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domingo, 8 de febrero de 2015

Jueves 29.01.15 Bomarzo. Jardín de los monstruos. Efectivamente llego en poco tiempo, tras una larga cuesta a la salida de Orte el resto es sencillo y cercano.

Nada más llegar a Bomarzo descubro una población que por el clima que tenemos ahora mismo, por la estación o por lo que sea, es fantasmal. Apenas me cruzo con nadie por las calles vacías y el pueblo tiene aspecto de abandonado. El jardín que quiero visitar se encuentra a poco más de un kilómetro. La carretera igualmente desértica.

El jardín o parque, que le llaman de ambos modos, más de lo mismo. Me dice la empleada que ayer no lo visitó nadie y que hoy puede que yo sea el único que entre. Eso tiene, indudablemente sus ventajas, solo que el cuerpo no lo tengo fino y lo recorro entre escalofríos. Es una hondonada en donde el sol, si lo hubiera, no entraría, húmeda y gélida. Tan pronto salgo de mi visita me encuentro una construcción de piedra que están reformando, sin valla ni puerta. La planta baja carece de ventanas y me ofrece un espléndido abrigo a pesar de que aún no es la hora de comer.

Ocupo el edificio, monto el catre y extiendo el saco con la idea de entrar en calor. Realmente no me siento nada bien. Antes de comer ya me he dormido, con la temperatura alta y sin apetito. Tenemos los fumadores un método infalible de medir nuestro estado de salud, tan pronto dejo de tener ganas de fumar durante horas y horas es un aviso de que algo deja de estar como debe.


Pasaré la tarde adormilado y febril. No tomo comida ni cena. Tan solo algunos tragos de agua, que hasta eso, helada como esta, deja de apetecerme, pero me obligo a ingerirla en cortos y frecuentes sorbos. Al menos el lugar, si no cálido que eso es imposible, esta al resguardo de todo, más discreto imposible y no temo ser molestado ni molestar con mi presencia y dormir me hace bien.

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