Martes
09.12.14 Una decepción, una esperanza, varias alternativas, una
perdida, un encuentro.
Decepción.
Entrar en un Consulado General de España y salir con un pasaporte
sucederá en alguna película o a los deportistas que se naturalizan
de un día para otro.El consulado en su interior se asemeja a una
casa de empeños de los años 70. Un pequeño vestíbulo separado del
resto por un cristal blindado donde me atiende un empleado que para
mi sorpresa es italiano. No es que tenga experiencia en tratos
diplomáticos ya que yo recuerde esta es mi primera visita a uno de
estos lugares. Y me dice el empleado, eso si, en español, primero,
ellos carecen de valija, los documentos viajan vía Roma por lo que
cualquier trámite que inicie siempre sera más rápido si lo curso
desde allí. Segundo, disponen de tan solo dos documentos de
expedición para pasaportes provisionales, que eso si lo pueden
tramitar ellos, pero... se usan a criterio del jefe y este como es el
jefe llega más tarde, siempre puedo esperar y ver el que opina.
Opina que mi tema no es urgente, le espero, claro está, y que lo
tramiten en Roma donde dependiendo de cuando llegue la valija lo podría tener en poco tiempo o como alternativa obtener un pasaporte
provisional que allí al ser embajada disponen de mayor cantidad de
los mismos.
Esperanza.
Mi intención es llegar a Brindisi desde Roma para una vez allí
embarcar a Albania cruzar a Grecia y por esta a Turquía. Si la mala
noticia es que sin pasaporte Albania queda fuera de la ecuación, la
buena es que me asegura el empleado del consulado que desde el uno de
enero de 2015 un acuerdo bilateral me permite acceder a Turquía solo
con mi DNI sin ningún otro documento. El embarque a Grecia al ser de
mayor distancia lo supongo más caro y dejaría de rodar por Albania,
que mire usted que me hacia ilusión pasar por allí. Aún así la noticia es esperanzadora ya que si no logro pasaporte en Roma o en
Atenas, esto, de ser cierto, no cerraría mis puertas a Turquía ni
frustraría mi visita a Estambul.
Alternativas.
Si en Roma me dan una fecha para la obtención del pasaporte
razonable, tramitarlo allí. Por un lado puedo hacer tiempo visitando
la costa sur occidental de Italia, Nápoles, ir a Sicilia, esas
cosas, y regresaría a por el a Roma. Esta opción me gusta por que no
me defiendo mal con el idioma y puestos a esperar me da cancha. Plan
B, pasaporte provisional e insistencia en Atenas para lograr uno de
verdad. Plan C, nada, ni una cosa ni la otra, si no me dan opciones,
y continuar viaje de regreso desde Turquía vía Danubio por Bulgaria
y Rumanía que son comunitarias dejando de lado la alternativa que
barajaba de subir el Adriático por los países de la antigua
Yugoslavia. Eso si en Atenas no tengo más suerte, pues lo que en
Roma no logre igual en otra embajada se puede obtener con algo más
de fortuna, que se yo.
Una
perdida. Mira que esto es tonto pero me dio cosa que se me partiera
en dos una cuchara-tenedor que compré por Francia, 1,99 €, de
resina negra y fabricada en Suecia, no soporto la dureza mañanera
del congelado tarro de marca blanca de Nutella,
cuando pretendía hacerme medio bocadillo con dicha crema para
desayunar. Lo mojo en un capuchino instantáneo mal disuelto por la
temperatura de la leche. Un desayuno abominable pero al que me ando
acostumbrando. Con la perdida de mi taza, que ahora uso una birriosa
y canija, de esas de usar y tirar pero que yo no tiro. Ahora con lo
del resto de mi menaje comienzo a especular contubernios hosteleros
para obligarme a hacer más gasto, Van listos. Ya ando buscando
sustitutos más sólidos a la taza y al cubierto.
Un
encuentro. Como cada día, hoy dedico un buen rato a charlar
con la gente que encuentro o me abordan. Hoy un rato con una joven
deficiente que me saluda mientras como y la encuentro hora y media
más tarde. Encantadora inocencia. El otro que voy a narrar ha sido
muy singular. Tomo un desvío en Recco por Camogli, algo más largo
pero con menos pendiente, me aseguran y en la carretera se detiene un
coche, señora rubia de unos 60 años que me hace señales, hablamos
a gritos desde ambos lados de la carretera, con algo de tránsito y
me pide que la siga, apenas quinientos metros, allá voy. Da la
vuelta al su coche y la sigo hasta una plaza donde se detiene e
insiste en que la acompañe a casa, que quiere que conozca a su
marido.
Allí
en su casa y tras presentarme a su señor esposo me pone un café en
la mano y voy conociendo la historia de Pier Luigi. Viajero a pie.
Su último recorrido que terminó este mismo agosto le llevó hasta
Vladivostok a donde llegó caminando desde su
casa aquí en Italia vía Alemania, Polonia, Lituania, Letonia y Estonia y ya por tierras rusas por San Petesburgo, Moscu,
Ekaterimburgo, Novosibirsk, etc, etc, cruzando toda Siberia.
Esto, que se escribe en pocas lineas, le ha llevado algún año ya
que la parte rusa la ha realizado en varios veranos por motivos de
clima y visado que que solo se lo conceden cada vez por tres meses en
donde el tipo se merienda entre 3 a cerca de 4 mil kilómetros por
trimestre.
Hablamos
en un despacho-santuario que tiene, con inmensos mapas que cubren las
paredes con un hueco entre los mismos reservados a sus zapatillas
enmarcadas de las que se muestran sus suelas, claveteadas. Cargó y
durmio en tienda. En la foto apoyo mi mano en su espalda y entiendo
que puede cargar una tienda en ella o una autocaravana si lo
prefiere, su físico es imponente. Su mujer, que insiste en darme
agua y fruta para el viaje, asiste a nuestra charla y cuando le
pregunto por su próximo viaje me dice ella que es un secreto, que no
se lo cuenta, pero que anda trajinando con el ordenador preparando
algo para el verano. Pierre Luigi tiene 62 años.
![]() |
| En casa de Pier Luigi incansable viajero. |
Noche
de regalo. Amplio techo en zona cercana al pueblo pero alejada del
ruido y tránsito del mismo, con suelo seco y limpio, pienso
descansar, dormir y reponerme de la asquerosa noche que pasé en
Génova. Me preparo un vaso de leche con achicoria líquida que aún
me dura desde Francia, fría, espero que por poco tiempo, y me la
tomo en la calidez del saco, hoy sí, con un cigarrillo mal liado
antes de dormir.

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