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martes, 2 de septiembre de 2014

Miércoles 27.08.14 Jornadas lusitanas III. Mucho venían durando las noches plácidas. Mosquitos, humedad, que normalmente van de la mano, me dan una noche fea que a las 2:30 se ve interrumpida por un coche que tras quedar atrapado en la arena necesita tiempo, ruido y el auxilio de alguien a quien llama para poder salir del apuro, con todo eso agradezco las primeras luces del alba para moverme de allí, tras haber dormido poco y a trozos.

Llego pronto a Faro, desayuno antes en Olhão y nada más llegar consulto el correo frente a la biblioteca en su red abierta de wifi para después recorrer la ciudad. Media de leche con café 0,80 € en una terraza donde leo a la sombra en un día muy caluroso que no se presta a osados desplazamientos de exploración.

Tiene un recinto amurallado, frente a el, un parque con sombras y fuente y allí un restaurante elegante me pone la música a mi comida que disfruto en una mesa de las que tiene el parque estratégicamente dispuestas. Tengo allí y tras comer la oportunidad de charlar con un policía no se de que tipo aún, que no los distingo todavía y lo hacemos sobre la Ecovia y sus defectos. Este es un servicio que se esta “vendiendo” sin que aún exista realmente, ya que su ejecución pasa por la implicación de los diversos municipios por los que transcurre y esta es irregular. El mismo me expone lo complejo de encontrar sus entradas y accesos, como además su firme es un catálogo de suelos y carece de señalización suficiente, puedes ir por ella sin ser consciente o salirte del mismo modo por otro sendero y no darte cuenta. Algún día, en un futuro, confiamos que este concluida y señalizada debidamente, por lo pronto me da unas indicaciones de como encontrar la siguiente entrada. Como apunte, me dice que la vía que parte de Sagres en dirección a Noruega, la ya mencionada Ruta 1, sí dispone de un trazado en condiciones y señalizado, más tarde me entero que esa vía es la misma que estoy usando, no son dos vías distintas, comparten trazado hasta Ayamonte, en fin... lo dejé en las señales que me dio para localizar la entrada, cosa que no sucede, las sigo y aparezco en la distante playa de Faro, sitio en donde termina la carretera y me obliga a deshacer.

Sin entrar en más detalles, paso la tarde haciendo kilómetros de un lado a otro, tarde tórrida, atendiendo indicaciones de uniformados y paisanos que no se ponen deacuerdo de donde comienza el camino, desalentador. Ya al final de la tarde, un señor en bici se ofrece a llevarme el mismo, rueda veloz y me cuesta seguirlo cansado y cargado como voy, pero me esfuerzo agradecido hasta que al fin me lleva a donde comienza la autovía que va a Lisboa, Loulé, etc. Ya con escaso tiempo de luz por delante, dentro de una autovía, entre polígonos industriales y muy cabreado, decido seguir hasta la primera salida útil y la tomo para ir buscando la carretera que me lleva a Almancil.

Antes de entrar en la población me meto por caminos entre campos vallados buscando el primer árbol al que pueda acceder que resulta ser una hermosa encina frente a una casa de campo con sus propietarios dentro. Hablo con ellos de mi intención de dormir allí y me ofrecen amablemente agua o lo que sea. Agua tengo y sueño también por lo que se lo agradezco y comienzo a montar mi dormitorio en donde recibo visitas de dos vecinos más que llegan a satisfacer su curiosidad.

Lo escrito hasta la fecha sobre los ciclistas con los que me voy cruzando en el camino no se aplica en estas jornadas lusitanas, no existe un saludo, un aviso de su adelantamiento (ojo con los ciclomotores eléctricos que no se escuchan), un gesto mínimo de complicidad, nada de nada. No seria del todo justo en cuanto a saludos se refiere, no mencionar a alguno que otro bien de gente a pie o a través de la abierta ventanilla de un coche, con rostro sonriente, alarga el brazo derecho, el puño cerrado y el pulgar en alto, dando ánimos, y lo logran.

En cuanto a tránsito a motor, desconozco si sus normas obligan a una distancia mínima para sobrepasarte, pero si es así o se incumple sistemáticamente o esa distancia es nula. Los coches y camiones te pasan rozando e invadiendo arcenes o carril bici si un vehículo delante de ellos se detiene para un cambio de dirección. Motos y coches circulan con total desparpajo por la Ecovia si les viene en gana lo que hace la circulación por aquí mucho más peligrosa en cruces o intersecciones. Ya mencionare las rotondas si me inspiro.

Me duermo terminando “Papa Goriot” y recordando por que me gustan tanto los autores franceses de folletín.







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