Lunes
01.09.14 Jornadas lusitanas VIII. Aljezur y por ahí. Me despierto a
las 2:34, empapado de humedad, el saco, todo, salgo del mismo y me
cambio de ropa para pasar las horas que restan hasta el amanecer
intentando permanecer seco, cosa que logro en parte evitando la
horizontalidad pero el sol no lo veré hasta cerca de las diez ya que
una espesa niebla lo cubre todo, ayer tarde ya me adentré en el
Parque Natural do Sudoeste Alentejano e Costa Vicentina que así se
llama y estoy rodeado de bosques, con el mar entre los 3 a los 5
kilómetros o así en linea recta.
Húmedo
y con frío llego a Bordeira que por aparecer en mi plano pensé que
era más grande que Carrapateira que no aparece, no aprenderé, pero
no es así. Esto es una aldea sin tiendas y con un único bar que
abre al final a las 9:30 y comienzo a entrar en calor gracias a un
medio de leche con café.
Esta
humedad, el frío, el sentirme sucio por que estoy sucio que esa es
otra y las ganas de fumar me tienen de un humor asqueroso.
Si
miramos un plano de todo el litoral por el que he pasado y estoy
pasando hay una cosa que llama la atención, al menos a mi, siendo
Portugal un pueblo de tradición marinera y es que sus poblaciones no
están junto al mar y los puertos principales que he visitado han
sido usando la desembocadura de un río, una ria o una zona inundada,
con esto lo que sucede es que principalmente carece de playas urbanas
con alguna excepción y se traduce en playas apenas equipadas, mi
fuente de duchas. El resultado es un incesante ir y venir desde la
carretera a las playas y vuelta para una vez en ellas llevarme la
decepción de no poder ducharme y tener que regresar de nuevo a la
carretera más sucio, sudado y cansado que antes. Y así muchos días.
Si
bien las poblaciones disponen de aseos, no así de duchas que yo
sepa, como en las playas e incluso en algunas cafeterías a las que
entro es para descubrir que si bien los inodoros están tras una puerta, por supuesto, no es así con el lavabo lo que también se
traduce en menos higiene por mi parte. Pocas fuentes publicas que no
sean las artísticas – decorativas terminan de redondear un
panorama poco alentador.
Al
final la poca higiene me afecta en mi estado de ánimo y condiciona
las relaciones con un entorno ya de por si hostil por donde paso, en
que casi la totalidad de visitantes que veo son de mochila y muchos
de furgoneta, viajeros de poco gasto, que no se recibe bien y si
encima como en mi caso empiezo a descuidar el jabón la cosa se
puede poner fea.
Ayer
compré unas tijeras escolares, 0,55 € que no cortan mal y he
comenzado a podar el pelo que tapa mi boca en un intento de adecentar
mi aspecto, tan pronto disponga de un espejo tras una puerta iré
arreglando la barba otro poco.
Por
la tarde, ya con el sol bajo, entro en el Alentejo, tantas veces
recorrido de la mano de Saramago y nunca visitado, me detengo tras
salir del primer pueblo en una zona quemada hace unos años y que
anda en recuperación, en Odeceixe hable con quien alquila las canos
para pasear por el río, le pregunté si al igual que en Bordeira
aquí hay alguna techumbre con bancos o algo así bajo los que poder
refugiarse los que van haciendo estas rutas, me dice que no, pero que
si sigo un sendero, que me indica y parte de donde estamos y toma una
curva del río, allí puedo acampar. Tan pronto termino la cena voy a
ver ese sitio y este simplemente no existe o no soy capaz de
encontrarlo, es más, el camino no es camino, es un campo labrado, y
la curva del río conduce a mas campo labrado donde ni sentarse se
puede. Intento calmarme de un mal día que empezó mal y a continuado
peor.
Ya
por la mañana me puso mal un empleado de correos, a quien le
pregunto por un código postal para una “posta restante” y me
dice con una sonrisa boba que en esa población no hay correos, después por internet veo tres oficinas de correos en esa localidad,
en la oficina de turismo la empleada pasa de mi, pasa de todo, ni
levanta la vista de un papel donde esta leyendo algo. Entro a un café
y me dicen que esta “closed” cuando a todas luces se y veo que no
es así, simplemente prefieren no servirme. De esos días que mejor
no recordar. La bici, la cadena, el cambio o lo que sea hace unos
ruidos horribles, de esos que amenazan a rotura de algo, cuando se
fuerza, que es siempre que no se ruede en llano o cuesta abajo, la
miro pero no adivino que puede ser y ante el temor de que suceda algo
malo hoy camino todas las cuestas ya que por aquí no hay nada que se
parezca a una tienda o taller.
La
letra “m” del ordenador comienza a fallar y se me cuelga en
ocasiones cosa que antes no sucedía.
Cansado
de no dormir por culpa de la humedad decido poner el doble techo
entre la bici y el suelo para que algo me quite de esta. Lo hice la
noche antes de entrar en Chiclana de la Frontera y no tenia humedad cuando la
guarde, que yo sepa, pero algo tendría cuando descubro el doble techo
lleno de moho. Por mucho que lo intento, poco puedo ir quitando
mientras lo froto con una toalla que voy mojando y lo dejo tendido en
una pértiga para que seque lo que pueda.
Lo
de la bici suena a gastar dinero y ahora el doble techo igual, ir a
una la lavandería y ponerlo a lavar y secar, a ver si de ese
modo le puedo quitar esas manchas o al menos evitar que se pudra y
deteriore más.
Un
conocido que sigue este blog desde Granada me preguntó en un correo
hace dos días si no cansa el estar ya más de dos meses de viaje, moviéndose en bici continuamente, le contesto por aquí, no, no cansa
eso, lo que cansa es la pobreza, el no poder un día como hoy comprar
un plano en vez de mendigarlo en una oficina de turismo donde no te
lo dan, poder comer caliente cuando no has podido dormir por la
humedad y notas todos los huesos, no tener miedo a entrar en un
taller y ver por que la bici hace esos ruidos y solucionar los
posibles problemas. Igual hasta poder dormir hoy en una cama, con
sábanas, tras una ducha y con ropa limpia. No estar mirando el
doble techo que igual he podrido y en el que confío para mantenerme
apartado de la lluvia, por que para mi que estaba seco cuando lo
guarde, pero esta claro que en algo me he equivocado. Es solo que
cada error, cada cosa que se pierde, que se estropea o me roban es
una dificultad más a algo que ya de por sí me cuesta y que
desconozco mis límites. Estos días desgastan mucho. La falta del
tabaco la acuso. Mañana más.
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