Sábado 06.09.14 Jornadas lusitanas XIII. Lisboa. Vas por la acera con la
bici en la mano, en el Barrio Alto de Lisboa, por que subes una
cuesta que ya a pie y empujando la máquina es complicada de subir,
ademas resbala el suelo por que esta lloviendo. Una obra en un
edificio deja la acera intransitable y bajas a la calzada, entonces
como vas muy lento aparece de la nada un tranvía de frente, rápido,
ya no tienes tiempo de hacer mucho mas que apretarla a la acera que
apenas si deja espacio para ti, la bici con los bolardos no puede
subir, pero el tranvía no se detiene decidido a pasar sobre lo que
sea y arrolla la bici, frena con esta pillada entre el tranvía y los
bolardos.
A
partir de aquí se monta el lío. EL conductor grita, yo le grito,
unos paisanos le gritan también, unos turistas británicos me
intentan ayudar a sacar la bici, cosa que no se puede al estar
atrapada y otros dos turistas japoneses nos toman fotos, esto de los
japoneses y las fotos puede parecer un tópico, pero es real.
Anoche
lo de la marquesina fue un acierto ya que se adelantó la lluvia que
se esperaba el domingo, cae poca, pero suficiente como para arruinar
una noche al raso. Se detiene sobre las 5:30 más o menos y decido
moverme por si el día sigue lluvioso. Otro acierto ya que es así y
he de emplear los ratos en que esta se calma para mis
desplazamientos.
No
es que no se pueda rodar con lluvia, se puede si ves, por que las
gafas se me mojan y dejo de ver, ni poco ni mucho, no veo como para
circular con seguridad. Voy pensando en cuantas personas dicen “me
gusta la lluvia” o “... ver llover”, claro, cuando después llegas a casa, tiras la ropa calada a un cesto, te das una ducha y envuelto en albornoz y toallas secas, mullidas y que huelen bien te
tomas un cacao caliente. Así la lluvia es una bendición del cielo y
una gozada.
Viviendo
a la intemperie, no lo es tanto.
Cruzo
Quinta Conde, Coina, Paio Pires y entro en Sixal para tomar el ferry
a Lisboa. Son las 8:10 y no sale hasta las 9 de modo que me tomo
medio de leche con café esperando.
En
Lisboa el embarcadero es a la vez estación de trenes, comienzo a
subir para meterme en el Barrio Alto con la idea de buscar tiendas de
segunda mano por las zonas que me indico Fernanda pero con poca
fortuna. Otra zona que me indicó es de tiendas de lujo, pero antes
de eso tengo que pelear con el conductor del tranvía.
Como
la bici, milagrosamente , no está dañada pero si trabada, el
conductor se niega a mover el tranvía por si al hacerlo termina
rompiendo algo, y la bici así no sale. Con ayuda de los espontáneos
uno de los cuales esta empeñado en llamar a la policía para
denunciar al conductor, la subimos a peso en vertical y de este modo
la liberamos del tranvía y bolardos, con aplausos, más fotos y los
pasajeros del tranvía increpando al conductor que tan pronto se ve
libre para continuar sube de nuevo al tren, lo pone en marcha y se
pira de allí.
A
todo esto el Barrio Alto e deprime, sucio, roto, las casas muy
deterioradas cuando no ruinosas, el suelo es un mosaico de parches
mas puestos de asfaltos mezclados con socabones, trozos hundidos o
hinchados de adoquines, con basura, mucha basura. La lluvia no es que
mejore el panorama desolador que presenta. Llego a la Avenida
Liberdade para no encontrar las tiendas que me dijeron.
Recorro
el centro histórico, zona que conocía de antes y otras por las que
desconocía. Un rato de charla con unos taxistas que esperan
clientela, otro poco con dos turistas británicos, hay muchos, otro
rato más con un poli de paisano al que se le ve el arma, en esa
misma plaza me ofrecen hachís hasta cuatro veces.
No
quiero pasar la noche en la ciudad por lo que en otro descanso que se
toma la lluvia salgo en dirección a Belen. Un poco antes de pasar
bajo el Ponte 25 de Abril se reanuda el diluvio y buscando donde
guarecerme veo un local lleno de bicis con más pinta de desguace que
otra cosa, no está es propietario que anda hasta el día 15 de
vacaciones pero me atiende Marcos, su encargado, allí efectivamente
desguazan bicis y después montan otras al gusto de su clientela, mezclando piezas recicladas y transformadas con otras nuevas, pocas,
que venden. Es un local con aire y estética fixie, con su cafetería,
librería, conozco a Bruno que rebuscando entre los escombros, más o
menos clasificados, se hizo con unas empuñaduras que buscaba para su
montura.
Mientras
el agua cae fuera van llegando alguna gente y se anima, no encuentro
nada de utilidad para mi por que verdaderamente es un cementerio de
bicis y cuando entra algo decente los asiduos, avidamente, lo
devoran. Me dice Marcos que hasta hace pocos días tenían un manillar
de mariposa, cosa que junto a su adecuada potencia mejoraría mi
comodidad y castigaría menos mi espalda herniada. Con todo, el tiempo
que paso allí me arregla una mañana que estaba siendo triste y
termino haciendo cambalache y cambiando unos guantes muy pequeños
que tenia en la mochila y el candado que me dio Paco en Roquetas de
Mar por uno de esos muy sólidos de eslabones forrados en un tubo de
tela y con candado de doble cerrojo. Una notable mejora en la
seguridad.
En
otro rato en que la lluvia se detiene me planto en Belen y paso a
recorrer el Monasterio os Gerónimos, dejando de lado el monumento a
los descubridores así como la Torre de Belen que nunca me gustaron.
En Alges compro provisiones para varios días. Paço de Arcos, Oeiras,
Carcavelos y Parede. Ante la amenaza de lluvia lo que prima esta
noche es estar seco de modo que cuando paso por la carretera sobre
dos pasajes que comunican bajo ella la población con la playa no
tengo dudas.
Después de comprar la comida, al dueño de la cafetería que hay junto al
supermercado le pregunto por tiendas de segunda mano de ropa y
calzado, ya que sigo con sandalias y pantalón corto, me dice que no
le suena en el pueblo pero me mira la cintura, me dice que espere y
sale a su casa que está sobre la cafetería. Me trae unos pantalones
de pana de mi talla y largo que allí mismo en su cafetería me pruebo y dejo puestos, el día es fresco, más con la humedad de la
lluvia. Tomamos juntos un café hablando de mi viaje por el que
muestra mucho interés.
Desde
que deje atrás Lisboa llueve en ocasiones o para, poca cosa, sien
desde el Atlántico se extiende una niebla a rachas sobre la
carretera. Esta niebla hace que la fortaleza que hay sobre el mar en
Carcavelas tenga un carácter casi mágico que no puedo dejar pasar
de largo y a la que le dedico un rato que aprovecho para descansar.
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