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viernes, 8 de agosto de 2014

Martes 05.08.14 San Roque. Durante la mayor parte de mi infancia fui al cine cada domingo. Con solo cruzar una calle tenía los Maristas o si cruzaba tres los Salesianos con dos sesiones de programa doble. No es difícil imaginar que estrenos no ponían. Éramos un público infantil y lo que nos “echaban” se supone que si  no seguía los actuales criterios de adecuación si al menos se hacia con la pretensión de tenernos distraídos con mejor o peor éxito. Del título de la película nos solíamos enterar en el momento de sacar la entrada, otras veces al empezar esta y en más de una ocasión no me llegué a enterar nunca.

El decidirnos por una y otra oferta es para mi un misterio, si bien era diferenciada por el precio que en Maristas era de 20 pts y en Salesianos 15, entrábamos con 25 pts y allí nos las dejábamos ya que lo que no se pagaba en entrada se gastaba en chuches que por aquel entonces no se llamaban así, bolsa de palomitas 5 pts, gaseosa 4 pts, regaliz roja o negra 2 x 1 pts y así. Ah, en Salesianos se podían comprar y comer pipas en la sala que era de asientos de madera a diferencia de los tapizados de Maristas. La hora de las sesiones también era diferente, 15:00 y 18:00 horas en uno y 15:30, 18:30 en el otro. Dentro era más fácil poder seguir las películas en Maristas ya que se hablaba algo menos, apenas se gritaba, aunque en ambos teníamos momentos en que la sala se podía arrancar con vítores y aplausos ante un lance especialmente bien resuelto de cara al tan exigente público.

La cartelera se nutría de cine de acción, aventura, bélico, misterio, terror, western y demás, allí me aburrí con un Roger Moore en 007 Vive y deja morir y conocí a Fu Manchú, vi El Puente sobre el río Kwai y Objetivo Birmania, Un cerebro de un millón de dólares Estación Polar Cebra al menos una vez al año, varios tarzanes, poco cine de animación o ninguno. La escena del inicio de Grupo Salvaje donde Peckinpah improvisa fuera de guión un escorpión se me marcó.  Dráculas y otros vampiros, Jerry Lewis, rara vez una película española y creo que ninguna europea, si acaso las británicas que hasta mucho después no supe distinguir de las USA, de hecho por aquel tiempo dudo que supiera que fuera de las patrias se hiciera cine en otro sitio que no fuera Estados Unidos.

Mi primo que era más de posibles veía en otras salas una sola película por 125 pts, de locos, no lo entendía, como ver una en vez de dos y encima tirar todo ese capital con la de cosas que se podían hacer con semejante fortuna. Al este de Java que vista con ocho años es soporífera por mucho que el Kracatoa nos regale efectos pirotécnicos, esta fue la primera que vi en una sala de estreno, con mi primo e invitado por mi tía

El cine que veía era normalmente masculino, habían películas con o sin chica, la mayor parte sin, creo que en los créditos de algunas bélicas ni siquiera aparecían nombre de hembra. En las que salia chica, esta era un estorbo, gritaba cuando no debía, perdía el zapato o se caía, siempre en los momentos más inoportunos para colectivo desquicie de la sala. Casi que preferíamos las pelis sin chica.

Seguro que nada de esto tenga algo que ver con quien y como soy.

Seguro que no es por eso por lo que hice las cosas de este modo y ahora mi vida es una peli sin chica. O lo mismo, por poco que sea, ha ayudado.

Mucho viento durante toda la noche, cálido y seco, de poniente, duermo muy bien a pesar de el y despierto con un par de perros ladrándome, como un juego para ellos que los sacaron tempranamente a pasear y han encontrado una presa, charlo con la dueña de ambos mientras aparece una segundo con otros dos chuchos, recojo mis cosas mientras hablamos de perros abandonados, uno de estos lo fue hasta que hace un año lo encontró y tiene con ella.

En castillo el primer sitio con café abre a las 9:30, me informan, de modo que sigo hasta Duquesa, el puerto deportivo donde con el café te cobran el punto de amarre de la bici o algo así ha tenido que ser. Un robo.

Nuevo intento en la oficina de turismo de ver si puedo cubrir los 10 km que me separan de Sotogrande por algún lugar alternativo a la autovía que si ayer era peligrosa con sus 20 cm de arcén hoy, con el viento a mi derecha dándome empujones a centro de la carretera se me antoja un suicidio. En la oficina de información me dicen que no hay camino alternativo. En la puerta de esa misma oficina un veraneante que regresa de comprar el pan a su casa me dice que si lo hay, en vez de explicármelo me dice que le siga y me deja a un 1 km de la rotonda de salida a Gudiaro-Sotogrande, a todo esto llegamos en nada, casi por la playa y charlando por el camino.

Es en una de estas inútiles oficinas de información donde me dieron un mapa según el cual la autovía termino en Estepona y desde ahí al sur se circula por carretera nacional, cosa a todas luces falsa. Tenemos turismo se sol por que no depende de nosotros el que luzca, pero ya encontraran el modo de estropearlo de algún otro modo, por que si necesitara de nuestra participación ni este tendíamos, eso si, cada vez estamos mejor preparados, las chicas que atienden esas oficinas pueden decir idioteces en la tira de idiomas.

Cruzo Sotogrande tras previa identificación en una de las barreras de entrada y pregunto por el supermercado, recorro la lujosa urbanización en cuyo interior o alrededores hay hasta siete campos de golf, realmente bella y cuidada hasta el extremo, el césped de sus villas asemeja a terciopelo de lo segado que lo mantienen legiones de jardineros. Tras recorrer kilómetros de urbanización, husmear por aquí y allá, descansar en sus sombras y demás me dirijo a la salida que me indicaron en otro extremo y al acercarme otro vigilante me sube la barrera y me señala en dirección adecuada mientras me dice, “el Mercadona está por ahí”, se ganan el sueldo controlando todo estos chicos, me dice que una vez deje el supermercado, por la vía de servicio puedo ir hasta San Roque, extremo de mi destino que hable antes con el otro vigilante y en otra barrera. ¡Cotillas!

La vista del Peñón es cada vez más clara y su presencia se nota en detalles, en el centro comercial de Sotogrande ya veo una oficina internacional de seguros que opera con dicho enclave ofreciendo pólizas para asegurar desde un “yate de grandes dimensiones”, aviones o mascotas pasando por automóviles a empresas, supongo que mañana visitaré The Rock.

Las horas de la siesta son criminales, de un aburrimiento atroz, me concedo un café como un salvavidas para evitar dormirme sentado, leo un periódico local centrado en personas y lugares que me son desconocidos, curiosa su sección de deportes donde entre otras noticias veo los resultados de los encuentros de polo celebrados ayer. Decido en mi insensatez cambiar de sombra, tomo la vía de servicios que me ha de llevar a San Roque. ¿Tienes horno? ¿de aire?, ponlo en marcha, bien caliente, con su ventilador funcionando, después abre la puerta, mete el cuerpo dentro y pedalea, pero no a la sombra que eso es trampa, saca antes el horno y ponlo al sol. En la primera rotonda, bajo unos raquíticos pinos me tiro al suelo y el aire al pasar por ellos, como un milagro, quema menos.

Al existir ya esta vía de servicios, los accesos a la autovía muestran ya señales de prohibición de circular bicis por ellas. También decía el periódico cosas de Algeciras y sus problemas en esta época del año con personas y vehículos que se amontonan para cruzar el estrecho. Nota: pasa de largo ligero por tan inhóspito escenario.

En la parte baja de San Roque, un parque frente al pabellón municipal de deportes me parece buen sitio para pasar la noche, más después de preguntar y que me digan que es sitio tranquilo y seguro. Tiene fuente ademas, junto a la que ceno, con un panecillo de esos de cebolla que este medio día compré. Una pulga se me posa en el libro que leo y escapa sin que logre atrapar, no se si es del parque frecuentado por mascotas o vino hasta aquí conmigo, extremo que dudo pues se como son sus picaduras y no tengo ninguna.




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