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jueves, 4 de junio de 2015

Sábado a martes 23 a 26.05.15 Belgrado. Decidido. Si he de tener unos cuarteles de invierno, los tendré en Belgrado. Para esos intempestivos meses en que desplazarse es un tormento aquí podré encontrar hostel y lo que preciso para pasar el tiempo por poco precio y de una buena calidad. Tabaco tirado de precio, ¡hay Karelias!, mis medicinas a menos de la mitad de precio que en España o Italia, por poner dos ejemplos... En el hostel me han regalado días de estancia y deciden no cobrarme por el uso de la lavadora. No puedo pedir más.

Entre otras muchas cosas veremos el Festival de Eurovisión y comeremos delicioso rissoto en un restaurante del agrado de Marga y al que terminamos por ir tres veces.

Viajó sin su bici y bien, por que no dejó de llover en algún momento durante esos cuatro días.

Una mansarda en Belgrado, frente al jardín botánico.



Y poco más sobre lo que me decida a escribir.
Jueves y viernes 21 y 22.05.15 Belgrado. Me refugio en la ciudad. Comenzó a llover y tengo hostel, limpiocéntrico y con buen ambiente, tranquilo, por 5 € día. Espero a Marga entre descansos, paseos por la ciudad y visitas al supermercado de donde regreso cargado y me pongo inmediatamente a preparar y engullir comida.

La ciudad la encuentro cómoda y agradable. Mi costumbre de comenzar los días a horas muy tempranas no termina de ser compatible con las de dormir por las noches de la gente con quienes comparto dormitorio, por lo que duermo poco. Me tomo tiempo para ponerme al día de noticias y veo alguna serie, pocas, todo pura distracción. Mis huesos agradecen la cama, el techo y la ausencia de interminables sesiones de bicicleta. El poder caminar por las calles sin llevarla de la mano o entretenerme en las tiendas sin el temor de que la tengo aparcada fuera y expuesta es todo un placer del que disfruto. Y de las duchas.

Navego por la red y voy satisfaciendo mi curiosidad de información que siempre me despierta cada lugar por los que voy pasando.


Me siento cómodo en Belgrado y tenia mis reservas... me explico. El tiempo relativiza la violencia, la diluye, o al menos el recuerdo de la misma. Creo que pocos pueblos, o ninguno se encuentra exento de algún episodio, más o menos pasado, más o menos vergonzoso o censurable. Pero del mismo modo que nuestras células se van renovando y pasado el tiempo ninguna queda de las que fueron, igual sucede con la gente. De modo que conozco un pueblo, un colectivo humano que nada o poco tiene que ver, solo la historia, con el que se mancho en acontecimientos pretéritos. Eso no sucede, aún, aquí. Veo hombres, desde que pisé el país, que eran jóvenes o adultos hace 20 años.Inevitablemente me pregunto si combatieron, si participaron en operaciones de limpieza étnica, si desalojaron a sus vecinos, violaron a las niñas que compartían aula en la escuela con sus hijas, si asesinaron a un compañero de trabajo por pertenecer a un credo distinto y estar en el territorio equivocado. Con la impunidad de un uniforme y la responsabilidad enajenada al recibir ordenes.
Lunes, martes y miércoles 18, 19 y 20.05.15 Hacia Belgrado. Con la cantidad de horas de luz y la casi ausencia de pendientes en el camino los kilómetros caen unos tras otro sin sentirlos y voy devorando unas medias diarias muy altas, para mi.

En estos días me he encontrado dos espacios muy distintos, mientras rodaba con el Danubio a mi derecha han sido bosques, desfiladeros donde un día llegué a cruzar cerca de treinta túneles, todo ello con vistas espectaculares, de gran belleza. Tras cruzar el río sobre una barcaza, en Ram, la Ruta 6 se aleja del río, transcurre entre cultivos y pueblos sosos con lo que mi interés decae.

Si durante el invierno eramos pocos cicloturistas los que nos aventuramos a rodar, ahora, por la estación y por el lugar, todo cambió. Cuando el lunes me he cruzado con mas de veinte de ellos, dejo de contar. Igualmente, con la afluencia masiva de estos, cambian los protocolos que ahora suelen limitarse a un cordial saludo o un golpe de timbre.

Las poblaciones ribereñas, de la zona donde transcurre por desfiladeros, van saliendo del letargo invernal y si bien están lejos de la animación que han de disfrutar durante los meses estivales ya se las ve agitadas y prontas a recibir turistas y veraneantes.

Dormí acampado, junto a un camping cerrado y preparándose para la temporada con pequeñas reparaciones y mantenimientos y otra noche en un bosquecillo cercano a un pequeño pueblo rural. Quería dormir en Pancevo, pero me encontré una población industrial que no me agradó para hacer noche, y desde allí me planté en Belgrado buscando sitio para pernoctar, en ocasiones sucede, algo así me pasó en Bucarest..

En Serbia me estoy encontrando con precios muy bajos, bien, pero con locales y con servicios muy superiores a los que solía encontrar estos meses pasados en zonas de similares tarifas. Por los pueblos agrícolas he podido desayunar un café con leche casi decente y una especie de perrito caliente, frío, un “cool dog” diría yo, por unos 80 cts. de euro. Aun no he comprado tabaco para liar, ni mirado sus precios pero los cigarrillos en cajetilla salen por más o menos 1,60 €.



Domingo 17.05.15 En el Parque Nacional de Donji Milanovac. Con el cambio de hora amanece realmente pronto. Tras salir casi como un ladrón de casa de mi anfitrión comienzo a rodar en una mañana fresca y con el cielo cubierto.

El recorrido es precioso. Cada vez voy entrando entre mayor vegetación y se convertirá finalmente en un gran bosque. En ambas orillas. Cruzo Kladovo y al poco de salir tomo la Ruta 6 de nuevo, hasta cerca de un nuevo paso fronterizo con Rumanía, ayer pase junto a otro. Hasta Donji no hay más que bosque y a la salida del pueblo un chiringuito de playa fluvial, canoas y zona donde dejan acampar a los ciclistas. Perfecto. No recuerdo ahora en que blog de cicloturismo menciona estos lugares como alternativa para acampar en esta ruta. Por lo visto en algunos cobran algo menos que en un camping. Este carece de servicios mínimos pero es gratis y mejor que dormir clandestinamente en bosques. La ducha funciona con agua fríaDebería disponer del wifi del chiringuito, pero no les funciona.

Llegan seis ciclistas, con caras serias, cenan pronto, sin apenas hablar entre ellos, su viaje se me antoja un tormento en esas condiciones y no me apetece aproximarme a ellos. Van en dirección contraria y tan pronto terminan su temprana cena salen como llegaron, con sus rostros sombríos.

Dos meses llevan viajando Mikel, Lisa y su hija Paula, alemanes, acampan junto a mi tienda y me alegra su presencia ante la perspectiva de no pasar la noche solo en el paraje cuando cierre el chiringuito. Aparte del irregular funcionamiento de las duchas, las letrinas carecen de agua y se limitan a poner una puerta, que cierra regular, a un agujero ¿triangular? en el suelo. Converso con mis vecinos y de nuevo intercambio de información salpicado de alguna anécdota. La playa esta llena de restos de madera que el río va arrastrando y Mikel prepara una fogata que se agradece, no ya tanto por la temperatura si no por el otro tipo de calidez que aporta. La puesta de sol en el río y junto al fuego es un momento mágico. Temo la aparición de mosquitos que en estas fechas aún no hicieron acto de presencia. No tardarán.


Mañana me esperan unos buenos kilómetros sin población, el agua que puedo encontrar aquí es sospechosa y Mikel me pasa una botella. En el chiringuito encontré una especialidad local, es una especie de salchicha rellena de no se que plantas y salsa, para envolverla, en vez de tripa, usan lonchas de bacon o tocino. Deliciosa. Las cervezas muy económicas y con ella en la mano se puede entablar conversación con el camarero y otros clientes que desde el cercano pueblo han venido a pasar la tarde.

lunes, 18 de mayo de 2015

Sábado 16.05.15. No se donde leí que los búlgaros están entre los pueblos más depresivos del planeta y encabezan el rankin de los europeos. Bregovo, la población por la que salgo del país a buen seguro que es toda ella un monumento viviente ( o moribundo) de dicha patología. Es sábado, hay mercado, si se le puede llamar así a los tres mustios puestos que veo, no quiero imaginarme la población en las largas y oscuras tardes de invierno.

El día, con todo, es de plomo, pesado y gris. Empleo un rato en deshacerme de la moneda local, la menuda de metal que da problemas de cambiar por otra en los bancos. Un café con leche, un brazo de gitano industrial, sabor limón, botella de agua y dos cajetillas de tabaco marca Melnik para emplear unos 5 € y derecho a la frontera que se encuentra al final de una de las calles. Dejo atrás la plaza con alguna escultura y presidida por una con placa donde luce hoz y martillo. No logro descifrar que dice.

El trámite de aduana es rápido. La funcionaria serbia mira el contenido de dos bolsillos de las alforjas y mete su nariz dentro del tarro de descafeinado. Como a dos kilómetros me cruzo con Kjetil, un trotamundos noruego de viaje desde Alemania a Estambul. Foto.
Me gustan esos retrovisores.


Ahora es normal cruzarme con alguno cada día, esta es la Ruta 6, de Eurovelo, de las más frecuentadas del continente, y las fechas ya avanzadas.

Imposible cambiar moneda en el primer pueblo. La siguiente población, Negotin, tiene tres bancos, están abiertos y he ganado una hora con el cambio horario. El problema será que no aceptan moneda búlgara y es en ella en la que cobre mi pensión cuando pasé por Burgas. Llevo encima 50 €, de Marga, de cuando le cambie algo de euros por mi moneda rumana, y con eso me estoy salvando. Salvando si no gasto más de ese dinero en los próximos días. En Serbia cambian euros, dolares y cuando les interesa, hoy no, francos suizos y libras esterlinas. Mal asunto no cambiar moneda de tus propios vecinos. Por mi parte toca apretarme el cinturón.

La Ruta 6 no está ejecutada a su paso por Rumania, realmente las primeras señales aparecen pasado Vidin y pronto veo las indicaciones que he de seguir. Ofrece alguna comodidad, al ciclista, planos en carteles, señales en cada cruce, áreas de descanso adecuadas para un picnic, alojamientos que voy viendo aún cerrados. Cuando el camino va separado de la carretera tienes la tranquilidad de no encontrar excesivo transito de vehículos. Eso, si un sábado, no les da por montar una concentración de propietarios de Alfa Romeo, que con la coartada del idiota, que no es otra que camuflarse entre más idiotas, se creen con derecho de circular como cretinos poniendo en peligro a los que por allí pasamos. Un derrape en el que logra detener el coche a un escaso medio metro de mi persona.

El recorrido va buscando el camino más próximo al río posible, lo que supone que he de añadir kilómetros a montones. El tramo desde Negotin a Donji Milanovac que es de algo menos de 60 kilómetros, usando la Vía se convierte en unos 146. A cambio de esto recibo hermosas vistas, caminos menos frecuentados y escasas cuestas. No es mal negocio.

En Mihajovac me informan que la Vía esta cortada durante no menos de 7 kilómetros a causa de corrimientos de tierra. Me tomo mi tiempo para decidir que alternativa uso y mientras vamos conversando en que camino que une el pueblo nuevo del viejo. Me va contando Joko, que así se le llaman como diminutivo de Jokovich me dice, que el pueblo viejo tiene problemas con las crecidas cuando abren la presa que hay más arriba, en una central eléctrica. Cuando me ofrece dormir en su casa tardo en aceptar, me gusta poco entrar en casas ajenas, otra cosa es montar la tienda o usar algún tejado en el exterior. Insiste hasta hacerme aceptar.

La tarde la pasaremos en casa de unos amigos suyos, Franz y su esposa. Ella es del pueblo, el fisioterapeuta vienes, ambos disfrutan de unos días de vacaciones y usan una casa que tienen alquilada en el pueblo. Me molesta el modo en que Franz trata a su esposa, como si fuera un cachorro de perro, le da ordenes señalando con el dedo mientras la mira con insistencia. Espantoso. Joko nació en Valaquia, la parte de Rumania que conozco, de padres serbios, creció en Alemania y su amistad les permite que Franz tenga con quien hablar en alemán en el pueblo y compartir afición, beben. Mucho.

Termina la noche y Joko esta borracho, como Franz, pero es con Joko con quien he de ir y me gusta muy poco. Se pone muy pesado en su casa insistiendo con muestras de hospitalidad mal entendidas y he de ponerme muy serio con el. Dudo si marcharme a pesar de que por las horas que son tengo complicado cualquier alternativa. Me retiro finalmente a dormir y el, en el patio, sigue bebiendo, escucha música y habla en voz elevada, con nadie. Me preocupa que pueda ser violento. Noche surrealista que doy por terminada con la primera luz del día en que abro la puerta y salgo aliviado, dejando a Joko en un sueño etílico. Tomo nota de la experiencia con la confianza de haber aprendido la lección.


Viernes 15.05.15. Inovo. Pavitos, patitos y leche agria. Salgo a rodar con la intención de cubrir los 72 kilómetros que me separan de la frontera, finalmente serán alguno más, lo antes posible, no quiero entrar en Serbia con la tarde muy pasada.

Con el cielo cubierto y alguna llovizna el día no es malo para apretar, sin calores de los días pasados. Si se nota no obstante la humedad, el Danubio lo tengo a mi izquierda y algunas zonas son inundadas.

Pueblos como los que vi los dos últimos días, gente amable y niños, muchos niños que siempre saludan y esperan mi palmada junto a la carretera. En la puerta de cada casa una mama pava o mama pata, atada con un cordel y rodeada de su prole.

Los precios de por aquí poco tienen que ver con los de Bucarest, con sueldos medios de 300 € pocas alegrías se pueden dar. El café del desayuno me sale por 20 cts, mismo precio que la barra de pan, la cerveza de anoche, de medio litro y en la terraza de un chiringuito, por 60 cts. En un minimarket, no hay otra cosa por los pueblos, hago algo de compra, esta mañana la leche que tenía estaba agria, se termino el poder viajar con algunas cosas y desde ahora he de cuidar lo que compro y mirar que no necesite conservación en frío. El siguiente paso será la aparición de los mosquitos que por el momento aún no hicieron acto de presencia, pero no tardarán.

Volviendo con mi amigo alemán, no se como puede subir un puerto con semejante peso o como se las verá en un día ventoso con el disparate de volumen que viaja. Como ejemplo y solo en agua, porta dos botellas de 2 litros, una de 1,5 y dos más de 1 litro cada una, total siete kilos solo en agua, en una zona donde esta la encuentras donde la precises, sea en fuentes o comprada por un precio de risa. Sobre su rueda delantera lleva más cantidad de cosas que yo sobre toda mi bici y soy de los cargados. Su rueda trasera es un despropósito de bártulos. Para que aún le cueste más moverla, monta un buje dinamo en su eje delantero. Me quejo del peso de mi candado, pues el lleva tres.

Al llegar a Calafat, feliz por la hora, me dirijo al puente, este y la autovía que lo cruza junto a una vía férrea, obra de FCC, mi sorpresa es que no me lleva a Serbia, bueno si lleva, pero pasando por Bulgaria.

Mi falta de planos y que mis apuntes terminan en Vidin hacen urgente que conecte a la red para tranquilizarme con el google maps. Nada preocupante. Mi error fue que confundí, por que está su nombre en cirílico y muy próximo a la frontera con Serbia. Tan solo he de rodar 35 kilómetros por Bulgaria para entrar. Lo dejaré para mañana, en estos últimos cuatro días me he merendado 325 kilómetros, con una media por día muy superior a mis costumbres.

Por cierto, desde ayer y tras dolerme durante la noche anterior, la pierna dejó de molestarme, se fue el dolor como vino, sin que sea capaz de entender el porque. Prefiero tener la ignorancia que el problema.

Estos días, al rodar, donde tendría que estar el arcén pero no lo hay, voy viendo gran cantidad de pequeñas serpientes muertas, no más largas que una lombriz y más delgadas que estas.


Duermo con un saco manta de Thermolite, uso mi saco de plumas como edredón de madrugada, cuando refresca y me he enamorado de esta cama, por su volumen y por que mi catre pesa más de tres kilos.


Jueves 14.05.15 Frente a un lago a 72 kilómetros de Calafat. Desperté con los sonidos de mi compañero germano y de un rebaño de ovejas. Tras desmontar mi tienda la pongo a sacar al sol. A estas horas poco calienta y seca lento. Veo al alemán que la pliega tras una sacudida y pienso en los problemas de moho que me ocasionó hacer lo mismo una vez. Es fácil dejarla para más tarde o cuando la montes de nuevo. Sucede que el día se complica, no sale el sol o llueve intensamente y no la puedes secar. O simplemente que encuentras mejor modo de hacer noche y no la sacas de su funda. El resultado no es bueno. Se debe poner a secar a la primera oportunidad, por lo que pueda suceder.

De cualquier modo veo su recogida y plegado, el tiempo extra que requiere una de esas tiendas tipo geodésicas, con más varillas y pasadas por más sitios. Montar toda la estructura, o desmontarla, con las manos ateridas de frío, enguantadas o no, bajo una fuerte lluvia, supone un extra de tiempo adicional que no termina de convencerme, así como el tener que montarla o desmontarla sin ningún tipo de luz, como ya me sucedió por Francia. Su espacio interior no permitiría montar mi catre que meto en diagonal y al disponer de una sola puerta, la tienda, forzosamente, condensa más.

Horas más tarde. Hoy pregunté varias veces, como acostumbro, por la distancia que me separa a algún punto, hoy fue a la frontera y anoche lo consulté con mi compañero de pernoctación. Según todo ello, la distancia que me tendría que quedar en ese momento no debería ser de más de 30 o a lo sumo 35 kilómetros. Me dispongo a reducirla en unos 10 o 15 más antes de dar el día por terminado y pregunto de nuevo. 100 me dicen. No me lo creo y pregunto de nuevo. 100 me vuelven a decir. Con el alma por los suelos y cansado me lanzo a dejarla en algo menos, lo menos posible y aún ruedo 28 km más antes de detenerme.

Estos días estoy viendo otro tipo de cultivos y de forma de trabajar. A las grandes extensiones el paisaje va dando paso a parcelas más reducidas, pequeñas y trabajadas a mano o con el auxilio de algún animal. Labrar con mula, segar con guadaña. Los campesinos llegan a sus tierras en carros tirados por sus animales, en bicicleta o los que disponen de el, con su Dacia 1310 que no es otra cosa que un antiguo Renault 12 maquillado. Por Turquía los vi en cantidad pero no de Dacia si no los Renault de toda la vida que allí se siguieron fabricaron durante muchos años más.  Todos saludan al pasar, amablemente.

Me crucé por la mañana con una caravana de seis carros de gitanos. Su patria sobre cuatro ruedas y arrastrada por caballos. Niños desnudos juegan y corretean dentro del carro. Muchos saludos.

Con esto de los saludos es imposible cruzar cualquier pequeño pueblo, que distan entre sí de 3 a 6 km normalmente por lo que cruzo una gran cantidad de ellos, sin que los niños y los hay a cualquier hora ya que no son pocos los que no van a la escuela, se pongan en fila junto a la carretera y con su mano derecha extendida esperando que con la mia les de una palmada. Saludan con algún hello, muchos holas y pocos chao.
En el pueblo donde decido detenerme al fin, pregunto por algún lugar para acampar, me mandan a la salida, a un lago. Hay un chiringuito en el, un club de pesca. Hablo con el dueño, Daniel, acentuado en la “a”, quien me dice que acampe donde quiera. Una cerveza y un poco de conversación donde me explica que gran parte de los tres millones de rumanos que emigraron a España son de esa región, que muchos de esos niños nacieron allí y por eso me saludan en español, ya que es su lengua extranjera. El, de niño, estudio ruso, era obligatorio. Su camarero trabajó en Salamanca y un cliente en un pueblo de Valencia, se unen a la conversación. Su mujer, sin éxito, intenta alquilarme una de las cuatro cabañas de que disponen frente al lago. Cuando se marcha a casa, el marido me ofrece dormir en una de ellas a cambio de uno de mis cigarrillos. Aquí no se estila el liarlos y el nunca los ha fumado. Serán dos los que le lie y duermo finalmente en una cómoda cabaña. Veo la puesta de sol en el lago cuando comienza la lluvia.