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jueves, 5 de marzo de 2015

Viernes 27.02.15 Sarandë. Llovia anoche cuando llegué al cenador bajo el que dormí y llueve al despertar. Maldigo el haber nacido en un sitio seco y que la lluvia, por mi falta de costumbre, siga suponiendome un obstáculo tanto físico como emocional. Me armo de valor, no tengo otra opción, y regreso a Sagiada a tomar café, me lo sirven griego, que viene a ser como el turco, me dicen, tipo puchero y con mucho poso.

Durante unas horas se detendrá la lluvia y como puedo, el dolor de la pierna es intenso, voy hacia la frontera con Albania. Un sitio desolado y azotado por fuerte viento donde estampan el primer sello a mi pasaporte romano. Aquí preguntar es una aventura, ni una palabra de albanés ni este se asemeja a ningún sonido humano que escuchara antes. Tomo mis precauciones y en vez de pronunciar el nombre de las poblaciones a las que deseo ir, o pasar por ellas, las muestro escritas, en un intento de reducir en lo posible confusiones. Espero que quienes me respondan usen el brazo correspondiente a la dirección adecuada y no se confundan. Me perderé.

Unos policías me indican un sentido y pocos kilómetros más adelante veré una señal que me manda en el otro. Prefiero hacer caso a la señal y eso me llevará por peor camino y hacer más kilómetros para llegar al mismo sitio.

En mis primeros cuarenta kilómetros por Albania solo me cruzo con mercedes, del años y la procedencia que tu quieras, pero hasta que no llego a Sarandë no veré otras marcas de coche.

En Sarandë logro un plano de Albania y en una sucursal bancaria cambié euros por leke. Esta localidad es medianamente grande, antes solo pasé por pequeños pueblos. Salgo para buscar abrigo fuera de la población, bajo la lluvia, que asco.

Dos apuntes. Esto es montañoso, mucho, no he visto aún superficies llanas y mi pierna me castiga. Y dos, las montañas que tengo a mi derecha, están todas nevadas, muy próximas al mar pero con cotas altas, a pesar de ello la temperatura no es muy baja.
Jueves 26.02.15 Iogumenitsa – Asprokkisi - Sagiada. Tan pronto como los pasajeros suben al ferry, se reparten los asientos de tres en tres o de cuatro en cuatro para poder dormir acostados sobre ellos. Logré los míos, con suerte, relativa, pues tres tipos se dedicarán a vocear hasta muy tarde y desde muy temprano impidiendo el sueño al resto del pasaje que compartimos espacio con ellos. Imposible lograr otro lugar cuando me doy cuenta de ello. Todos los demás están ya ocupados.

Si bien apenas si me dejan dormir dos horas, al menos estoy acostado y descanso. Mi llegada a Grecia puede ser peor, siempre todo puede empeorar, pero buena no termina de serlo. Llego a un puerto a las 4:30 de la mañana, sin luz para rodar a la cercana población a la que a estas horas, todo sea dicho, y con todo cerrado, no me merece la pena llegar. Las primeras luces que veo al alba no son las del sol, si no relámpagos sobre el mar que no tardarán en convertirse en tormenta, cosa de por si fea pero que destemplado y con sueño se me hace incómoda en extremo.

Los primeros nativos con los que hablo resultan ser un par de perros, que aunque amigables, poca conversación me darán. Ya con luz, que el sol no lo veré hoy, me dirijo al pueblo a tomar un café con leche descomunal en cafetería con wifi y pongo al día, o casi, el blog. Un correo me llena de esperanza, si bien la prudencia me hace contener la emoción. Me dará tiempo a responderlo y mandar por mi parte un par más.

Tras mi primera visita a un supermercado me enfrento con el mismo abismo que he padecido en cada país por el que pasé, a sabiendas que tardaré unos días en ir pillando el punto a mis compras. Aquí he de añadir que ante mi imposibilidad de leer etiquetas, debo confiar más en la sinestesia para saber realmente lo que compro. Sus textos se me antojan una mezcla de formulas matemáticas o electrónicas complejas y el comenzar a aprender que sonido corresponde a cada signo no me daría más luz sobre el enigma de saber que pone.

No hable italiano cuando pude y resulta que ahora es lo que me sale al intentar hablar en la cafetería o en la tienda, o más tarde ya en camino cuando me cruzo con tres cicloturistas, ellas dos alemana y suiza, el austriaco y es con la alemana con la que me entiendo en italiano, que lo habla.

Aquí me pasan unas notas de como pedir permiso para acampar, en albanes

Una abrazadera le produce roces a la alforja


Me pasan información de Albania, la más elemental, que agradezco sobremanera. Tras despedirnos, ellos van dirección a Athenas, llego a Asprokkisi y la lío.

La lluvia arrecia y o tomo un café o no me tengo en pie. Lo que no tenia previsto es la cantidad de rondas de ouzo que termino tomando, invitado la primera vez por Spyros, a continuación por el dueño del bar y después, hasta perder la cuenta, por parroquianos. Cuando me doy cuenta he pasado la mañana bebiendo, fuera llueve y malditas las ganas que tengo de hacer los kilómetros que me separan de la siguiente población o los 20 a los que creo que estoy de la primera de Albania, aunque pudiera hacerlos, cosa que dudo.

Uno de los que me invitó, me dice donde puedo montar la tienda, pero por mucho sueño que tenga, sin dormir que pasé la noche y con la ayuda etílica, no son horas de plantar mi tienda y lo mismo la lluvia da un respiro y no me mojo en el proceso.

Spyros me dice de volver esta noche al bar, a las 10, miedo me da lo que se puedan beber a estas horas tras la muestra de esta mañana. Por otro lado me muero de ganas de dormir y hoy anochecerá una hora más tarde por el cambio a la hora local. Me va enseñando las primeras palabras en griego, mientras nos entendemos en una mezcla de ingles, italiano y aguardiente.

Otro factor que sumo a mi desgana de pedalear hoy, es que ayer, en la terminal de Brindisi, fumé más de lo acostumbrado y anoche maté el tiempo de vela con más cigarrillos y ahora, bajo un cartel de prohibido fumar, sigo con uno en la mano en una mesa donde todos fuman. De nuevo en territorio de frontera veo como las leyes se difuminan y se crean espacios con normas aparte, tomadas de aquí u de allí, como las gentes que los habitan, con un pie a cada lado del lugar. Ayer, en la terminal de Brindisi, y tras años de no respirar tabaco en espacios cerrados, pase horas entre no menos de cuarenta camioneros búlgaros que encendían un cigarrillo con la colilla del otro.

La tarde se me hace extraña. Paso las horas en el bar. Veo a ratos una teletienda griega y oigo voces, que en ocasiones se me dirigen a mi, sin lograr desentrañar el significado de las mismas. Quiero hacer una llamada en un pueblo, cosas de los móviles, donde ya no existe teléfono público. Me veo haciéndola desde Albania mañana por la tarde. Si eso es posible.

La lluvia se detendrá por un rato, suficiente para que tome ánimos y busque la siguiente población, Sagiada. Conforme pongo el pie en el pueblo pregunto a dos paisanos por un lugar donde hacer noche, casualmente estamos frente a la tienda, material agrícola, del alcalde y uno de ellos le pregunta. Este, me remite al puerto distante un kilómetro y donde frente a la playa hay dos cenadores techados. Me dice que si es por una noche puedo usarlo para dormir.

Casi olvido que no compré mis gotas para los ojos en Italia y aquí me apresuro a hacerlo una vez resuelto el tema del techo. Voy caminando y al bajar unos escalones me doy un batacazo monumental, cosas de usar pavimento de interior en exteriores sumado a la lluvia y el poco barro que pueda tener en mis botas. En el suelo, y condolido, paso revista y compruebo, que pese al intenso dolor, ni me he roto nada ni he roto anda. Unas leves heridas en el brazo, una costilla magullada y , eso si, mi muslo derecho con intenso dolor.
Lunes, martes y miércoles 23, 24 y 25.02.15 Brindisi. Salgo temprano y con lluvia intermitente, Ahora se positivamente que mis botas son impermeables, ya antes pude saber que son transpirables. Bravo. Llego a la ciudad y continuo hasta el barrio donde se encuentra el aeropuerto.

Hay una hermosa construcción en el, prácticamente empotrada en el aeropuerto. Una iglesia que ya en el 1.310 fue testigo y escenario del proceso a los templarios del reino de Sicilia. Junto a esta, un convento franciscano que ofrecen hospitalidad.

Marga llamó días atrás, sin respuesta, cuando juntos pasamos por Brindisi camino a Lecce. Estando en la puerta del convento entiendo el por que de no tener éxito en su llamada. Está cerrado el convento y sin frailes. Pero un joven que pasa por aquí montado en su bici y se detiene a conversar conmigo, Giovani, me informa que hoy lunes habrá misa en la iglesia y a continuación catequesis para adultos y entonces como muy tarde estará abierto. Así sucede. El párroco se hace llamar Mimo, diminutivo de otro nombre que olvido al instante.

No me pone objeciones a quedarme y que use una celda del cerrado convento si bien me advierte del estado de abandono en que se encuentra y me previene sobre su escasa comodidad. Es más, me dejará pasar aquí hasta que embarque, con lo que tengo solucionados los que serán mis dos últimos días en Italia, hasta el miércoles. Preparo y tomo la cena en mi celda y tras leer un poco me vence el sueño.

Antes visite la iglesia que conserva buena parte de los frescos que la decoran desde hace más de 700 años así como algunos objetos que conserva de esa época. El cercano aeropuerto solo mantiene un discreto tránsito local de vuelos que no llegan a ser molestos tras estos gruesos muros en ningún momento.

Recorro los escasos 500 metros que me separan de la terminal y con sorpresa puedo ver los precios de su cafetería o restaurante que son similares a los del resto de lugares por donde he pasado, incluso más bajos algunos de ellos. Una pequeña tienda que vende algún aperitivo o bebida a los usuarios del mismo mantiene así mismo unos precios realmente bajos para lo que tengo visto en mis anteriores visitas a aeropuertos.

A la mañana siguiente y sin tener que recoger mis cosas me permito partir pronto hacia el barrio que hay junto a la iglesia camino al centro de Brindisi. La mañana es luminosa, transparente y sin nubes para un día que se anunció lluvioso. El viento se ocupara de ir poniendo y cargadas de agua sobre el cielo a lo largo de la mañana.

Tras desayunar, tomo un barco que une este barrio con el centro y, sin el lastre de la bici, paso la mañana visitando perezosamente los lugares marcados en una guía, que me dio la pasada semana una bibliotecaria frente a la catedral. Compro alimentos para reponer lo gastado y busco por las agencias el mejor precio posible del billete que mañana tengo intención de adquirir. Hoy no dispongo del necesario dinero para ello. Poca es la diferencia de precio, pero la hay, de hasta cinco euros que me puedo ahorrar.

Apuro lo que me queda de batería con algún correo y post, el enchufe de la celda no me permite usar mi clavija, ya por la tarde y tras preguntar a Mimo, me facilita un adaptador y por la tarde podré dejar la batería de nuevo cargada. Tras mis paseos por la ciudad regreso a la iglesia para comer y antes de que comience la lluvia y tener que recoger lo poco de ropa que lavé y tendí. Anoche Mimo me dejó una estufa, que uso para terminar de secar las prendas. No la use para dormir pues la temperatura no fue tan baja como lo esperado en una celda de estas características y pasé la noche bien dentro de mi saco.

No se que me sucede con la comida. No es normal. Tan pronto he terminado de comer podría volver a comer de nuevo. Me contengo pero no mucho, y termino comiendo de nuevo. La tarde la paso de charla con Mimo y un amigo de este. He terminado al fin de coser la capucha de una chaqueta que no me sirve para nada, la capucha, es pequeña, no me cubre apenas la cabeza llevo demasiadas capuchas imposibles de poner, de modo que ahora es un cuello mas grueso y de ese modo impido que al usarla bajo la impermeable y si llueve, se moje sin necesidad. La estufa encendida en la celda para secar la ropa me produce ensoñación y muy temprano terminaré dormido dejando la lectura.

Ya miércoles por la mañana entrego las llaves al amigo de Mimo que me presentó ayer y con las prendas casi secas parto del convento con la esperanza de que no sea hoy uno de esos días en que se retrasa el cobro de mi pensión.

La retiro sin problemas y tras llegar al centro de Brindisi saco mi billete en la agencia que ayer me ofreció mejor precio, navegaré con Grimaldi, tengo el día por delante y ninguna gana de moverme por la ciudad bajo la lluvia. Mi falta de ganas, y evitar en lo posible cualquier contratiempo que me demore, me llevarán a dirigirme al puerto de embarque, que dista a unos tres kilómetros de la población, con mucha antelación. Allí y con la hoja de embarque en mi poder veo las aguas, las que por el mar me separan de Grecia y las que golpean en forma de lluvia la cristalera de la sala de espera donde camioneros fuman y toman café a espera de sus horas en embarque.

Pasaré las horas leyendo, escribiendo, conversando con algunos de ellos y pensando en estos tres meses de estancia en Italia, que hoy dejo atrás con pena. Personas y lugares que he conocido voy repasando en mis recuerdos. Historias de las que he sido confidente ocasional, lágrimas que han derramado en mi hombro y muestras de generosidad y solidaridad como no las había conocido antes.

Parto dejando atrás mucho. Excitado ante la perspectiva de conocer otros lugares, pero apenado por todo lo que dejo. Rostros y paisajes que solo podré ver de nuevo cerrando mis ojos y confiando en mi memoria, calor de manos y abrazos, que si no es en sueños, presiento no se repetirán.

Hoy prefiero esto. La soledad relativa que me ofrece la sala de espera y no sumar nuevos estímulos, pasar el día en los recuerdos como pequeño colofón a un capítulo que se cierra y dejo atrás. Casi agradezco el día gris, húmedo y triste que me acompaña mostrando un estado de ánimo similar al que siento. Mejor así que un sol radiante que chocaría en violento contraste a mi estado de ánimo.

Me puse al día con los correos. Despedidas de gente que conocí y que me desean fortuna, me dan aliento o simplemente saludan. Otros que esperaba hace tiempo y finalmente recibo con alegría.

En mis lecturas, siempre me sorprendieron las descripciones de los lugares fronterizos y sus breves historias de personajes siempre de paso. Breves por lo efímero de sus estancias, pero que va erosionando los lugares y confiriendo una desolada decadencia fruto de esperas y emociones. Hoy habito uno de esos sitios y me pregunto en que medida mis emociones alteran este entorno, si es que lo hacen, de partidas y llegadas, de encuentros y despedidas.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Domingo 22.02.15 Lecce. Noche de mucho calor. Al menos yo. El B&B tiene la calefacción apagada pero es cálido, al punto en que tras la ducha puedo andar por allí llevando la camiseta. La colcha de la cama me hace sudar en exceso y despierto durante la noche empapado de sudor.

Desayunamos antes de salir y Marga marcha a la estación a comprar su billete. Más tarde tomaremos un café en donde nos despediremos. Ella lo prefiere así y no quiere que le acompañe a la estación.

El día ya amaneció con lluvia, en ocasiones esta arrecia y se hace de cierta intensidad, con rachas de viento que llega frío. El espejismo de primavera desaparece con la misma rapidez con la que Marga se va y me veo por las calles de Lecce de nuevo solo y frente a mi realidad. Curiosamente vivo el día como si fuera irreal. Ciertos acontecimientos acusarán aun más mi sensación.

Visito la catedral, donde me sellan la credencial y de paso pregunto si saben donde puedo encontrar hospitalidad, me dice el secretario que regreses pasadas las cuatro que el párroco me encontrará algo, y así es, hace una llamada, me escribe una carta de presentación y me envía a un lugar cercano donde un keniata llamado Neto me ofrece alojamiento, ducha y una inmensa sonrisa. A cambio me toca hablar de fútbol. Es del Barça y hablamos también de Barcelona donde ha pasado un par de años viviendo.

Pero antes de eso el día me ofrecerá alguna sorpresa. Al salir de la catedral por la mañana, piso, con la bici, un billete de 20 euros en un callejón vacío. No hay nadie y son míos. Con ellos en mi cartera voy vagando por una desierta ciudad visitando los puntos de interés bajo la intensa lluvia de esas horas y termino frente a una cafetería. Tengo necesidad de usar el aseo y calentarme, si es posible de hablar con alguien, necesito trato humano. La camarera que hay allí no esta para conversaciones o eso me parece, de hecho no llegaremos a hablar apenas lo justo para que atienda mi pedido y poco más. Es una chica joven, pequeña y delgada con el rostro que parece enfadado. No es la primera vez que me invitan al café, pero esta vez me sorprende, tal vez por la falta de dialogo previo y por su ceño, pero el tema no termina ahí. Apenas he encendido un cigarrillo en la puerta cuando ella aparece tras de mi con un envase de plástico lleno de macarrones, un tenedor también de plástico y una servilleta. Como única explicación me dice: hice muchos y no me los voy a comer todos.

Terminamos comiendo juntos, separados por el cristal de la cafetería, ella dentro y yo en el exterior, mirándonos sin decir nada, de fondo la voz de Nina Simone, un álbum que tuve en una ocasión, hace miles de años o eso me parece, que me gusta especialmente y que me llenará de recuerdos de otros tiempos que quedan muy atrás y que sin dolor voy repasando.

La tarde, hasta las 4:30, la paso con un turista japones que usa un ingles que hace el mio bueno. Tras acomodarme en el que será mi alojamiento esta noche, paso lo que resta de la tarde viendo resúmenes deportivos por gentileza de Al Jazeera, especial dedicación al mundial de cricket, con un camarero albanés en paro, un mecánico de bicicletas iraní que sueña con montar un taller por estas tierras y otras gentes con las que no llego a entablar conversación. Cuando empiezo a sentir apetito aparece Neto cargado de bocadillos vegetales con atún y nos alegra la noche. No logro entender las normas del cricket, ni falta que me hace. A estas horas, Marga, ya estará en su casa de Roma, donde le espera un sobrino que le va a visitar. Y lluvia. Que también en Roma llueve ahora.
Jueves, viernes y sábado 19, 20 y 21.02.15 Vacaciones en Puglia. Si ya vi como las flores comenzaron a despertar discretamente, ahora es una autentica explosión de color bajo un sol radiante y caluroso. Es definitivamente un parentesis primaveral en el sur. Por la presencia de Marguerita, por los campos que vamos cruzando que rebosan de color y durante las horas del día el sol que me da vida.

Primero por los caminos que nos llevaran a Brindisi junto al mar, después por un camino que busca Marga y que el sábado recorreremos atravesando los más hermosos campos de olivos que se puedan soñar, con unas construcciones antiguas y típicas de la región, trullis, de los que me enamoro al instante y sueño con poder habitar uno de ellos. Todo tapizado de hierba, campos cuidados con esmero, donde se amontonan los haces de ramas de las podas que están realizando.

No comenté cuando correspondía que ya probé el aceite de la región, así como su vino y su pan, todos deliciosos que tome con placer y que me fueron ofrecidos en el seminario de Troia.

A todo esto va Marga y se pone a cantar mientras va en bici. Y entre todas las canciones posibles le da por...

coge tu sombrero y pontelo
vamos a la playa calienta el sol

con su chirivirivi porompompon o chiribiribi poron pon pon, que sigo sin saber como se escribe la dichosa letra. Eso si, lo canta en italiano y yo no me dejo de asombrar ante las casualidades de la vida.

Marga llama por teléfono para ir asegurando los lugares de hospitalidad por adelantado, de modo que liberados de esa tarea o preocupación nos demoramos por el camino permitiéndonos incluso alguna pequeña siesta bajo el sol, tras las comidas ligeras que hacemos en el camino. Ya por las noches ponemos en marcha la cocina de alcohol y vamos probando de hacer algún plato sencillo.

En Brindisi dormiremos en la catedral, en una estancia a la que se accede desde el patio y donde, a falta de algo mejor, unas mesas nos hacen de cama durmiendo sobre ellas separados del suelo. Las noches son casi templadas y desayunamos donde mismo dormimos estos días si bien no perdono un café de máquina tan pronto puedo.

El sábado amenaza lluvia y nos falla un contacto donde pernoctar por problemas de actualización en la guía que ella porta. Con esto decidimos añadir otros 20 kilómetros más al plan inicial y dormir en Lecce. Con esto si el domingo llueve con intensidad no tendrá tampoco problemas para estar a tiempo en la estación y tomar su tren o tener que viajar las horas que la separa de Roma con sus prendas mojadas.

No dispone esta población de hospitalidad pobre pero si de un B&B con importantes descuentos para los portadores de la guía y lo usamos. Allí encontraremos una cocina en condiciones, mención aparte merece el hermoso techo abovedado, buena provisión de artículos para el desayuno, ducha caliente, la de la catedral lo era, incluso en exceso, pero en un aseo común con las otras estancias. Así mismo wifi, TV, etc.

Con el ordenador conectado vamos ultimando la ruta que pretendemos compartir por el Danubio en junio mientras localiza vuelos para ir y regresar a los distintos puntos. Demasiado bonito ¿no?. Seguramente nos dejamos llevar y soñar es gratis. El tiempo nos dirá si solo ha sido eso o finalmente en junio andamos rodando por allí.

No dejo de comer. Meriendo como si no fuera a cenar y ceno como si un rato antes no hubiera merendado, pero es que hoy me he sentido débil sobre la bici, falto de energía acompañado, de nuevo, por molestias en mi pierna derecha, piernas pesadas sin que pueda adivinar las causas. Tal vez algún tipo de astenia primaveral o simplemente la suma de las jornadas de la semana pasada que me pasan factura ante la falta de un o unos días de descanso, donde realicé cada día una cantidad algo superior de kilómetros a lo que acostumbro. Por que comer, como. Y cuido de tomar agua, tenga sed o no, así como voy haciendo los descansos cada cierta cantidad de kilómetros durante la ruta para recuperarme y hasta la fecha me van funcionando.

Cierto que Marga viaja más ligera de peso, no fuma y es deportista con lo que ahora que lo pienso me he ido, tal vez, forzando casi sin darme cuenta a rodar con desarrollos más rápidos de lo que acostumbro y esa puede ser la causa. Ciertamente cuando viajo solo, voy en ocasiones como si paseara en bici y no tardo en bajar y caminar con ella en la mano ante cualquier cuesta de cierta exigencia.



Marga se ha bajado el burka para comer unas flores



Preparando aperitivo mientras algo se cuece en el hornillo

Miércoles 18.02.15 Bari – Mola de Bari. Al devolver hoy las llaves de mi alojamiento me dan unas indicaciones para llegar a Bari evitando, en lo posible, parte del intenso transito de vehículos que entra en la ciudad, y tomo sin dificultad el camino viejo al aeropuerto.

Llego con tiempo más que de sobra para la hora en que me he de reunir con marga, lo que me permite visitar su puerto y recorrer la ciudad. Un par de minutos antes de lo espera veo a Marga en el anden con su bici desmontada y las alforjas en el suelo, abrazo y alegría.

Tras comer unos bocadillos en un parque nos ponemos en camino con fuerte viento. Y nos enfrentamos a una serie de incógnitas. Expectativas de cada cual, por supuesto, pero en mi caso, que es el que conozco, y como algo adicional, el que nunca he viajado realmente con nadie ni tenido la necesidad de acoplar o sincronizar mis ritmos con los de otros. Ritmos no solo de recorrer kilómetros, ritmos de paradas y descansos, la duración de los mismos, ritmos de ingerir algún alimento y de asegurar el camino preguntando, ritmos de espera ante los lugares de posible hospitalidad. Están también los tipos de viales a utilizar. Momentos idóneos para tener solucionada la pernoctación y el modo de lograrla, las palabras mágicas que abren o cierran puertas y el tipo de estancia que tras esas puertas nos esperan y que para uno pueden ser más que suficientes mientras que para otra pueden no serlo ni aportarle sus necesidades de intimidad o confort. En fin, un lío al que no sin ciertas dosis de esfuerzo, tolerancia y diálogo terminaremos por ir solucionando en lo posible si bien en esta primera noche ella dormirá en una pensión y yo en una especie de palacio episcopal cuyas puertas me abre un sacerdote que tras ponerme ceniza sobre la cabeza, hoy es el día de hacer esas cosas, me conduce hasta el grandioso y vacío edificio. Le llaman Mimi y a el me ha enviado un joven que me ve en la puerta del cerrado convento de clarisas que ofrece hospitalidad en la Francigena en esta población y que hoy mantienen cerrado a cal y canto por retiro espiritual.

Ceno con Marga antes de separarnos y descanso en ese edificio inmenso y deshabitado, con techos altísimos que unos muebles de gran envergadura apenas si llegan a ocupar.Cuadros con los rostros de los últimos Papas me miran mientras leo un poco antes de conciliar el sueño.


Domingo, lunes y martes, 15, 16 y 17.02.15 Llaneando por la costa en dirección a Bari. AL fin logré el domingo hablar con Marga y el miercoles llegará a Bari, si bien quedamos en que el martes la llame por si surge algún tipo de complicación.

El domingo lo pasé en Troia en lo que parece serán mis últimas subidas de importancia en Italia, ya desde aquí me prometen que todo es llano con algún repecho. De todo esto me informará Giuseppe a quien conozco mientras espero inútilmente que abran el Hospital del Camino, que así se llama el sitio, y donde supuestamente me puedo alojar. Es un joven del pueblo que me adopta. Primero ante la cerrada puerta me dirige a la policía local donde hace indagaciones de quien tiene la llave para facilitarme el acceso, más tarde, cuando la policía tras un par de llamadas de teléfono nos comunican que el hospital esta cerrado temporalmente ya que están reparando los aseos del mismo, se empeña en llevarme a una orden con sede en la población y donde conoce un fraile.

Mantienen estos diversas congregaciones por puntos de África y América Latina y a pesar de su presencia en España nunca había escuchado antes el nombre de la misma. En la espera para hablar con la persona responsable, me irá contando cosas de la historia de la región y la población, que por lo visto es ultraconservadora y muy religiosa lo que explica la gran cantidad de iglesias que se ven por todos lados en densidad superior a lo que vi en otros lugares. Me imita, Giuseppe, y con ello reímos un buen rato, los distintos dialectos y formas de hablar que se usan en el país y comprendo el por que de mi dificultad de comprensión que vengo padeciendo estos días, eso al enseñarme que en la Puglia hablan eliminando vocales, cuantas más, mejor.

Una vez instalado en una de las habitaciones del seminario de la orden, Franco, que así se llama el fraile que me atiende, por diminutivo de Francesco, me invita a cenar con todos ellos y la sorpresa es más grata aún cuando compartiendo la cena en la mesa estoy sentado entre una comunidad que aprendieron español en sus congregaciones americanas y cada cual a su modo y acento lo habla, desde el de Granada donde estudio Franco al de Guido que habla un mexicano hasta otro que me suena argentino.

A la mañana siguiente, al salir tras volver a compartir con ellos el desayuno, veré a Giuseppe en la puerta, esperándome, desde no se que hora. Me abraza, me da consejos sobre los pueblo en donde resulta peligroso perder de vista la bici y sobre las carreteras. Se le saltan las lagrimas sin que adivine sus razones y parto antes de que me contagie su emoción.

Seguí sus recomendaciones que no en vano me las dio, pues resultan acertadas todas ellas.

El martes me sorprendo al ver las primeras señales de la primavera. Primero alguna discreta flor a punto de abrir o apenas abierta. Blancas o amarillas, donde el sol las calienta y donde me calienta a mi mientras recorro campos de olivos principalmente.

Esto me pone de un humor esplendido, esto y la proximidad a mi encuentro con Marga. Me da por cantar y con el sol calentando mi cuerpo me arranco con...

coge tu sombrero y pontelo
vamos a la playa calienta el sol

y aquí comienzan mis dudas. Chirivirivi se escribe así o es con “b”, chiribiribi. Y otra no menos importante. Porompompon si se escribe junto sera así, pero si es con espacios serán enes en vez de emes, ¿no? Poron pon pon.

Con esto llego a Bitonto, que desde que conocí el nombre no puedo dejar de sonreírme cada vez que pienso en el. La población tiene su interés y la visitaré con agrado. La oficina de información forma parte de un edificio histórico con muchos más usos en el casco antiguo, dentro del recinto amurallado de la ciudad. La oficina esta cerrada y pregunto a una especie de conserje quien al verme con un cuaderno en la mano me lo pide y comienza a dibujar un reloj. Todo intrigado le dejo hacer si bien la cosa tiene su guasa. Me preocupa que al poner los números se confunde y en lugar del 9 pone el 8 con lo que temo ya no le sirva el dibujo y pretenda comenzar de nuevo. Todo eso para decirme la palabra “reloj”. Si el discurso que me prepara es largo me puede dar allí la noche. Ahora me quiere dibujar un foso, a pesar de que entendí no solo la palabra si no al lugar al que se quiere referir ya que el pueblo tiene un solo foso, con o sin reloj. Me deshago de el con amabilidad y tan pronto me separo dos viejos que están muertos de risa viendo la escena me dicen que ando buscando. Les cuento y me dicen a donde he de ir, claro y directo, sin dibujos ni rodeos, y por quien he de preguntar.

Me ofrecerán hospitalidad en un local de scout de la localidad. Se queja su responsable de la cantidad de robos que están padeciendo, un total de siete llevan en poco tiempo, no se llevan apenas nada, pues nada guardan allí, pero les hacen destrozos y se disculpa del estado en que se encuentran sus instalaciones, con las puertas de los armarios de la cocina desencajados y todo revuelto.

Finalmente hago una última llamada a Marga quien me confirma que todo sigue según lo previsto y mañana llegará a Bari a la hora.