Sábado
04.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Arzúa. Comienza pronto la
actividad en Monte do Gozo, se palpa la ansiedad por alcanzar
Santiago y la previsión de lluvia a partir del medio día es un
aliciente adicional para llegar pronto. La gente desayuna y salen en
bandadas, eso los que ni se detienen a ello que ya por el camino
encontraran donde tomar algo. Hago tiempo a que se pueda ver algo ya
que a la acostumbrada oscuridad de estas horas de madrugada se suma
que Monte do Gozo esta cerrado de una espesa niebla que lo cubre
todo.
Es
irreal con esa luz la estampa de los preparativos para llevar a
Santiago a los cerca de 30 peregrinos con movilidad reducida, ver
como los acomodan y sujetan con seguridad a esas camillas que tanto
me llamaron ayer la atención y sus porteadores mayormente gente ya
muy madura se van perdiendo al penetrar en la niebla con su solidaria
carga.
Horas
más tarde, con una puntualidad machacona, a las 12:02 comienza a
caer agua, primero discretamente y una hora más tarde, ya entrando
en Arzúa por el sendero, este camino es todo practicable en bici si
bien con tramos de más dificultad, con intensidad. En el albergue lo
que ya conozco, he de dar preferencia a caminantes, en esta ocasión
me piden que espere a las 17:00 si bien uso el albergue antes para
comer y andar por allí a cubierto. A pesar de lo avanzado de las
fechas se dejan notar la confluencia de caminos y que uno de ellos,
el Francés, es con diferencia el más concurrido y veo como se van
llenando las plazas, por fortuna soy el único “ciclista” y logro
plaza sin mayor dificultad.
La
gente se conoce mayormente, ya formaron sus grupos, en mi caso al ir
contra corriente no me sucederá eso en las jornadas de camino que me
resten y los que vaya conociendo los dejaré atrás cada día como ya
me sucedió en Monte do Gozo con una pareja de Zamora o con
Francisco. Al muestrario de lugares y países aquí se añaden una
familia y otra pareja de sevillanos que le dan la nota de color y alegría a la estancia.
En
las horas que paso de espera, acompañando a la hospitalera buena
parte de ese tiempo, veo formas curiosas de entender el camino y sus
hospedajes públicos, desde gente que pide ver los dormitorios antes,
o que estos no sean mixtos, otros que pretenden les dejen una
habitación en exclusiva para ellos, a ser posible con aseo
independiente o un señor que con su taxi detenido en la puerta entra
para sellar la credencial para a continuación subir de nuevo al
mismo y continuar de este modo “su peregrinación” a golpe de
taxímetro.
Por
la tarde, tras una merienda ligera, comienzo a sentirme mal de nuevo,
como la noche pasada pero esta vez acompañado de fiebre. No ceno y
visito con frecuencia el aseo con vómitos.
A
las 12:00 comienzo mi cumpleaños, 52, tendido en el suelo de un
retrete con la temperatura alta y sin parar de vomitar. No muy lejos
hay un centro de salud y ya la hospitalera me dijo por la tarde que
si no me sentía bien no tenia problema en continuar allí, pero
pienso en esas horas que si salgo por la noche con una puerta que
solo se abre desde dentro y todos durmiendo temo que nadie me oiga al
llamar para abrirme o que aún oyéndome no me abran por la razón que
sea y prefiero pasar el momento y esperar a la mañana. De madrugada
ocupo el calor de mi litera y me vence el sueño.
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