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jueves, 11 de septiembre de 2014

Sábado 06.09.14 Jornadas lusitanas XIII. Lisboa. Vas por la acera con la bici en la mano, en el Barrio Alto de Lisboa, por que subes una cuesta que ya a pie y empujando la máquina es complicada de subir, ademas resbala el suelo por que esta lloviendo. Una obra en un edificio deja la acera intransitable y bajas a la calzada, entonces como vas muy lento aparece de la nada un tranvía de frente, rápido, ya no tienes tiempo de hacer mucho mas que apretarla a la acera que apenas si deja espacio para ti, la bici con los bolardos no puede subir, pero el tranvía no se detiene decidido a pasar sobre lo que sea y arrolla la bici, frena con esta pillada entre el tranvía y los bolardos.

A partir de aquí se monta el lío. EL conductor grita, yo le grito, unos paisanos le gritan también, unos turistas británicos me intentan ayudar a sacar la bici, cosa que no se puede al estar atrapada y otros dos turistas japoneses nos toman fotos, esto de los japoneses y las fotos puede parecer un tópico, pero es real.

Anoche lo de la marquesina fue un acierto ya que se adelantó la lluvia que se esperaba el domingo, cae poca, pero suficiente como para arruinar una noche al raso. Se detiene sobre las 5:30 más o menos y decido moverme por si el día sigue lluvioso. Otro acierto ya que es así y he de emplear los ratos en que esta se calma para mis desplazamientos.

No es que no se pueda rodar con lluvia, se puede si ves, por que las gafas se me mojan y dejo de ver, ni poco ni mucho, no veo como para circular con seguridad. Voy pensando en cuantas personas dicen “me gusta la lluvia” o “... ver llover”, claro, cuando después llegas a casa, tiras la ropa calada a un cesto, te das una ducha y envuelto en albornoz y toallas secas, mullidas y que huelen bien te tomas un cacao caliente. Así la lluvia es una bendición del cielo y una gozada.

Viviendo a la intemperie, no lo es tanto.

Cruzo Quinta Conde, Coina, Paio Pires y entro en Sixal para tomar el ferry a Lisboa. Son las 8:10 y no sale hasta las 9 de modo que me tomo medio de leche con café esperando.

En Lisboa el embarcadero es a la vez  estación de trenes, comienzo a subir para meterme en el Barrio Alto con la idea de buscar tiendas de segunda mano por las zonas que me indico Fernanda pero con poca fortuna. Otra zona que me indicó es de tiendas de lujo, pero antes de eso tengo que pelear con el conductor del tranvía.

Como la bici, milagrosamente , no está dañada pero si trabada, el conductor se niega a mover el tranvía por si al hacerlo termina rompiendo algo, y la bici así no sale. Con ayuda de los espontáneos uno de los cuales esta empeñado en llamar a la policía para denunciar al conductor, la subimos a peso en vertical y de este modo la liberamos del tranvía y bolardos, con aplausos, más fotos y los pasajeros del tranvía increpando al conductor que tan pronto se ve libre para continuar sube de nuevo al tren, lo pone en marcha y se pira de allí.

A todo esto el Barrio Alto e deprime, sucio, roto, las casas muy deterioradas cuando no ruinosas, el suelo es un mosaico de parches mas puestos de asfaltos mezclados con socabones, trozos hundidos o hinchados de adoquines, con basura, mucha basura. La lluvia no es que mejore el panorama desolador que presenta. Llego a la Avenida Liberdade para no encontrar las tiendas que me dijeron.

Recorro el centro histórico, zona que conocía de antes y otras por las que desconocía. Un rato de charla con unos taxistas que esperan clientela, otro poco con dos turistas británicos, hay muchos, otro rato más con un poli de paisano al que se le ve el arma, en esa misma plaza me ofrecen hachís hasta cuatro veces.

No quiero pasar la noche en la ciudad por lo que en otro descanso que se toma la lluvia salgo en dirección a Belen. Un poco antes de pasar bajo el Ponte 25 de Abril se reanuda el diluvio y buscando donde guarecerme veo un local lleno de bicis con más pinta de desguace que otra cosa, no está es propietario que anda hasta el día 15 de vacaciones pero me atiende Marcos, su encargado, allí efectivamente desguazan bicis y después montan otras al gusto de su clientela, mezclando piezas recicladas y transformadas con otras nuevas, pocas, que venden. Es un local con aire y estética fixie, con su cafetería, librería, conozco a Bruno que rebuscando entre los escombros, más o menos clasificados, se hizo con unas empuñaduras que buscaba para su montura.

Mientras el agua cae fuera van llegando alguna gente y se anima, no encuentro nada de utilidad para mi por que verdaderamente es un cementerio de bicis y cuando entra algo decente los asiduos, avidamente, lo devoran. Me dice Marcos que hasta hace pocos días tenían un manillar de mariposa, cosa que junto a su adecuada potencia mejoraría mi comodidad y castigaría menos mi espalda herniada. Con todo, el tiempo que paso allí me arregla una mañana que estaba siendo triste y termino haciendo cambalache y cambiando unos guantes muy pequeños que tenia en la mochila y el candado que me dio Paco en Roquetas de Mar por uno de esos muy sólidos de eslabones forrados en un tubo de tela y con candado de doble cerrojo. Una notable mejora en la seguridad.

En otro rato en que la lluvia se detiene me planto en Belen y paso a recorrer el Monasterio os Gerónimos, dejando de lado el monumento a los descubridores así como la Torre de Belen que nunca me gustaron. En Alges compro provisiones para varios días. Paço de Arcos, Oeiras, Carcavelos y Parede. Ante la amenaza de lluvia lo que prima esta noche es estar seco de modo que cuando paso por la carretera sobre dos pasajes que comunican bajo ella la población con la playa no tengo dudas.

Después de comprar la comida, al dueño de la cafetería que hay junto al supermercado le pregunto por tiendas de segunda mano de ropa y calzado, ya que sigo con sandalias y pantalón corto, me dice que no le suena en el pueblo pero me mira la cintura, me dice que espere y sale a su casa que está sobre la cafetería. Me trae unos pantalones de pana de mi talla y largo que allí mismo en su cafetería me pruebo y dejo puestos, el día es fresco, más con la humedad de la lluvia. Tomamos juntos un café hablando de mi viaje por el que muestra mucho interés.

Desde que deje atrás Lisboa llueve en ocasiones o para, poca cosa, sien desde el Atlántico se extiende una niebla a rachas sobre la carretera. Esta niebla hace que la fortaleza que hay sobre el mar en Carcavelas tenga un carácter casi mágico que no puedo dejar pasar de largo y a la que le dedico un rato que aprovecho para descansar.



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