Jueves
02.10.14 Camino Inglés. Ayer por la tarde, tras la preceptiva y
gratificante visita a la Torre de Hércules, dejó atrás, por fin,
La Coruña y comienzo mi Camino Inglés tras no pocas consideraciones
entre esta alternativa y la de viajar por la costa de Lugo para más
tarde y en su capital unirme al Camino Francés en dirección
contraria.
Necesito
lavar alguna cosa y a mi persona, me anuncian que cambio de tiempo
desde mañana con un fin de semana mojado y no menos importante esta
la dureza de esa otra ruta con fuertes desniveles de los que ya ando
agotado. Cualquier parque de atracciones puede cambiar el nombre a su
montaña rusa para titularla carretera gallega sin faltar a la
verdad. Si el tiempo se anuncia malo me vería más desprotegido sin
albergues o abrigos y con poca o ningunas ganas ni oportunidades de
recorrer su costa con ánimos lúdicos.
Visité
ayer O Burgo y su sencilla a la vez que hermosa iglesia románica,
ciudad con fuerte impronta templaria, su puerto, puente, molinos,
etc, son legado de ellos. Desde allí me dirijo a Cambre con otra
preciosa iglesia del s. XII que afirma tener una reliquia de las
bodas de Cannan. En Cambre me recetan unas gotas para ver de eliminar
un tapón que tengo en el oído derecho y que me tiene loco de
zumbidos en la cabeza, sordo y tocado de equilibrio.
El
camino a Carral es más de lo mismo, subir, subir, bajar, subir, las
piernas se cargan en las subidas y se enfrían al bajar en vacío, por
lo que siempre las siento congestionadas.
Anoche
en Cambre pregunté a unos municipales por lugar a cubierto donde
pasar la noche y amablemente me enviaron a la entrada del
polideportivo, donde he dormido estupendamente. Aproveche las horas
desde que llegué hasta su cierre para poner orden en todas mis
pertenencias, montando y desmontando bultos, distribuyendo pesos y
volúmenes en la bolsa estanca que Nina me envió. ¿Como
agradecérselo?
La
comida de hoy la hice en un área de picnic, bajo el cálido sol, junto
a un centro de interpretación sobre molinos batán, entre Carral y O
Mesón do Vento donde me desviaré hacia Bruma. Que bonito nombre
para una población. Y que amenazante.
Llego
al albergue, seremos pocos por las fechas y que el Camino Inglés no
será el más popular de todos. Allí veo el negocio que se tienen
montados algunos, que ya la hospitalera me sugiere que un restaurante
cercano me puede traer la comida al albergue y cual es mi sorpresa al
ver que a una familia se la traen y al momento a otro par de
caminantes. Negocios de llevar mochilas he visto, el de los albergues
privados también y ahora el de catering para peregrinos. A su favor
decir que en esta aldea no hay tienda, pero eso no es sorpresa, los
pasaportes de peregrinos ya indican en donde las hay o no, y la gente
anda con listas bajadas de internet con toneladas de información al
respecto. Esto es una aldea de 35 vecinos y a las 18:30 pasa cada día
una furgoneta que se detiene, toca el claxon y la gente sube por
orden a mirar en su interior, en unas estanterías que tiene montadas
en sus laterales, para ver de encontrar algo con lo que llenar sus
panzas, el día comenzó antes de que abrieran tiendas y por lo visto
el camino que tomaron los que se nos unen de Ferrol no pasó por
aldea con tienda, al final negocio de catering y furgoneta de prohibitivos precios y poca oferta.
Terminamos
juntandonos 11 personas, la mitad de la capacidad del albergue
viniendo casi todos de Ferrol, por lo de la Compostelana que desde La
Coruña por la distancia no se obtiene. Una familia de canarios que
hacen el camino por segundo año, si bien cambiando itinerario y que
ya planean su tercer año. Un par de amigos desde La Coruña,
Fernando y el otro que no llegué a escuchar su nombre. David, de
Mexico, vino a España para unos cursos sobre caballos, que trabaja
en ellos, en Madrid y otro en Jerez de la Frontera y hace su camino
antes de regresar a sus tierras. Por la noche Fernando, David y yo
apuramos la hora de dormir tomando un vino que alguien antes dejó
allí.
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