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lunes, 11 de agosto de 2014

Jueves 07.08.14 Tarifa. Poner en una misma oración las palabras Tarifa y viento es una redundancia. Si aún así te parece poco, sube por el puerto de El Bujeo, unos 300 metros mas alto. Llego allí al poco de desayunar y por el lado en que subí el viento no parecía gran cosa, una vez llegas al mirador y dejas abajo las nubes el tema se pone serio. El el mirador las señoras procuran dominar sus desbocadas y enloquecidas faldas mientras el del chiringuito les cobra lo que le viene en gana. Desde el mirador hago el descenso con ratos a pie, por un par de sustos que el viento me ha dado.

Entro a Tarifa a la vez que dos cicloturistas, dos jovencitos que cruzaran por aquí a Tanger viniendo desde Dusseldorf.  Nos detenemos los tres en la puerta de un estanco, uno compra tabaco y yo filtros, un rato de charla sobre esto o aquello que poco importa hablándome ellos en alemán o ingles y yo en castellano o más de lo mismo, el caso es que nos entendemos. Vienen ahora desde Sevilla, pasando por Cádiz, Lucas que se llama uno de ellos, el mas parlanchín, del otro desisto de enterarme de su nombre tras hacer que me lo repita tres veces, lleva una camisa de lana, de esas de cuadros tipo leñador, las mangas abotonadas, no quiero criticar por que igual hay una razón para ello aunque se me escape, con esos modelos de camisa y en Sevilla se lo ha tenido que pasar en grande.

Visito el castillo por el que accedo un par de calles mas tarde a la biblioteca, mirar correo y subir post, tengo hambre y como en un mirador próximo para ir después a la Isla de las Palomas, en Punta de Tarifa O Marroquí, unida al continente por un espigón y siendo el punto mas meridional de la Europa continental. Ese espigón y según como sople el viento, es barrido por aguas del Atlántico o mediterráneas ya que separa ambas masas siendo curiosamente más cálidas las atlánticas en este punto que las otras. Desde este momento, a mi izquierda, sera el océano lo que tenga.

Regreso al casco antiguo en busca de la protección y frescor de sus sombras, que encuentro en una escalera entre dos callejas, al rato cambio de sombra y de calle a otra más animada y por donde pasan en un sentido u otro en interminable sucesión toda la fauna que recala en Tarifa, hordas de jóvenes arrastrando maletas o cargando mochilas, alguna cámara al cuello, los mas con sus móviles fotografiando todo y a si mismos. Repongo alguna provisión en un supermercado y ruedo saliendo de la población en dirección Cádiz, a mi izquierda se suceden las playas, escuelas de surf, camping y locales que exhiben su peculiar estética durante kilómetros. Después la carretera transcurre entre las sierras de La Plata y de Fates, jalonada de molinos eólicos y vallados con su ganado en alegre comparsa con alguna garza, algún campo de girasoles.


Me detengo en Fancinas, saliendo de la población un grupo de jóvenes reciben una clase de guitarra frente a un local mi municipal, me siento en la plaza a escuchar la clase hasta que termina y ya tarde decido pasar allí la noche que termino haciendo en esa misma plaza.

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