Miércoles 27.08.14 Jornadas lusitanas III. Mucho venían durando las noches
plácidas. Mosquitos, humedad, que normalmente van de la mano, me dan
una noche fea que a las 2:30 se ve interrumpida por un coche que tras
quedar atrapado en la arena necesita tiempo, ruido y el auxilio de
alguien a quien llama para poder salir del apuro, con todo eso
agradezco las primeras luces del alba para moverme de allí, tras
haber dormido poco y a trozos.
Llego
pronto a Faro, desayuno antes en Olhão
y nada más llegar consulto el correo frente a la biblioteca en su
red abierta de wifi para después recorrer la ciudad. Media de leche
con café 0,80 € en una terraza donde leo a la sombra en un día
muy caluroso que no se presta a osados desplazamientos de
exploración.
Tiene
un recinto amurallado, frente a el, un parque con sombras y fuente y
allí un restaurante elegante me pone la música a mi comida que
disfruto en una mesa de las que tiene el parque estratégicamente
dispuestas. Tengo allí y tras comer la oportunidad de charlar con un
policía no se de que tipo aún, que no los distingo todavía y lo
hacemos sobre la Ecovia y sus defectos. Este es un servicio que se
esta “vendiendo” sin que aún exista realmente, ya que su
ejecución pasa por la implicación de los diversos municipios por
los que transcurre y esta es irregular. El mismo me expone lo
complejo de encontrar sus entradas y accesos, como además su firme
es un catálogo de suelos y carece de señalización suficiente,
puedes ir por ella sin ser consciente o salirte del mismo modo por
otro sendero y no darte cuenta. Algún día, en un futuro, confiamos
que este concluida y señalizada debidamente, por lo pronto me da
unas indicaciones de como encontrar la siguiente entrada. Como
apunte, me dice que la vía que parte de Sagres en dirección a Noruega, la ya mencionada Ruta 1, sí dispone de un trazado en
condiciones y señalizado, más tarde me entero que esa vía es la
misma que estoy usando, no son dos vías distintas, comparten trazado
hasta Ayamonte, en fin... lo dejé en las señales que me dio para
localizar la entrada, cosa que no sucede, las sigo y aparezco en la
distante playa de Faro, sitio en donde termina la carretera y me
obliga a deshacer.
Sin
entrar en más detalles, paso la tarde haciendo kilómetros de un
lado a otro, tarde tórrida, atendiendo indicaciones de uniformados y
paisanos que no se ponen deacuerdo de donde comienza el camino,
desalentador. Ya al final de la tarde, un señor en bici se ofrece a
llevarme el mismo, rueda veloz y me cuesta seguirlo cansado y cargado
como voy, pero me esfuerzo agradecido hasta que al fin me lleva a
donde comienza la autovía que va a Lisboa, Loulé, etc. Ya con escaso
tiempo de luz por delante, dentro de una autovía, entre polígonos
industriales y muy cabreado, decido seguir hasta la primera salida
útil y la tomo para ir buscando la carretera que me lleva a
Almancil.
Antes
de entrar en la población me meto por caminos entre campos vallados
buscando el primer árbol al que pueda acceder que resulta ser una
hermosa encina frente a una casa de campo con sus propietarios dentro.
Hablo con ellos de mi intención de dormir allí y me ofrecen
amablemente agua o lo que sea. Agua tengo y sueño también por lo que
se lo agradezco y comienzo a montar mi dormitorio en donde recibo
visitas de dos vecinos más que llegan a satisfacer su curiosidad.
Lo
escrito hasta la fecha sobre los ciclistas con los que me voy
cruzando en el camino no se aplica en estas jornadas lusitanas, no
existe un saludo, un aviso de su adelantamiento (ojo con los
ciclomotores eléctricos que no se escuchan), un gesto mínimo de
complicidad, nada de nada. No seria del todo justo en cuanto a
saludos se refiere, no mencionar a alguno que otro bien de gente a
pie o a través de la abierta ventanilla de un coche, con rostro
sonriente, alarga el brazo derecho, el puño cerrado y el pulgar en
alto, dando ánimos, y lo logran.
En
cuanto a tránsito a motor, desconozco si sus normas obligan a una
distancia mínima para sobrepasarte, pero si es así o se incumple sistemáticamente o esa distancia es nula. Los coches y camiones te pasan rozando e invadiendo arcenes o carril bici si un vehículo
delante de ellos se detiene para un cambio de dirección. Motos y
coches circulan con total desparpajo por la Ecovia si les viene en
gana lo que hace la circulación por aquí mucho más peligrosa en
cruces o intersecciones. Ya mencionare las rotondas si me inspiro.
Me
duermo terminando “Papa Goriot” y recordando por que me gustan
tanto los autores franceses de folletín.
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