Translate

jueves, 4 de junio de 2015

Viernes 29.05.15 Desde la mañana dejo de ver el río y rodaré en paralelo pero alejado de el, ¡con lo bonito que es!

Al contrario de los países que dejé atrás recientemente por aquí no voy encontrando lugar para cambiar moneda con facilidad y no es hasta llegar a Vokuvar cuando final y felizmente me puedo hacer con algo de dinero, me moría por un café.

A parte de la torre de agua, esa de los bombardeos, puedo ver a las afueras alguna, poca, vivienda que presenta en su fachada señales del conflicto y que no ha sido reparada y un blindado que a modo de monumento exhiben por aquí.


Me gusta Osijek, todo muy verde, muy amplio y al final veo un río, lo cruzo, que no es el Danubio pero hacia el va. Me voy dirigiendo a la frontera que cruzaré mañana. El Danubio se va desdibujando por la zona, en amplias marismas que con las crecidas anuales, en ocasiones, se acercan o alejan a Croacia o Serbia Teniendo ambas sus límites territoriales en las riveras esto da como resultado islas o pantanos que no termina de quedar claro de quien son y en ocasiones ambos o ninguno se disputan. Pero estos territorios si tienen unos legítimos propietarios que los habitan. Serpientes, ranas y todos los mosquitos que imaginarte puedas. Unos sirven de alimento a los otros y yo a los últimos de ellos. Monto la tienda apresuradamente para refugiarme tras la mosquitera y pasaré la noche con el sonido del zumbido más intenso que recuerdo y el croar de miles de ranas.
Jueves 28.05.15 Mañana visitaré Vukovar. Tienen allí una torre de agua donde son visibles los daños que sufrió cuando la ciudad fue bombardeada. El resto se reparó. Viendo a la mujer de mi anfitrión no puedo estar conforme con eso. Tenia 23 años cuando termino el conflicto, musulmana, en una tierra católica y con un enemigo ortodoxo se llevó la peor parte.

Todos los suyos murieron, todo lo que tenia lo perdióPerdió el movimiento de su brazo derecho y la capacidad de construir frases. Tan solo repite la última palabra que su compañero o yo pronunciamos en nuestra conversación, como indicando con ello su presencia y que su desconexión de lo que sucede no es total. Como una niña mira mi tienda, se ilusiona con mi cocina, toca mi catre y lo mullido de mi saco, sin dejar su mirada de asombro por todo cuando ve. Todas mis cosas son juguetes para ella. Su compañero la acogió tras la guerra. Me lleva a una pradera, frente a la casa de su hermano, entre ella y el río. Viendo pasar las barcazas le va diciendo de que país son. Me cuenta que a ella le gusta ver los cruceros fluviales y ya bien de mañana se baja al río para distraerse a su paso.

De niño llegue a pensar que las guerras las ganaba uno de los dos bandos. Luego supe que es imposible que exista un vencedor de una contienda. El de turno reúne a huérfanos, viudas, desplazados, gente que perdió a seres queridos y pertenencias, almas mutiladas. Les anuncia que han ganado. Es la victoria.

Su hermano, cuida el huerto, me da cebollas tiernas y se disculpa que los tomates aún no están para comer mientras me recita las plantillas de la selección española de baloncesto, las de ahora y las de las finales europeas que disputó contra la potente Yugoslavia de hace muchos años, Corbaran, San Epifanio, Fernando Martín. Me dice que el Real Madrid ganó este año la copa de Europa. Si no puede ganar su país, me dice, le gusta que gane España.


El sol se pone sobre el río, dentro de la tienda, sobre mi catre, recibo, agradecido, esos últimos rayos de luz y calor.
Miércoles 27.05.15 Salgo de Belgrado bajo el agua, para cruzar el río siguiendo la Ruta 6, no el Danubio que lo llevaré a mi derecha, si no el Sava que se unen aquí en la ciudad. La Ruta 6 a pesar de ser conocida como la del Danubio estos días pasados la recorrí paralela pero relativamente apartada de el. Ahora sucede otro tanto. En ocasiones el río está a cinco o diez kilómetros de distancia y voy por su valle pero sin su presencia.

Ando prevenido con el tema de la moneda. Padecí la dificultad de cambiar la búlgara y me temo que ningún interés han de tener fuera de Serbia por su moneda. Esto me obliga a ciertos equilibrios, a cálculos de kilómetros y días y carecer de un colchón para contingencias en moneda local. Mañana tengo previsto cruzar a Croacia y viajo con lo justo, o menos.

El camino de hoy no es feo, pero tampoco aporta nada en especial y no cruzaré ninguna población que me llame la atención. Día de rodar bajo el agua y poner distancia, de buscar donde dormir sin plantar la tienda si es posible y de confiar que mañana sea más seco. Miro la prensa del día donde dice que hoy no lloverá, eso mientras fuera lo hace a cántaros. Poca confianza me da cuando anuncia para mañana otro día nublado pero sin lluvia como el de hoy.



Una gasolinera a medio hacer, con las obras paradas, cerca pero no dentro del pueblo y a la distancia de la frontera que deseo y no lo pienso más, me acomodo en ella dispuesto a pasar mi última noche en Serbia. Por el momento. Estoy en Beksa.
Sábado a martes 23 a 26.05.15 Belgrado. Decidido. Si he de tener unos cuarteles de invierno, los tendré en Belgrado. Para esos intempestivos meses en que desplazarse es un tormento aquí podré encontrar hostel y lo que preciso para pasar el tiempo por poco precio y de una buena calidad. Tabaco tirado de precio, ¡hay Karelias!, mis medicinas a menos de la mitad de precio que en España o Italia, por poner dos ejemplos... En el hostel me han regalado días de estancia y deciden no cobrarme por el uso de la lavadora. No puedo pedir más.

Entre otras muchas cosas veremos el Festival de Eurovisión y comeremos delicioso rissoto en un restaurante del agrado de Marga y al que terminamos por ir tres veces.

Viajó sin su bici y bien, por que no dejó de llover en algún momento durante esos cuatro días.

Una mansarda en Belgrado, frente al jardín botánico.



Y poco más sobre lo que me decida a escribir.
Jueves y viernes 21 y 22.05.15 Belgrado. Me refugio en la ciudad. Comenzó a llover y tengo hostel, limpiocéntrico y con buen ambiente, tranquilo, por 5 € día. Espero a Marga entre descansos, paseos por la ciudad y visitas al supermercado de donde regreso cargado y me pongo inmediatamente a preparar y engullir comida.

La ciudad la encuentro cómoda y agradable. Mi costumbre de comenzar los días a horas muy tempranas no termina de ser compatible con las de dormir por las noches de la gente con quienes comparto dormitorio, por lo que duermo poco. Me tomo tiempo para ponerme al día de noticias y veo alguna serie, pocas, todo pura distracción. Mis huesos agradecen la cama, el techo y la ausencia de interminables sesiones de bicicleta. El poder caminar por las calles sin llevarla de la mano o entretenerme en las tiendas sin el temor de que la tengo aparcada fuera y expuesta es todo un placer del que disfruto. Y de las duchas.

Navego por la red y voy satisfaciendo mi curiosidad de información que siempre me despierta cada lugar por los que voy pasando.


Me siento cómodo en Belgrado y tenia mis reservas... me explico. El tiempo relativiza la violencia, la diluye, o al menos el recuerdo de la misma. Creo que pocos pueblos, o ninguno se encuentra exento de algún episodio, más o menos pasado, más o menos vergonzoso o censurable. Pero del mismo modo que nuestras células se van renovando y pasado el tiempo ninguna queda de las que fueron, igual sucede con la gente. De modo que conozco un pueblo, un colectivo humano que nada o poco tiene que ver, solo la historia, con el que se mancho en acontecimientos pretéritos. Eso no sucede, aún, aquí. Veo hombres, desde que pisé el país, que eran jóvenes o adultos hace 20 años.Inevitablemente me pregunto si combatieron, si participaron en operaciones de limpieza étnica, si desalojaron a sus vecinos, violaron a las niñas que compartían aula en la escuela con sus hijas, si asesinaron a un compañero de trabajo por pertenecer a un credo distinto y estar en el territorio equivocado. Con la impunidad de un uniforme y la responsabilidad enajenada al recibir ordenes.
Lunes, martes y miércoles 18, 19 y 20.05.15 Hacia Belgrado. Con la cantidad de horas de luz y la casi ausencia de pendientes en el camino los kilómetros caen unos tras otro sin sentirlos y voy devorando unas medias diarias muy altas, para mi.

En estos días me he encontrado dos espacios muy distintos, mientras rodaba con el Danubio a mi derecha han sido bosques, desfiladeros donde un día llegué a cruzar cerca de treinta túneles, todo ello con vistas espectaculares, de gran belleza. Tras cruzar el río sobre una barcaza, en Ram, la Ruta 6 se aleja del río, transcurre entre cultivos y pueblos sosos con lo que mi interés decae.

Si durante el invierno eramos pocos cicloturistas los que nos aventuramos a rodar, ahora, por la estación y por el lugar, todo cambió. Cuando el lunes me he cruzado con mas de veinte de ellos, dejo de contar. Igualmente, con la afluencia masiva de estos, cambian los protocolos que ahora suelen limitarse a un cordial saludo o un golpe de timbre.

Las poblaciones ribereñas, de la zona donde transcurre por desfiladeros, van saliendo del letargo invernal y si bien están lejos de la animación que han de disfrutar durante los meses estivales ya se las ve agitadas y prontas a recibir turistas y veraneantes.

Dormí acampado, junto a un camping cerrado y preparándose para la temporada con pequeñas reparaciones y mantenimientos y otra noche en un bosquecillo cercano a un pequeño pueblo rural. Quería dormir en Pancevo, pero me encontré una población industrial que no me agradó para hacer noche, y desde allí me planté en Belgrado buscando sitio para pernoctar, en ocasiones sucede, algo así me pasó en Bucarest..

En Serbia me estoy encontrando con precios muy bajos, bien, pero con locales y con servicios muy superiores a los que solía encontrar estos meses pasados en zonas de similares tarifas. Por los pueblos agrícolas he podido desayunar un café con leche casi decente y una especie de perrito caliente, frío, un “cool dog” diría yo, por unos 80 cts. de euro. Aun no he comprado tabaco para liar, ni mirado sus precios pero los cigarrillos en cajetilla salen por más o menos 1,60 €.



Domingo 17.05.15 En el Parque Nacional de Donji Milanovac. Con el cambio de hora amanece realmente pronto. Tras salir casi como un ladrón de casa de mi anfitrión comienzo a rodar en una mañana fresca y con el cielo cubierto.

El recorrido es precioso. Cada vez voy entrando entre mayor vegetación y se convertirá finalmente en un gran bosque. En ambas orillas. Cruzo Kladovo y al poco de salir tomo la Ruta 6 de nuevo, hasta cerca de un nuevo paso fronterizo con Rumanía, ayer pase junto a otro. Hasta Donji no hay más que bosque y a la salida del pueblo un chiringuito de playa fluvial, canoas y zona donde dejan acampar a los ciclistas. Perfecto. No recuerdo ahora en que blog de cicloturismo menciona estos lugares como alternativa para acampar en esta ruta. Por lo visto en algunos cobran algo menos que en un camping. Este carece de servicios mínimos pero es gratis y mejor que dormir clandestinamente en bosques. La ducha funciona con agua fríaDebería disponer del wifi del chiringuito, pero no les funciona.

Llegan seis ciclistas, con caras serias, cenan pronto, sin apenas hablar entre ellos, su viaje se me antoja un tormento en esas condiciones y no me apetece aproximarme a ellos. Van en dirección contraria y tan pronto terminan su temprana cena salen como llegaron, con sus rostros sombríos.

Dos meses llevan viajando Mikel, Lisa y su hija Paula, alemanes, acampan junto a mi tienda y me alegra su presencia ante la perspectiva de no pasar la noche solo en el paraje cuando cierre el chiringuito. Aparte del irregular funcionamiento de las duchas, las letrinas carecen de agua y se limitan a poner una puerta, que cierra regular, a un agujero ¿triangular? en el suelo. Converso con mis vecinos y de nuevo intercambio de información salpicado de alguna anécdota. La playa esta llena de restos de madera que el río va arrastrando y Mikel prepara una fogata que se agradece, no ya tanto por la temperatura si no por el otro tipo de calidez que aporta. La puesta de sol en el río y junto al fuego es un momento mágico. Temo la aparición de mosquitos que en estas fechas aún no hicieron acto de presencia. No tardarán.


Mañana me esperan unos buenos kilómetros sin población, el agua que puedo encontrar aquí es sospechosa y Mikel me pasa una botella. En el chiringuito encontré una especialidad local, es una especie de salchicha rellena de no se que plantas y salsa, para envolverla, en vez de tripa, usan lonchas de bacon o tocino. Deliciosa. Las cervezas muy económicas y con ella en la mano se puede entablar conversación con el camarero y otros clientes que desde el cercano pueblo han venido a pasar la tarde.