Viernes
01.08.14 Campanillas. Otra noche sumada de buen descanso, al costado
de una urbanización con algunos bajos cerrados, sin actividad,, poco
antes de Rincón de la Victoria, donde desayuno.
Dentro
de mi idea de ir sustituyendo aquello con mayor riesgo de rotura, las
alforjas presentan una dificultad añadida, infinidad de modelos más
o menos adecuados para uso urbano o en el mejor de los casos una
escapada, excursión de pocos días. Para uso intensivo la cosa
cambia y es creo uno de los elementos mas delicados del conjunto por
las pocas alternativas que ofrece, si se rompe una biela (dejando
aparte el riesgo de dañarme) siempre se puede caminar con la bici al
lado, como con cualquier otro elemento mecánico menos las ruedas,
sea cambio, desviador, cadena... pero un portabultos, o unas alforjas
que ya no permitan llevar su carga te dejan en mitad de ningún sitio
con cantidad de peso y volumen sin alternativa. Suma a esto que la
mayor parte de elementos son fáciles y normalmente baratos de
encontrar, incluso de segunda mano, no así las alforjas.
Pregunto
por ella y busco la biblioteca de Rincón de la Victoria para
localizar las que quiero. La decisión de poner la biblioteca en ese
lugar y con esos accesos ha tenido que partir por necesidad de
alguien que odia a los libros y lectores, no puede haber otra
explicación para ponerla en un nuevo edificio en la parte más alta
y mas distante de cualquier otro punto de toda la población haciendo
que su uso sea francamente incomodo tal y como queda reflejado en que
hay más trabajadores en ella que usuarios. Visito páginas y el
modelo que me compre hace unos ocho años y que me robaron hace pocos
días sigue siendo con diferencia la referencia para grandes rutas,
por su capacidad, estanqueidad, dureza y fiabilidad, garantía, etc.
Ya cuando la compre me tuve que desplazar a otra población para
encargarlas a quien las distribuía y después esperar unos días para
recogerlas, si bien en esa ocasión el pedido incluía unos
portabultos Tubus y unas cubiertas Schwalbe,
las inmejorables Maraton Plus. Tras mirar la lista de los
distribuidores por la provincia me encuentro que solo hay uno pero
está a apenas unos escasos kilómetros de mi y allí me dirijo.
Primera sorpresa, tiene el modelo que quiero en stock, que elijo en
un discreto color gris con la idea que pase “camuflado” en los
entrornos urbanos en los que pernocte, el propietario así como su
¿empleado? son ambos cicloturistas y rapidamente nos entendemos,
saben perfectamente de las necesidades del camino (cosa complicada de
entender por ciclistas de montaña o carretera entre otros muchos)
además de compartir algún que otro interes en temas de bicis y
hábitos de uso con su operario, ambos nos fumamos un cigarrillo al
coronar un puerto. Complicaticada negociaciación de precio ya que la
política de esa marca es no aplicarlos ni permitir a las tiendas
hacerlo, de modo que no hablamos mas aquí de ese extremo, ni se
menciona marca, tienda ni población. Salgo de la tienda mucho más
pobre de como entre pero infinitamente más tranquilo, además el
dueño me ofrece algún obsequio asi como repara en un momento la
cámara que ayer pinche. Muchas gracias por todo.
El
simple hecho de la mayor capacidad de las alforjas hace que cosas que
antes transportaba en el petate pasen ahora a estas, con el
consiguiente desplazamiento del centro de gravedad ahora mucho más
próximo al suelo con lo que mejora considerablemente la estabilidad
y seguridad del recorrido. Como nota indicar que los portabultos
Tubus además de su indudable calidad, que se paga, aún bajarían más
ese centro de gravedad por la disposición de las varillas donde se
anchan las alforjas. La vista se me va detrás de una Kona ideal así
como tras un manillar de mariposa que descansa en sus estanterías entre material de Brooks, Brompton y mas míticas marcas para los
amantes del pedal.
Compro
alguna provisión para hoy y me dirijo a los aseos de la playa,
pregunto por ellos en la caseta de socorristas donde una encantadora
Yurena trabaja como sanitaria, enfermera ella, tras la visita a los
aseos regreso y charlamos un buen rato, sobre rutas alternativas para
continuar el viaje, y sus feas opciones entre autopista o autovía sin
ninguna otra mas por la costa.
Ella
trabajó en el hospital de Ronda y conoce la zona, en la que tanto un
cicloturista británico con el que coincidí hace unos días y
residente en Málaga como hoy en la tienda de bicis me insistieron en recomendarme como mejor opción a la costa, todos desaconsejandome
la autovía de la costa. Después pasamos a otros temas si bien abuso
de su condición de conocedora del sistema público de salud en Andalucía para planear la extracción de una muela que rompí hace no
mucho y sobre la cual no he hablado para no parecer siempre un quejica y que ocasionalmente me da guerra. Mi aspecto tiene en ocasiones la estética que usó Tom Hanks en Náufrago, si además me pongo con la muela, lo siguiente ¿que seria? ¿buscarme un amigo Wilson?
Entro
en Málaga. Salgo de Málaga. La conozco ya y no es momento de darle
mas vueltas y provocar tener que hacer noche en una ciudad, de modo
que busco y encuentro el modo de salir sin pisar autovía en dirección
a Cártama si bien me detengo en Campanilla a cenar. Resulta curioso cuanto menos, y no creo en las casualidades, en las diferencias entre
las políticas municipales que normalmente fomentan el uso de la bici
o eso nos pretenden hacer creer y que tan pronto pretendes salir de
la población solo dispones de carreteras donde el uso de las mismas,
como son las autovías, esta proscrito. Ya no solo en bici, tampoco a
pie. En el caso de Málaga, hacia la Costa del Sol, sus poblaciones
solo están unidas por autopista o autovía desde Málaga capital
hasta al menos Estepona según el plano de que dispongo. Solo
opciones para su uso con vehículos a motor.
En
Campanillas el dueño del hostal y bar “El Puente” me ofrece el
techo de la terraza para pasar la noche, mientras espero a que cierre
el bar un mosquito me ataca a traición y así recuerdo ponerme el
repelente. Esta noche en vez de oírles escuchare los aviones del
próximo aeropuerto.
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