Viernes
05.12.14 Liguria. Me despierta la lluvia, tengo el saco extendido a
poca distancia de donde llegan las salpicaduras de modo que aunque no
me caen directamente prefiero recoger las cosas rápido por si un
cambio de intensidad o dirección del viento las pone bajo las aguas.
He dormido un buen montón de horas y me despierto con apetito,
bueno, siempre tengo apetito pero este es especialmente intenso. Con
todo empacado sobre la bici y ya desayunado entro en el primer bar
abierto para usar sus lavabos, un café caliente que a falta de
cocina siempre desayuno frío, y pregunto por un lugar donde comprar
el pan. Con lluvia nunca se donde ni cuando he de detenerme y con pan
y agua eso deja de ser un problema. La lluvia cesará pronto de
cualquier modo. Quien me atiende en el bar me dice que tiene pan de
ayer, que no lo va a usar y si lo quiero es mio, de modo que salgo
aseado con las botellas llenas de agua y pan en mi bolsa. Buen
comienzo de día.
Ruedo
sin prisa, deteniéndome en cada población para visitarla y
retrasando lo posible mi llegada a Génova. Hermosos lugares costeros
se suceden, eso si, con playas sucias y descuidadas por las recientes
lluvias que han arrastrado ramas y troncos, cañas y basuras y que
por la estación no se apresuran a limpiar, su aspecto es deprimente
y decadente, con todo eso acumulado sobre la arena y los
establecimientos cerrados no como se cierran para una noche o un día
de descanso, cerrados con todo recogido bajo plásticos y lonas,
listos para pasar los meses de invierno.
De
nuevo con facilidad de acceso a internet cuelgo un post y atiendo
correos que tenia descuidados.
Antes
de domesticar la electricidad, siendo la luz un artículo de lujo al
alcance de pocos, luz a deshoras, se entiende, en largas noches y
durante miles de años, la humanidad se ha visto obligada a vivir los
ciclos de las estaciones y adecuar sus ritmos a los de la naturaleza.
De este modo reposaba más, por obligación, y sus tiempos de trabajo
estaban sincronizados con amaneceres y puestas de sol. En este
sentido creo que soy un privilegiado ya que puedo disfrutar de ese
obligado hábito.
No
recuerdo donde leí la relación entre períodos de oscuridad, frío
y una cierta dosis de hambre con la estimulación de la glándula
pineal y su relación con la fabricación de sustancias
anticancerígenas. Tenemos controlada la luz, el frío y el hambre en
nuestra parte del mundo al menos para la mayor parte de la población,
pero no así el cáncer. Al margen y no menos importante han de ser
los trastornos psicológicos que a buen seguro son causados por una vida alejada de esos ciclos naturales de luz, alimentos de temporada
y temperaturas controladas. Como en tantas otras cosas, menos es más.
Mis
horas de sueño en esta situación son muchas obligadas por la falta
de luz a detener mi actividad y a eso le sumo el que muchas noches el
sonido que acompaña mis sueños no es otro que el de la naturaleza,
hojas secas movidas por el viento, el mecer de ramas, sonidos de
aguas tranquilas o de impetuoso mar, lluvia sobre un tejado, el techo
de mi tienda o el golpear de las mismas en el suelo a un palmo de mi
cara. Todo esto más el moderado ejercicio diario me regalan sueños
reparadores y vitales despertares con una calidad de descanso por
encima de mis necesidades. Quiero pensar que la falta de las
ansiedades de la viva de consumo y la ausencia de pensamientos
negativos hacen de buen seguro su aporte.
Las
cosas que me separan de las noches perfectas, en mi situación, entiéndase, las conozco y lo que esta en mis manos para acercarme a
ellas es un objetivo cada vez más cercano.
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