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miércoles, 8 de octubre de 2014

Lunes 06.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Portomarín. El albergue es todo el un tendedero y se anuncia lluvia para toda la semana. La prenda de abrigo que uso dudo que mañana este del todo seca, salvo un milagro esta noche.

El día amaneció cubierto y comenzó a llover al poco de ponerme en marcha, una lluvia intermitente que al medio día se torno en constante. A Palas de Rei llego poco mojado pero es temprano y si no ruedo más distancia se me va a eternizar y quiero dejar atrás algunas tierras antes de que lleguen los fríos serios. El torrente de peregrinos es sorprendentemente alto, no necesito mirar las flechas al revés por que jalonan todo el Camino que hoy recorro salvo cuando va paralelo a la carretera que uso esta por ocasionar menos molestia. La lluvia no detiene a nadie ni parece que afecte el humor de la gente que se les ve animados y contentos. Me sorprenden, eso si algunos modelos antes no vistos, desde uno con prendas militares casco incluido hasta dos chicas en diversos puntos del camino, una con vestido corto y otra con minifalda, como suena.

De Palas de Rei llego a Ligonde y charlo un rato con la hospitalera que anda con poco trabajo a estas horas, tan solo le han entrado 3 de las 20 plazas de las que dispone. Estoy cerca del alto de la Sierra de Ligonde, en Ligones, que lo subo sin dificultad pero con una transpiración que la chaqueta del traje de agua retiene y me cala la ropa. Membrana de gorotex es la palabra mágica y su costo lo que me separa de ella, antes, mucho antes de llegar a eso hay otras cosas y puesto a tenerla en alguna parte primero sera en el calzado.

Ya desde el alto de Ligones es todo bajada, con escasos repechos, pero la lluvia ya arrecia y si desde el medio día no se detuvo ahora es muy intensa pero en Gonzar las plazas están cubiertas y solo me separan 8 kilómetros cuesta abajo de Portomarín y mojado ya estoy de modo que me lanzo para abajo con mis nuevas pastillas de freno que son una gozada en cuanto a seguridad.

Portomarín cuenta con dos grandes albergues, uno de la Xunta y otro municipal si bien en este último no aceptan ciclistas y ademas por fortuna, ya que entra una excursión de niños lo que augura una noche movida a los que hayan tenido la desgracia de ocupar plaza.

Ah, comí en Gonzar, después de pedirle poder usar el comedor a la hospitalera que me dice que por favor use lo que necesite, si bien carece de menaje. La gente compra algunos utensilios que después dejan allí y que misteriosamente en esta zona del Camino después desaparecen. Me reafirmo en mi teoría que se deshacen de ellos por cuestión de costos de mantenimiento de los albergues, es imposible que cuando llegas a uno no tengan nada de nada.

Ya viajo con café y leche y desde hoy con un tazón que más parece un orinal reducido de lo inmenso que es, entra medio litro, de modo que puede usarse llenándolo en parte para un café con leche o servirme medio sobre de sopa, incluso hacer de cuenco para tomar un bote de comida preparada. Ya sueño en poder reponer la cocina que me quitaron y prepararme alguna cosa, tan pronto como pueda dormir de nuevo sin albergue y quitarme un gasto que me esta sangrando por las malditas lluvias o amenazas de las mismas. En cuanto al dinero, hoy consternado compruebo que en no se que momento y lugar he extraviado un billete de 50 € que en mis cuentas debía tener y no tengo. Esto me lleva a una situación mas delicada si cabe. Recuerdo que decía Francisco en Monte do Gozo que “siempre que llovió dejó de llover” y en una versión menos esperanzadora “y siempre que dejó de llover, llovio de nuevo”. Incluso lluvias fabulosas universales como el diluvio o de índole más local tipo Macondo dieron por terminar en algún momento.

Ceno con una brasileña que camina desde Roncesvalles, converso con otro ciclista de Bilbao, Juantxu, con el que comparto dormitorio y con Eva de Zaragoza que es restauradora de arte y que comenzó hoy su camino en Sarria, rendida cae en sueño profundo bien pronto. En la puerta una niña rubita de rasgos normandos canta con voz de ángel mientras un perroflauta toca el ukelele y su novia japonesa le mira enamorada. Dentro unos juegan a las cartas, otros cocinan con utensilios que mañana desaparecerán o hacen vanos intentos por secar unas prendas en un ambiente que de tan húmedo no se presta a ello. La maquina secadora cuesta un euro pero la lluvia comenzó hace pocos días, mañana los pagaran con gusto, tan pronto se empiecen a quedar sin nada que ponerse.

Por si mañana no logro llegar a ningún lado con tienda y e he de refugiar donde sea, hago compra de alientos, a falta del pan que lo haré antes de salir. Mi idea si puedo es llegar a Samos y hacer noche en un convento Benedictino haciendo de este modo jornada y media en vez de dos, que después tengo la de O Cebreiro que ya es dura de por si y con lluvia puede ser un tormento el ascenso. Ya hoy en el alto a la lluvia se le unió el viento. Eso si, pasar en esas condiciones y con la niebla por algunas aldeas se me antojó una imagen medieval , con las construcciones de granito, el humo saliendo de las chimeneas, suelo empedrado y vacas que te miran desde sus establos o campos.


Dejo de escribir y me bajo a escuchar la música que hacen.

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