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sábado, 13 de diciembre de 2014

Miércoles 10.12.14. Sestri Levante. Día de cielo despejado, mañana fria y limpia, seca.

Ruedo tras mi desayuno con varios temas en la cabeza. Mi recorrido me llevará por una carretera cerrada al tránsito por desprendimientos y reparaciones en varios túneles, cuando llovió a lo bestia yendo por por Francia, aquí el agua hizo sus destrozos igualmente. Me detengo en Sestri Levante para informarme, oficina de turismo con la amabilidad que vengo encontrando por toda la Liguria. Me confirma lo de la carretera con dos posibles alternativas, una descartada por tratarse de la autopista y la otra me llevaría por un puerto de montaña con posibilidad de nieve por la cota, nieve que voy viendo a mi izquierda o si miro hacia atrás en las montañas que rodean Génova. Subir con nieve no se me ilusiona especialmente, pero bajarlo es lo que más temo. Eso lo puedo evitar con un rápido trayecto en tren de cercanías ya que la distancia a salvar realmente es muy corta, creo que de no más de 10 kilómetros son los afectados por esos túneles. Con esto y en pocos minutos evito una penosa travesía cargada de penurias, incertidumbres y no pocos riesgos.

La mujer está ociosa y pasamos un buen rato conversando y ya puestos planificando parte de mis escalas hacia Roma. Al saber que vendo desde Santiago por la Vía Tolosana y voy a tomar la Francigena me dice que hay un convento en el pueblo que acoge a peregrinos, me da las señas y ante una ducha caliente en perspectiva no lo dudo y allí me dirijo.

Tan pronto toco el timbre me abren la puerta, me hacen pasar e interrogan si quiero comer, cenar, dormir... les digo que viajo con comida, que gracias, pero dormir y una ducha si me vendría bien. El conserje llegara en un rato y el se ocupará de mi, solo he de esperar un rato en sus jardines donde me entretengo sentado en el claustro admirando el interior del convento, frescos en paredes y techos y una arquitectura que ya conozco de la Liguria. Es bonito y se respira la quietud y armonía de estas gentes, los árboles son centenarios y el jardín a pesar de la estación presenta un aspecto cuidado y alegre.

Tras instalarme cómodamente en una habitación frente a las duchas, el dormitorio dispone de lavabo, salgo a recorrer el pueblo sin tener que arrastrar la bici ni tener que andar pendiente de ella con el candado y demás. Tiendas de deportes y ferreterías buscando un cubierto sin éxito. En la estación tomo un horario de trenes donde indica cuales de ellos pueden llevar bicis y con el recuerdo de Somport en mi cabeza tengo ya decidido que no voy a bajar un puerto nevado si tengo alternativa. Así como he tomado ferry, por razones obvias, he evitado los trenes por que estos te cambian distancia-tiempo por dinero y yo ando siempre sobrado de lo primero y escaso de lo segundo, pero bajar con nieve es algo que me causa mucho respeto y no estoy como para tener accidentes. Esta mañana retiraron una goma que cubría el cable del freno y ya el trasero me trabaja como se espera de el, estaba pellizcada y era la causa de su deficiente funcionamiento.

Acostado en mi cama con una edición del Evangelio de San Lucas en cuatro idiomas se me cierran los ojos muy pronto, la panza llena, el cuerpo caliente tras la ducha y pensando en lo espantosamente mal que han cantado los salmos en el servicio de vísperas del convento, donde asistí con las hermanas, todas muy mayores salvo la madre superiora y seis africanas.


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