Translate

sábado, 13 de diciembre de 2014

Martes 09.12.14 Una decepción, una esperanza, varias alternativas, una perdida, un encuentro.

Decepción. Entrar en un Consulado General de España y salir con un pasaporte sucederá en alguna película o a los deportistas que se naturalizan de un día para otro.El consulado en su interior se asemeja a una casa de empeños de los años 70. Un pequeño vestíbulo separado del resto por un cristal blindado donde me atiende un empleado que para mi sorpresa es italiano. No es que tenga experiencia en tratos diplomáticos ya que yo recuerde esta es mi primera visita a uno de estos lugares. Y me dice el empleado, eso si, en español, primero, ellos carecen de valija, los documentos viajan vía Roma por lo que cualquier trámite que inicie siempre sera más rápido si lo curso desde allí. Segundo, disponen de tan solo dos documentos de expedición para pasaportes provisionales, que eso si lo pueden tramitar ellos, pero... se usan a criterio del jefe y este como es el jefe llega más tarde, siempre puedo esperar y ver el que opina. Opina que mi tema no es urgente, le espero, claro está, y que lo tramiten en Roma donde dependiendo de cuando llegue la valija lo podría tener en poco tiempo o como alternativa obtener un pasaporte provisional que allí al ser embajada disponen de mayor cantidad de los mismos.

Esperanza. Mi intención es llegar a Brindisi desde Roma para una vez allí embarcar a Albania cruzar a Grecia y por esta a Turquía. Si la mala noticia es que sin pasaporte Albania queda fuera de la ecuación, la buena es que me asegura el empleado del consulado que desde el uno de enero de 2015 un acuerdo bilateral me permite acceder a Turquía solo con mi DNI sin ningún otro documento. El embarque a Grecia al ser de mayor distancia lo supongo más caro y dejaría de rodar por Albania, que mire usted que me hacia ilusión pasar por allí. Aún así la noticia es esperanzadora ya que si no logro pasaporte en Roma o en Atenas, esto, de ser cierto, no cerraría mis puertas a Turquía ni frustraría mi visita a Estambul.

Alternativas. Si en Roma me dan una fecha para la obtención del pasaporte razonable, tramitarlo allí. Por un lado puedo hacer tiempo visitando la costa sur occidental de Italia, Nápoles, ir a Sicilia, esas cosas, y regresaría a por el a Roma. Esta opción me gusta por que no me defiendo mal con el idioma y puestos a esperar me da cancha. Plan B, pasaporte provisional e insistencia en Atenas para lograr uno de verdad. Plan C, nada, ni una cosa ni la otra, si no me dan opciones, y continuar viaje de regreso desde Turquía vía Danubio por Bulgaria y Rumanía que son comunitarias dejando de lado la alternativa que barajaba de subir el Adriático por los países de la antigua Yugoslavia. Eso si en Atenas no tengo más suerte, pues lo que en Roma no logre igual en otra embajada se puede obtener con algo más de fortuna, que se yo.

Una perdida. Mira que esto es tonto pero me dio cosa que se me partiera en dos una cuchara-tenedor que compré por Francia, 1,99 €, de resina negra y fabricada en Suecia, no soporto la dureza mañanera del congelado tarro de marca blanca de Nutella, cuando pretendía hacerme medio bocadillo con dicha crema para desayunar. Lo mojo en un capuchino instantáneo mal disuelto por la temperatura de la leche. Un desayuno abominable pero al que me ando acostumbrando. Con la perdida de mi taza, que ahora uso una birriosa y canija, de esas de usar y tirar pero que yo no tiro. Ahora con lo del resto de mi menaje comienzo a especular contubernios hosteleros para obligarme a hacer más gasto, Van listos. Ya ando buscando sustitutos más sólidos a la taza y al cubierto.

Un encuentro. Como cada día, hoy dedico un buen rato a charlar con la gente que encuentro o me abordan. Hoy un rato con una joven deficiente que me saluda mientras como y la encuentro hora y media más tarde. Encantadora inocencia. El otro que voy a narrar ha sido muy singular. Tomo un desvío en Recco por Camogli, algo más largo pero con menos pendiente, me aseguran y en la carretera se detiene un coche, señora rubia de unos 60 años que me hace señales, hablamos a gritos desde ambos lados de la carretera, con algo de tránsito y me pide que la siga, apenas quinientos metros, allá voy. Da la vuelta al su coche y la sigo hasta una plaza donde se detiene e insiste en que la acompañe a casa, que quiere que conozca a su marido.

Allí en su casa y tras presentarme a su señor esposo me pone un café en la mano y voy conociendo la historia de Pier Luigi. Viajero a pie. Su último recorrido que terminó este mismo agosto le llevó hasta Vladivostok a donde llegó caminando desde su casa aquí en Italia vía Alemania, Polonia, Lituania, Letonia y Estonia y ya por tierras rusas por San Petesburgo, Moscu, Ekaterimburgo, Novosibirsk, etc, etc, cruzando toda Siberia. Esto, que se escribe en pocas lineas, le ha llevado algún año ya que la parte rusa la ha realizado en varios veranos por motivos de clima y visado que que solo se lo conceden cada vez por tres meses en donde el tipo se merienda entre 3 a cerca de 4 mil kilómetros por trimestre.

Hablamos en un despacho-santuario que tiene, con inmensos mapas que cubren las paredes con un hueco entre los mismos reservados a sus zapatillas enmarcadas de las que se muestran sus suelas, claveteadas. Cargó y durmio en tienda. En la foto apoyo mi mano en su espalda y entiendo que puede cargar una tienda en ella o una autocaravana si lo prefiere, su físico es imponente. Su mujer, que insiste en darme agua y fruta para el viaje, asiste a nuestra charla y cuando le pregunto por su próximo viaje me dice ella que es un secreto, que no se lo cuenta, pero que anda trajinando con el ordenador preparando algo para el verano. Pierre Luigi tiene 62 años.


En casa de Pier Luigi incansable viajero.

Noche de regalo. Amplio techo en zona cercana al pueblo pero alejada del ruido y tránsito del mismo, con suelo seco y limpio, pienso descansar, dormir y reponerme de la asquerosa noche que pasé en Génova. Me preparo un vaso de leche con achicoria líquida que aún me dura desde Francia, fría, espero que por poco tiempo, y me la tomo en la calidez del saco, hoy sí, con un cigarrillo mal liado antes de dormir.
Lunes 08.12.14 Génova. Hay días que son gincanas y hoy ha sido uno de esos. Llego pronto o eso creo, por que desde la entrada al centro empleo una cantidad de tiempo desmesurada peleando entre el intenso transito de vehículos y evitando las vías a las que este me empuja y que no son aptas ni legales para bicis, la misma historia que ya conozco de las grandes ciudades si bien es cierto que los últimos 32 kilómetros los vengo haciendo por una especie de vía verde que transcurre literalmente pegada al mar. Esta vía, con muchas interrupciones, unirá en algún momento Ventimiglia con Génova creo entender.

Ya en el centro, en su puerto viejo, busco y encuentro uno oficina de turismo, plano en mano me indican donde esta la embajada, para mañana, hoy festivo y cerrada si bien los comercios están en su mayor parte abiertos, al cerrar empresas, administración y colegios hoy es un extraño pero hermoso día para ver la ciudad. Me indican donde puedo hacerme las fotos para el pasaporte y me pregunta la empleada donde pienso hacer noche. Dispongo de dos contactos aquí, uno para mi desgracia esta muy alejado de la ciudad y en sentido opuesto de la embajada por lo que queda descartado. Del otro contacto se ocupa ella misma de llamar por teléfono sin que se lo pida sabiendo que no hablo italiano. Más gentileza no se puede, pero mal contacto, no es posible pasar allí la noche. Como me quiero hacer las fotos me dice que regrese en una hora y ella se ocupa de buscarme hospitalidad para una noche y comienza ya mismo a hacer gestiones.

El primer sitio al que me dirijo para lo de las fotos no existe ya. Regreso. Mal resultado con las gestiones del alojamiento si bien llegó su compañero y también esta llamando a no se quien con el mismo asunto. De nuevo informado de que en cualquiera de las dos estaciones de ferrocarril hay máquinas de hacer fotos me dirijo a la más cercana disparado.

Ya con las fotos en mi poder regreso y me mandan a una iglesia donde me tengo que ver con un tal padre Farinella. Me explicó Simona el otro día como se pone el género en italiano y el masculino seria Farinelli, como el famoso castrato cuya vida, con licencias, fue llevada al cine. Me entretengo en la espera repasando mentalmente su banda sonora, que me encanta. La iglesia permanece cerrada.

Antes de la hora del cierre de la oficina de turismo me dirijo allí de nuevo para informarle de mi infructuosa espera y ver si ha sucedido algo que desconozca. O no lo entendí bien, o falló el amigo del cura que es amigo del de la oficina, o falló el cura, o cambió de opinión, o … a saber. Me pide que espere de nuevo un rato, que localiza de nuevo a su amigo y este habla con el cura. Y así lo hago. Y sin resultado de nuevo.

De modo que en ciudad, con lo complicado que me resulta encontrar en ellas donde y como dormir, sin conocerlas y siendo esta Génova. Bonito panorama. Me dirijo a la plaza donde está la embajada o eso espero, por que no alcanzo a ver placa ni señal externa que donde lo indique. Mañana con los portales abiertos y los conserjes en sus puestos, que esto es zona de edificios con conserje, pienso que lograré encontrarla. Por otro lado tratándose de funcionarios españoles siempre me darán razón de ellos en una de las dos cafeterías de la plaza, de eso no tengo dudas. Por lo pronto me preparo para pasar la noche sentado en un portal y dando alguna cabezada de este modo.

Y llega la noche y con ella una monumental TORMENTA, así, todo en mayúsculas. Tras cada relámpago no necesito esperar mas de un segundo para que truene por espacio de medio minuto haciendo temblar la bicicleta una de cuyas alforjas me hace de orejera en mi improvisado sillón compuesto con la colchoneta y que me servirá de acomodo a la noche, por fortuna bajo los soportales que forman los edificios que rodean la plaza. Esta dispone de vigilante privado por la noche por lo que directamente queda descartado pretender estirarme en el suelo o extender el saco y con ello asegurarme problemas.


Esta noche soy consciente plenamente de la protección que me brinda el saco. La temperatura baja y mucho pero no menos de 4º que no es tanto si estas en movimiento, pero quieto y aletargado por el sueño es muy poca a pesar de todas las prendas con que me cubro al no poder usar el saco. El aire que me azota es gélido, por la mañana podré ver que los Apeninos que nos rodean amanecen cubiertos de nieve. Pero eso ya será otro día.
Domingo 07.12.14 Liguria VI. Este país ama las bicis, de eso nunca he tenido el menor género de duda, solo que ahora puedo constatarlo en mil detalles. Desde la gran cantidad de tiendas y talleres que veo pasando los pueblo, los bellos modelos que conservan y mantienen con esmero y usan, valla si los usan, la inmensa cantidad de grupetas o ciclistas individuales, con las que me cruzo cada día y los ánimos que me infunden, rodando a ratos a mi lado, casi siempre con un saludo si nos cruzamos, o deteniéndose a charlar e interesarse por mi origen y destino.

Principalmente ciclistas de “corsa” y muestran cuanto menos un gran respeto por el cicloturista que además se lo come en invierno.

Hoy por ejemplo hasta en tres ocasiones he dado explicaciones y en una de ellas rodó a mi lado casi una hora uno de ellos. Conocedor del Camino de Santiago en su Vía Tolosana se me despide con un Buen Camino. Otro me detiene cuando paseo por un pueblo a pie, nos cruzamos en la carretera y ahora me pregunta y quiere saber de mi. Otro más, ya tarde y mientras busco techo a una hora desacostumbrada se me presenta, Paolo, de Milan, profesor de educación física y pasando estos días de fiesta con su madre en el pueblo, al decirle el tipo de acomodo que busco me lleva por un sendero hasta cuatro bancos de madera, de esos de picnic, antes de llegar al pueblo, que me lo encontré como a dos kilómetros, y bajo techo. Ni que decir tiene que he dormido allí y sobre una de las mesas, alejado de la humedad del suelo, que ya mi colchoneta se va desinflando a lo largo de las noches y cada vez me ofrece peor protección.

Sigo soñando con amueblar mis pernoctares, con cocina y un catre. Miro y ya tengo alguna idea de que necesito y como encontrarlo, pero con tiempo. Con suerte antes de terminar el mes equipo mi pisito a falta de WC. Queridos Reyes Magos, he sido muy bueno este año y bla, bla, bla... A ver si cuela.

Me quedo a tiro de piedra de Génova para llegar pronto mañana si el día lo permite y dejar las cosas listas para el martes tan pronto abran estar en la embajada.


Sábado 06.12.14 Liguria V. Los perros son paseados con impermeable. He tenido una gran suerte esta noche pues ayer, al encontrar mi abrigo nocturno no reparé por la falta de luz en que el techo que tenia sobre mí no me podía ofrecer protección alguna ante el agua y la lluvia comenzó a caer justo un minuto después de recoger el saco, colchoneta y demás ya esta mañana. Un angosto espacio con protección me permitió, eso si, prepararme y tomar mi desayuno en pie y al resguardo de esta.

Sin prisa por avanzar no veo la necesidad de exponerme a mojar mis prendas y junto a una cafetería encuentro un buen techo que solo abandono un momento para mi diaria compra de pan.

La mañana transcurre viendo a la gente disfrutar de un sábado y pasa sin prisas el tiempo conversando en el interior del local o en su terraza cubierta fumando. Me resulta fácil entablar conversación con algunos y con eso y observando como las nubes se desplazan lentamente por el cielo, sin aviso de claros, van transcurriendo las horas.

No termino de encontrar un pan que realmente termine de gustarme, no es que sean malos, solamente los encuentro aburridos, carentes de interés en una tierra en que su principal aporte de carbohidratos depende de las pastas y pizzas sus panes tienen un peso en sus dietas muy secundario. Ah y los encuentro poco pesados, mucho volumen para poca masa, ligeros en exceso. Mi problema es que desde Galicia vengo comiendo unos panes increíbles. Por otro lado este pan que conozco de aquí resiste un día y justo, al siguiente es incomible. Aunque lo como.

Tan pronto se detiene un poco la lluvia avanzo al siguiente pueblo, donde entro lloviendo, por supuesto, no se detendrá hoy hasta una hora tan avanzada en que la falta de luz me impida desplazarme de nuevo, y eso solo por unas horas. Eso si, compro algunas provisiones n un supermercado donde aún no se bien que comprar pero que ya comienzo a ver que artículos no compraré, ejemplo: leche condensada.

Ya a la salida del pueblo y frente al mar sorprendo a Tiziana que me hace fotos por la espalda. Es aficionada a fotografías de naturaleza y paisajes y ya casi formo parte de ambos, por lo visto. Nos detenemos a conversar un rato y como tantas veces he escuchado me comenta su envidia por lo que puedo hacer. Supongo que desde fuera se ha de ver la libertad, que bien es cierto que en ocasiones roza el vértigo, la aventura, tal vez el romanticismo, no se, pero es difícil entrar en explicaciones con desconocidos en las partes duras del camino, estas son ahora parte de mi intimidad y las guardo con celo. Ah, me anuncia un cambio de tiempo con bajada de temperaturas, no extraña ante los cálidos días para lo próximo que esta el invierno y eso si espero se invierta el proceso de acortar los días, para lo que no falta ya mucho, pues estoy en la misma hora que en España pero cada vez más al este, con lo que anochece muy pronto. Aún quedan días para eso y aún iré más al este, de modo que paciencia.

Soy consciente que nunca había vivido en semejante comunión con los ciclos naturales de clima, horarios solares, situación geográfica y demás.
Viernes 05.12.14 Liguria. Me despierta la lluvia, tengo el saco extendido a poca distancia de donde llegan las salpicaduras de modo que aunque no me caen directamente prefiero recoger las cosas rápido por si un cambio de intensidad o dirección del viento las pone bajo las aguas. He dormido un buen montón de horas y me despierto con apetito, bueno, siempre tengo apetito pero este es especialmente intenso. Con todo empacado sobre la bici y ya desayunado entro en el primer bar abierto para usar sus lavabos, un café caliente que a falta de cocina siempre desayuno frío, y pregunto por un lugar donde comprar el pan. Con lluvia nunca se donde ni cuando he de detenerme y con pan y agua eso deja de ser un problema. La lluvia cesará pronto de cualquier modo. Quien me atiende en el bar me dice que tiene pan de ayer, que no lo va a usar y si lo quiero es mio, de modo que salgo aseado con las botellas llenas de agua y pan en mi bolsa. Buen comienzo de día.

Ruedo sin prisa, deteniéndome en cada población para visitarla y retrasando lo posible mi llegada a Génova. Hermosos lugares costeros se suceden, eso si, con playas sucias y descuidadas por las recientes lluvias que han arrastrado ramas y troncos, cañas y basuras y que por la estación no se apresuran a limpiar, su aspecto es deprimente y decadente, con todo eso acumulado sobre la arena y los establecimientos cerrados no como se cierran para una noche o un día de descanso, cerrados con todo recogido bajo plásticos y lonas, listos para pasar los meses de invierno.

De nuevo con facilidad de acceso a internet cuelgo un post y atiendo correos que tenia descuidados.

Antes de domesticar la electricidad, siendo la luz un artículo de lujo al alcance de pocos, luz a deshoras, se entiende, en largas noches y durante miles de años, la humanidad se ha visto obligada a vivir los ciclos de las estaciones y adecuar sus ritmos a los de la naturaleza. De este modo reposaba más, por obligación, y sus tiempos de trabajo estaban sincronizados con amaneceres y puestas de sol. En este sentido creo que soy un privilegiado ya que puedo disfrutar de ese obligado hábito.

No recuerdo donde leí la relación entre períodos de oscuridad, frío y una cierta dosis de hambre con la estimulación de la glándula pineal y su relación con la fabricación de sustancias anticancerígenas. Tenemos controlada la luz, el frío y el hambre en nuestra parte del mundo al menos para la mayor parte de la población, pero no así el cáncer. Al margen y no menos importante han de ser los trastornos psicológicos que a buen seguro son causados por una vida alejada de esos ciclos naturales de luz, alimentos de temporada y temperaturas controladas. Como en tantas otras cosas, menos es más.

Mis horas de sueño en esta situación son muchas obligadas por la falta de luz a detener mi actividad y a eso le sumo el que muchas noches el sonido que acompaña mis sueños no es otro que el de la naturaleza, hojas secas movidas por el viento, el mecer de ramas, sonidos de aguas tranquilas o de impetuoso mar, lluvia sobre un tejado, el techo de mi tienda o el golpear de las mismas en el suelo a un palmo de mi cara. Todo esto más el moderado ejercicio diario me regalan sueños reparadores y vitales despertares con una calidad de descanso por encima de mis necesidades. Quiero pensar que la falta de las ansiedades de la viva de consumo y la ausencia de pensamientos negativos hacen de buen seguro su aporte.

Las cosas que me separan de las noches perfectas, en mi situación, entiéndase, las conozco y lo que esta en mis manos para acercarme a ellas es un objetivo cada vez más cercano.


viernes, 5 de diciembre de 2014

Jueves 04.12.14 Liguria. Dejo atrás San Remo y a Simona. Los primeros kilómetros son irreales. Dejo atrás la luz eléctrica de nuevo, el sofá bajo mi trasero, una cocina, un aseo con ducha, dormir en cama, por encima de todo dejo atrás el calor de la mejor hospitalidad con que se pueda soñar jamás.

Ayer celebramos el día de mi santo. Una amiga con sus hijos, su madre y nosotros dos, una mesa con aperitivos. Me sentí perdido horas antes ante los lineales del supermercado cuando bajé a comprar cosas para la cena con marcas y productos que desconozco y enfrentándome de nuevo a otra cultura gastronómica y su oferta de mercado, sus precios.

La noche anterior Simona se empeño en llevarme a cenar fuera, pescado, delicioso. Nos dormimos tarde no encontrando el momento de dejar la charla, animada y cálida. Se empeño igualmente en cederme su dormitorio insistiendo en que ella siempre duerme en el sofá, igual es cierto.

Salí tarde a rodar y pare pronto a comprar el pan, como acostumbro, añorando ya desde hoy los panes que podía comprar en Francia. Pocos kilómetros que recorro perezosamente, retrasandome por una vía ciclable, tras ellos, un poco más hasta llegar a Imperia donde tengo decidido hacer noche. Aquí, al igual que en España, el lunes es festivo y carece de sentido llegar a Génova antes del lunes, con la idea de emplear el martes visitando el consulado para lograr un nuevo pasaporte. En Génova, con suerte, podría encontrar acomodo para mi o al menos para la bici y los bultos en un convento de capuchinos según las notas de que dispongo, la información que me facilita Simona y mis propias impresiones tras visitar su convento de San Remo y conversar con uno de sus frailes.

En el camino me detengo en tres supermercados comprando muy poco en cada uno de ellos pero componiéndome la situación de como me podre proveer durante este mes en que pienso pasar recorriendo estas tierras.

Ni punto de comparación la relajación que siento al moverme por aquí en comparación con el mes último, entre esta gente me siento como en casa, comprendiendo la mayor parte de lo que dicen, no solo a mi, incluso cuando hablan entre ellos o cuando estos últimos días veia los informativos en casa de Simona. Llegué a atreverme con un libro pero lo avanzado de la hora en que me retiré a dormir ambos días me obligó a dejarlo de lado a los pocos minutos vencido por el sueño, acostumbrado como estoy a dormir muy pronto.

Al llegar a Imperia paso la tarde viendo una regata y tras la misma el trasiego de aparejos y embarcaciones en la dársena. Son según se anuncia, cuatro días de competición pero soy incapaz de enterarme el tipo de categoría a la que pertenecen estas si bien las tripulaciones, de hasta más de veinte países, están formadas de muchachos/as muy jóvenes. Termino en la oficina de la regata entregando una chaqueta de navegación que alguno de ellos ha extraviado camino a su coche. Cargados como van de bártulos es fácil que suceda, ellos encontrarán a que equipo pertenece y se la hacen llegar, me aseguran.

El tiempo es templado, nubes y apenas cuatro gotas a la hora en que paré a comer y que hoy fue mucho más tarde de lo acostumbrado tras un desayuno igualmente tardío.

No son aún las 18:00 si bien es noche cerrada y siento mientras escribo el peso de la soledad consecuencia de la compañía encontrada y dejada atrás. Solo espero la hora de poder dormir y procurar comenzar mañana el día con buen pie.

Ni que decir tiene que voy con todas las prendas lavadas y secas, al igual que cosí un par de cosas con falta de repaso, el cabello y la barba cortados por gentileza de mi anfitriona y la panza llena tras un par de días donde he comido como un animal y tomado algo de vino. Gracias Simona.



miércoles, 3 de diciembre de 2014

Miércoles 03.12.14 San Remo. Ha pasado tiempo desde que colgué el último post y en este tiempo me han sucedido cosas, una mejores que otras, como nos pasa a todos. Veré el modo de resumirlas, sin poner fechas, pues muchas ya están en el olvido.

Las razones, que las hay varias, para este cambio de dinámica en el blog son diversas. Por un lado los días son ahora tremendamente más cortos y las pocas horas de luz las uso para desplazarme y, si hay sol, poner a secar cosas. Duermo en tienda siempre que puedo y esta se moja, así como el saco. En ocasiones por la lluvia, en otras por la humedad del día o la noche y el saco así como el interior de la tienda por la condensación que se produce al meter tanta cosa mojada en tan poco espacio. Eso supone un rato que me demoro cada mañana quitando un poco de humedad y a la hora de comer en donde paso otro buen rato sacando cosas, extendiéndolas al sol confiando en que las seque mientras tomo la comida y vuelta a recoger y empacar cada cosa en su sitio para continuar mi camino, así casi cada día. La otra razón importante por la que no mantengo actualizado el blog es que tras semanas de gozar de la comodidad de los albergues, ahora en Francia y salvo en cuatro noches, el resto las he pasado durmiendo o dentro de la tienda o bajo algún ocasional tejado que he encontrado en el camino. No he disfrutado de horas de luz eléctrica, mesa donde escribir ni todas esas cosas que facilitan la tarea. Lloviendo la mayor parte del tiempo. Me quedé sin cuaderno, compre uno donde comencé a escribir de nuevo y este se mojo, lo perdí y con el todo lo que tenia consignado. Ahora tengo uno nuevo, húmedo pero aún útil.

Ahora escribo mientras llueve en el cuaderno, si bien el post lo colgué días más tarde en un día en que el temporal me dio un respiro.

Me demoré mucho en PACA, como reza en los coches y que no es otra cosa que Provence, Alpes, Costa Azul, lluvias torrenciales. Hasta 8 días sin parar. Viñedos que son piscinas, los bosques que me dieron cobijo días pasados parecen ahora manglares, los prados son lagunas y recorro ríos desbordados a su paso por los pueblos que voy cruzando. No se de donde saco ánimos para continuar en estas condiciones pero los voy encontrando. Una madrugada, a las 4:40 desperté con dos dedos de agua en el interior de la tienda, eso fue cuando comenzaron las lluvias y desde entonces evito el dormir dentro de ella. Con calma me lié un cigarrillo usando trozo de papel del glosario de mi destrozada biblia, me hice un café y esperé pacientemente a que la luz me permitiera empacar todas mis cosas empapadas, y eso con calma y casi casi con buen humor. Me sorprendo de no haber sido presa del pánico pero así fue.

Los días por Francia una delicia si dejo al margen las inclemencias de las fechas.

Rodé por el Canal du Midi, una experiencia inolvidable, silencio, paz, belleza y serenidad una jornada tras otra. Salía del canal para hacer mis compras o visitar lugares. Estos son dos dibujos que hizo mi amigo Rupert cuando visitó la zona cátara de Carcassone y que me envió cuando me supo por allí.




Conocí a Sebastian, que vive en un puerto mientras repara su barco fluvial, trabajé una tarde con el, cenamos juntos y pasé la noche en L´Imposible, su barco, bandera holandesa y patrón austriaco, tiroles que es él. Hablamos, como no, de literatura y del modo en que coincidimos en ver como una persona se transforma en personaje.

También conocí a Bakali, días más tarde, que restaura barcos en invierno. Con el hablé de diluyentes y epoxis, de polieuretanos y esmaltes. Me ofreció trabajo durante el invierno. Mi espalda no anda bien, ha estado calmada muchos meses, ahora, por la humedad, el frío, por dormir en el suelo o lo que sea, da pena. Aceptarlo seria un disparate sabiendo como se el poco trabajo que podría hacer. Por otro lado, aunque la idea fue tentadora y me hizo demorarme allí un poco mi partida, se que esto en que ando metido me está haciendo bien y no considero oportuno suspender mi “terapia” a mitad de tratamiento. Me dejó su correo y hemos quedado en mantener contacto, dentro de un rato le voy a escribir. Tal vez en otro invierno la oferta siga en pie.

Me perdí en Seté ¿o fue en otro sitio?, da igual. Un laberinto de canales por los que anduve horas durante toda la noche para ir a amanecer de nuevo a la entrada de la población. Esa noche no me quise acostar, me detuve en lo que parecía un parking de caravanas y resultó ser un campamento de gente que no me gustó. Me preguntó una señora si buscaba donde pasar la noche, ante mi respuesta me pidió 10 € por dormir con ella, 20 si era con su hija o 5 con su nieto. No pude irme a dormir aquella noche y preferí andar por los caminos hasta que salió el sol. Ese día si salió.

Recorrí todo el parque de La Camargue, toros negros, caballos blancos, gitanos y un bar con amplia oferta de cartuchos para escopeta de caza y donde a media mañana empleados de obras públicas tomaban café y fumaban perezosamente, fue fácil sentirme como en casa hasta que el precio del café me hizo recordar donde estaba.

Recorrí las ruinas de Arles, cruce en ferry el Gran Rhone tras dormir en su rivera, la noche anterior fue en el Petit Rhone, y visité Marsella.

La gente de La Provenza no tiene en sus casas muebles provenzales.

Vi dos cocodrilos, uno disecado en un muro de catedral donde reposa un santo, el otro es escultura de un esclusero y cuando el cauce está alto en el canal parece que el animal nada en sus aguas.

He pasado tardes en los “boulodromos” viendo a los paisanos jugar a la petanca.

Repuse la chaqueta que tenia, aquella cuya cremallera me reparó Fran allá por Huelva y que se murió del todo en La Coruña, por una que promete muchas cosas y que por el momento casi que las hace, transpira, es impermeable y corta el viento. Transformé con una radial la canasta del manillar y ahora es un portabultos delantero en donde llevo alforjas, dispongo de la misma capacidad de carga que cuando partí, al fin. Pronto tendré espero mi cocina y podré calentar comida. El siguiente objetivo un catre que me mantenga alejado de la humedad del suelo. En eso ando metido ahora.

Crucé Monaco que me parece ahora bajo la lluvia más feo aún que cuando lo conocí hace años. En una gasolinera comí con Manuel.

A pesar de dolencias y dificultades me siento francamente bien, sorprendido de como he ido pasando un otoño al que no estoy acostumbrado y notándome cada día mas entero, más capaz.

He rodado por sendas solitarias, en la rivera de ríos o a través de bosques, subido puertos, muchas veces solo, algunas acompañado por ociosos jubilados en sus bicis que siempre me indicaron el mejor camino, donde dormir o comprar. Dos encantadoras parisinas, por mi incapacidad de entender su explicación, me dijeron “síguenos” y me llevaron al sitio que buscaba, con un palmo de lengua fuera pero me llevaron. Otro ciclista me dio instrucciones para ir a dormir junto a un lago, tan precisas fueron sus manos que sin entender sus palabras me guiaron a lo largo de 10 kilómetros de desvíos y rotondas que llegue al sitio, pernocte en el y mereció la pena. Conversé con uno de Cullera que tras 50 años residiendo aquí sueña con su jubilación y regresar a su tierra, nos reímos al comentar que en estas tierras los pueblos tienen más farmacias que bares y eso no puede ser síntoma de nada bueno.

Se rompió mi taza, la que compré en Puertomarín.

Un señor me abrió su pizeria para que durmiera en ella, fuera un diluvio con vientos de 90 kilómetros por hora.

Llegue a San Remo, a visitar a mi amiga Simona, pensando en que palabras usar para mi saludo, ella sin darme tiempo a nada me abrazo y dijo, hola hermano.