Translate

jueves, 11 de septiembre de 2014

Lunes 08.09.14 Jornadas lusitanas XV. Peniche. Poco he avanzado hoy en cuanto a recorrido y poco he visto. Recorro de nuevo Sintra para desayunar y por que me apetece verla de nuevo. Al llegar a Ericeria intento frustrado de acceso a la red y visito el pueblo.

Anoche sobre las doce pasadas diluvio pero me encontraba tan ricamente a resguardo en el pabellón de hockey, bajo sus escaleras, que casi he disfrutado con la lluvia, me desperté de nuevo sobre las cuatro y pico y ya había dejado de caer agua.

Amaneció con el cielo cubierto y lo poco que he rodado ha sido con el cielo así, con la vista barriendo siempre el entorno en la búsqueda de cubiertas, voladizos, marquesinas, cosas de esas, hasta llegar a un cruce próximo a Silveira donde he visto un lavadero cubierto. Esto supone varias cosas, lavar ropa, que esta se pueda secar a pesar de que llueva y un techo si la cosa se complica. Por otro lado y teniendo en cuenta la hora también supone un montón de tiempo sin otra actividad que ver pasar los coches y motos, las motos, ahora voy con ellas, mientras la ropa mal escurrida y con un día asi de húmedo necesitara de varias eternidades para su secado contando con que el sol hoy aún no me ha saludado ni creo que piense hacerlo.

Las motos decíaAquí no se tira una moto, ni un casco tampoco. Marcas las que quieras, muchas ya inexistentes y modelos del año que quieras, transformadas, torturadas, tuneadas, híbridos entre motocicletas y lo que se te ocurra, se les añade un carenado o un parabrisas de otra máquina sin que prevalezca otro criterio que el de la funcionalidad. Es un espectáculo verlas rodar y sus pilotos ataviados con proto – cascos, los orígenes del casco, el abuelo de todos los cascos, si sirve no se tira y por supuesto se usa. Ole al sentido común. Es en estas ocasiones cuando se echa en falta una cámara con la que se podría reunir una bonita colección de máquinas imposibles. La otra ocasión en la que me hubiera gustado disponer de ella fue un momento en Faro, en un mismo plano tenia barco, avión y tren en simpática armonía, el tren parado en la estación mientras la gente cruzaba la vía para tomar su barco a 20 metros escasos mientras un avión en vuelo ya muy bajo, descendía para tomar tierra, pero muy muy bajo el avión. Y todo en un mismo plano, me llamó mucho la atención.

La costa que he recorrido hoy forma parte del World Surfing Reserve, con siete playas, las fechas se dejan notar, pero ademas está la falta de olas, si bien los pocos surfistas que aún quedan por aquí, en vez de dejarse ver en los pueblos, seguían en el agua haciendo... ni idea. Se metían con sus tablas para salir de nuevo después, ni una puñetera ola, pero ellos, insistentes, agotan sus últimos días de playa.

La tarde de un aburrimiento total, pasé por una mercería esta mañana y estuve tentado en comprar aguja e hilo pero el demonio se me cruzo, habría cosido cosas que van necesitando un repaso, una costura del saco que mantengo con esparadrapo, otra de un guante que amenaza con romper...

Las vistas desde el lavadero tampoco son como para extasiarse, las afueras de una pequeña aldea carente de encanto. Ya desde Sines los campos se ven verdes de pasto, que hasta allí nada de nada. Ahora todo reverdece aún más con estos días de lluvia. Sintra es otra cosa, siempre se la ve verde y umbrosa, me decía el conserje ayer, que llueve cuando en los alrededores no cae una gota, teniendo un clima propio, más húmedo y fresco.

A diferencia de otros lavaderos que conocía, este esta en uso y no me refiero a que funciona si no a que se usa, no es tan solo un testimonio cultural etnográfico y a las siete de la tarde aparece una señora a hacer su colada con lo que rompe la monotonía de la larga tarde.

Si hago caso a mi barómetro, el tiempo esta mejorando, por que el cielo, por mucho que lo mire, no lo se interpretar y menos por estas tierras.

Pasadas las nueve vuelvo a cenar. De la casa de enfrente al lavadero me traen un sándwich de cordero asado, una banana y un yogur líquido. Me cuesta mucho aceptarlo pero no me veo capaz de rechazar lo que tan amablemente me ofrecen. La chica que me lo trae es un encanto y me deja emocionado, Me cuesta encontrar palabras con lo que agradecer estos gestos, por mucho que miro en los alrededores no encuentro ningún tipo de flor con las que preparar un sencillo y pequeño ramillete, igual mañana se ve mejor.

El cordero esta cortado después de asado y noto la pimienta, ¿el clavo?, y el laurel, jugoso, el pan es uno típico de Mafra, cortado en grandes rebanadas de miga prieta y sabrosa, con una corteza tierna y harinada. Por encima de todo me ha sabido a humanidad.

Echo de menos la lectura en días como hoy y pienso en que tan pronto ponga de nuevo los pies en España me he de procurar algo para leer de nuevo. Ahora me conformo con recordar cosas leídas antes y estando en estas tierras me vienen a la cabeza “Memorial del convento”, “Historia del cerco de Lisboa” entre otras muchas de Saramago. Se que tengo una asignatura pendiente con sus libros y esta es comprender el papel que los perros ocupan en su narrativa, siempre presentes haciendo de contrapunto entre el resto de protagonistas humanos. Debería encontrar un erudito y sesudo doctorado sobre el tema que si no lo hay están desaprovechando un matiz literario de ese autor que seguro tiene miga. Igual están ahí de un modo casual, cosa que dudo.

Me gusta como son sus viejos, como los de Jose Luis Sanpedro, son personajes vivos que viven su historia sin estar en el fin de las mismas o ser tan solo un decorado en la de los demás. Sus viejos se enamoran y/o son amados y en eso viven, que la vida no es otra cosa.

Me molesta el eufemismo de tercera edad, no dignifica la vejez, al contrario, creo que la envilece. Los niños son niños y no personas de primera edad ni los maduros lo son de segunda edad. Los países son ricos o pobres en según que cosas y no hay un primer o tercer mundo, hay riqueza y miseria, estados que funcionan y otros fallidos. Llamar tercer mundo a un país sumido en estos casos es querer jugar con las palabras e huir de las realidades.

Fué el 15 de XII de 1957 cuando Rogerio de Figueroa Regó inauguró este lavadero donde he vivido hoy, se esmero al hacerlo, esta lleno de detalles, desde su orientación para proteger a sus gentes de las calurosas tardes de verano, sus celosías, el bonito adoquinado que lo precede entre cuyas piedras crece la hierba, tiene anejo una casa de aseo, un retrete, pura cortesía para sus usuarias que tienen allí una escoba con la que lo mantienen limpio. Entre otras cosas, la mujer que lavo esta tarde, traía un pantalón de trabajo, del campo, grande y lleno de tierra, de su hombre, su hijo, su padre. La chica que me trajo de cenar se ha pasado la tarde lavando coches, lo hace en los bajos de la casa que habitan y frente a la misma una ya crecida araucaria donde jugaban esta tarde dos grandes perros que ya duermen. Ahora me toca a mi.


No hay comentarios:

Publicar un comentario