Lunes
08.12.14 Génova. Hay días que son gincanas
y hoy ha sido uno de esos. Llego pronto o eso creo, por que desde la
entrada al centro empleo una cantidad de tiempo desmesurada peleando
entre el intenso transito de vehículos y evitando las vías a las
que este me empuja y que no son aptas ni legales para bicis, la misma
historia que ya conozco de las grandes ciudades si bien es cierto
que los últimos 32 kilómetros los vengo haciendo por una especie de
vía verde que transcurre literalmente pegada al mar. Esta vía, con
muchas interrupciones, unirá en algún momento Ventimiglia
con Génova creo entender.
Ya
en el centro, en su puerto viejo, busco y encuentro uno oficina de
turismo, plano en mano me indican donde esta la embajada, para
mañana, hoy festivo y cerrada si bien los comercios están en su
mayor parte abiertos, al cerrar empresas, administración y colegios
hoy es un extraño pero hermoso día para ver la ciudad. Me indican
donde puedo hacerme las fotos para el pasaporte y me pregunta la
empleada donde pienso hacer noche. Dispongo de dos contactos aquí,
uno para mi desgracia esta muy alejado de la ciudad y en sentido
opuesto de la embajada por lo que queda descartado. Del otro contacto
se ocupa ella misma de llamar por teléfono sin que se lo pida
sabiendo que no hablo italiano. Más gentileza no se puede, pero mal
contacto, no es posible pasar allí la noche. Como me quiero hacer
las fotos me dice que regrese en una hora y ella se ocupa de buscarme
hospitalidad para una noche y comienza ya mismo a hacer gestiones.
El
primer sitio al que me dirijo para lo de las fotos no existe ya.
Regreso. Mal resultado con las gestiones del alojamiento si bien
llegó su compañero y también esta llamando a no se quien con el mismo asunto. De nuevo informado de que en cualquiera de las dos
estaciones de ferrocarril hay máquinas de hacer fotos me dirijo a la
más cercana disparado.
Ya
con las fotos en mi poder regreso y me mandan a una iglesia donde me
tengo que ver con un tal padre Farinella. Me explicó Simona el otro
día como se pone el género en italiano y el masculino seria
Farinelli, como el famoso castrato cuya vida, con licencias, fue llevada al cine. Me entretengo en la espera repasando mentalmente su
banda sonora, que me encanta. La iglesia permanece cerrada.
Antes
de la hora del cierre de la oficina de turismo me dirijo allí de
nuevo para informarle de mi infructuosa espera y ver si ha sucedido
algo que desconozca. O no lo entendí bien, o falló el amigo del
cura que es amigo del de la oficina, o falló el cura, o cambió de
opinión, o … a saber. Me pide que espere de nuevo un rato, que
localiza de nuevo a su amigo y este habla con el cura. Y así lo
hago. Y sin resultado de nuevo.
De
modo que en ciudad, con lo complicado que me resulta encontrar en
ellas donde y como dormir, sin conocerlas y siendo esta Génova.
Bonito panorama. Me dirijo a la plaza donde está la embajada o eso
espero, por que no alcanzo a ver placa ni señal externa que donde lo
indique. Mañana con los portales abiertos y los conserjes en sus
puestos, que esto es zona de edificios con conserje, pienso que
lograré encontrarla. Por otro lado tratándose de funcionarios españoles siempre me darán razón de ellos en una de las dos cafeterías de la plaza, de eso no tengo dudas. Por lo pronto me
preparo para pasar la noche sentado en un portal y dando alguna
cabezada de este modo.
Y
llega la noche y con ella una monumental TORMENTA, así, todo en
mayúsculas. Tras cada relámpago no necesito esperar mas de un
segundo para que truene por espacio de medio minuto haciendo temblar
la bicicleta una de cuyas alforjas me hace de orejera en mi
improvisado sillón compuesto con la colchoneta y que me servirá de
acomodo a la noche, por fortuna bajo los soportales que forman los
edificios que rodean la plaza. Esta dispone de vigilante privado por
la noche por lo que directamente queda descartado pretender estirarme
en el suelo o extender el saco y con ello asegurarme problemas.
Esta
noche soy consciente plenamente de la protección que me brinda el
saco. La temperatura baja y mucho pero no menos de 4º que no es
tanto si estas en movimiento, pero quieto y aletargado por el sueño
es muy poca a pesar de todas las prendas con que me cubro al no poder
usar el saco. El aire que me azota es gélido, por la mañana podré
ver que los Apeninos que nos rodean amanecen cubiertos de nieve. Pero
eso ya será otro día.
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