Translate

viernes, 5 de diciembre de 2014

Jueves 04.12.14 Liguria. Dejo atrás San Remo y a Simona. Los primeros kilómetros son irreales. Dejo atrás la luz eléctrica de nuevo, el sofá bajo mi trasero, una cocina, un aseo con ducha, dormir en cama, por encima de todo dejo atrás el calor de la mejor hospitalidad con que se pueda soñar jamás.

Ayer celebramos el día de mi santo. Una amiga con sus hijos, su madre y nosotros dos, una mesa con aperitivos. Me sentí perdido horas antes ante los lineales del supermercado cuando bajé a comprar cosas para la cena con marcas y productos que desconozco y enfrentándome de nuevo a otra cultura gastronómica y su oferta de mercado, sus precios.

La noche anterior Simona se empeño en llevarme a cenar fuera, pescado, delicioso. Nos dormimos tarde no encontrando el momento de dejar la charla, animada y cálida. Se empeño igualmente en cederme su dormitorio insistiendo en que ella siempre duerme en el sofá, igual es cierto.

Salí tarde a rodar y pare pronto a comprar el pan, como acostumbro, añorando ya desde hoy los panes que podía comprar en Francia. Pocos kilómetros que recorro perezosamente, retrasandome por una vía ciclable, tras ellos, un poco más hasta llegar a Imperia donde tengo decidido hacer noche. Aquí, al igual que en España, el lunes es festivo y carece de sentido llegar a Génova antes del lunes, con la idea de emplear el martes visitando el consulado para lograr un nuevo pasaporte. En Génova, con suerte, podría encontrar acomodo para mi o al menos para la bici y los bultos en un convento de capuchinos según las notas de que dispongo, la información que me facilita Simona y mis propias impresiones tras visitar su convento de San Remo y conversar con uno de sus frailes.

En el camino me detengo en tres supermercados comprando muy poco en cada uno de ellos pero componiéndome la situación de como me podre proveer durante este mes en que pienso pasar recorriendo estas tierras.

Ni punto de comparación la relajación que siento al moverme por aquí en comparación con el mes último, entre esta gente me siento como en casa, comprendiendo la mayor parte de lo que dicen, no solo a mi, incluso cuando hablan entre ellos o cuando estos últimos días veia los informativos en casa de Simona. Llegué a atreverme con un libro pero lo avanzado de la hora en que me retiré a dormir ambos días me obligó a dejarlo de lado a los pocos minutos vencido por el sueño, acostumbrado como estoy a dormir muy pronto.

Al llegar a Imperia paso la tarde viendo una regata y tras la misma el trasiego de aparejos y embarcaciones en la dársena. Son según se anuncia, cuatro días de competición pero soy incapaz de enterarme el tipo de categoría a la que pertenecen estas si bien las tripulaciones, de hasta más de veinte países, están formadas de muchachos/as muy jóvenes. Termino en la oficina de la regata entregando una chaqueta de navegación que alguno de ellos ha extraviado camino a su coche. Cargados como van de bártulos es fácil que suceda, ellos encontrarán a que equipo pertenece y se la hacen llegar, me aseguran.

El tiempo es templado, nubes y apenas cuatro gotas a la hora en que paré a comer y que hoy fue mucho más tarde de lo acostumbrado tras un desayuno igualmente tardío.

No son aún las 18:00 si bien es noche cerrada y siento mientras escribo el peso de la soledad consecuencia de la compañía encontrada y dejada atrás. Solo espero la hora de poder dormir y procurar comenzar mañana el día con buen pie.

Ni que decir tiene que voy con todas las prendas lavadas y secas, al igual que cosí un par de cosas con falta de repaso, el cabello y la barba cortados por gentileza de mi anfitriona y la panza llena tras un par de días donde he comido como un animal y tomado algo de vino. Gracias Simona.



No hay comentarios:

Publicar un comentario