Viernes
03.10.14 Monte do Gozo e inicio de mi Camino Francés al revés. Tal y
como prometía el nombre Bruma amanece, por decir algo, dentro de
una densa niebla en una mañana fría y húmeda. Me levanto a las 6 al oír el movimiento de gente en el albergue pero es imposible hacer
nada a esas horas con la bici, noche cerrada, niebla cerrada y
ninguna visibilidad. Desayuno en el albergue, eso sí, restos de
comida que arrastro y de este modo apuro. El hospitalero ya nos
advirtió que el primer punto donde poder encontrar un café dista a
8 kilómetros. Es Bruma lugar aislado y en invierno, con su altura ha
de resultar duro.
Allí
en el café encuentro al resto de los peregrinos que salieron a pie y
alcanzo con la bici más algún otro de albergues privados cercanos
que se juntan allí para desayunar, animada mesa que compartimos con
fotos, conversación curiosa para esos momentos y alguna risa.
Este
tramo del camino, que desciende, tan solo al final, próximo a
Santiago remonta unos 200 metros de desnivel, lo hago por el sendero
de los peregrinos ya que es transitable con la bici, cosa que también me informó el hospitalero o marido de la hospitalera que no se quien
de ambos es el titular de la plaza. Y es en Santiago donde al fin
realizo una compra medio decente y desde allí salgo a Monte do Gozo
que tenia ganas de conocer.
Este
es un macro albergue que reúne 30 pabellones cada uno de los cuales
esta dotado de sus propias instalaciones como si fuera independiente
del conjunto. Sus propias cocinas, duchas, comedores y salón de
estar, etc. con dormitorios de 4 literas cada uno alcanzando un imponente número total de plazas, más de 150 solo contando las
plazas adaptadas para minusválidos que tengo oportunidad de ver con
un autobús de estos que cada año los trae desde Francia para hacer
la última etapa y con los que coincido. Hacen esa etapa del camino
en unas camillas que disponen de una sola rueda y son guiadas por dos
voluntarios, que viajan con ellos. Usaron para descansar un pabellón
frente al que tenia yo asignado. El complejo dispone o disponía que
ahora están cerrados no se si por temporada o de otro modo, de tiendas, restaurante y cafeterías, salones, un camping y creo que
hotel que ese extremo no lo confirmé. Poco tiene que ver con otros
que ocupan antiguos edificios rehabilitados con mejor o peor acierto
o incluso de reciente factura como el de Muxia que no por eso era
menos acogedor.
Una
de las veces que salgo al exterior, a la bici, a recoger no se que
cosa, veo junto a mi bici algo totalmente surrealista, una bici
modelo “verano azul” de esas con ruedas de 20 pulgadas, sin
marchas y con el manillar que parece los cuernos de una cabra, si de
esas, con bisagra en el centro para guardarla o transportarla
plegada, con plásticos transparentes, cintas aquí y allá, por
tener tiene hasta pinzas de tender la ropa en una varilla de las que
le sujeta el guardabarros, ah y un piolet, de los de bastón largo.
¡Necesito saber que personaje viaja en eso! Y al rato, en la cocina
conozco a su propietario, Francisco, se presenta dándose un golpe con
el puño en su pecho antes de extender la mano. Viaja desde Jaca,
creo que va y viene constantemente viviendo en el camino donde conoce
albergues, hospitaleros y todo lo que por aquí se mueve y sucede, ya
conocí a Humberto en Muxia que hace lo propio pero este desde
Italia. Bota de vino colgada al cuello y en su bidón orujo en vez de
agua gasta Francisco. Defiende que el camino autentico, el de verdad,
es el que une Jerusalen con Roma y Santiago y ese no es otro que el
Tolosano, el que pasa por Somport y Jaca, su pueblo, y anda metido en
una especie de cruzada buscando reconocimiento a dicho camino y que
se desligue del Camino Francés, con implicación en su proyecto de
entidades oficiales, eso entre trago y trago de orujo y explicado con
su atronadora voz baturra.
Por
lo demás en el albergue se respira un clima exaltado, de ansiedad y
animación, aquí pernoctan gentes que de muchos caminos confluyen y
esperan con expectación su próxima y última jornada que con solo 5
kilómetros les ha de llevar a Santiago.
Me
caliento con una sopa de sobre por meter algo caliente al cuerpo, no
se que me pasó pero algo no me sentó del todo bien y me hace pasar
media noche sentado en el salón, leyendo el libro donde la gente
deja sus frases, que las hay de todo tipo y en todas las lenguas, con
dolor de tripa. Al final, cansado y vencido por el sueño e retiro a
mi litera.
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