Sábado
24.01.15 Roma. Noche fría. Dormí con techo y tres paredes, solo que
el viento sopló, mucho y muy frío. Y sopló insistentemente por la
pared que no tenia, que de esa dirección y no otra es de donde me
esta castigando desde ayer por la mañana.
Comienzo
a caminar por la carretera desierta que une al lido con la Via
Litoranea esperando tener luz para comenzar a rodar. Al menos si me
muevo entro en calor. Me siento entumecido de pasar la noche encogido.
Tan
pronto llego a Fiumicuno comienzo a buscar teléfono. Llamada a
Margherita. Que si, que valla a su casa sin problemas. Necesito con
urgencia ducha, lavar ropa y de paso mirar por las tiendas una
chaqueta que me permita usarla sin quedar anegado por mi propia
transpiración. Al menos esas cosas si las puedo y las debo hacer
ahora. Después ya decidiré a donde parto para regresar a Roma en dos
semanas.
Esta
vez no me ha costado nada encontrar el Tevere y desde el me se
manejar sin problemas. Uso parte del día buscando chaqueta, quede en
casa de Margherita a las 18:00 y dispongo de tiempo. Finalmente nos
encontramos en su portal pocos minutos antes de la hora acordada.
Ya
en su casa, duchado, con la calidez de su calefacción y su presencia
y la satisfacción de oír el sonido de la lavadora, uno se olvida de
cualquier penalidad y disfruta del momento. Paolo trabaja con ella,
viene a cenar esta noche un delicioso risoto entre alguna cosa más
que tomamos en animada charla, mientras vemos rutas para un próximo
viaje en bici de
Margherita,
que intenta empujar a Paolo en un recorrido por el Canal du Midi.
Dejamos
abierta la posibilidad de hacer una parte de la vía del Danubio a
finales de esta primavera. Tan pronto termina la cena. El vino, el
calor y el cansancio de estas semanas me pasan factura y apenas si
puedo mantener los ojos abiertos. Anoche dormí poco y mal y por otro lado acostumbro a irme pronto al saco, en búsqueda de su calor
protector y a falta de otra cosa mejor que hacer. Caigo en la cama y
me duermo en segundos.
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