Translate

viernes, 12 de septiembre de 2014

Miércoles 10.09.14 Jornadas lusitanas XVI. Esta mañana al despertar y ver el día no hubiera dado un céntimo por el. Incluso y he de reconocerlo he estado tentado de quedarme en la “cama”, discreto como era el sitio y a resguardo. Llovió ligeramente de madrugada y comenzó de nuevo esta vez con mayor intensidad al levantare, con un cielo plomizo y amenazante que prometía un feo día por delante.

Con sensación otoñal en el cuerpo que ya el verano no lo veo desde hace días partí en dirección a Alcobaça subiendo una cuesta inmensa e intensa, eterna, entre bosques y nubes con alguna explotación maderera en el recorrido. Rodando entre brumas y sin haber visto el sol, con el temor de la lluvia fue una subida ingrata, más cuanto por mucho que miro no veo nada que me pueda servir como refugio ni ocasional.

Ya prácticamente terminada la cuesta veo a lo lejos las cosas que sirven para identificar que en un sitio hay café y eso me anima y mucho. Entre esos bosques me tropiezo con Cacau Arte, una boutique de chocolates que Cristina lleva con mucho oficio y esmero. Con el café me sirve una especie de teja elaborada con deliciosas semillas. Hace que cualquiera se sienta a gusto en su local y la conversación surge, sin prisas que viajo y cómodo que estoy paso media mañana en su oasis para golosos, cambiamos correos, nos hacemos fotos y me obsequia ¡y mira que paso vergüenza y apuro cuando alguien lo hace! una bolsa con cosas cosas que ella elabora, bombones típicos de Brasil, de donde procede Cristina, unas magdalenas de chocolate que son puro pecado y una tejas de esas con semillas, riquísimas.

La vida tiene premios, regalos, cosas y personas que endulzan tu paladar y tus ánimos poniendo en sus gestos, palabras, miradas, el calor de su presencia, más dulzor, más afecto si se puede, que el que pone en las delicias que sirve. Muchas gracias Cristina por endulzarme una fea mañana de nubes y cuestas sin fin.

Tiene Alcobaça razones sobradas para ser visitada por si misma, pero se le tiene que añadir el turismo mariano colateral. Su proximidad a Fátima hace que se beneficie de las rutas periféricas que programan los viajes organizados a el santuario, por eso no sorprenden los autocares en su plaza, de Polonia, de Italia, España... La recorro sin prisas, ocioso y a pie, relajando mis cargadas piernas por el esfuerzo de la mañana para continuar desde allí dirección a Batalha.

Poco antes de llegar me encuentro una tienda de bicicletas grande, a las afueras y pienso que allí si han de tener surtido de mandos donde elegir, ante el problema visto de los mandos con o sin manetas de freno y para diversas cantidades de piñones mas las distintas calidades y modelos de los mismos lo que repercute en sus precios. Y lo encuentro. Me dejo un pellizco de mis magros dineros pero salgo con siete piñones sincronizados que saltan con una precisión que casi me hacen llorar de alegría.

Por la hora del día, o visito Batalha o procuro llegar a Fátima y pienso erróneamente que regresaré por ese mismo camino con lo que la podre recorrer a la vuelta. El camino a Fátima es otra eterna subida en la que al menos cuento con que los piñones se comportan de una manera disciplinada haciendo lo que les pido, pero además contando con uno adicional que lo noto en ocasiones pudiendo atacar pendientes con más alternativas de las que tenia esta mañana.

Llego tarde, he de parar en unas marquesinas de autobuses para refugiarme de la lluvia en dos ocasiones y siempre podre contar con otra para pasar la noche si las cosas se ponen feas y no logro encontrar refugio una vez allí. En la explanada, en una de las capillas se esta celebrando una misa en castellano, descanso escuchando y empapándome del espíritu del lugar, observando mis sensaciones. Es sabido que muchos emplazamientos marianos ocupan antiguos asentamientos druidas, con sus pozos, o lugares de antiguos ritos paganos y esos lugares disponen de su propia fuerza telúrica independiente del culto que lo ocupe. No he sido nunca capaz de percibirlos, insensible que debo ser para esas cosas o tal vez con mis sentidos mas primarios embotados. Pero me atraen esos lugares marianos por muchas razones y me traen recuerdos de viejas lecturas de Fulcanelli y demás.

La noche cae fría en estas alturas con la humedad de las lluvias y el ligero viento que sopla. Todo templo tiene sus mercaderes y aquí en uno de sus lados ocupan unos soportales que me ofrecen refugio, de modo que pregunto a uno de esos mercaderes si el ve algún problema en que pernocte allí. Este me dice que hable con los empleados de la basílica ya que esta dispone de una “casa de abrigo”, un refugio para peregrinos que llegan a pie o en bici. Localizo con no poco esfuerzo por lo tarde ya de la hora a uno de estos empleados y me manda con sus indicaciones a Acolhimento S. Bento Labre, donde me acomodan.

Cenar en una mesa, sentado en silla, con un plato bajo mis alimentos.

Beber agua en un vaso.

Ducharme y ponerme ropa limpia.

Ver que voy a dormir en una cama, con sábanas y manta, con almohada.

Allí conozco a mis compañeros de habitación, dos polacos, Marti es joven, Viktor es un un venerable peregrino que ha venido desde su Polonia natal haciendo el viaje en bici con sus nada despreciables 67 años. Pasando por Lourdes y Santiago. Desde aquí regresará en autobús.

Me los presenta Lúcia, que es la empleada que está ahora al frente de este albergue. Desde la ventana a mi derecha veo una cúpula en gótico acebollado azul celeste de un templo cercano y desde la que tengo frente a mi, la torre de la basílica de Fátima.

Conversamos con el auxilio de Marti, que habla italiano que medio entiendo y el medio me entiende a mi con mi español, el nos traduce a Viktor.

Y así termino un día por el que no daba un céntimo cuando empezó.

Cristina dice que estoy más delgado que cuando salí y me da dulces.



No hay comentarios:

Publicar un comentario