Jueves
04.09.14 Jornadas lusitanas XI. Esta noche me han pasado dos cosas,
una fácil de explicar y la otra no tanto. Comenzamos con lo fácil.
Una niebla espesa me ha tragado y con la niebla, claro, la humedad de
costumbre y no por ello menos odiosa. Ahora a por lo otro. La
diferencia horaria hace que me anochezca muy pronto y como también madrugo más y por las noches no tengo nada que hacer me acuesto muy
temprano e intento dormir. Con esto además si sucede después algo
durante la noche o madrugada, pues eso que lleva ya mi cuerpo
descansado.
El
caso es que me puse a dormir cerca de un camino de tierra que conduce
a un alojamiento rural, si bien me parecía inusualmente alto el
transito tampoco le di mayor importancia, antes había pasado por uno
grande, bien dotado de instalaciones y con picadero propio cerca.
Sobre las 10:30 veo unas luces intermitentes que alumbran un
alcornoque inmenso frente a donde estoy, con voces de jóvenes que
parecen festivas, tampoco les presto mayor atención y me duermo. Al
momento me despiertan, ocho linternas deslumbrandome y diciéndome algo de vino y cerveza. Como ya me sucedió en Mojacar que me
despertaron para ofrecerme algo de beber no les doy más importancia
, les digo que no y vuelvo el cuerpo para seguir durmiendo cuando uno
de ellos y en español me insiste, que si he visto a alguien pasar a
pie por allí y que cuanto tiempo llevo. Me levanto de la colchoneta,
enciendo mi linterna molesto con todos los haces que me iluminan y
alucino. Son ocho tipos de la GNR, versión portuguesa de la guardia
civil, como también la tienen franceses e italianos, unos militares
que son policías de civiles.
Que
no he visto pasar a nadie a pie. Que llevo como unas tres horas allí.
Sigue en castellano, se disculpa, repito, SE DISCULPA, “disculpe
usted” me dice y que siga. Ellos se despliegan en grupos de dos o
así que yo me quedo sentado en la colchoneta con los ojos como
platos viendo los haces de las linternas y escuchando sus voces. Por
lo que dicen y la excitación de estos que se les escucha hablar a la
vez a todos e ir hacia un mismo punto, me tienen en vilo. Voces
satisfechas, La caza ha concluido y les veo pasar ante mi, atónito,
con el individuo que buscaban colgado de pies y manos mientras cuatro
de ellos lo portan de ese modo, se les escucha en un tono festivo de
nuevo, se montan en sus coches y le largan de allí, ahora a intentar
conciliar el sueño tras haber tenido esta actuación.
La
niebla que apareció esta madrugada la he tenido hasta bien entrada la
mañana. En un par de momentos he desmontado por que a la escasa
visibilidad que esta me permite le tenia que sumar la humedad que
empaña mis gafas impidiéndome ver nada. Paro a desayunar y al entrar
a asearme puedo ver mi barba empapada.
En
Vila Nova de Milfontes poco puedo ver, la niebla continua y en el
puerto que da al río, junto al castillo, disfruto de un fenómeno
curioso, junto al muelle el agua es transparente y me permite ver el
fondo pero no ver apenas en ninguna otra dirección fuera del agua,
así contado no ayuda a dar una idea fiel del bonito efecto.
Me
recomiendan ir a Sines por el camino de Porto Covo, población que visito y donde como. Allí más autocaravanas y al menos
cuento a cinco cicloturistas comiendo en sus terrazas.
Sines
me deja indiferente, repongo provisiones, visito una tienda que
liquidan ropa de trabajo a buenos precios sin encontrar en mi talla
el pantalón que e gusta y que puedo pagar. Tengo idea de visitar en
Setubal alguna tienda de ropa de segunda mano por disponer de algo
que no sea manga y pantalón corto.
Vila
Nova de Santo André y a escasos dos kilómetros pasados tomo un
sendero al bosque, monto las cosas de dormir y al momento anochece.
El día parece que no quiere dejar de darme sorpresas, una voz muy
enfadada y unos golpes fuertes, no me grita a mi, no le grita a
nadie, grita sin más, insultando, mientras coge ramas gruesas y con
ellas golpea los troncos de los altos pinos, hasta romper la rama
para empezar de nuevo con otra. Este hombre está muy enfadado, al
estar oscuro el no me ve aún pero no tardará en hacerlo y prefiero
ser yo quien le avise de mi presencia por ver su reacción a
distancia, por lo que le llamo a voces que pretenden ser amables,
pero sin ningún resultado, esta muy concentrado en descargar su ira
sobre los árboles. Al fin, tras varios intentos logro que me vea, se
dirige a mi y en tono amigable charlamos de carreteras, cruces y
posibles variantes a mi ruta, todo en español ya que vivió en Huelva
unos años. Me da indicaciones y buenos consejos sin mencionar,
supongo que avergonzado, su actitud de antes, me desea buen viaje, se
marcha y yo a dormir, que han sido muchas cosas para hoy.
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