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sábado, 13 de diciembre de 2014

Martes 09.12.14 Una decepción, una esperanza, varias alternativas, una perdida, un encuentro.

Decepción. Entrar en un Consulado General de España y salir con un pasaporte sucederá en alguna película o a los deportistas que se naturalizan de un día para otro.El consulado en su interior se asemeja a una casa de empeños de los años 70. Un pequeño vestíbulo separado del resto por un cristal blindado donde me atiende un empleado que para mi sorpresa es italiano. No es que tenga experiencia en tratos diplomáticos ya que yo recuerde esta es mi primera visita a uno de estos lugares. Y me dice el empleado, eso si, en español, primero, ellos carecen de valija, los documentos viajan vía Roma por lo que cualquier trámite que inicie siempre sera más rápido si lo curso desde allí. Segundo, disponen de tan solo dos documentos de expedición para pasaportes provisionales, que eso si lo pueden tramitar ellos, pero... se usan a criterio del jefe y este como es el jefe llega más tarde, siempre puedo esperar y ver el que opina. Opina que mi tema no es urgente, le espero, claro está, y que lo tramiten en Roma donde dependiendo de cuando llegue la valija lo podría tener en poco tiempo o como alternativa obtener un pasaporte provisional que allí al ser embajada disponen de mayor cantidad de los mismos.

Esperanza. Mi intención es llegar a Brindisi desde Roma para una vez allí embarcar a Albania cruzar a Grecia y por esta a Turquía. Si la mala noticia es que sin pasaporte Albania queda fuera de la ecuación, la buena es que me asegura el empleado del consulado que desde el uno de enero de 2015 un acuerdo bilateral me permite acceder a Turquía solo con mi DNI sin ningún otro documento. El embarque a Grecia al ser de mayor distancia lo supongo más caro y dejaría de rodar por Albania, que mire usted que me hacia ilusión pasar por allí. Aún así la noticia es esperanzadora ya que si no logro pasaporte en Roma o en Atenas, esto, de ser cierto, no cerraría mis puertas a Turquía ni frustraría mi visita a Estambul.

Alternativas. Si en Roma me dan una fecha para la obtención del pasaporte razonable, tramitarlo allí. Por un lado puedo hacer tiempo visitando la costa sur occidental de Italia, Nápoles, ir a Sicilia, esas cosas, y regresaría a por el a Roma. Esta opción me gusta por que no me defiendo mal con el idioma y puestos a esperar me da cancha. Plan B, pasaporte provisional e insistencia en Atenas para lograr uno de verdad. Plan C, nada, ni una cosa ni la otra, si no me dan opciones, y continuar viaje de regreso desde Turquía vía Danubio por Bulgaria y Rumanía que son comunitarias dejando de lado la alternativa que barajaba de subir el Adriático por los países de la antigua Yugoslavia. Eso si en Atenas no tengo más suerte, pues lo que en Roma no logre igual en otra embajada se puede obtener con algo más de fortuna, que se yo.

Una perdida. Mira que esto es tonto pero me dio cosa que se me partiera en dos una cuchara-tenedor que compré por Francia, 1,99 €, de resina negra y fabricada en Suecia, no soporto la dureza mañanera del congelado tarro de marca blanca de Nutella, cuando pretendía hacerme medio bocadillo con dicha crema para desayunar. Lo mojo en un capuchino instantáneo mal disuelto por la temperatura de la leche. Un desayuno abominable pero al que me ando acostumbrando. Con la perdida de mi taza, que ahora uso una birriosa y canija, de esas de usar y tirar pero que yo no tiro. Ahora con lo del resto de mi menaje comienzo a especular contubernios hosteleros para obligarme a hacer más gasto, Van listos. Ya ando buscando sustitutos más sólidos a la taza y al cubierto.

Un encuentro. Como cada día, hoy dedico un buen rato a charlar con la gente que encuentro o me abordan. Hoy un rato con una joven deficiente que me saluda mientras como y la encuentro hora y media más tarde. Encantadora inocencia. El otro que voy a narrar ha sido muy singular. Tomo un desvío en Recco por Camogli, algo más largo pero con menos pendiente, me aseguran y en la carretera se detiene un coche, señora rubia de unos 60 años que me hace señales, hablamos a gritos desde ambos lados de la carretera, con algo de tránsito y me pide que la siga, apenas quinientos metros, allá voy. Da la vuelta al su coche y la sigo hasta una plaza donde se detiene e insiste en que la acompañe a casa, que quiere que conozca a su marido.

Allí en su casa y tras presentarme a su señor esposo me pone un café en la mano y voy conociendo la historia de Pier Luigi. Viajero a pie. Su último recorrido que terminó este mismo agosto le llevó hasta Vladivostok a donde llegó caminando desde su casa aquí en Italia vía Alemania, Polonia, Lituania, Letonia y Estonia y ya por tierras rusas por San Petesburgo, Moscu, Ekaterimburgo, Novosibirsk, etc, etc, cruzando toda Siberia. Esto, que se escribe en pocas lineas, le ha llevado algún año ya que la parte rusa la ha realizado en varios veranos por motivos de clima y visado que que solo se lo conceden cada vez por tres meses en donde el tipo se merienda entre 3 a cerca de 4 mil kilómetros por trimestre.

Hablamos en un despacho-santuario que tiene, con inmensos mapas que cubren las paredes con un hueco entre los mismos reservados a sus zapatillas enmarcadas de las que se muestran sus suelas, claveteadas. Cargó y durmio en tienda. En la foto apoyo mi mano en su espalda y entiendo que puede cargar una tienda en ella o una autocaravana si lo prefiere, su físico es imponente. Su mujer, que insiste en darme agua y fruta para el viaje, asiste a nuestra charla y cuando le pregunto por su próximo viaje me dice ella que es un secreto, que no se lo cuenta, pero que anda trajinando con el ordenador preparando algo para el verano. Pierre Luigi tiene 62 años.


En casa de Pier Luigi incansable viajero.

Noche de regalo. Amplio techo en zona cercana al pueblo pero alejada del ruido y tránsito del mismo, con suelo seco y limpio, pienso descansar, dormir y reponerme de la asquerosa noche que pasé en Génova. Me preparo un vaso de leche con achicoria líquida que aún me dura desde Francia, fría, espero que por poco tiempo, y me la tomo en la calidez del saco, hoy sí, con un cigarrillo mal liado antes de dormir.

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