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martes, 16 de septiembre de 2014

Viernes 12.09.14 Jornadas lusitanas XVIII. Para las personas que viajamos usando como fuente de energía los vatios que somos capaces de generar por nosotros mismos, caminantes, ciclistas y poco más, tienen las rutas portuguesas dos elementos inestimables. Uno ya lo he mencionado y son las marquesinas de las paradas de autobús, sembradas por las carreteras y a no mucha distancia unas de otras, proporcionan techo, pequeño pero suficiente para dar resguardo del sol o la lluvia, ademas, de entre una a tres paredes, casi de cuatro las he llegado a ver por la zona más al norte y un banco. Como normalmente están enfrentadas a ambos lados de la carretera, muy mal tiene que venir el viento para que una de ellas no te sirva de improvisado refugio cuando llueve.

El otro elemento y de este no he mencionado aún nada son los parques de merienda. Por pequeña que sea la aldea, a las afueras de esta y en una arboleda suelen tener uno de estos dotado con mesas de obra, bancos o sillas, alguna con fuente y otras también con aseo. Ya depende de cada población que se encuentre en mejor o peor estado. Ojo que ya quisiéramos tener por allí los aseos públicos o de los bares en estas condiciones.

He pasado tardes de verano alicantino, murciano y andaluz buscando sombras públicas y desde que cruce a Portugal no les he necesitado habiéndolos. Pero nadie dijo que el mundo fuera perfecto. Los uso, eso sí, para comer en ellos muchos días, ya por las noches, en las cenas, prima el alojamiento y ceno o camino de este si ya lo he encontrado o en el mismo si antes no pude.

Tras mi segunda noche en cama de la que me levanto más tarde que de costumbre, a las siete que hasta las 7:30 no hay donde tomar un café, veo el día algo mas claro, el sol sale tímidamente entre nubes oscuras. Tomando ese café veo por la TV que hoy anuncia también lluvia, de modo que me apresuro a ponerme en marcha. En los primeros kilómetros las piernas no me responden, es un decir, claro que me responden, me gritan que las deje en paz. Están entumecidas. Por suerte una buena parte del camino a Leiria es cuesta abajo y pasada la ciudad, continuando para Figueira da Foz son suaves las cuestas. Una vez entran en calor funcionan algo mejor, pero las siento pesadas.

A unos 17 km pasado Leiria comienza a llover con cierta intensidad y es justo despues de ver por primera vez en estas jornadas lusitanas al tercer tipo de profesional de la carretera que me faltaba, a saber, guardias de tráfico, camioneros y putas. Ruedo en los intervalos en que la lluvia se detiene, pero a buen ritmo y llego a Figueira da Foz con suficiente tiempo para visitarla con una rápida visita al supermercado para reponer provisiones y ocupo la terraza de un bar de playa que cerraba cuando pase camino a mi compras. Hoy hace una semana que llueve y la estampida de las playas fue salvaje después de un verano ya de por si no muy bueno para los que viven de ellos.

Desde que pase por Cabo San Vicente sea por que me pillara apartado de la línea de mar a esas horas o buscando refugio o los días que me metí al interior, el caso es que no había tenido aún ocasión de ver una puesta de sol sobre el océano y hoy en Figueira de Foz la he disfrutado con un increíble cielo de tormenta que no impedía la visión de un sol violento sobre un mar embravecido, muy cabreado.

Al salir de Fátima, por su ladera norte, ya pude ver suelos tapizados de helechos en los bosques, más adelante he visto muchos más y el paisaje se va tornando levemente más norteño con una lenta pero imparable progresión. Con la temperatura sucede lo mismo, estos días lo atribuía a la altura en Fátima, pero al descender sobre el nivel del mar noto igualmente que esto ya no es el sur.

Me sorprende lo rápido que podemos cambiar de hábitos que nos parecían enquistados. Hasta hace tres meses leía cada día un par de ediciones digitales de periódicos nacionales y hojeaba, ya en papel, la prensa local, he de confesar que esta última como divertimento a la caza de anfibologías. De eso pase a ver por encima, y también en papel, las prensas locales cuando crucé Andalucía, aquí en Portugal  lo hago ocasionalmente, pero desde que pisé este país he dejado de estar al tanto de lo que sucede o nos cuentan que sucede en España sin que me importe un comino.

La terraza en la que en he acomodado para pasar la noche está al final de la muralla, en una zona donde terminan las casas bajas y chalets para comenzar los bloques de apartamentos. De uno de estos chalets sale una señora bien arreglada a pasear a su pareja de perros que se me acercan con curiosidad. Ella me mira con desaprobación, molesta de verme sobre la colchoneta sentado mientras escribo. Cierto que voy a dormir en el suelo, ella esta recogiendo ahora mierdas de perro también del suelo. Unos lo usamos por necesidad y ella por que ha decidido criar animalitos excretores. No termino de tener claro quien de ambos hace un uso mas digno del mismo.

Versaba el sermón de la misa que ayer se estaba celebrando cuando llegaron los ciclistas granadinos, misa en castellano, que las hay en muchas lenguas pero dada la proximidad de Fátima a España más la cantidad de países de habla hispana que la tienen como religión principal estas se celebran en la explanada principal y al menos a las 7:15 cada día donde puede ver a muchos mexicanos, venezolanos y panameños estos dos días ademas de españoles, decía del sermón, sobre el amor a quien nos odia, que el amar a quien te ama carece de mérito, decía, sale en la lectura sobre la otra mejilla y todo eso. No he tenido ocasión de conocer cristianos de esa clase y dudo si los hay que sean cuerdos. Tienen una religión que no practican, unos preceptos que no siguen.

No se si tienen conciencia de ello y aún así continúan con el fraude o simplemente prefieren vivir en la ignorancia.

Y no podía dejar de mirar a los sacerdotes, los hay por allí de medio mundo, maduros muchos de ellos, sin preguntarme cuantos de ellos habrán abusado de un niño.

Viendo después a las mujeres, en la cocina por la tarde y ya de noche ofreciendo sopa a los que llegaban a la casa abrigo, me pregunte también como de distinta habría sido una religión, esta misma sin ir más lejos, en manos de ellas. O ¿las habría corrompido el poder sobre sus fieles?, por que también las he visto actuar cuando tienen poder. Mi preescolar, que por entonces se llamaba párvulos, lo hice en las Carmelitas y pude conocer a alguna monja especialmente sádica en el modo en que aplicaba castigos a casi bebes. Creo que por fortuna no he tenido la ocasión de cruzarme por la calle, ya de adulto, con uno de los profesores por los que pasé en el colegio, también religioso, Salesianos en este caso, y que con tanta soltura recurrían a los castigos físicos, realmente no se como habría reaccionado.

Los dos sacerdotes con los que más trato he tenido, uno un tutor en el colegio con el que llegué a congeniar bien y el otro mi padrino, dejaron ambos los hábitos y ambos se casaron.


Por separado, se entiende.

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