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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Miércoles 03.09.14 Jornadas lusitanas X. Sao Teotónio. El cuerpo es frágil y sus necesidades muchas, es suficiente con pasar el límite de la sed, y deja de funcionar como debe, un poco de agua, la suficiente y regresa a su funcionamiento normal, igual con los alimentos, reposo. Ante cualquiera de estas carencias como de otras que nos pueden pasar desapercibidas el mundo se viene abajo, unos pocos grados de temperatura corporal lo cambian todo.

Tras un día para reponerme el mundo, la vida, todo, se ve de otro modo. Las nubes que se perciben un día como amenazas al siguiente decoran un precioso cielo, el bosque que te engulle en ocasiones se transforma de golpe en un paisaje bello y acogedor.

Hoy he vuelto a cambiar la disposición de mis cosas en bultos y alforjas siguiendo un nuevo criterio, ahora las cosas mas importantes están a resguardo de la lluvia y humedad dejando expuesto lo secundario si bien eso es delicado ya que cuando se viaja en bici pocas cosas secundarias van contigo ante las restricciones que marcan peso y espacio. Falta por solucionar lo de bajar el peo delantero y digo bajar que no reducir ya que lo que pretendo es que baje el centro de gravedad del mismo. Todo a su tiempo.

Desayuno en el camping y me aseo a placer, ducha incluida, una grata noche de reparador descanso. Hasta Sao Teutónio son casi todo subidas por lo que las hago a pie por el temor de dañar más lo que no esta ahora bien. Allí busco y encuentro tras preguntar un par de veces por el taller que me indicó Moé, cosa complicada por que el taller no es solo de bicis, ni la tienda ya que venden y reparan motocicletas, motores marinos, herramientas agrícolas, minicoches, lo que sea.

Por el camino me he detenido a comer comprando antes tras negociar su precio una bolsa de higos 0,40 €. Me toca esperar ya que el taller esta cerrado en el descanso de medio día. Esta carretera a Sao Teotónio discurre por el bosque entre luces y claros de sol que se cuelan por las coníferas, alcornoques y algún grupo de eucaliptos con frutales en las granjas por las que voy pasando, membrillos repletos de fruta, algún manzano, higueras, vides, nísperos y creo que aguacates entre otros. Los alcornoques en diversos grados de striptease.

Mi ignorancia en temas mecánicos y no mecánicos me lleva a dramáticas cavilaciones. El problema resulta ser la cadena, que con tanto día de humedad, muchos salada por el mar y marismas, la travesía de la playa de Doñana donde rodé por agua salada, etc, le ha sentado como un tiro y era toda ella una masa de óxido, 5 € lo solucionan, mano de obra incluida.


Mi ignorancia como decía y el estado demencial de ánimo donde todo se me vino encima. Salgo para Odemira rodando por idéntico paisaje, precioso por cierto, con alegres pedaleadas y subiendo pendientes con mucho menos esfuerzo y sin espantar la vida salvaje que los habita con el escándalo que producía mi chirriante cadena. Bonita población a la que en parte el río le da su gracia, pero además, sin apenas conocerla, me llama la atención pequeños talleres de artesanos, gente joven además, emprendiendo o retomando oficios familiares. Una chica polaca que lleva en Portugal 4 meses tiene montado un taller textil, con sus preciosos telares de madera, tradicionales, donde confecciona primero sus telas y después con estas sus creaciones. El pueblo esta engalanado con banderas de colores, cada bandera de un único color, pero muchas de ellas, las fiestas son próximas. De Odemira a San Luis al que apenas le dedico unos minutos, que es rápida de ver y salgo para buscar donde dormir.

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