Miércoles
06.08.14 Gibraltar. Cada día tenemos la oportunidad de aprender
cosas nuevas y mi primera lección de hoy ha madrugado, de hecho me a
ayudado a madrugar a mi también. He dormido sobre un mullido colchón
de césped, el césped se riega, riego automático normalmente ya,
por aspersores ¿que horas son las adecuadas para regar en verano? ¿y
si por las tardes y noches el parque esta en uso? eso es por las
mañanas y bien temprano. Un aspersor me riega a mi y a todo mi
tenderete que aún no se por que razón me apresuro a poner a salvo
de un humor esplendido a pesar de lo incómoda que pueda parecer la
situación.
Desayuno
en San Roque antes de partir a Gibraltar, bien temprano en la
animación de uno de sus bares donde los parroquianos comentan el
informativo matinal entre exabruptos a Artur Mas, propuestas de que
cuando evacuen al religioso español infectado de ébola lo lleven
directamente al congreso a ser posible en sesión plenaria o reciben las imágenes de la juez Alaya entre “Ole, tu”. Salgo a las 7:05
de San Roque a Campamento, La Línea y Gibraltar con buena
temperatura y cuesta abajo.
Hablar
de Gibraltar se me hace complicado, si la conoces ya sabes que es
aquello y si no la viste nunca se me viene a la cabeza la crítica
que apareció en la prensa neoyorquina cuando Lola Flores actuó en el
Madison Square Garden, “no sabe cantar, no sabe bailar, pero no se
la pierdan”. Haciendo escala en Malta ya pude apreciar como se
puede versionar en británico una ciudad mediterránea, aquella
rutilada con trazas italianas, esta andaluzas, con detalles como un aeropuerto este sí para pasear por el y no el de Fabra hasta un
cambio de guardia con sus gritos rituales que no tienen desperdicio.
Tengo
que salir del itsmo por donde mismo entre hasta San Roque.
Algeciras
fea, Fea, FEA.
Llego
a El Pelayo, una pedanía o barrio de Algeciras, a unos 7 u 8
kilómetros, sobre un puerto de montaña en el camino a Tarifa,
disfruta de unas hermosas vistas a las colinas marroquíes sobre las
que veo la temprana luna. Quiero pasar aquí la noche y ya mañana
dejarme caer en Tarifa. Sentado en un banco a la puerta del local de
la asociación de vecinos, también cantina, escucho la radio, en el
mismo edificio esta la oficina de correos que abre cada mañana de 10
a 11, supongo que con mas trabajo de Caja Postal de Ahorros que en
temas de correspondencia, hay una placa de la policía de
proximidad. La plaza del pueblo tiene tres bancos, una farola y ahí
termina la fiesta, que por cierto me las pierdo ya que son del 7 al
10 de agosto. Llega la primera persona al local pero nadie parece
haber aquí para atender, se sienta y escucha la radio. Mas
tarde llegaran alguno más con los que hablan o juegan a las cartas.
La
vista difícilmente puede ser más serena, una neblina ligera oculta
el agua del estrecho y frente a mi veo como algunas luces comienzan a
encenderse ya en África, por mucho que me lo contaran no podía imaginar lo próxima que está y entiendo que esa estrecha franja de
agua no puede detener a nadie en sus sueños, cuando toda la anchura
del océano no nos detuvo en otros sueños y otros tiempos.
He
recorrido ya algún kilómetro desde que salí y en todos ellos con
la incomodidad de una mochila a mi espalda, si el otro día logré
hacer algún cambio y llevar el petate menos cargado en la canasta
del manillar esta tarde en la plaza de El Pelayo la he pasado, aparte
de secando las cosas que esta mañana mojó el aspersor, montando y
desmontando bultos, moviendo correas, poniendo la tienda en
perpendicular con las ruedas, primero justo tras el sillín, después
desplazada hacia atrás, igual con la colchoneta que no pliego cada
mañana por lo incomodo del proceso primero y por ya no tener ni
bolsa ni correas tras el robo, hasta encontrar una disposición que
me permite al menos en teoría llevar la mochila atrás. Estoy
deseando rodar mañana de este modo y así comprobar su
funcionamiento con ese peso adicional detrás pero no sobre mis
hombros, puede ser una mejora notable en mi confort.
Volviendo
al local, bar o lo que sea, te tomo un descafeinado mientras me gano
la confianza del que lo atiende y de este modo que me “autorice”
a dormir en la puerta, tiene un porchecito y desde hace mas de una
semana contemplo siempre el tener cerca algo bajo lo que refugiarme
en caso de lluvia, este prevista o no, por adquirir ese nuevo y
necesario hábito. Dentro del local, fumando con los demás, dentro,
tras la barra un óleo del teniente coronel Tejero con tricornio me mira mientras por la radio suena La gallina Co-Co-Ua-de Enrique y
Ana. No se tu, a mi esto me lo cuentan y no se si me lo creo. La
máquina del tiempo existe. Además no se le puede pedir más
contrastes a un mismo día sin caer en una esquizofrenia. Desayuna en
San Roque, visita Gibraltar, cruza Algeciras y termina el día en El
Pelayo.
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