Translate

viernes, 8 de agosto de 2014

Miércoles 06.08.14 Gibraltar. Cada día tenemos la oportunidad de aprender cosas nuevas y mi primera lección de hoy ha madrugado, de hecho me a ayudado a madrugar a mi también. He dormido sobre un mullido colchón de césped, el césped se riega, riego automático normalmente ya, por aspersores ¿que horas son las adecuadas para regar en verano? ¿y si por las tardes y noches el parque esta en uso? eso es por las mañanas y bien temprano. Un aspersor me riega a mi y a todo mi tenderete que aún no se por que razón me apresuro a poner a salvo de un humor esplendido a pesar de lo incómoda que pueda parecer la situación.

Desayuno en San Roque antes de partir a Gibraltar, bien temprano en la animación de uno de sus bares donde los parroquianos comentan el informativo matinal entre exabruptos a Artur Mas, propuestas de que cuando evacuen al religioso español infectado de ébola lo lleven directamente al congreso a ser posible en sesión plenaria o reciben las imágenes de la juez Alaya entre “Ole, tu”. Salgo a las 7:05 de San Roque a Campamento, La Línea y Gibraltar con buena temperatura y cuesta abajo.

Hablar de Gibraltar se me hace complicado, si la conoces ya sabes que es aquello y si no la viste nunca se me viene a la cabeza la crítica que apareció en la prensa neoyorquina cuando Lola Flores actuó en el Madison Square Garden, “no sabe cantar, no sabe bailar, pero no se la pierdan”. Haciendo escala en Malta ya pude apreciar como se puede versionar en británico una ciudad mediterránea, aquella rutilada con trazas italianas, esta andaluzas, con detalles como un aeropuerto este sí para pasear por el y no el de Fabra hasta un cambio de guardia con sus gritos rituales que no tienen desperdicio.

Tengo que salir del itsmo por donde mismo entre hasta San Roque.

Algeciras fea, Fea, FEA.

Llego a El Pelayo, una pedanía o barrio de Algeciras, a unos 7 u 8 kilómetros, sobre un puerto de montaña en el camino a Tarifa, disfruta de unas hermosas vistas a las colinas marroquíes sobre las que veo la temprana luna. Quiero pasar aquí la noche y ya mañana dejarme caer en Tarifa. Sentado en un banco a la puerta del local de la asociación de vecinos, también cantina, escucho la radio, en el mismo edificio esta la oficina de correos que abre cada mañana de 10 a 11, supongo que con mas trabajo de Caja Postal de Ahorros que en temas de correspondencia,  hay una placa de la policía de proximidad. La plaza del pueblo tiene tres bancos, una farola y ahí termina la fiesta, que por cierto me las pierdo ya que son del 7 al 10 de agosto. Llega la primera persona al local pero nadie parece haber aquí para atender, se sienta y escucha la radio. Mas tarde llegaran alguno más con los que hablan o juegan a las cartas.

La vista difícilmente puede ser más serena, una neblina ligera oculta el agua del estrecho y frente a mi veo como algunas luces comienzan a encenderse ya en África, por mucho que me lo contaran no podía imaginar lo próxima que está y entiendo que esa estrecha franja de agua no puede detener a nadie en sus sueños, cuando toda la anchura del océano no nos detuvo en otros sueños y otros tiempos.

He recorrido ya algún kilómetro desde que salí y en todos ellos con la incomodidad de una mochila a mi espalda, si el otro día logré hacer algún cambio y llevar el petate menos cargado en la canasta del manillar esta tarde en la plaza de El Pelayo la he pasado, aparte de secando las cosas que esta mañana mojó el aspersor, montando y desmontando bultos, moviendo correas, poniendo la tienda en perpendicular con las ruedas, primero justo tras el sillín, después desplazada hacia atrás, igual con la colchoneta que no pliego cada mañana por lo incomodo del proceso primero y por ya no tener ni bolsa ni correas tras el robo, hasta encontrar una disposición que me permite al menos en teoría llevar la mochila atrás. Estoy deseando rodar mañana de este modo y así comprobar su funcionamiento con ese peso adicional detrás pero no sobre mis hombros, puede ser una mejora notable en mi confort.

Volviendo al local, bar o lo que sea, te tomo un descafeinado mientras me gano la confianza del que lo atiende y de este modo que me “autorice” a dormir en la puerta, tiene un porchecito y desde hace mas de una semana contemplo siempre el tener cerca algo bajo lo que refugiarme en caso de lluvia, este prevista o no, por adquirir ese nuevo y necesario hábito. Dentro del local, fumando con los demás, dentro, tras la barra un óleo del teniente coronel Tejero con tricornio me mira mientras por la radio suena La gallina Co-Co-Ua-de Enrique y Ana. No se tu, a mi esto me lo cuentan y no se si me lo creo. La máquina del tiempo existe. Además no se le puede pedir más contrastes a un mismo día sin caer en una esquizofrenia. Desayuna en San Roque, visita Gibraltar, cruza Algeciras y termina el día en El Pelayo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario