Lunes
04.08.14 Estepona. A pesar de haber dormido en Ojén, en una
instalación de madera para patinadores, de esas que con sus tablas
dan saltos y cabriolas, las empinadas cuestas del pueblo para llegar
a sus bares y lo cercano de Marbella me inclinan a dirigirme allí y
desayunar una vez encuentre un lugar bien en el camino o a la entrada
si bien mordisqueo las últimas galletas que me quedan.
En
Marbella me dirijo a la playa y pregunto el modo si no de poder
llegar a Estepona sin hacer uso de la autovía si al menos de
acercarme lo más posible, no me seduce por muchas razones el sumar kilómetros de carretera sin otro aliciente que ver, oír y oler
coches y camiones a gran velocidad, omito intencionadamente los otros
dos sentidos por razones obvias. Voy encontrando alguna opción sea
por paseo, carril bici, tramos de vía verde que me llevan primero a Puerto Banús y de allí a San Pedro de Alcántara desde cuya salida
la cosa ya se complica. Sobre la desembocadura de un rió me detengo a
ver ánades y fochas mientras desde un chiringuito me llega “Pedro
Navaja”. La temperatura es un lujo, pasadas las diez de la mañana
los termómetros mantienen los 24 grados lo que sumado a lo llano y
lento de mi recorrido hacen de este un placer.
Llega
un momento en que las urbanizaciones, que ocupan la totalidad del
espacio entre las playas sin paseo y la autovía no permiten ir de
una a la siguiente obligando a usar la autovía a quien quiera ir a la
playa de al lado, por ejemplo, algo un poco demencial que padece el
tramo entre S. Pedro de Alcántara a Estepona.
Allí
permanezco apenas lo que tardo en cruzar sus playas, parte a pie o en
bici. Sí me detengo en su faro para admirar la vista que desde aquí
tienen del estrecho y me admiro de mi primera visión de África, del
monte Jbel Moussa, no logro ver por el viento de levante la sierra
del Riff, mucho mas elevada pero mas distante.
De
Estepona, por autovía, la única alternativa a pesar de que el plano
que me dieron en la oficina de turismo de Nijar ponga lo contrario,
sigo en dirección a San Luis de Sabinilla, me dicen que una vez en
Gudiaro puedo encontrar caminos por Sotogrande hasta la Línea de la
Concepción, otra cosa será llegar a Algeciras donde parece que
termina esta y continúa la nacional 340 al menos hasta Chiclana de
la Frontera.
Caminando
junto a la playa cambio de municipio, ahora voy por Manilva, paso El
Castillo y al final de su playa queda un trozo de monte sin edificar
entre dos urbanizaciones, con arbustos, tamarix y unos grandes
eucaliptos, sin vallar y con un acceso mal asfaltado y peor mantenido
pero esplendido para mis propósitos de dormir en dicho lugar, la brisa es muy agradable, ahora
sopla de poniente dejando la mar con una serena quietud, y permitiéndome ver, ya si, el Riff allá en el norte de Marruecos que
me trae recuerdos de lecturas y relatos, hazañas bélicas y
conversaciones con amigos viajeros.
El
día a cundido, no tengo apetito y me ahorro la cena, en cambio me
reconforto y caliento el estómago con un descafeinado con leche,
pienso que en cuarenta días o así no he tomado una comida caliente.
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