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miércoles, 8 de octubre de 2014

Jueves 02.10.14 Camino Inglés. Ayer por la tarde, tras la preceptiva y gratificante visita a la Torre de Hércules, dejó atrás, por fin, La Coruña y comienzo mi Camino Inglés tras no pocas consideraciones entre esta alternativa y la de viajar por la costa de Lugo para más tarde y en su capital unirme al Camino Francés en dirección contraria.

Necesito lavar alguna cosa y a mi persona, me anuncian que cambio de tiempo desde mañana con un fin de semana mojado y no menos importante esta la dureza de esa otra ruta con fuertes desniveles de los que ya ando agotado. Cualquier parque de atracciones puede cambiar el nombre a su montaña rusa para titularla carretera gallega sin faltar a la verdad. Si el tiempo se anuncia malo me vería más desprotegido sin albergues o abrigos y con poca o ningunas ganas ni oportunidades de recorrer su costa con ánimos lúdicos.

Visité ayer O Burgo y su sencilla a la vez que hermosa iglesia románica, ciudad con fuerte impronta templaria, su puerto, puente, molinos, etc, son legado de ellos. Desde allí me dirijo a Cambre con otra preciosa iglesia del s. XII que afirma tener una reliquia de las bodas de Cannan. En Cambre me recetan unas gotas para ver de eliminar un tapón que tengo en el oído derecho y que me tiene loco de zumbidos en la cabeza, sordo y tocado de equilibrio.

El camino a Carral es más de lo mismo, subir, subir, bajar, subir, las piernas se cargan en las subidas y se enfrían al bajar en vacío, por lo que siempre las siento congestionadas.

Anoche en Cambre pregunté a unos municipales por lugar a cubierto donde pasar la noche y amablemente me enviaron a la entrada del polideportivo, donde he dormido estupendamente. Aproveche las horas desde que llegué hasta su cierre para poner orden en todas mis pertenencias, montando y desmontando bultos, distribuyendo pesos y volúmenes en la bolsa estanca que Nina me envió. ¿Como agradecérselo?

La comida de hoy la hice en un área de picnic, bajo el cálido sol, junto a un centro de interpretación sobre molinos batán, entre Carral y O Mesón do Vento donde me desviaré hacia Bruma. Que bonito nombre para una población. Y que amenazante.

Llego al albergue, seremos pocos por las fechas y que el Camino Inglés no será el más popular de todos. Allí veo el negocio que se tienen montados algunos, que ya la hospitalera me sugiere que un restaurante cercano me puede traer la comida al albergue y cual es mi sorpresa al ver que a una familia se la traen y al momento a otro par de caminantes. Negocios de llevar mochilas he visto, el de los albergues privados también y ahora el de catering para peregrinos. A su favor decir que en esta aldea no hay tienda, pero eso no es sorpresa, los pasaportes de peregrinos ya indican en donde las hay o no, y la gente anda con listas bajadas de internet con toneladas de información al respecto. Esto es una aldea de 35 vecinos y a las 18:30 pasa cada día una furgoneta que se detiene, toca el claxon y la gente sube por orden a mirar en su interior, en unas estanterías que tiene montadas en sus laterales, para ver de encontrar algo con lo que llenar sus panzas, el día comenzó antes de que abrieran tiendas y por lo visto el camino que tomaron los que se nos unen de Ferrol no pasó por aldea con tienda, al final negocio de catering y furgoneta de prohibitivos precios y poca oferta.

Terminamos juntandonos 11 personas, la mitad de la capacidad del albergue viniendo casi todos de Ferrol, por lo de la Compostelana que desde La Coruña por la distancia no se obtiene. Una familia de canarios que hacen el camino por segundo año, si bien cambiando itinerario y que ya planean su tercer año. Un par de amigos desde La Coruña, Fernando y el otro que no llegué a escuchar su nombre. David, de Mexico, vino a España para unos cursos sobre caballos, que trabaja en ellos, en Madrid y otro en Jerez de la Frontera y hace su camino antes de regresar a sus tierras. Por la noche Fernando, David y yo apuramos la hora de dormir tomando un vino que alguien antes dejó allí.


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