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jueves, 7 de agosto de 2014

Lunes 04.08.14 Estepona. A pesar de haber dormido en Ojén, en una instalación de madera para patinadores, de esas que con sus tablas dan saltos y cabriolas, las empinadas cuestas del pueblo para llegar a sus bares y lo cercano de Marbella me inclinan a dirigirme allí y desayunar una vez encuentre un lugar bien en el camino o a la entrada si bien mordisqueo las últimas galletas que me quedan.

En Marbella me dirijo a la playa y pregunto el modo si no de poder llegar a Estepona sin hacer uso de la autovía si al menos de acercarme lo más posible, no me seduce por muchas razones el sumar kilómetros de carretera sin otro aliciente que ver, oír y oler coches y camiones a gran velocidad, omito intencionadamente los otros dos sentidos por razones obvias. Voy encontrando alguna opción sea por paseo, carril bici, tramos de vía verde que me llevan primero a Puerto Banús y de allí a San Pedro de Alcántara desde cuya salida la cosa ya se complica. Sobre la desembocadura de un rió me detengo a ver ánades y fochas mientras desde un chiringuito me llega “Pedro Navaja”. La temperatura es un lujo, pasadas las diez de la mañana los termómetros mantienen los 24 grados lo que sumado a lo llano y lento de mi recorrido hacen de este un placer.

Llega un momento en que las urbanizaciones, que ocupan la totalidad del espacio entre las playas sin paseo y la autovía no permiten ir de una a la siguiente obligando a usar la autovía a quien quiera ir a la playa de al lado, por ejemplo, algo un poco demencial que padece el tramo entre S. Pedro de Alcántara a Estepona.

Allí permanezco apenas lo que tardo en cruzar sus playas, parte a pie o en bici. Sí me detengo en su faro para admirar la vista que desde aquí tienen del estrecho y me admiro de mi primera visión de África, del monte Jbel Moussa, no logro ver por el viento de levante la sierra del Riff, mucho mas elevada pero mas distante.

De Estepona, por autovía, la única alternativa a pesar de que el plano que me dieron en la oficina de turismo de Nijar ponga lo contrario, sigo en dirección a San Luis de Sabinilla, me dicen que una vez en Gudiaro puedo encontrar caminos por Sotogrande hasta la Línea de la Concepción, otra cosa será llegar a Algeciras donde parece que termina esta y continúa la nacional 340 al menos hasta Chiclana de la Frontera.

Caminando junto a la playa cambio de municipio, ahora voy por Manilva, paso El Castillo y al final de su playa queda un trozo de monte sin edificar entre dos urbanizaciones, con arbustos, tamarix y unos grandes eucaliptos, sin vallar y con un acceso mal asfaltado y peor mantenido pero esplendido para mis propósitos de dormir en dicho lugar, la brisa es muy agradable, ahora sopla de poniente dejando la mar con una serena quietud, y permitiéndome ver, ya si, el Riff allá en el norte de Marruecos que me trae recuerdos de lecturas y relatos, hazañas bélicas y conversaciones con amigos viajeros.


El día a cundido, no tengo apetito y me ahorro la cena, en cambio me reconforto y caliento el estómago con un descafeinado con leche, pienso que en cuarenta días o así no he tomado una comida caliente.

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