Miércoles
03.09.14 Jornadas lusitanas X. Sao Teotónio. El cuerpo es frágil y
sus necesidades muchas, es suficiente con pasar el límite de la sed,
y deja de funcionar como debe, un poco de agua, la suficiente
y regresa a su funcionamiento normal, igual con los alimentos,
reposo. Ante cualquiera de estas carencias como de otras que nos
pueden pasar desapercibidas el mundo se viene abajo, unos pocos
grados de temperatura corporal lo cambian todo.
Tras
un día para reponerme el mundo, la vida, todo, se ve de otro modo.
Las nubes que se perciben un día como amenazas al siguiente decoran
un precioso cielo, el bosque que te engulle en ocasiones se
transforma de golpe en un paisaje bello y acogedor.
Hoy
he vuelto a cambiar la disposición de mis cosas en bultos y alforjas
siguiendo un nuevo criterio, ahora las cosas mas importantes están a
resguardo de la lluvia y humedad dejando expuesto lo secundario si
bien eso es delicado ya que cuando se viaja en bici pocas cosas
secundarias van contigo ante las restricciones que marcan peso y
espacio. Falta por solucionar lo de bajar el peo delantero y digo
bajar que no reducir ya que lo que pretendo es que baje el centro de
gravedad del mismo. Todo a su tiempo.
Desayuno
en el camping y me aseo a placer, ducha incluida, una
grata noche de reparador descanso. Hasta Sao Teutónio son casi todo
subidas por lo que las hago a pie por el temor de dañar más lo que
no esta ahora bien. Allí busco y encuentro tras preguntar un par de
veces por el taller que me indicó Moé, cosa complicada por que el
taller no es solo de bicis, ni la tienda ya que venden y reparan
motocicletas, motores marinos, herramientas agrícolas, minicoches,
lo que sea.
Por
el camino me he detenido a comer comprando antes tras negociar su
precio una bolsa de higos 0,40 €. Me toca esperar ya que el taller
esta cerrado en el descanso de medio día. Esta carretera a Sao
Teotónio discurre por el bosque entre luces y claros de sol que se
cuelan por las coníferas, alcornoques y algún grupo de eucaliptos
con frutales en las granjas por las que voy pasando, membrillos
repletos de fruta, algún manzano, higueras, vides, nísperos y creo
que aguacates entre otros. Los alcornoques en diversos grados de
striptease.
Mi
ignorancia en temas mecánicos y no mecánicos me lleva a dramáticas cavilaciones. El problema resulta ser la cadena, que con tanto día
de humedad, muchos salada por el mar y marismas, la travesía de la
playa de Doñana donde rodé por agua salada, etc, le ha sentado como
un tiro y era toda ella una masa de óxido, 5 € lo solucionan, mano
de obra incluida.
Mi
ignorancia como decía y el estado demencial de ánimo donde todo se
me vino encima. Salgo para Odemira rodando por idéntico paisaje,
precioso por cierto, con alegres pedaleadas y subiendo pendientes con
mucho menos esfuerzo y sin espantar la vida salvaje que los habita
con el escándalo que producía mi chirriante cadena. Bonita población
a la que en parte el río le da su gracia, pero además, sin apenas
conocerla, me llama la atención pequeños talleres de artesanos,
gente joven además, emprendiendo o retomando oficios familiares. Una
chica polaca que lleva en Portugal 4 meses tiene montado un taller
textil, con sus preciosos telares de madera, tradicionales, donde
confecciona primero sus telas y después con estas sus creaciones. El
pueblo esta engalanado con banderas de colores, cada bandera de un
único color, pero muchas de ellas, las fiestas son próximas. De
Odemira a San Luis al que apenas le dedico unos minutos, que es
rápida de ver y salgo para buscar donde dormir.
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