Martes
05.08.14 San Roque. Durante la mayor parte de mi infancia fui al
cine cada domingo. Con solo cruzar una calle tenía los Maristas o si
cruzaba tres los Salesianos con dos sesiones de programa doble. No es difícil imaginar que estrenos no ponían. Éramos un público infantil
y lo que nos “echaban” se supone que si no seguía los actuales criterios de adecuación si al menos
se hacia con la pretensión de tenernos distraídos con mejor o peor
éxito. Del título de la película nos solíamos enterar en el
momento de sacar la entrada, otras veces al empezar esta y en más de
una ocasión no me llegué a enterar nunca.
El
decidirnos por una y otra oferta es para mi un misterio, si bien era
diferenciada por el precio que en Maristas era de 20 pts y en
Salesianos 15, entrábamos con 25 pts y allí nos las dejábamos ya
que lo que no se pagaba en entrada se gastaba en chuches que por
aquel entonces no se llamaban así, bolsa de palomitas 5 pts, gaseosa
4 pts, regaliz roja o negra 2 x 1 pts y así. Ah, en Salesianos se podían comprar y comer pipas en la sala que era de asientos de madera
a diferencia de los tapizados de Maristas. La hora de las sesiones
también era diferente, 15:00 y 18:00 horas en uno y 15:30, 18:30 en
el otro. Dentro era más fácil poder seguir las películas en
Maristas ya que se hablaba algo menos, apenas se gritaba, aunque en
ambos teníamos momentos en que la sala se podía arrancar con vítores
y aplausos ante un lance especialmente bien resuelto de cara al tan
exigente público.
La
cartelera se nutría de cine de acción, aventura, bélico, misterio,
terror, western y demás, allí me aburrí con un Roger Moore en 007
Vive y deja morir y conocí a Fu Manchú, vi El Puente sobre el río
Kwai y Objetivo Birmania, Un cerebro de un millón de dólares
Estación Polar Cebra al menos una vez al año, varios tarzanes, poco
cine de animación o ninguno. La escena del inicio de Grupo Salvaje
donde Peckinpah improvisa fuera de guión un escorpión se me marcó. Dráculas y otros vampiros, Jerry Lewis, rara vez una película
española y creo que ninguna europea, si acaso las británicas que
hasta mucho después no supe distinguir de las USA, de hecho por
aquel tiempo dudo que supiera que fuera de las patrias se hiciera
cine en otro sitio que no fuera Estados Unidos.
Mi
primo que era más de posibles veía en otras salas una sola película
por 125 pts, de locos, no lo entendía, como ver una en vez de dos y
encima tirar todo ese capital con la de cosas que se podían hacer con
semejante fortuna. Al este de Java que vista con ocho años es soporífera por mucho que el Kracatoa nos regale efectos pirotécnicos, esta fue la primera que vi en una sala de estreno, con mi primo e invitado por mi tía
El
cine que veía era normalmente masculino, habían películas con o sin chica, la
mayor parte sin, creo que en los créditos de algunas bélicas ni
siquiera aparecían nombre de hembra. En las que salia chica, esta era
un estorbo, gritaba cuando no debía, perdía el zapato o se caía,
siempre en los momentos más inoportunos para colectivo desquicie de
la sala. Casi que preferíamos las pelis sin chica.
Seguro
que nada de esto tenga algo que ver con quien y como soy.
Seguro
que no es por eso por lo que hice las cosas de este modo y
ahora mi vida es una peli sin chica. O lo mismo, por poco que sea, ha
ayudado.
Mucho
viento durante toda la noche, cálido y seco, de poniente, duermo muy
bien a pesar de el y despierto con un par de perros ladrándome, como
un juego para ellos que los sacaron tempranamente a pasear y han
encontrado una presa, charlo con la dueña de ambos mientras aparece
una segundo con otros dos chuchos, recojo mis cosas mientras hablamos
de perros abandonados, uno de estos lo fue hasta que hace un año lo encontró y tiene con ella.
En
castillo el primer sitio con café abre a las 9:30, me informan, de
modo que sigo hasta Duquesa, el puerto deportivo donde con el café
te cobran el punto de amarre de la bici o algo así ha tenido que
ser. Un robo.
Nuevo
intento en la oficina de turismo de ver si puedo cubrir los 10 km que
me separan de Sotogrande por algún lugar alternativo a la autovía
que si ayer era peligrosa con sus 20 cm de arcén hoy, con el viento
a mi derecha dándome empujones a centro de la carretera se me antoja
un suicidio. En la oficina de información me dicen que no hay camino
alternativo. En la puerta de esa misma oficina un veraneante que
regresa de comprar el pan a su casa me dice que si lo hay, en vez de explicármelo me dice que le siga y me deja a un 1 km de la rotonda de
salida a Gudiaro-Sotogrande, a todo esto llegamos en nada, casi por
la playa y charlando por el camino.
Es
en una de estas inútiles oficinas de información donde me dieron un
mapa según el cual la autovía termino en Estepona y desde ahí al
sur se circula por carretera nacional, cosa a todas luces falsa.
Tenemos turismo se sol por que no depende de nosotros el que luzca,
pero ya encontraran el modo de estropearlo de algún otro modo, por
que si necesitara de nuestra participación ni este tendíamos, eso
si, cada vez estamos mejor preparados, las chicas que atienden esas
oficinas pueden decir idioteces en la tira de idiomas.
Cruzo
Sotogrande tras previa identificación en una de las barreras de
entrada y pregunto por el supermercado, recorro la lujosa
urbanización en cuyo interior o alrededores hay hasta siete campos
de golf, realmente bella y cuidada hasta el extremo, el césped de sus
villas asemeja a terciopelo de lo segado que lo mantienen legiones de
jardineros. Tras recorrer kilómetros de urbanización, husmear por
aquí y allá, descansar en sus sombras y demás me dirijo a la salida
que me indicaron en otro extremo y al acercarme otro vigilante me
sube la barrera y me señala en dirección adecuada mientras me dice,
“el Mercadona está por ahí”, se ganan el sueldo controlando
todo estos chicos, me dice que una vez deje el supermercado, por la
vía de servicio puedo ir hasta San Roque, extremo de mi destino que
hable antes con el otro vigilante y en otra barrera. ¡Cotillas!
La
vista del Peñón es cada vez más clara y su presencia se nota en
detalles, en el centro comercial de Sotogrande ya veo una oficina
internacional de seguros que opera con dicho enclave ofreciendo
pólizas para asegurar desde un “yate de grandes dimensiones”,
aviones o mascotas pasando por automóviles a empresas, supongo que
mañana visitaré The Rock.
Las
horas de la siesta son criminales, de un aburrimiento atroz, me
concedo un café como un salvavidas para evitar dormirme sentado, leo
un periódico local centrado en personas y lugares que me son
desconocidos, curiosa su sección de deportes donde entre otras
noticias veo los resultados de los encuentros de polo celebrados
ayer. Decido en mi insensatez cambiar de sombra, tomo la vía de
servicios que me ha de llevar a San Roque. ¿Tienes horno? ¿de
aire?, ponlo en marcha, bien caliente, con su ventilador funcionando, después abre la puerta, mete el cuerpo dentro y pedalea, pero no a la
sombra que eso es trampa, saca antes el horno y ponlo al sol. En la
primera rotonda, bajo unos raquíticos pinos me tiro al suelo y el
aire al pasar por ellos, como un milagro, quema menos.
Al
existir ya esta vía de servicios, los accesos a la autovía muestran
ya señales de prohibición de circular bicis por ellas. También decía el periódico cosas de Algeciras y sus problemas en esta época
del año con personas y vehículos que se amontonan para cruzar el
estrecho. Nota: pasa de largo ligero por tan inhóspito escenario.
En
la parte baja de San Roque, un parque frente al pabellón municipal
de deportes me parece buen sitio para pasar la noche, más después
de preguntar y que me digan que es sitio tranquilo y seguro. Tiene
fuente ademas, junto a la que ceno, con un panecillo de esos de
cebolla que este medio día compré. Una pulga se me posa en el libro
que leo y escapa sin que logre atrapar, no se si es del parque
frecuentado por mascotas o vino hasta aquí conmigo, extremo que dudo
pues se como son sus picaduras y no tengo ninguna.
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