Miércoles
03.12.14 San Remo. Ha pasado tiempo desde que colgué el último post
y en este tiempo me han sucedido cosas, una mejores que otras, como
nos pasa a todos. Veré el modo de resumirlas, sin poner fechas,
pues muchas ya están en el olvido.
Las
razones, que las hay varias, para este cambio de dinámica en el blog
son diversas. Por un lado los días son ahora tremendamente más
cortos y las pocas horas de luz las uso para desplazarme y, si hay
sol, poner a secar cosas. Duermo en tienda siempre que puedo y esta
se moja, así como el saco. En ocasiones por la lluvia, en otras por
la humedad del día o la noche y el saco así como el interior de la
tienda por la condensación que se produce al meter tanta cosa mojada
en tan poco espacio. Eso supone un rato que me demoro cada mañana
quitando un poco de humedad y a la hora de comer en donde paso otro
buen rato sacando cosas, extendiéndolas al sol confiando en que las
seque mientras tomo la comida y vuelta a recoger y empacar cada cosa
en su sitio para continuar mi camino, así casi cada día. La otra
razón importante por la que no mantengo actualizado el blog es que
tras semanas de gozar de la comodidad de los albergues, ahora en
Francia y salvo en cuatro noches, el resto las he pasado durmiendo o
dentro de la tienda o bajo algún ocasional tejado que he encontrado
en el camino. No he disfrutado de horas de luz eléctrica, mesa donde
escribir ni todas esas cosas que facilitan la tarea. Lloviendo la
mayor parte del tiempo. Me quedé sin cuaderno, compre uno donde
comencé a escribir de nuevo y este se mojo, lo perdí y con el todo
lo que tenia consignado. Ahora tengo uno nuevo, húmedo pero aún
útil.
Ahora
escribo mientras llueve en el cuaderno, si bien el post lo colgué
días más tarde en un día en que el temporal me dio un respiro.
Me
demoré mucho en PACA, como reza en los coches y que no es otra cosa
que Provence, Alpes, Costa Azul, lluvias torrenciales. Hasta 8 días
sin parar. Viñedos que son piscinas, los bosques que me dieron
cobijo días pasados parecen ahora manglares, los prados son lagunas
y recorro ríos desbordados a su paso por los pueblos que voy
cruzando. No se de donde saco ánimos para continuar en estas
condiciones pero los voy encontrando. Una madrugada, a las 4:40 desperté con dos dedos de agua en el interior de la tienda, eso fue cuando comenzaron las lluvias y desde entonces evito el dormir dentro
de ella. Con calma me lié un cigarrillo usando trozo de papel del
glosario de mi destrozada biblia, me hice un café y esperé
pacientemente a que la luz me permitiera empacar todas mis cosas
empapadas, y eso con calma y casi casi con buen humor. Me sorprendo
de no haber sido presa del pánico pero así fue.
Los
días por Francia una delicia si dejo al margen las inclemencias de
las fechas.
Rodé
por el Canal du Midi, una experiencia inolvidable, silencio, paz,
belleza y serenidad una jornada tras otra. Salía del canal para
hacer mis compras o visitar lugares. Estos son dos dibujos que hizo
mi amigo Rupert cuando visitó la zona cátara de Carcassone y que me
envió cuando me supo por allí.
Conocí
a Sebastian, que vive en un puerto mientras repara su barco fluvial,
trabajé una tarde con el, cenamos juntos y pasé la noche en
L´Imposible, su barco, bandera holandesa y patrón austriaco, tiroles
que es él. Hablamos, como no, de literatura y del modo en que
coincidimos en ver como una persona se transforma en personaje.
También
conocí a Bakali, días más tarde, que restaura barcos en invierno.
Con el hablé de diluyentes y epoxis, de polieuretanos y esmaltes. Me
ofreció trabajo durante el invierno. Mi espalda no anda bien, ha
estado calmada muchos meses, ahora, por la humedad, el frío, por dormir en el suelo o lo que sea, da pena. Aceptarlo seria un
disparate sabiendo como se el poco trabajo que podría hacer. Por
otro lado, aunque la idea fue tentadora y me hizo demorarme allí un
poco mi partida, se que esto en que ando metido me está haciendo
bien y no considero oportuno suspender mi “terapia” a mitad de
tratamiento. Me dejó su correo y hemos quedado en mantener contacto,
dentro de un rato le voy a escribir. Tal vez en otro invierno la
oferta siga en pie.
Me
perdí en Seté ¿o fue en otro sitio?, da igual. Un laberinto de
canales por los que anduve horas durante toda la noche para ir a
amanecer de nuevo a la entrada de la población. Esa noche no me
quise acostar, me detuve en lo que parecía un parking de caravanas y
resultó ser un campamento de gente que no me gustó. Me preguntó
una señora si buscaba donde pasar la noche, ante mi respuesta me pidió 10 € por dormir con ella, 20 si era con su hija o 5 con su
nieto. No pude irme a dormir aquella noche y preferí andar por los
caminos hasta que salió el sol. Ese día si salió.
Recorrí
todo el parque de La Camargue, toros negros, caballos blancos,
gitanos y un bar con amplia oferta de cartuchos para escopeta de caza
y donde a media mañana empleados de obras públicas tomaban café y
fumaban perezosamente, fue fácil sentirme como en casa hasta que el
precio del café me hizo recordar donde estaba.
Recorrí
las ruinas de Arles, cruce en ferry el Gran Rhone tras dormir en su
rivera, la noche anterior fue en el Petit Rhone, y visité Marsella.
La
gente de La Provenza no tiene en sus casas muebles provenzales.
Vi
dos cocodrilos, uno disecado en un muro de catedral donde reposa un
santo, el otro es escultura de un esclusero y cuando el cauce está
alto en el canal parece que el animal nada en sus aguas.
He
pasado tardes en los “boulodromos” viendo a los paisanos jugar a
la petanca.
Repuse
la chaqueta que tenia, aquella cuya cremallera me reparó Fran allá
por Huelva y que se murió del todo en La Coruña, por una que promete
muchas cosas y que por el momento casi que las hace, transpira, es
impermeable y corta el viento. Transformé con una radial la canasta
del manillar y ahora es un portabultos delantero en donde llevo
alforjas, dispongo de la misma capacidad de carga que cuando partí,
al fin. Pronto tendré espero mi cocina y podré calentar comida. El
siguiente objetivo un catre que me mantenga alejado de la humedad del
suelo. En eso ando metido ahora.
Crucé
Monaco que me parece ahora bajo la lluvia más feo aún que cuando lo
conocí hace años. En una gasolinera comí con Manuel.
A
pesar de dolencias y dificultades me siento francamente bien,
sorprendido de como he ido pasando un otoño al que no estoy
acostumbrado y notándome cada día mas entero, más capaz.
He
rodado por sendas solitarias, en la rivera de ríos o a través de
bosques, subido puertos, muchas veces solo, algunas acompañado por
ociosos jubilados en sus bicis que siempre me indicaron el mejor
camino, donde dormir o comprar. Dos encantadoras parisinas, por mi
incapacidad de entender su explicación, me dijeron “síguenos” y
me llevaron al sitio que buscaba, con un palmo de lengua fuera pero
me llevaron. Otro ciclista me dio instrucciones para ir a dormir
junto a un lago, tan precisas fueron sus manos que sin entender sus
palabras me guiaron a lo largo de 10 kilómetros de desvíos y
rotondas que llegue al sitio, pernocte en el y mereció la pena.
Conversé con uno de Cullera que tras 50 años residiendo aquí sueña con su jubilación y regresar a su tierra, nos reímos al
comentar que en estas tierras los pueblos tienen más farmacias que
bares y eso no puede ser síntoma de nada bueno.
Se rompió mi taza, la que compré en Puertomarín.
Un
señor me abrió su pizeria para que durmiera en ella, fuera un
diluvio con vientos de 90 kilómetros por hora.
Llegue
a San Remo, a visitar a mi amiga Simona, pensando en que palabras
usar para mi saludo, ella sin darme tiempo a nada me abrazo y dijo,
hola hermano.


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