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miércoles, 8 de octubre de 2014

Viernes 03.10.14 Monte do Gozo e inicio de mi Camino Francés al revés. Tal y como prometía el nombre Bruma amanece, por decir algo, dentro de una densa niebla en una mañana fría y húmeda. Me levanto a las 6 al oír el movimiento de gente en el albergue pero es imposible hacer nada a esas horas con la bici, noche cerrada, niebla cerrada y ninguna visibilidad. Desayuno en el albergue, eso sí, restos de comida que arrastro y de este modo apuro. El hospitalero ya nos advirtió que el primer punto donde poder encontrar un café dista a 8 kilómetros. Es Bruma lugar aislado y en invierno, con su altura ha de resultar duro.

Allí en el café encuentro al resto de los peregrinos que salieron a pie y alcanzo con la bici más algún otro de albergues privados cercanos que se juntan allí para desayunar, animada mesa que compartimos con fotos, conversación curiosa para esos momentos y alguna risa.

Este tramo del camino, que desciende, tan solo al final, próximo a Santiago remonta unos 200 metros de desnivel, lo hago por el sendero de los peregrinos ya que es transitable con la bici, cosa que también me informó el hospitalero o marido de la hospitalera que no se quien de ambos es el titular de la plaza. Y es en Santiago donde al fin realizo una compra medio decente y desde allí salgo a Monte do Gozo que tenia ganas de conocer.

Este es un macro albergue que reúne 30 pabellones cada uno de los cuales esta dotado de sus propias instalaciones como si fuera independiente del conjunto. Sus propias cocinas, duchas, comedores y salón de estar, etc. con dormitorios de 4 literas cada uno alcanzando un imponente número total de plazas, más de 150 solo contando las plazas adaptadas para minusválidos que tengo oportunidad de ver con un autobús de estos que cada año los trae desde Francia para hacer la última etapa y con los que coincido. Hacen esa etapa del camino en unas camillas que disponen de una sola rueda y son guiadas por dos voluntarios, que viajan con ellos. Usaron para descansar un pabellón frente al que tenia yo asignado. El complejo dispone o disponía que ahora están cerrados no se si por temporada o de otro modo, de tiendas, restaurante y cafeterías, salones, un camping y creo que hotel que ese extremo no lo confirmé. Poco tiene que ver con otros que ocupan antiguos edificios rehabilitados con mejor o peor acierto o incluso de reciente factura como el de Muxia que no por eso era menos acogedor.

Una de las veces que salgo al exterior, a la bici, a recoger no se que cosa, veo junto a mi bici algo totalmente surrealista, una bici modelo “verano azul” de esas con ruedas de 20 pulgadas, sin marchas y con el manillar que parece los cuernos de una cabra, si de esas, con bisagra en el centro para guardarla o transportarla plegada, con plásticos transparentes, cintas aquí y allá, por tener tiene hasta pinzas de tender la ropa en una varilla de las que le sujeta el guardabarros, ah y un piolet, de los de bastón largo. ¡Necesito saber que personaje viaja en eso! Y al rato, en la cocina conozco a su propietario, Francisco, se presenta dándose un golpe con el puño en su pecho antes de extender la mano. Viaja desde Jaca, creo que va y viene constantemente viviendo en el camino donde conoce albergues, hospitaleros y todo lo que por aquí se mueve y sucede, ya conocí a Humberto en Muxia que hace lo propio pero este desde Italia. Bota de vino colgada al cuello y en su bidón orujo en vez de agua gasta Francisco. Defiende que el camino autentico, el de verdad, es el que une Jerusalen con Roma y Santiago y ese no es otro que el Tolosano, el que pasa por Somport y Jaca, su pueblo, y anda metido en una especie de cruzada buscando reconocimiento a dicho camino y que se desligue del Camino Francés, con implicación en su proyecto de entidades oficiales, eso entre trago y trago de orujo y explicado con su atronadora voz baturra.

Por lo demás en el albergue se respira un clima exaltado, de ansiedad y animación, aquí pernoctan gentes que de muchos caminos confluyen y esperan con expectación su próxima y última jornada que con solo 5 kilómetros les ha de llevar a Santiago.

Me caliento con una sopa de sobre por meter algo caliente al cuerpo, no se que me pasó pero algo no me sentó del todo bien y me hace pasar media noche sentado en el salón, leyendo el libro donde la gente deja sus frases, que las hay de todo tipo y en todas las lenguas, con dolor de tripa. Al final, cansado y vencido por el sueño e retiro a mi litera.


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