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miércoles, 13 de agosto de 2014

Domingo 10.08.14 Noche húmeda, de nuevo, que el dormir bajo un árbol solo alivia en parte, si bien amanece despejado. Desayuno en un mini golf en el cruce que da entrada a Cabo Trafalgar para continuar dirección a Conil de la Frontera.

Me detengo un buen rato en El Palmar tentado por un vendedor ambulante de bicicletas viendo el modo de hacer negocio a tres bandas, el dispone de dos máquinas adecuadas en relativo buen estado y a precios de risa, matriculadas en Suiza, por otro lado un veraneante termina de romper el cambio de su MTB con la que arrastra un carrito con su hija dentro. Tras muchos regateos el turista compraría mi bici y yo con ese dinero una de las que estén en venta si bien tendríamos que montar y desmontar cosas y ahí es donde se nos frustra todo por falta de herramientas para hacer los cambios. El caso es que las oportunidades existen y esto es buena muestra de ello.

La playa de Conil es ancha y a los módulos de aseo se accede pisando mucha arena, no se encuentran cercanos al paseo que recorre la playa, cansado de toda la arena que me comí ayer desisto del intento y termino en un bar donde tomo un café con leche con un cliente tocayo mio, conversación tipo sala de espera de centro de salud donde hacemos inventario de dolencias y remedios.

Cargo agua en una fuente en la que esta prohibido arrojar desperdicios bajo multa de 5 pts pudiendo llegar la sanción hasta las 25 pts, supongo que a reincidentes confesos.

No registro aquí cada conversación que mantengo ni de cada persona con la que me detengo un rato si bien eso sucede cada día varias veces, sean gentes del lugar por el que paso que simplemente preguntan por curiosidad o soy yo quien les pido indicaciones, otros son viajeros, turistas, veraneantes, con los que puedo coincidir en algún paraje o compartir un rato de reposo en miradores, áreas de picnic del camino y cosas así.

Está la gente con la que te cruzas en caminos y carreteras, ahí hay clases, un clicloturista directamente se suele detener a tu lado para hablar, se intercambia información o anécdotas, se mencionan origen y destino, eso como mínimo. Después están los ciclistas deportivos que son muy diferentes entre sí según la bici que monten, los de carretera como mínimo saludan siempre y si te ven detenido o caminando junto a la bici es frecuente que te pregunten si todo va bien ofreciéndose en prestar ayuda o como me ha sucedido queriéndome dar agua en lugares que ellos conocen bien y saben de las dificultades de obtenerla, algún puerto o tramo largo entre poblaciones, cosas así. Tenemos a otra raza de ciclistas deportivos, normalmente poco gregarios van con la vista concentrada en no sabes bien donde y cara de estar pasándolo mal, equipados como tropas de élite montan sus bicis de montaña (para circular por carretera) con la actitud de quien emprende alguna gran gesta que gracias a sus gafas de cientos de euros con manual de instrucciones y lentes intercambiables por si el día esta despejado unas, otra para si hay una nube en el cielo y otras para si las nubes son dos o más, tiene garantizado de lograr. La mayor parte diletantes de la bici, dispuestos a practicar algún deporte donde poder dejarse el sueldo en reducir unos gramos con tornillerias aeroespaciales y con sus jorobas de camello llenas de bebidas muy isotónicas juegan al despiste ya que no es posible saber si van de ruta poligonera o a ascender el Kilimanjaro. Estos no saludan asi los maten, concentrados como van en rodar por asfalto en máquinas que valen para mil cosas menos para esa y cámaras de vídeo montadas en sus cascos para grabar la incorporación a una rotonda. Si algo nuevo se vende ellos lo comprarán. Por último tenemos al que usa la bici para ir de un lado a otro, como medio de transporte, estos lo veras en monturas de lo mas eclécticas, atemporales, funcionales, van a lo suyo y hacen bien, no participan del ciclismo como actividad, simplemente lo usan para la actividad que en ese momento estén haciendo. Practicantes de BMX o los que van en fixie no menciono por no verse en carretera aunque uno de estos últimos si me crucé en Tarifa y coincidimos el corto trayecto entre el supermercado al camping donde se metió, estos, ambos, son mas urbanos.

De Conil voy a El Colorado, barriada de este y situada a mitad de camino en dirección a Chiclana de la Frontera donde mañana tengo pensamiento de visitar una tienda de bicis de un miembro de una de esas páginas donde supuestamente ofrecen hospitalidad a cicloturistas. Podría encontrar alguna mejora así como información de mi paso por Doñana que me anda preocupando. Me detengo tras recorrer este barrio a la entrada de un bosque que desde aquí parte en dirección a Cabo Roche, para secar el saco mojado de anoche.

Las moscas se han ido ya a dormir o lo que narices hagan ellas por las noches, que lo ignoro, por lo que me voy poniendo el repelente ya que en un rato el espacio aéreo que me circunda se verá ocupado por mosquitos si no me equivoco, cerca hay un depósito de agua y he visto antes explorando el entorno un par de charcas de modo que mejor nos vamos preparando para tan molesta visita.

Antes de esto, he procurado hacer una de esas inútiles listas de prioridades que al final estas irán marcadas tanto por las necesidades imprevistas como del capital de que disponga cuando surjan oportunidades, si es que ambas cosas suceden. Lo dicho, una lista del todo inútil que tan solo pretende el no tener todo eso incordiando por la mente sin orden alguno pero que dudo se cubran ni remotamente en el orden que marqué. Pienso que la utilidad de las listas es precisamente sacar cosas que no dejan de dar vueltas por la cabeza y desplazarlas a un papel para de ese modo liberar esta y en ese aspecto seguro que ha sido útil, además de que cosas que pueden parecer inconmensurables se quedan en apenas unas líneas con lo que te puedes hacer la ilusión que son asequibles de poder realizar. Para muestra un botón: “dejar de fumar”, ahí es na, puesto así se limita una titánica tarea en tan solo tres palabras, que no son mi caso ahora mismo, o ya puestos “adelgazar” con tan solo una palabra, que tampoco es mi caso. ¡Viva las listas!

Otro tipo de listas las veo más prácticas, las llamadas checklist y que realizo mentalmente después de cada parada pasando revista de los objetos que me sé susceptibles de poder haber olvidado en ese punto, extremo al que he llegado después de tener que retroceder en dos ocasiones por olvidos que se resolvieron favorablemente más un tercero que no se produjo del todo gracias a los gritos de aviso que llamaron mi atención al tiempo que me disponía a dejar atrás algo que de perder me habría complicado mucho las cosas.

¿Despiste?, seguro, pero también que son muchas las cosas, muchos los sitios, muchos momentos de dejar y coger cosas, muchos días, muchos estímulos, solo piensa en la cantidad de cosas nuevas que ves en un día, en las personas y en mi caso son simplemente TODAS, cada día todo es nuevo, cada camino, cada pueblo, cada playa o puerto, cada rostro o voz, me veo constantemente rodeado de nuevos estímulos visuales sin que nada de lo que viva se repita, sin que el horario de un día se asemeje al del anterior siendo ya normal ver caer el sol sin saber donde dormiré esa noche o si donde me acuesto sera donde finalmente duerma, mañanas en donde comienzo a rodar sin saber si desayunaré tras la próxima curva o será 8 kilómetros más adelante. Días sin apenas roce humano que después terminan en animadas conversaciones o a la inversa, con tal cantidad de cosas que se escapan a mi control y con los sentidos aguzados ante cosas en las que antes no reparaba.

Esto no resta que me despiste o que lo sea, solo lo sitúa en la nueva realidad que me exige nuevos modos de hacer las cosas y donde lo aprendido hasta ahora se torna superfluo e inútil. Ahora se que al ir por la costa desde Almeria, la provincia de Granada huele de un modo distinto a la que dejé atrás, mañana sabre otras cosas.


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