Martes
02.09.14 Jornadas lusitanas IX. Camping San Miguel. Lo hice. Hoy me
metí en un camping, a escasos 500 metros de donde dormí ayer. He
puesto lavadora, doble techo incluido y al menos detenido su
deterioro por el moho y reducido mucho las manchas del mismo. Me he
duchado con alevosía y después me he duchado otra vez, la primera
para quitarme la sensación de suciedad (y la suciedad) y la otra por
placer. He sacado todas las cosas, las he limpiado, ordenado y vuelto
a colocar de nuevo. Hacerlo todo con tranquilidad, sin prisas, seguro
al saber que la bici está a buen recaudo ya que a la propia
seguridad del camping le he de añadir el que su vigilante esta a
escasos metros de donde he acampado. He cenado una especie de sopa
espesa o crema caldosa, pero caliente, comida de cuchara. Por los 12
€ que he gastado en pasar el día y la noche en el camping he
puesto las cosas y sobre todo mi espíritu en orden y quitado toda la
mala leche que tenia acumulada, por que hoy a amanecido gris, el
cielo cubierto de nubes amenazando tormenta y mis ánimos por los
suelos y simplemente necesitaba este descanso, este jabón, esta
comida caliente. Salir de los bosques donde duermo, de las playas y
del asfalto durante un solo día, estar bajo techo, entre personas,
poder sentarme en una silla algo más de tiempo que el que brevemente
paso en los desayunos.
Por
la tarde he salido con la bici, sin carga ni alforjas. Las primeras
sensaciones muy raras, se me iba la dirección acostumbrado a llevar
carga en la horquilla delantera y la ligereza y agilidad perdidas.
Regresé a Odeceixe, en Algarve de nuevo y de allí a su playa.
De
estas playas no voy a hablar, es imposible. Si se conocen la
descripción es superflua y si no se han visto antes será del todo
insuficiente. Son algo sorprendente y que hay que ver alguna vez en
nuestras vidas. Por mucho que me cueste lo dejo aquí, ni una palabra
más.
Regreso
al pueblo y nada más entrar me encuentro con Moé, fue el de las
canoas con quien hable ayer, me pregunta como he dormido y le cuento
mis problemas para localizar donde me envió, el labrado de las
tierras que desde donde me indico no se observa transformo una
explanada en algo imposible para usar como campamento. Lleva además
de las canoas una tienda, esta ocioso y charlamos, el me indica un
taller en San Teotónio, del primo de su novia, para mirar lo de la
bici, por que el ruido es muy preocupante, pero ademas es que se
comporta frenando el avance de la cadena y eso terminará por saltar rompiéndose. Hoy sin carga la he observado con más detenimiento, me
da la impresión que los piñones no andan en el mismo exacto eje que
el resto de la rueda, al girarla libre y a velocidad se puede ver como
giran descentrados y seguramente sea esa la causa del problema. O lo
mismo es la consecuencia, que bien poco entiendo yo de esas cosas.
Hasta San Teotónico puedo ir a pie los tramos de cuesta para evitar
aumentar el problema o una posible rotura.
En otra tienda hablo con la dueña, del verano, del tiempo que han
sufrido de viento y que les ha destrozado la temporada, con días de frió, mas las lluvias que sufrieron en julio. Ella la ropa que vende
es de mujer, le pregunto por los “casacos” y sus precios, que por
aquí siguen en 25 € los más económicos y me indica pueblos donde
los puedo encontrar y a mejor precio actuando de un modo poco
corporativista pero muy solidario con mi situación.
Regreso
al camping que es un remanso de paz, sin la presión diaria de
encontrar donde dormir me siento relajado y ligero. Por la noche, en
una proyección de vídeo exterior que tienen en el camping intento ver “O lobo de Wall
Street” en inglés con subtítulos portugueses, pero el sueño me
vence y me retiro a la tienda a dormir pronto. Y duermo mejor que un
bebé. Seco, comido y en paz.
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