Jueves
29.01.15 Bomarzo. Jardín de los monstruos. Efectivamente llego en poco
tiempo, tras una larga cuesta a la salida de Orte el resto es
sencillo y cercano.
Nada
más llegar a Bomarzo descubro una población que por el clima que
tenemos ahora mismo, por la estación o por lo que sea, es fantasmal.
Apenas me cruzo con nadie por las calles vacías y el pueblo tiene
aspecto de abandonado. El jardín que quiero visitar se encuentra a poco más de un kilómetro. La carretera igualmente desértica.
El
jardín o parque, que le llaman de ambos modos, más de lo mismo. Me dice la empleada que ayer no lo visitó
nadie y que hoy puede que yo sea el único que entre. Eso tiene, indudablemente sus ventajas, solo que el cuerpo no lo tengo fino y lo
recorro entre escalofríos. Es una hondonada en donde el sol, si lo
hubiera, no entraría, húmeda y gélida. Tan pronto salgo de mi
visita me encuentro una construcción de piedra que están
reformando, sin valla ni puerta. La planta baja carece de ventanas y
me ofrece un espléndido abrigo a pesar de que aún no es la hora de
comer.
Ocupo
el edificio, monto el catre y extiendo el saco con la idea de entrar
en calor. Realmente no me siento nada bien. Antes de comer ya me he
dormido, con la temperatura alta y sin apetito. Tenemos los fumadores
un método infalible de medir nuestro estado de salud, tan pronto
dejo de tener ganas de fumar durante horas y horas es un aviso de que
algo deja de estar como debe.
Pasaré
la tarde adormilado y febril. No tomo comida ni cena. Tan solo
algunos tragos de agua, que hasta eso, helada como esta, deja de
apetecerme, pero me obligo a ingerirla en cortos y frecuentes sorbos.
Al menos el lugar, si no cálido que eso es imposible, esta al
resguardo de todo, más discreto imposible y no temo ser molestado ni
molestar con mi presencia y dormir me hace bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario