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viernes, 12 de septiembre de 2014

Martes 09.09.14 Jornadas lusitanas XVI. Día agotador. Miro el plano y no he visto que me desplazara apenas, y en cambio siento haber recorrido mucho más, si bien es cierto que un rodeo por aquí, el ir y volver hasta Peniche, la vuelta que he dado a esa casi isla, las cuestas que hoy han sido algunas y todo cuenta...

El Cabo Carvoeiro no tiene túmulo para hacerse fotos, ni tienda en la que te puedan vender un diploma certificando que estuviste allí como sucede en Cabo San Vicente o en Cabo Roca, por eso no esta lleno de coches ni autocares, ellos se lo pierden y yo egoistamente lo gano, por que su belleza supera con mucho los otros dos y esta es aún más placentera sin el tumulto de la gente. Pero tiene la desgracia del segundón, los otros dos son los primeros en algo y este se queda en el casi, de modo que los coleccionistas de lugares lo pasan por alto.

Esta noche ha debido de caer algo de agua, poca pero algo, por como estaba empapado el mundo al despertarme, ahora el tener un techo para guarecerme cada noche ya no es una opción y me complica y mucho cada “alojamiento”, de hecho escribo esto bajo el que me servirá como protección si llueve y no cae del sur, que es raro por aquí. Agua no he tenido en todo el día pero si he pasado por lugares con el asfalto aún húmedo.

Salí temprano en dirección Silveira para desayunar en una gasolinera en cuyo bar si esta permitido fumar, lo indica, hay ceniceros y la gente lo hace, yo fumo de nuevo. Un croasán que sale del horno, humeante, acompaña mi medio de leche con café. La carretera me hace dar un rodeo por Praia de Santa Cruz, A-dos-Cunhados que está en fiestas y por ahí para Lourinha ya por la carretera nacional para ir hasta Peniche, ciudad conservera.

Es, como decía, casi una isla y además su casco antiguo y la península que termina en el faro están intramuros, ¡como me gustan las ciudades amuralladas! Antes de recorrerla voy hacia el faro, en el cabo, viendo los acantilados más hermosos que he visto nunca. Es difícil poner adjetivos a las cosas, fuera de bonito, hermoso, bello, estos se terminan si no quieres caer en las cursiladas o en rebuscadas expresiones de comparación y lo cierto es que me he de repetir si pretendo registrar las cosas que estoy viendo. Y gracias a que lo hago que me sirven de recordatorio ya que son tantas las poblaciones, los lugares, rincones, personas, etc, que voy conociendo que sin este diario las tendría todas mezcladas y confundidas, que no las sensaciones que me van dejando pero si la ubicación y cronología de las mismas.

Estos acantilados son unas formaciones rocosas increíbles que la erosión a torturado logrando lo que solo la naturaleza, aunando montones de siglos de lento trabajo o el cataclismo de sus episodios más violentos, es capaz de hacer. Tomo mi comida en medio de ese paraje, con las islas de enfrente y sus faros que también los tienen, con apenas algún coche ocasional y tan solo la presencia de un par de pescadores a lo lejos. Paz.

En el regreso repito parte del recorrido que seguí al llegar, más adelante tomo el desvío que me deja en Obidor, otra bonita población con su muralla. Lo que en un tiempo fueron elementos de defensa ahora lo son artísticos, por desgracia vivimos una época en la que el legado de un Sistema de Defensa Estratégica dudo que se pueda convertir con el paso de los siglos en algo artístico y elemento de disfrute de generaciones venideras. Pero es en el camino de Obidos a Caldas da Rainha donde veo una curiosa iglesia. Desde fuera su nave es circular o lo parece, siendo realmente un hexágono, por delante las tres caras están ocupadas por dos torres y la puerta principal en el centro mientras que por detrás solo esta el altar mayor en la cara central. Aparte de esto que ya me resulta llamativo encuentro otro elemento aún mas extraño y es que a diferencia de las demás iglesias que recuerdo, en esta, las torres son más bajas que la nave. Al verla con forme me acercaba pensé que era un palacio de singular arquitectura en vez de un edificio religioso. Ya dentro el hexágono se hace mas evidente así como el avanzado estado de deterioro que muestra y las necesidades de restauración.

En las cuestas a las que me enfrento, y al ir cerca de las costas suelen ser muchas, ya que es aquí donde desembocan los valles y no ruedo por mesetas o llanos, a su dificultad natural y mi nula forma física le añado el comportamiento errático del mando de las marchas que no es sincronizado. Esto me hace ir buscando con tiento la archa que deseo y eso no sucede cuando tu decides, que en ocasiones se retrasan o cambian dos de golpe, eso en medio de un esfuerzo donde requieres el alivio que el poner un piñón mas grande te proporciona. El tema del desviador de los platos lo dejamos para otro día, que también tiene si guasa, se puede subir plato, si, pero no sin romperte un dedo, bajar ya es otra cosa y eso lo hace mucho menos urgente que el tema de los piñones. Ya me comento Paco cuando me dio la bici ese detalle que debía cambiar cuando pudiera y hasta la fecha lo he ido sobrellevando mal que bien, pero ahora son cada vez más las cuestas y las hago sobre la bici cosa que en aquellos momentos no siempre sucedía. El caso es que voy mirando por donde paso y veo tiendas si tienen en ellas algún mando de cambio de marcha de 7 velocidades y a que precios. Aquí en Calda lo intento pero no encuentro, tienen donde entro de 3 y de 9 velocidades.

Llega de nuevo la hora de buscar acomodo y salgo en dirección a Alcobaça con esa intención, en las naves de la carretera, un concesionario de Seat al que le fue mal las ventas está abandonado y en un lateral tiene los accesos a los talleres apartados de la vista y bajo unos generosos voladizos. Allí monto mi tenderete de cada día, ceno algo más tarde que de costumbre y a dormir escuchando los balidos del mis vecinas en una granja que tengo atrás.


jueves, 11 de septiembre de 2014

Lunes 08.09.14 Jornadas lusitanas XV. Peniche. Poco he avanzado hoy en cuanto a recorrido y poco he visto. Recorro de nuevo Sintra para desayunar y por que me apetece verla de nuevo. Al llegar a Ericeria intento frustrado de acceso a la red y visito el pueblo.

Anoche sobre las doce pasadas diluvio pero me encontraba tan ricamente a resguardo en el pabellón de hockey, bajo sus escaleras, que casi he disfrutado con la lluvia, me desperté de nuevo sobre las cuatro y pico y ya había dejado de caer agua.

Amaneció con el cielo cubierto y lo poco que he rodado ha sido con el cielo así, con la vista barriendo siempre el entorno en la búsqueda de cubiertas, voladizos, marquesinas, cosas de esas, hasta llegar a un cruce próximo a Silveira donde he visto un lavadero cubierto. Esto supone varias cosas, lavar ropa, que esta se pueda secar a pesar de que llueva y un techo si la cosa se complica. Por otro lado y teniendo en cuenta la hora también supone un montón de tiempo sin otra actividad que ver pasar los coches y motos, las motos, ahora voy con ellas, mientras la ropa mal escurrida y con un día asi de húmedo necesitara de varias eternidades para su secado contando con que el sol hoy aún no me ha saludado ni creo que piense hacerlo.

Las motos decíaAquí no se tira una moto, ni un casco tampoco. Marcas las que quieras, muchas ya inexistentes y modelos del año que quieras, transformadas, torturadas, tuneadas, híbridos entre motocicletas y lo que se te ocurra, se les añade un carenado o un parabrisas de otra máquina sin que prevalezca otro criterio que el de la funcionalidad. Es un espectáculo verlas rodar y sus pilotos ataviados con proto – cascos, los orígenes del casco, el abuelo de todos los cascos, si sirve no se tira y por supuesto se usa. Ole al sentido común. Es en estas ocasiones cuando se echa en falta una cámara con la que se podría reunir una bonita colección de máquinas imposibles. La otra ocasión en la que me hubiera gustado disponer de ella fue un momento en Faro, en un mismo plano tenia barco, avión y tren en simpática armonía, el tren parado en la estación mientras la gente cruzaba la vía para tomar su barco a 20 metros escasos mientras un avión en vuelo ya muy bajo, descendía para tomar tierra, pero muy muy bajo el avión. Y todo en un mismo plano, me llamó mucho la atención.

La costa que he recorrido hoy forma parte del World Surfing Reserve, con siete playas, las fechas se dejan notar, pero ademas está la falta de olas, si bien los pocos surfistas que aún quedan por aquí, en vez de dejarse ver en los pueblos, seguían en el agua haciendo... ni idea. Se metían con sus tablas para salir de nuevo después, ni una puñetera ola, pero ellos, insistentes, agotan sus últimos días de playa.

La tarde de un aburrimiento total, pasé por una mercería esta mañana y estuve tentado en comprar aguja e hilo pero el demonio se me cruzo, habría cosido cosas que van necesitando un repaso, una costura del saco que mantengo con esparadrapo, otra de un guante que amenaza con romper...

Las vistas desde el lavadero tampoco son como para extasiarse, las afueras de una pequeña aldea carente de encanto. Ya desde Sines los campos se ven verdes de pasto, que hasta allí nada de nada. Ahora todo reverdece aún más con estos días de lluvia. Sintra es otra cosa, siempre se la ve verde y umbrosa, me decía el conserje ayer, que llueve cuando en los alrededores no cae una gota, teniendo un clima propio, más húmedo y fresco.

A diferencia de otros lavaderos que conocía, este esta en uso y no me refiero a que funciona si no a que se usa, no es tan solo un testimonio cultural etnográfico y a las siete de la tarde aparece una señora a hacer su colada con lo que rompe la monotonía de la larga tarde.

Si hago caso a mi barómetro, el tiempo esta mejorando, por que el cielo, por mucho que lo mire, no lo se interpretar y menos por estas tierras.

Pasadas las nueve vuelvo a cenar. De la casa de enfrente al lavadero me traen un sándwich de cordero asado, una banana y un yogur líquido. Me cuesta mucho aceptarlo pero no me veo capaz de rechazar lo que tan amablemente me ofrecen. La chica que me lo trae es un encanto y me deja emocionado, Me cuesta encontrar palabras con lo que agradecer estos gestos, por mucho que miro en los alrededores no encuentro ningún tipo de flor con las que preparar un sencillo y pequeño ramillete, igual mañana se ve mejor.

El cordero esta cortado después de asado y noto la pimienta, ¿el clavo?, y el laurel, jugoso, el pan es uno típico de Mafra, cortado en grandes rebanadas de miga prieta y sabrosa, con una corteza tierna y harinada. Por encima de todo me ha sabido a humanidad.

Echo de menos la lectura en días como hoy y pienso en que tan pronto ponga de nuevo los pies en España me he de procurar algo para leer de nuevo. Ahora me conformo con recordar cosas leídas antes y estando en estas tierras me vienen a la cabeza “Memorial del convento”, “Historia del cerco de Lisboa” entre otras muchas de Saramago. Se que tengo una asignatura pendiente con sus libros y esta es comprender el papel que los perros ocupan en su narrativa, siempre presentes haciendo de contrapunto entre el resto de protagonistas humanos. Debería encontrar un erudito y sesudo doctorado sobre el tema que si no lo hay están desaprovechando un matiz literario de ese autor que seguro tiene miga. Igual están ahí de un modo casual, cosa que dudo.

Me gusta como son sus viejos, como los de Jose Luis Sanpedro, son personajes vivos que viven su historia sin estar en el fin de las mismas o ser tan solo un decorado en la de los demás. Sus viejos se enamoran y/o son amados y en eso viven, que la vida no es otra cosa.

Me molesta el eufemismo de tercera edad, no dignifica la vejez, al contrario, creo que la envilece. Los niños son niños y no personas de primera edad ni los maduros lo son de segunda edad. Los países son ricos o pobres en según que cosas y no hay un primer o tercer mundo, hay riqueza y miseria, estados que funcionan y otros fallidos. Llamar tercer mundo a un país sumido en estos casos es querer jugar con las palabras e huir de las realidades.

Fué el 15 de XII de 1957 cuando Rogerio de Figueroa Regó inauguró este lavadero donde he vivido hoy, se esmero al hacerlo, esta lleno de detalles, desde su orientación para proteger a sus gentes de las calurosas tardes de verano, sus celosías, el bonito adoquinado que lo precede entre cuyas piedras crece la hierba, tiene anejo una casa de aseo, un retrete, pura cortesía para sus usuarias que tienen allí una escoba con la que lo mantienen limpio. Entre otras cosas, la mujer que lavo esta tarde, traía un pantalón de trabajo, del campo, grande y lleno de tierra, de su hombre, su hijo, su padre. La chica que me trajo de cenar se ha pasado la tarde lavando coches, lo hace en los bajos de la casa que habitan y frente a la misma una ya crecida araucaria donde jugaban esta tarde dos grandes perros que ya duermen. Ahora me toca a mi.


Domingo 07.09.14 Jornadas lusitanas XIV. Y llovió por la noche como se preveía. Amanece con pocas nubes, el día luminoso y fresco. Las primeras horas del domingo las empleo en recorrer Estoril y Cascais, preciosas y un gustazo a estas horas sin apenas gente ni tránsito. Ya en el parque que hay dejando atrás la ciudad y subiendo por la costa la cosa cambia, esté frecuentado por gran cantidad de público que decide pasar allí la mañana dominical.

Los ciclistas que no veía por Algarve y poco por Alentejo, ahora los veo a cientos y también se les ve con otro tipo de actitud más social, con los vehículos a motor otro tanto, no se si más relajados, más civilizados, yo más acostumbrado a sus distancias e insolencias o es la suma de todo ello.

CABO DA ROCA

AQUI...
ONDE A TERRA SE ACABA
E O MAR COMENçA...
(CAMOES)

PONTO MAIS OCIDENTAL DO
CONTINENTE EUROPEU

LATITUDE 38º 47 NORTE
LONGITUDE 9º 30 OESTE
ALTITUDE 140 m ECIMA DO
NIVEL MEDIO DAS AGUAS

En el Cabo de Roca se termina el occidente continental, tiene un bonito faro que todos ignoran para ir a hacerse una foto en el túmulo con la placa, en busca de la prueba gráfica, lamentable. Alguno ha de descubrir años después mirando sus viejas fotos que han estado en algunos lugares y hecho cosas. Mucho japones, hay varios autocares con excursiones e ellos. Hablando con uno, me dice que a continuación irán a Sevilla, Córdoba y Granada.

Llevaba más de 10 días detrás de un “casaco”, una prenda de recia lana típica del país, en diversas calidades con el punto más o menos apretado, hay unos cuantos modelos, pocos y menos colores donde elegir. Es abrigada. De precios varía mucho según la zona donde la vendan ya que todas ellas van con el mismo etiquetado y son las mismas prendas. Las he visto desde los 30 € de Cabo San Vicente, 45 € en Vila Nova de Milfontes 60 ó 65 € en Cabo de Roca, siguiendo la máxima de que un artículo vale lo que el cliente está dispuesto a pagar y no son la misma clientela los surfistas de Sagres que los japoneses que hoy pasean de Lisboa a Sintra pasándolos por Cabo de Roca.

De modo que cuando hoy he visto en una zona del parque de Cascais varios de estos puestos juntos, con lo que se les supone mayor competencia para poder vender, he buscado con tranquilidad el modelo que me interesa, sin comparar precios, uno oscuro por el tema de las manchas, con el punto bien prieto, mas calor retiene, sin cremallera, que estas se rompen, el cuello que pudiera ser cerrado hasta bien alto y por supuesto de mi talla.. Segundo punto, hacerle caso a Fernanda en el tema del regateo. El casaco marcaba 45 €, le he dicho a la dueña en un aparte, “mira yo no soy turista, viajo, si, pero no soy turista y no pienso pagar precios de turista, si quieres 20 € por ella me la quedo, si no ya la encontraré mas adelante en otro sitio”. Me los ha tomado, envuelto el casaco y tema solucionado. El siguiente punto es el calzado.

Sintra. De todo lo que conozco en Portugal es para mi el lugar mas bello con diferencia, esos árboles centenarios en sus quintas, sus calles sombrías me transmiten frescor. Su serena nobleza golpea mi soledad ¡que no daría por poder compartir estos momentos! Me ponen nostálgico y escribo una carta para al menos compartir si no la presencia si algunas palabras.

Agustinho me habla de los dos años que pasó en Angola y de como lo trajeron medio muerto. Trabaja de conserje en un estadio de hockey donde he pasado la noche. Saco el plano y veo con él posibles rutas para el norte. Me convence de ir a Fátima, es no es creyente, pero dice que cuando la visita se siente bien.

Además de las bonitas poblaciones vistas, hoy he recorrido un trayecto de asfalto más más que hermoso, desde Cabo Roca a Sintra, por Colares, cruzando el Paisagen Protegida de Sintra – Cascais.

Ah,

casi olvido anotar un control de la GNR de transito que he visto en Malveira da Serra. Ya tendría que estar acostumbrado a las excentricidades de los militares – policías, que aunque los nuestros ahora van vestidos de barrenderos aún conservan el tocado de charol para las grandes ocasiones, a estos de aquí los he visto descender de automóviles de patrulla con pantalones y botas de montar a caballo que supongo han de ser unas prendas comodísimas para multar, pero ¿un oficial con espuelas? ¿en coche?


Sábado 06.09.14 Jornadas lusitanas XIII. Lisboa. Vas por la acera con la bici en la mano, en el Barrio Alto de Lisboa, por que subes una cuesta que ya a pie y empujando la máquina es complicada de subir, ademas resbala el suelo por que esta lloviendo. Una obra en un edificio deja la acera intransitable y bajas a la calzada, entonces como vas muy lento aparece de la nada un tranvía de frente, rápido, ya no tienes tiempo de hacer mucho mas que apretarla a la acera que apenas si deja espacio para ti, la bici con los bolardos no puede subir, pero el tranvía no se detiene decidido a pasar sobre lo que sea y arrolla la bici, frena con esta pillada entre el tranvía y los bolardos.

A partir de aquí se monta el lío. EL conductor grita, yo le grito, unos paisanos le gritan también, unos turistas británicos me intentan ayudar a sacar la bici, cosa que no se puede al estar atrapada y otros dos turistas japoneses nos toman fotos, esto de los japoneses y las fotos puede parecer un tópico, pero es real.

Anoche lo de la marquesina fue un acierto ya que se adelantó la lluvia que se esperaba el domingo, cae poca, pero suficiente como para arruinar una noche al raso. Se detiene sobre las 5:30 más o menos y decido moverme por si el día sigue lluvioso. Otro acierto ya que es así y he de emplear los ratos en que esta se calma para mis desplazamientos.

No es que no se pueda rodar con lluvia, se puede si ves, por que las gafas se me mojan y dejo de ver, ni poco ni mucho, no veo como para circular con seguridad. Voy pensando en cuantas personas dicen “me gusta la lluvia” o “... ver llover”, claro, cuando después llegas a casa, tiras la ropa calada a un cesto, te das una ducha y envuelto en albornoz y toallas secas, mullidas y que huelen bien te tomas un cacao caliente. Así la lluvia es una bendición del cielo y una gozada.

Viviendo a la intemperie, no lo es tanto.

Cruzo Quinta Conde, Coina, Paio Pires y entro en Sixal para tomar el ferry a Lisboa. Son las 8:10 y no sale hasta las 9 de modo que me tomo medio de leche con café esperando.

En Lisboa el embarcadero es a la vez  estación de trenes, comienzo a subir para meterme en el Barrio Alto con la idea de buscar tiendas de segunda mano por las zonas que me indico Fernanda pero con poca fortuna. Otra zona que me indicó es de tiendas de lujo, pero antes de eso tengo que pelear con el conductor del tranvía.

Como la bici, milagrosamente , no está dañada pero si trabada, el conductor se niega a mover el tranvía por si al hacerlo termina rompiendo algo, y la bici así no sale. Con ayuda de los espontáneos uno de los cuales esta empeñado en llamar a la policía para denunciar al conductor, la subimos a peso en vertical y de este modo la liberamos del tranvía y bolardos, con aplausos, más fotos y los pasajeros del tranvía increpando al conductor que tan pronto se ve libre para continuar sube de nuevo al tren, lo pone en marcha y se pira de allí.

A todo esto el Barrio Alto e deprime, sucio, roto, las casas muy deterioradas cuando no ruinosas, el suelo es un mosaico de parches mas puestos de asfaltos mezclados con socabones, trozos hundidos o hinchados de adoquines, con basura, mucha basura. La lluvia no es que mejore el panorama desolador que presenta. Llego a la Avenida Liberdade para no encontrar las tiendas que me dijeron.

Recorro el centro histórico, zona que conocía de antes y otras por las que desconocía. Un rato de charla con unos taxistas que esperan clientela, otro poco con dos turistas británicos, hay muchos, otro rato más con un poli de paisano al que se le ve el arma, en esa misma plaza me ofrecen hachís hasta cuatro veces.

No quiero pasar la noche en la ciudad por lo que en otro descanso que se toma la lluvia salgo en dirección a Belen. Un poco antes de pasar bajo el Ponte 25 de Abril se reanuda el diluvio y buscando donde guarecerme veo un local lleno de bicis con más pinta de desguace que otra cosa, no está es propietario que anda hasta el día 15 de vacaciones pero me atiende Marcos, su encargado, allí efectivamente desguazan bicis y después montan otras al gusto de su clientela, mezclando piezas recicladas y transformadas con otras nuevas, pocas, que venden. Es un local con aire y estética fixie, con su cafetería, librería, conozco a Bruno que rebuscando entre los escombros, más o menos clasificados, se hizo con unas empuñaduras que buscaba para su montura.

Mientras el agua cae fuera van llegando alguna gente y se anima, no encuentro nada de utilidad para mi por que verdaderamente es un cementerio de bicis y cuando entra algo decente los asiduos, avidamente, lo devoran. Me dice Marcos que hasta hace pocos días tenían un manillar de mariposa, cosa que junto a su adecuada potencia mejoraría mi comodidad y castigaría menos mi espalda herniada. Con todo, el tiempo que paso allí me arregla una mañana que estaba siendo triste y termino haciendo cambalache y cambiando unos guantes muy pequeños que tenia en la mochila y el candado que me dio Paco en Roquetas de Mar por uno de esos muy sólidos de eslabones forrados en un tubo de tela y con candado de doble cerrojo. Una notable mejora en la seguridad.

En otro rato en que la lluvia se detiene me planto en Belen y paso a recorrer el Monasterio os Gerónimos, dejando de lado el monumento a los descubridores así como la Torre de Belen que nunca me gustaron. En Alges compro provisiones para varios días. Paço de Arcos, Oeiras, Carcavelos y Parede. Ante la amenaza de lluvia lo que prima esta noche es estar seco de modo que cuando paso por la carretera sobre dos pasajes que comunican bajo ella la población con la playa no tengo dudas.

Después de comprar la comida, al dueño de la cafetería que hay junto al supermercado le pregunto por tiendas de segunda mano de ropa y calzado, ya que sigo con sandalias y pantalón corto, me dice que no le suena en el pueblo pero me mira la cintura, me dice que espere y sale a su casa que está sobre la cafetería. Me trae unos pantalones de pana de mi talla y largo que allí mismo en su cafetería me pruebo y dejo puestos, el día es fresco, más con la humedad de la lluvia. Tomamos juntos un café hablando de mi viaje por el que muestra mucho interés.

Desde que deje atrás Lisboa llueve en ocasiones o para, poca cosa, sien desde el Atlántico se extiende una niebla a rachas sobre la carretera. Esta niebla hace que la fortaleza que hay sobre el mar en Carcavelas tenga un carácter casi mágico que no puedo dejar pasar de largo y a la que le dedico un rato que aprovecho para descansar.



Viernes 05.09.14 Jornadas lusitanas XII. Hoy he sentido esa sensación de decadencia que te contagian muchos lugares de veraneo cuando este llega a su fin, ha sido en Lagos de Santo André. Cierto que he llegado temprano aún, pero al ver los locales cerrados, las calles vacías, el aparcamiento igual, la temperatura, todas las cosas a la vez, y que conste que me encanta esa sensación de verano liquidado, la playa sin calor y desierta.

Tengo ganas de rodar, intensas como no hacia en tiempo, de modo que me pongo en faena, Melides, donde me tomo la taza de café con leche más grande que recuerdo en mi vida, descomunal, de allí a Comporta pasando por una cárcel, institución penitenciaria o como sea que la llamen, alfo de eso es. El paisaje apenas varía desde que entré en Alentejo, colinas con bosques de pinos, alcornoques y eucaliptos lo que junto a los arbustos que no identifico le confieren un aroma balsámico que la cercanía del mar termina de crear. Muy grato. Solo cambia el suelo que es rojo o es de arena y el ritmo en que se suceden los cambios de nivel que antes eran más continuos.

Todo esto cambia en Comporta con campos inundados de arrozales y desde allí a Troia por un largo y estrecho camino que tiene a un lado el mar y al otro la bahía de Setubal. Al final del camino, urbanizaciones, resort, una marina, etc, me desvío antes de terminar la carretera para tomar el ferry a Setubal donde paso la tarde. Saliendo de la ciudad con tiempo para buscar donde dormir o eso creía, dirección a Azeitao, pero encuentro vallados ambos lados de la carretera en los casi 12 kilómetros que la separan de Setubal y termino en el pueblo casi anocheciendo. Tarde como es y complicado ya de moverme de aquí por la escasa luz y comenzando justo hoy las fiestas patronales en honor a Nossa Senhora da Saude decido al menos ir a verlas. En un puesto de comidas tomo una “sopa da pedra”, poco caldo y muchas cosas, patatas, alubias rojas, chorizo, carne de cerdo, etc, esta caliente y me sienta bien.

Ahora que he puesto “cerdo”, desayunando esta mañana en aldea de Brescas, un niño saco a pasear a su cerdita, una de esas negras vietnamitas, una cochina monísima y hacia la que las señoras con las que compartía el local se han desecho en atenciones.

Y de tomar esa sopa entre las otras que tienen me convence Fernanda, que la esta terminando de guisar por lo que he de esperar un poco. Ella es prima del que lleva el puesto, que el de ella es de bolsos que fabrica. Tras la sopa y sentado con ella en su puesto veo desfilar a la banda de música. Me da el parte del tiempo de aquí, me dice que el resto de septiembre será caluroso pero que el domingo se espera temporal de lluvia y que no sabe cuanto durará. Y por fin tengo un plano de todo Portugal que ella me trae desde su coche y me regala.

La actuación que comienza tras retirarse la banda no promete ser nada que me guste y tras el primer tema salgo a buscar una marquesina de las que hay en todas las paradas de autobus si bien camino desde Vila Fresca de Azeitao a Vila Noqueira de Azeitao para encontrar la más discreta y con menor transito de vehículos.


miércoles, 10 de septiembre de 2014

Jueves 04.09.14 Jornadas lusitanas XI. Esta noche me han pasado dos cosas, una fácil de explicar y la otra no tanto. Comenzamos con lo fácil. Una niebla espesa me ha tragado y con la niebla, claro, la humedad de costumbre y no por ello menos odiosa. Ahora a por lo otro. La diferencia horaria hace que me anochezca muy pronto y como también madrugo más y por las noches no tengo nada que hacer me acuesto muy temprano e intento dormir. Con esto además si sucede después algo durante la noche o madrugada, pues eso que lleva ya mi cuerpo descansado.

El caso es que me puse a dormir cerca de un camino de tierra que conduce a un alojamiento rural, si bien me parecía inusualmente alto el transito tampoco le di mayor importancia, antes había pasado por uno grande, bien dotado de instalaciones y con picadero propio cerca. Sobre las 10:30 veo unas luces intermitentes que alumbran un alcornoque inmenso frente a donde estoy, con voces de jóvenes que parecen festivas, tampoco les presto mayor atención y me duermo. Al momento me despiertan, ocho linternas deslumbrandome y diciéndome algo de vino y cerveza. Como ya me sucedió en Mojacar que me despertaron para ofrecerme algo de beber no les doy más importancia , les digo que no y vuelvo el cuerpo para seguir durmiendo cuando uno de ellos y en español me insiste, que si he visto a alguien pasar a pie por allí y que cuanto tiempo llevo. Me levanto de la colchoneta, enciendo mi linterna molesto con todos los haces que me iluminan y alucino. Son ocho tipos de la GNR, versión portuguesa de la guardia civil, como también la tienen franceses e italianos, unos militares que son policías de civiles.

Que no he visto pasar a nadie a pie. Que llevo como unas tres horas allí. Sigue en castellano, se disculpa, repito, SE DISCULPA, “disculpe usted” me dice y que siga. Ellos se despliegan en grupos de dos o así que yo me quedo sentado en la colchoneta con los ojos como platos viendo los haces de las linternas y escuchando sus voces. Por lo que dicen y la excitación de estos que se les escucha hablar a la vez a todos e ir hacia un mismo punto, me tienen en vilo. Voces satisfechas, La caza ha concluido y les veo pasar ante mi, atónito, con el individuo que buscaban colgado de pies y manos mientras cuatro de ellos lo portan de ese modo, se les escucha en un tono festivo de nuevo, se montan en sus coches y le largan de allí, ahora a intentar conciliar el sueño tras haber tenido esta actuación.

La niebla que apareció esta madrugada la he tenido hasta bien entrada la mañana. En un par de momentos he desmontado por que a la escasa visibilidad que esta me permite le tenia que sumar la humedad que empaña mis gafas impidiéndome ver nada. Paro a desayunar y al entrar a asearme puedo ver mi barba empapada.

En Vila Nova de Milfontes poco puedo ver, la niebla continua y en el puerto que da al río, junto al castillo, disfruto de un fenómeno curioso, junto al muelle el agua es transparente y me permite ver el fondo pero no ver apenas en ninguna otra dirección fuera del agua, así contado no ayuda a dar una idea fiel del bonito efecto.

Me recomiendan ir a Sines por el camino de Porto Covo, población que visito y donde como. Allí más autocaravanas y al menos cuento a cinco cicloturistas comiendo en sus terrazas.

Sines me deja indiferente, repongo provisiones, visito una tienda que liquidan ropa de trabajo a buenos precios sin encontrar en mi talla el pantalón que e gusta y que puedo pagar. Tengo idea de visitar en Setubal alguna tienda de ropa de segunda mano por disponer de algo que no sea manga y pantalón corto.


Vila Nova de Santo André y a escasos dos kilómetros pasados tomo un sendero al bosque, monto las cosas de dormir y al momento anochece. El día parece que no quiere dejar de darme sorpresas, una voz muy enfadada y unos golpes fuertes, no me grita a mi, no le grita a nadie, grita sin más, insultando, mientras coge ramas gruesas y con ellas golpea los troncos de los altos pinos, hasta romper la rama para empezar de nuevo con otra. Este hombre está muy enfadado, al estar oscuro el no me ve aún pero no tardará en hacerlo y prefiero ser yo quien le avise de mi presencia por ver su reacción a distancia, por lo que le llamo a voces que pretenden ser amables, pero sin ningún resultado, esta muy concentrado en descargar su ira sobre los árboles. Al fin, tras varios intentos logro que me vea, se dirige a mi y en tono amigable charlamos de carreteras, cruces y posibles variantes a mi ruta, todo en español ya que vivió en Huelva unos años. Me da indicaciones y buenos consejos sin mencionar, supongo que avergonzado, su actitud de antes, me desea buen viaje, se marcha y yo a dormir, que han sido muchas cosas para hoy.
Miércoles 03.09.14 Jornadas lusitanas X. Sao Teotónio. El cuerpo es frágil y sus necesidades muchas, es suficiente con pasar el límite de la sed, y deja de funcionar como debe, un poco de agua, la suficiente y regresa a su funcionamiento normal, igual con los alimentos, reposo. Ante cualquiera de estas carencias como de otras que nos pueden pasar desapercibidas el mundo se viene abajo, unos pocos grados de temperatura corporal lo cambian todo.

Tras un día para reponerme el mundo, la vida, todo, se ve de otro modo. Las nubes que se perciben un día como amenazas al siguiente decoran un precioso cielo, el bosque que te engulle en ocasiones se transforma de golpe en un paisaje bello y acogedor.

Hoy he vuelto a cambiar la disposición de mis cosas en bultos y alforjas siguiendo un nuevo criterio, ahora las cosas mas importantes están a resguardo de la lluvia y humedad dejando expuesto lo secundario si bien eso es delicado ya que cuando se viaja en bici pocas cosas secundarias van contigo ante las restricciones que marcan peso y espacio. Falta por solucionar lo de bajar el peo delantero y digo bajar que no reducir ya que lo que pretendo es que baje el centro de gravedad del mismo. Todo a su tiempo.

Desayuno en el camping y me aseo a placer, ducha incluida, una grata noche de reparador descanso. Hasta Sao Teutónio son casi todo subidas por lo que las hago a pie por el temor de dañar más lo que no esta ahora bien. Allí busco y encuentro tras preguntar un par de veces por el taller que me indicó Moé, cosa complicada por que el taller no es solo de bicis, ni la tienda ya que venden y reparan motocicletas, motores marinos, herramientas agrícolas, minicoches, lo que sea.

Por el camino me he detenido a comer comprando antes tras negociar su precio una bolsa de higos 0,40 €. Me toca esperar ya que el taller esta cerrado en el descanso de medio día. Esta carretera a Sao Teotónio discurre por el bosque entre luces y claros de sol que se cuelan por las coníferas, alcornoques y algún grupo de eucaliptos con frutales en las granjas por las que voy pasando, membrillos repletos de fruta, algún manzano, higueras, vides, nísperos y creo que aguacates entre otros. Los alcornoques en diversos grados de striptease.

Mi ignorancia en temas mecánicos y no mecánicos me lleva a dramáticas cavilaciones. El problema resulta ser la cadena, que con tanto día de humedad, muchos salada por el mar y marismas, la travesía de la playa de Doñana donde rodé por agua salada, etc, le ha sentado como un tiro y era toda ella una masa de óxido, 5 € lo solucionan, mano de obra incluida.


Mi ignorancia como decía y el estado demencial de ánimo donde todo se me vino encima. Salgo para Odemira rodando por idéntico paisaje, precioso por cierto, con alegres pedaleadas y subiendo pendientes con mucho menos esfuerzo y sin espantar la vida salvaje que los habita con el escándalo que producía mi chirriante cadena. Bonita población a la que en parte el río le da su gracia, pero además, sin apenas conocerla, me llama la atención pequeños talleres de artesanos, gente joven además, emprendiendo o retomando oficios familiares. Una chica polaca que lleva en Portugal 4 meses tiene montado un taller textil, con sus preciosos telares de madera, tradicionales, donde confecciona primero sus telas y después con estas sus creaciones. El pueblo esta engalanado con banderas de colores, cada bandera de un único color, pero muchas de ellas, las fiestas son próximas. De Odemira a San Luis al que apenas le dedico unos minutos, que es rápida de ver y salgo para buscar donde dormir.