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domingo, 8 de febrero de 2015

Sábado 24.01.15 Roma. Noche fría. Dormí con techo y tres paredes, solo que el viento sopló, mucho y muy frío. Y sopló insistentemente por la pared que no tenia, que de esa dirección y no otra es de donde me esta castigando desde ayer por la mañana.

Comienzo a caminar por la carretera desierta que une al lido con la Via Litoranea esperando tener luz para comenzar a rodar. Al menos si me muevo entro en calor. Me siento entumecido de pasar la noche encogido.

Tan pronto llego a Fiumicuno comienzo a buscar teléfono. Llamada a Margherita. Que si, que valla a su casa sin problemas. Necesito con urgencia ducha, lavar ropa y de paso mirar por las tiendas una chaqueta que me permita usarla sin quedar anegado por mi propia transpiración. Al menos esas cosas si las puedo y las debo hacer ahora. Después ya decidiré a donde parto para regresar a Roma en dos semanas.

Esta vez no me ha costado nada encontrar el Tevere y desde el me se manejar sin problemas. Uso parte del día buscando chaqueta, quede en casa de Margherita a las 18:00 y dispongo de tiempo. Finalmente nos encontramos en su portal pocos minutos antes de la hora acordada.

Ya en su casa, duchado, con la calidez de su calefacción y su presencia y la satisfacción de oír el sonido de la lavadora, uno se olvida de cualquier penalidad y disfruta del momento. Paolo trabaja con ella, viene a cenar esta noche un delicioso risoto entre alguna cosa más que tomamos en animada charla, mientras vemos rutas para un próximo viaje en bici de
Margherita, que intenta empujar a Paolo en un recorrido por el Canal du Midi.

Dejamos abierta la posibilidad de hacer una parte de la vía del Danubio a finales de esta primavera. Tan pronto termina la cena. El vino, el calor y el cansancio de estas semanas me pasan factura y apenas si puedo mantener los ojos abiertos. Anoche dormí poco y mal y por otro lado acostumbro a irme pronto al saco, en búsqueda de su calor protector y a falta de otra cosa mejor que hacer. Caigo en la cama y me duermo en segundos.


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