los lugares, rincones, personas, etc, que voy conociendo que sin este diario las tendría todas mezcladas y confundidas, que no las sensaciones que me van dejando pero si la ubicación y cronología de las mismas.

Estos acantilados son unas formaciones rocosas increíbles que la erosión a torturado logrando lo que solo la naturaleza, aunando montones de siglos de lento trabajo o el cataclismo de sus episodios más violentos, es capaz de hacer. Tomo mi comida en medio de ese paraje, con las islas de enfrente y sus faros que también los tienen, con apenas algún coche ocasional y tan solo la presencia de un par de pescadores a lo lejos. Paz.

En el regreso repito parte del recorrido que seguí al llegar, más adelante tomo el desvío que me deja en Obidor, otra bonita población con su muralla. Lo que en un tiempo fueron elementos de defensa ahora lo son artísticos, por desgracia vivimos una época en la que el legado de un Sistema de Defensa Estratégica dudo que se pueda convertir con el paso de los siglos en algo artístico y elemento de disfrute de generaciones venideras. Pero es en el camino de Obidos a Caldas da Rainha donde veo una curiosa iglesia. Desde fuera su nave es circular o lo parece, siendo realmente un hexágono, por delante las tres caras están ocupadas por dos torres y la puerta principal en el centro mientras que por detrás solo esta el altar mayor en la cara central. Aparte de esto que ya me resulta llamativo encuentro otro elemento aún mas extraño y es que a diferencia de las demás iglesias que recuerdo, en esta, las torres son más bajas que la nave. Al verla con forme me acercaba pensé que era un palacio de singular arquitectura en vez de un edificio religioso. Ya dentro el hexágono se hace mas evidente así como el avanzado estado de deterioro que muestra y las necesidades de restauración.

En las cuestas a las que me enfrento, y al ir cerca de las costas suelen ser muchas, ya que es aquí donde desembocan los valles y no ruedo por mesetas o llanos, a su dificultad natural y mi nula forma física le añado el comportamiento errático del mando de las marchas que no es sincronizado. Esto me hace ir buscando con tiento la archa que deseo y eso no sucede cuando tu decides, que en ocasiones se retrasan o cambian dos de golpe, eso en medio de un esfuerzo donde requieres el alivio que el poner un piñón mas grande te proporciona. El tema del desviador de los platos lo dejamos para otro día, que también tiene si guasa, se puede subir plato, si, pero no sin romperte un dedo, bajar ya es otra cosa y eso lo hace mucho menos urgente que el tema de los piñones. Ya me comento Paco cuando me dio la bici ese detalle que debía cambiar cuando pudiera y hasta la fecha lo he ido sobrellevando mal que bien, pero ahora son cada vez más las cuestas y las hago sobre la bici cosa que en aquellos momentos no siempre sucedía. El caso es que voy mirando por donde paso y veo tiendas si tienen en ellas algún mando de cambio de marcha de 7 velocidades y a que precios. Aquí en Calda lo intento pero no encuentro, tienen donde entro de 3 y de 9 velocidades.

Llega de nuevo la hora de buscar acomodo y salgo en dirección a Alcobaça con esa intención, en las naves de la carretera, un concesionario de Seat al que le fue mal las ventas está abandonado y en un lateral tiene los accesos a los talleres apartados de la vista y bajo unos generosos voladizos. Allí monto mi tenderete de cada día, ceno algo más tarde que de costumbre y a dormir escuchando los balidos del mis vecinas en una granja que tengo atrás.


jueves, 11 de septiembre de 2014

Lunes 08.09.14 Jornadas lusitanas XV. Peniche. Poco he avanzado hoy en cuanto a recorrido y poco he visto. Recorro de nuevo Sintra para desayunar y por que me apetece verla de nuevo. Al llegar a Ericeria intento frustrado de acceso a la red y visito el pueblo.

Anoche sobre las doce pasadas diluvio pero me encontraba tan ricamente a resguardo en el pabellón de hockey, bajo sus escaleras, que casi he disfrutado con la lluvia, me desperté de nuevo sobre las cuatro y pico y ya había dejado de caer agua.

Amaneció con el cielo cubierto y lo poco que he rodado ha sido con el cielo así, con la vista barriendo siempre el entorno en la búsqueda de cubiertas, voladizos, marquesinas, cosas de esas, hasta llegar a un cruce próximo a Silveira donde he visto un lavadero cubierto. Esto supone varias cosas, lavar ropa, que esta se pueda secar a pesar de que llueva y un techo si la cosa se complica. Por otro lado y teniendo en cuenta la hora también supone un montón de tiempo sin otra actividad que ver pasar los coches y motos, las motos, ahora voy con ellas, mientras la ropa mal escurrida y con un día asi de húmedo necesitara de varias eternidades para su secado contando con que el sol hoy aún no me ha saludado ni creo que piense hacerlo.

Las motos decíaAquí no se tira una moto, ni un casco tampoco. Marcas las que quieras, muchas ya inexistentes y modelos del año que quieras, transformadas, torturadas, tuneadas, híbridos entre motocicletas y lo que se te ocurra, se les añade un carenado o un parabrisas de otra máquina sin que prevalezca otro criterio que el de la funcionalidad. Es un espectáculo verlas rodar y sus pilotos ataviados con proto – cascos, los orígenes del casco, el abuelo de todos los cascos, si sirve no se tira y por supuesto se usa. Ole al sentido común. Es en estas ocasiones cuando se echa en falta una cámara con la que se podría reunir una bonita colección de máquinas imposibles. La otra ocasión en la que me hubiera gustado disponer de ella fue un momento en Faro, en un mismo plano tenia barco, avión y tren en simpática armonía, el tren parado en la estación mientras la gente cruzaba la vía para tomar su barco a 20 metros escasos mientras un avión en vuelo ya muy bajo, descendía para tomar tierra, pero muy muy bajo el avión. Y todo en un mismo plano, me llamó mucho la atención.

La costa que he recorrido hoy forma parte del World Surfing Reserve, con siete playas, las fechas se dejan notar, pero ademas está la falta de olas, si bien los pocos surfistas que aún quedan por aquí, en vez de dejarse ver en los pueblos, seguían en el agua haciendo... ni idea. Se metían con sus tablas para salir de nuevo después, ni una puñetera ola, pero ellos, insistentes, agotan sus últimos días de playa.

La tarde de un aburrimiento total, pasé por una mercería esta mañana y estuve tentado en comprar aguja e hilo pero el demonio se me cruzo, habría cosido cosas que van necesitando un repaso, una costura del saco que mantengo con esparadrapo, otra de un guante que amenaza con romper...

Las vistas desde el lavadero tampoco son como para extasiarse, las afueras de una pequeña aldea carente de encanto. Ya desde Sines los campos se ven verdes de pasto, que hasta allí nada de nada. Ahora todo reverdece aún más con estos días de lluvia. Sintra es otra cosa, siempre se la ve verde y umbrosa, me decía el conserje ayer, que llueve cuando en los alrededores no cae una gota, teniendo un clima propio, más húmedo y fresco.

A diferencia de otros lavaderos que conocía, este esta en uso y no me refiero a que funciona si no a que se usa, no es tan solo un testimonio cultural etnográfico y a las siete de la tarde aparece una señora a hacer su colada con lo que rompe la monotonía de la larga tarde.

Si hago caso a mi barómetro, el tiempo esta mejorando, por que el cielo, por mucho que lo mire, no lo se interpretar y menos por estas tierras.

Pasadas las nueve vuelvo a cenar. De la casa de enfrente al lavadero me traen un sándwich de cordero asado, una banana y un yogur líquido. Me cuesta mucho aceptarlo pero no me veo capaz de rechazar lo que tan amablemente me ofrecen. La chica que me lo trae es un encanto y me deja emocionado, Me cuesta encontrar palabras con lo que agradecer estos gestos, por mucho que miro en los alrededores no encuentro ningún tipo de flor con las que preparar un sencillo y pequeño ramillete, igual mañana se ve mejor.

El cordero esta cortado después de asado y noto la pimienta, ¿el clavo?, y el laurel, jugoso, el pan es uno típico de Mafra, cortado en grandes rebanadas de miga prieta y sabrosa, con una corteza tierna y harinada. Por encima de todo me ha sabido a humanidad.

Echo de menos la lectura en días como hoy y pienso en que tan pronto ponga de nuevo los pies en España me he de procurar algo para leer de nuevo. Ahora me conformo con recordar cosas leídas antes y estando en estas tierras me vienen a la cabeza “Memorial del convento”, “Historia del cerco de Lisboa” entre otras muchas de Saramago. Se que tengo una asignatura pendiente con sus libros y esta es comprender el papel que los perros ocupan en su narrativa, siempre presentes haciendo de contrapunto entre el resto de protagonistas humanos. Debería encontrar un erudito y sesudo doctorado sobre el tema que si no lo hay están desaprovechando un matiz literario de ese autor que seguro tiene miga. Igual están ahí de un modo casual, cosa que dudo.

Me gusta como son sus viejos, como los de Jose Luis Sanpedro, son personajes vivos que viven su historia sin estar en el fin de las mismas o ser tan solo un decorado en la de los demás. Sus viejos se enamoran y/o son amados y en eso viven, que la vida no es otra cosa.

Me molesta el eufemismo de tercera edad, no dignifica la vejez, al contrario, creo que la envilece. Los niños son niños y no personas de primera edad ni los maduros lo son de segunda edad. Los países son ricos o pobres en según que cosas y no hay un primer o tercer mundo, hay riqueza y miseria, estados que funcionan y otros fallidos. Llamar tercer mundo a un país sumido en estos casos es querer jugar con las palabras e huir de las realidades.

Fué el 15 de XII de 1957 cuando Rogerio de Figueroa Regó inauguró este lavadero donde he vivido hoy, se esmero al hacerlo, esta lleno de detalles, desde su orientación para proteger a sus gentes de las calurosas tardes de verano, sus celosías, el bonito adoquinado que lo precede entre cuyas piedras crece la hierba, tiene anejo una casa de aseo, un retrete, pura cortesía para sus usuarias que tienen allí una escoba con la que lo mantienen limpio. Entre otras cosas, la mujer que lavo esta tarde, traía un pantalón de trabajo, del campo, grande y lleno de tierra, de su hombre, su hijo, su padre. La chica que me trajo de cenar se ha pasado la tarde lavando coches, lo hace en los bajos de la casa que habitan y frente a la misma una ya crecida araucaria donde jugaban esta tarde dos grandes perros que ya duermen. Ahora me toca a mi.


Domingo 07.09.14 Jornadas lusitanas XIV. Y llovió por la noche como se preveía. Amanece con pocas nubes, el día luminoso y fresco. Las primeras horas del domingo las empleo en recorrer Estoril y Cascais, preciosas y un gustazo a estas horas sin apenas gente ni tránsito. Ya en el parque que hay dejando atrás la ciudad y subiendo por la costa la cosa cambia, esté frecuentado por gran cantidad de público que decide pasar allí la mañana dominical.

Los ciclistas que no veía por Algarve y poco por Alentejo, ahora los veo a cientos y también se les ve con otro tipo de actitud más social, con los vehículos a motor otro tanto, no se si más relajados, más civilizados, yo más acostumbrado a sus distancias e insolencias o es la suma de todo ello.

CABO DA ROCA

AQUI...
ONDE A TERRA SE ACABA
E O MAR COMENçA...
(CAMOES)

PONTO MAIS OCIDENTAL DO
CONTINENTE EUROPEU

LATITUDE 38º 47 NORTE
LONGITUDE 9º 30 OESTE
ALTITUDE 140 m ECIMA DO
NIVEL MEDIO DAS AGUAS

En el Cabo de Roca se termina el occidente continental, tiene un bonito faro que todos ignoran para ir a hacerse una foto en el túmulo con la placa, en busca de la prueba gráfica, lamentable. Alguno ha de descubrir años después mirando sus viejas fotos que han estado en algunos lugares y hecho cosas. Mucho japones, hay varios autocares con excursiones e ellos. Hablando con uno, me dice que a continuación irán a Sevilla, Córdoba y Granada.

Llevaba más de 10 días detrás de un “casaco”, una prenda de recia lana típica del país, en diversas calidades con el punto más o menos apretado, hay unos cuantos modelos, pocos y menos colores donde elegir. Es abrigada. De precios varía mucho según la zona donde la vendan ya que todas ellas van con el mismo etiquetado y son las mismas prendas. Las he visto desde los 30 € de Cabo San Vicente, 45 € en Vila Nova de Milfontes 60 ó 65 € en Cabo de Roca, siguiendo la máxima de que un artículo vale lo que el cliente está dispuesto a pagar y no son la misma clientela los surfistas de Sagres que los japoneses que hoy pasean de Lisboa a Sintra pasándolos por Cabo de Roca.

De modo que cuando hoy he visto en una zona del parque de Cascais varios de estos puestos juntos, con lo que se les supone mayor competencia para poder vender, he buscado con tranquilidad el modelo que me interesa, sin comparar precios, uno oscuro por el tema de las manchas, con el punto bien prieto, mas calor retiene, sin cremallera, que estas se rompen, el cuello que pudiera ser cerrado hasta bien alto y por supuesto de mi talla.. Segundo punto, hacerle caso a Fernanda en el tema del regateo. El casaco marcaba 45 €, le he dicho a la dueña en un aparte, “mira yo no soy turista, viajo, si, pero no soy turista y no pienso pagar precios de turista, si quieres 20 € por ella me la quedo, si no ya la encontraré mas adelante en otro sitio”. Me los ha tomado, envuelto el casaco y tema solucionado. El siguiente punto es el calzado.

Sintra. De todo lo que conozco en Portugal es para mi el lugar mas bello con diferencia, esos árboles centenarios en sus quintas, sus calles sombrías me transmiten frescor. Su serena nobleza golpea mi soledad ¡que no daría por poder compartir estos momentos! Me ponen nostálgico y escribo una carta para al menos compartir si no la presencia si algunas palabras.

Agustinho me habla de los dos años que pasó en Angola y de como lo trajeron medio muerto. Trabaja de conserje en un estadio de hockey donde he pasado la noche. Saco el plano y veo con él posibles rutas para el norte. Me convence de ir a Fátima, es no es creyente, pero dice que cuando la visita se siente bien.

Además de las bonitas poblaciones vistas, hoy he recorrido un trayecto de asfalto más más que hermoso, desde Cabo Roca a Sintra, por Colares, cruzando el Paisagen Protegida de Sintra – Cascais.

Ah,

casi olvido anotar un control de la GNR de transito que he visto en Malveira da Serra. Ya tendría que estar acostumbrado a las excentricidades de los militares – policías, que aunque los nuestros ahora van vestidos de barrenderos aún conservan el tocado de charol para las grandes ocasiones, a estos de aquí los he visto descender de automóviles de patrulla con pantalones y botas de montar a caballo que supongo han de ser unas prendas comodísimas para multar, pero ¿un oficial con espuelas? ¿en coche?


Sábado 06.09.14 Jornadas lusitanas XIII. Lisboa. Vas por la acera con la bici en la mano, en el Barrio Alto de Lisboa, por que subes una cuesta que ya a pie y empujando la máquina es complicada de subir, ademas resbala el suelo por que esta lloviendo. Una obra en un edificio deja la acera intransitable y bajas a la calzada, entonces como vas muy lento aparece de la nada un tranvía de frente, rápido, ya no tienes tiempo de hacer mucho mas que apretarla a la acera que apenas si deja espacio para ti, la bici con los bolardos no puede subir, pero el tranvía no se detiene decidido a pasar sobre lo que sea y arrolla la bici, frena con esta pillada entre el tranvía y los bolardos.

A partir de aquí se monta el lío. EL conductor grita, yo le grito, unos paisanos le gritan también, unos turistas británicos me intentan ayudar a sacar la bici, cosa que no se puede al estar atrapada y otros dos turistas japoneses nos toman fotos, esto de los japoneses y las fotos puede parecer un tópico, pero es real.

Anoche lo de la marquesina fue un acierto ya que se adelantó la lluvia que se esperaba el domingo, cae poca, pero suficiente como para arruinar una noche al raso. Se detiene sobre las 5:30 más o menos y decido moverme por si el día sigue lluvioso. Otro acierto ya que es así y he de emplear los ratos en que esta se calma para mis desplazamientos.

No es que no se pueda rodar con lluvia, se puede si ves, por que las gafas se me mojan y dejo de ver, ni poco ni mucho, no veo como para circular con seguridad. Voy pensando en cuantas personas dicen “me gusta la lluvia” o “... ver llover”, claro, cuando después llegas a casa, tiras la ropa calada a un cesto, te das una ducha y envuelto en albornoz y toallas secas, mullidas y que huelen bien te tomas un cacao caliente. Así la lluvia es una bendición del cielo y una gozada.

Viviendo a la intemperie, no lo es tanto.

Cruzo Quinta Conde, Coina, Paio Pires y entro en Sixal para tomar el ferry a Lisboa. Son las 8:10 y no sale hasta las 9 de modo que me tomo medio de leche con café esperando.

En Lisboa el embarcadero es a la vez  estación de trenes, comienzo a subir para meterme en el Barrio Alto con la idea de buscar tiendas de segunda mano por las zonas que me indico Fernanda pero con poca fortuna. Otra zona que me indicó es de tiendas de lujo, pero antes de eso tengo que pelear con el conductor del tranvía.

Como la bici, milagrosamente , no está dañada pero si trabada, el conductor se niega a mover el tranvía por si al hacerlo termina rompiendo algo, y la bici así no sale. Con ayuda de los espontáneos uno de los cuales esta empeñado en llamar a la policía para denunciar al conductor, la subimos a peso en vertical y de este modo la liberamos del tranvía y bolardos, con aplausos, más fotos y los pasajeros del tranvía increpando al conductor que tan pronto se ve libre para continuar sube de nuevo al tren, lo pone en marcha y se pira de allí.

A todo esto el Barrio Alto e deprime, sucio, roto, las casas muy deterioradas cuando no ruinosas, el suelo es un mosaico de parches mas puestos de asfaltos mezclados con socabones, trozos hundidos o hinchados de adoquines, con basura, mucha basura. La lluvia no es que mejore el panorama desolador que presenta. Llego a la Avenida Liberdade para no encontrar las tiendas que me dijeron.

Recorro el centro histórico, zona que conocía de antes y otras por las que desconocía. Un rato de charla con unos taxistas que esperan clientela, otro poco con dos turistas británicos, hay muchos, otro rato más con un poli de paisano al que se le ve el arma, en esa misma plaza me ofrecen hachís hasta cuatro veces.

No quiero pasar la noche en la ciudad por lo que en otro descanso que se toma la lluvia salgo en dirección a Belen. Un poco antes de pasar bajo el Ponte 25 de Abril se reanuda el diluvio y buscando donde guarecerme veo un local lleno de bicis con más pinta de desguace que otra cosa, no está es propietario que anda hasta el día 15 de vacaciones pero me atiende Marcos, su encargado, allí efectivamente desguazan bicis y después montan otras al gusto de su clientela, mezclando piezas recicladas y transformadas con otras nuevas, pocas, que venden. Es un local con aire y estética fixie, con su cafetería, librería, conozco a Bruno que rebuscando entre los escombros, más o menos clasificados, se hizo con unas empuñaduras que buscaba para su montura.

Mientras el agua cae fuera van llegando alguna gente y se anima, no encuentro nada de utilidad para mi por que verdaderamente es un cementerio de bicis y cuando entra algo decente los asiduos, avidamente, lo devoran. Me dice Marcos que hasta hace pocos días tenían un manillar de mariposa, cosa que junto a su adecuada potencia mejoraría mi comodidad y castigaría menos mi espalda herniada. Con todo, el tiempo que paso allí me arregla una mañana que estaba siendo triste y termino haciendo cambalache y cambiando unos guantes muy pequeños que tenia en la mochila y el candado que me dio Paco en Roquetas de Mar por uno de esos muy sólidos de eslabones forrados en un tubo de tela y con candado de doble cerrojo. Una notable mejora en la seguridad.

En otro rato en que la lluvia se detiene me planto en Belen y paso a recorrer el Monasterio os Gerónimos, dejando de lado el monumento a los descubridores así como la Torre de Belen que nunca me gustaron. En Alges compro provisiones para varios días. Paço de Arcos, Oeiras, Carcavelos y Parede. Ante la amenaza de lluvia lo que prima esta noche es estar seco de modo que cuando paso por la carretera sobre dos pasajes que comunican bajo ella la población con la playa no tengo dudas.

Después de comprar la comida, al dueño de la cafetería que hay junto al supermercado le pregunto por tiendas de segunda mano de ropa y calzado, ya que sigo con sandalias y pantalón corto, me dice que no le suena en el pueblo pero me mira la cintura, me dice que espere y sale a su casa que está sobre la cafetería. Me trae unos pantalones de pana de mi talla y largo que allí mismo en su cafetería me pruebo y dejo puestos, el día es fresco, más con la humedad de la lluvia. Tomamos juntos un café hablando de mi viaje por el que muestra mucho interés.

Desde que deje atrás Lisboa llueve en ocasiones o para, poca cosa, sien desde el Atlántico se extiende una niebla a rachas sobre la carretera. Esta niebla hace que la fortaleza que hay sobre el mar en Carcavelas tenga un carácter casi mágico que no puedo dejar pasar de largo y a la que le dedico un rato que aprovecho para descansar.