Lunes
06.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Portomarín. El albergue es
todo el un tendedero y se anuncia lluvia para toda la semana. La
prenda de abrigo que uso dudo que mañana este del todo seca, salvo
un milagro esta noche.
El
día amaneció cubierto y comenzó a llover al poco de ponerme en
marcha, una lluvia intermitente que al medio día se torno en
constante. A Palas de Rei llego poco mojado pero es temprano y si no
ruedo más distancia se me va a eternizar y quiero dejar atrás
algunas tierras antes de que lleguen los fríos serios. El torrente de
peregrinos es sorprendentemente alto, no necesito mirar las flechas
al revés por que jalonan todo el Camino que hoy recorro salvo cuando va paralelo a la carretera que uso esta por ocasionar menos molestia.
La lluvia no detiene a nadie ni parece que afecte el humor de la
gente que se les ve animados y contentos. Me sorprenden, eso si
algunos modelos antes no vistos, desde uno con prendas militares
casco incluido hasta dos chicas en diversos puntos del camino, una con
vestido corto y otra con minifalda, como suena.
De
Palas de Rei llego a Ligonde y charlo un rato con la hospitalera que
anda con poco trabajo a estas horas, tan solo le han entrado 3 de las
20 plazas de las que dispone. Estoy cerca del alto de la Sierra de
Ligonde, en Ligones, que lo subo sin dificultad pero con una
transpiración que la chaqueta del traje de agua retiene y me cala la
ropa. Membrana de gorotex es la palabra mágica y su costo lo que me
separa de ella, antes, mucho antes de llegar a eso hay otras cosas y
puesto a tenerla en alguna parte primero sera en el calzado.
Ya
desde el alto de Ligones es todo bajada, con escasos repechos, pero
la lluvia ya arrecia y si desde el medio día no se detuvo ahora es
muy intensa pero en Gonzar las plazas están cubiertas y solo me
separan 8 kilómetros cuesta abajo de Portomarín y mojado ya estoy
de modo que me lanzo para abajo con mis nuevas pastillas de freno que
son una gozada en cuanto a seguridad.
Portomarín
cuenta con dos grandes albergues, uno de la Xunta y otro municipal si
bien en este último no aceptan ciclistas y ademas por fortuna, ya
que entra una excursión de niños lo que augura una noche movida a
los que hayan tenido la desgracia de ocupar plaza.
Ah, comí en Gonzar, después de pedirle poder usar el comedor a la
hospitalera que me dice que por favor use lo que necesite, si bien
carece de menaje. La gente compra algunos utensilios que después
dejan allí y que misteriosamente en esta zona del Camino después desaparecen. Me reafirmo en mi teoría que se deshacen de ellos por
cuestión de costos de mantenimiento de los albergues, es imposible
que cuando llegas a uno no tengan nada de nada.
Ya
viajo con café y leche y desde hoy con un tazón que más parece un
orinal reducido de lo inmenso que es, entra medio litro, de modo que
puede usarse llenándolo en parte para un café con leche o servirme
medio sobre de sopa, incluso hacer de cuenco para tomar un bote de
comida preparada. Ya sueño en poder reponer la cocina que me
quitaron y prepararme alguna cosa, tan pronto como pueda dormir de
nuevo sin albergue y quitarme un gasto que me esta sangrando por las
malditas lluvias o amenazas de las mismas. En cuanto al dinero, hoy
consternado compruebo que en no se que momento y lugar he extraviado
un billete de 50 € que en mis cuentas debía tener y no tengo. Esto
me lleva a una situación mas delicada si cabe. Recuerdo que decía Francisco en Monte do Gozo que “siempre que llovió dejó de llover”
y en una versión menos esperanzadora “y siempre que dejó de
llover, llovio de nuevo”. Incluso lluvias fabulosas universales
como el diluvio o de índole más local tipo Macondo dieron por
terminar en algún momento.
Ceno
con una brasileña que camina desde Roncesvalles, converso con otro
ciclista de Bilbao, Juantxu, con el que comparto dormitorio y con Eva
de Zaragoza que es restauradora de arte y que comenzó hoy su camino
en Sarria, rendida cae en sueño profundo bien pronto. En la puerta
una niña rubita de rasgos normandos canta con voz de ángel mientras
un perroflauta toca el ukelele y su novia japonesa le mira enamorada.
Dentro unos juegan a las cartas, otros cocinan con utensilios que
mañana desaparecerán o hacen vanos intentos por secar unas prendas
en un ambiente que de tan húmedo no se presta a ello. La maquina
secadora cuesta un euro pero la lluvia comenzó hace pocos días,
mañana los pagaran con gusto, tan pronto se empiecen a quedar sin
nada que ponerse.
Por
si mañana no logro llegar a ningún lado con tienda y e he de
refugiar donde sea, hago compra de alientos, a falta del pan que lo
haré antes de salir. Mi idea si puedo es llegar a Samos y hacer
noche en un convento Benedictino haciendo de este modo jornada y
media en vez de dos, que después tengo la de O Cebreiro que ya es
dura de por si y con lluvia puede ser un tormento el ascenso. Ya hoy
en el alto a la lluvia se le unió el viento. Eso si, pasar en esas condiciones y con la niebla por algunas aldeas se me antojó una
imagen medieval , con las construcciones de granito, el humo saliendo
de las chimeneas, suelo empedrado y vacas que te miran desde sus
establos o campos.
Dejo
de escribir y me bajo a escuchar la música que hacen.
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