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miércoles, 8 de octubre de 2014

Domingo 28.09.14 Ruta dos Faros. Hay como dos mantras, maños si mal no recuerdo, uno dice “eso no se puede hacer, es imposible”, el otro hace referencia a la ausencia de una parte del órgano reproductor masculino. En ocasiones quieres hacer algo, estas convencido que has de hacerlo, pero la gente, la razón e inmforaciones u opiniones que tienes sobre ello te lo desaconsejan. Aún así sabes que lo vas a hacer y esos mantras son como un bálsamo. Ayer me dijeron que esa senda que une Camelle con Traba, ya el nombre de Traba te da pistas al respecto, no es posible hacerla con bici y alforjas. Esta mañana dos guardias civiles me lo repiten y advierten de las nieblas que puedo encontrar camino a Ponte do Porto, más tarde, en el bar donde tomo café, escucho de nuevo la misa advertencia, incluso donde comienza el sendero, un señor en su bici se despide de mi diciéndome que por ahí no pasare con la bici así cargada. Pero entre tanta gente, Pepe, con quien tomé café y fumé, me dice que el lo haría y no necesito oír más. Y lo hago.

En esta semana que concluye e he enamorado dos veces, la primera de la voz de Rosario, de modulación en mi imaginario y su murcianidad, voz discreta y comedida, prudente, contenida que solo veo exaltar cuando habla se las cosas que no ve bien en su trabajo y dotada de una carencia, un ritmo como no había conocido antes. Me enamoro también de Costa da Morte, o Costa da Vida como mejor dice Pepe. Para hablar de esta no encuentro palabras. O tal vez no estén aún inventadas. Si ya me impacto en Corcubión, Fisterra y Muxía, es dejando atrás Camariñas y desde el Faro Vilán por Arou, Camelle, Traba, Laxe... donde este amor comienza a hacerse maduro y perdurable.

Lo del pan, que ayer descubrí y hoy vuelvo a comprar al peso, no es amor, es otra cosa, más pecado capital y más lujuria de sentidos que gula donde poco que ver tienen los sentimientos. Lo compro y lo como, en parte, sentado frente al mar en Laxe, con apetito. Dejo atrás Laxe viendo desde la altura su hermosa playa de fina y blanca arena, nívea, de una luminosidad cegadora. Y desierta.

Pepe, tras las indicaciones que e dio cuando el café, se encamina no obstante con Lolo, su dálmata, por el sendero donde nos encontramos de nuevo y hace fotos, me hace. Aquí una de ellas.
Lolo paseando por Costa da Vida

Hablando en Traba con gente del lugar uno me interroga por eso de viajar solo y me hace reflexionar más tarde. Si bien es cierto que solo estoy y solo he de viajar, no veo que esto lo pudiera haber hecho acompañado, mis filias y fobias ya suponen un pesado equipaje con el que a nadie quisiera cargar y a su vez colan la capacidad de lo que puedo arrastrar sin dejare lugar para lastrarme con ajenas. Tan solo los milagros te proveen de acompañantes en la vida con quien compartir cargas tuyas y suyas en alegría y no creo en los milagros, no estando yo por medio y menos como protagonista de tales fenómenos.

Termina en Malpica la Ruta dos Faros y allí e encuentro al final de la tarde. Paso los planos que tengo de esta ruta a una pareja de cicloturistas suizos. Como suele suceder se habla de caminos, se cambian consejos y se extienden planos. Ellos tras su Camino Francés viajaron a Coruña y costeando van a Fisterre, después Vigo, Tuy y por Valença entran en Portugal, terminarán en Sevilla su periplo. Miran mi bici consternados, las suyas son de libro, de manual, Rohloff incluido, lo de viajar con una cesta en el manillar no se si lo encuentran exótico o disparatado.

Comparten la opinión de muchos que elogian la actitud y comportamiento de los vehículos a motor por las carreteras patrias, yo les advierto de las portuguesas y ellos a mi de las italianas.

Malpica no es pequeña y prefiero otra población para hacer noche, pero requiero un descanso que me lo tomo en el puerto a espaldas de las Illas Sisargas que antes pude ver.


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