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lunes, 18 de mayo de 2015

Miércoles 13.05.15 Turnu-Magurele. Si ayer demoré mi salida por la tienda de bicis y por tener que salir de Bucarest hoy me demoro igualmente, si bien por causas muy distintas.

En mi primer bosquecillo ruano he disfrutado de tranquilidad y no se por que razón, al despertare con el sol, y aquí tan al este sale muy temprano, me he quedado perezosamente en mi catre. A esto le ha seguido el molesto desmontaje de la tienda y el tener que poner de nuevo los bártulos sobre la bici. Cuando duermo bajo un techo no desmonto las alforjas ya que están más seguras sujetas a la propia bici. O eso supongo. El doble techo muy mojado de la humedad nocturna, por dentro y fuera, mucha condensación parte de la cual he intentado secar antes de ponerme a rodar.Por último, si bien ayer y algo menos hoy, las espinas de las ramas y arbustos dieron buena cuenta de i piel, al sacar la bici de la arboleda y por mucha precaución que he puesto, he pinchado. La rueda trasera.

Justo ayer hacia cuentas que si exceptúo la cámara que me pinzaron en Coruña cuando cambié las cubiertas, desde Huelva que no he sufrido ningún pinchazo y eso es rodar por casi media Europa. No esta mal.

Parte médico. Mi pierna derecha hoy me tiene reservada dos noticias. La mala es que comienza a doler desde la primera pedalada. La buena, que ni de lejos como me dolió ayer, lo que resulta esperanzador.

Y por fin comienzo a entablar conversación con los nativos. Tras el pinchazo, al entrar en el primer pueblo y preguntar por una estación de servicio que no hay, un par de hombres que toman café a la puerta de un supermercado, me encuentran una bomba de pie con lo que logro mejor presión que la que le pude poner con mi infladora de mano. Es raro, muy raro, encontrar un bar o cafetería en un pueblo, eso existe en las ciudades. Por los pueblos, aquí como en Bulgaria, lo más normal, es que la tienda del pueblo te venda la cerveza, el refresco o el café y tu lo tomes en la puerta del mismo.

Al llegar a Alexandria o más tarde en las siguientes poblaciones seguiré conversando con gente que me cruzo, me saludan o preguntan. Gente que trabajó en España y conocen el idioma de sus años allí.

A cinco kilómetros de Turnu-Magurele veo un lugar para hacer noche, montar la tienda. No soy el único que lo ha pensado y me encuentro con un cicloturista alemán. Decidimos acampar juntos y de este modo ofrecernos compañía y mayor seguridad. Al momento nos visita la policía de fronteras, a pocos metros tenemos el río y este es frontera. No nos ponen objeción alguna a pasar aquí la noche. Creo, por lo que he leído en algún blog al respecto, en búsqueda de información, que Rumania es el único país de la UE donde acampar en terreno público es legal. O al menos, no ilegal.

El compañero alemán va cargado como una mula. Excesivo todo el. Cubrir alforjas estancas con fundas impermeables se me antoja un disparate y veré uno tras otro.
Martes 12.05.15 Draganesti-Vlasca. Tras un alargado fin de semana, extraño, intenso, de fuertes emociones, ayer partió Marga para Roma y hoy me toca hacerlo a mi en busca del Danubio.

Mi intención es cruzar por Calafat y entrar por allí a Serbia, evitando regresar a Giurgiu y trazando de este modo una diagonal que pasa por Alexandria.

La última vez que recuerdo que se ajustó el sillín, carece de cierre rápido por lo que es preciso de dos llaves para su apriete y tan solo viajo con una, fue en Coruña. Creo o me lo parece que se ha desplazado acortando su distancia al suelo y achaco a ello las molestias que he sufrido en mi pierna, por pensar en algo. Por otro lado, soy consciente que la posición de mi pie en el pedal no es la adecuada, pero sucede que el transportín que uso es corto. Esto implica que si pongo el pie sobre el pedal del todo correcto mi talón golpea las alforjas o se engancha en ellas en su giro.

Me demoro en la salida a la espera de que abran una tienda de bicicletas y con su auxilio subo la tija a una posición que me parece más adecuada. No servirá de nada. Tras los primeros 35 kilómetros sin molestias el dolor hace acto de presencia y con esta tortura avanzo casi otros 30 kilómetros más. Me da la impresión que ahora es más intenso incluso que el que sufrí semanas atrás.

En el camino voy cruzando una buena cantidad de ríos que se dirigen a alimentar con su caudal el gran río. Bonitos pueblos, cuidados y limpios, el sol hace que el verde de los campos resplandezca y embellezca el paisaje. Soy consciente que estos mismos lugares, hace un par de meses a lo sumo, habrán mostrado un aspecto mucho menos atractivo y que parte de lo que me agrada de ellos es el poderlos recorrer en un día como el que hace hoy, sin tormentas o vientos que me empañen los lugares que recorro.

A las afueras de todos estos pueblos observo una buena cantidad de grandes casas, todas sin terminar e incluso me da la impresión que se encuentran en idéntico estado de ejecución. Veo alguna habitada y me asalta la duda de si esas gentes son sus propietarios o las tienen ocupadas. Puede que simplemente las guarden a cambio de poder vivir en ellas. A diferencia de las cubiertas de las antiguas en donde se ve el color del metal y este forma placas, en las nuevas, el tejado igualmente metálico, simula tejas y un esmalte les da vistosos colores.

Al comer mi yogur de hoy que ha resultado ser casi líquido, reparo los distintos tipos de texturas y sabores, su grado de sal, que he tenido ocasión de probar en Grecia, Albania, Macedonia, Turquía, Bulgaria y aquí. Todos muy buenos y ligeramente distintos entre sí.

Desde Bulgaria vengo rodando con manga y pantalón corto. Hoy me el sol me quema y al montar la tienda en una zona de arboles tupida y enmarañada junto a una zona de cultivos, todo lleno de zarzas y el suelo sembrado de ramas espinosas, mis brazos y piernas quedan arañados y heridos, con churretes de sangre y el escozor de las puntadas o cortes. Desde la tranquilidad de la tienda he visto pasar unos tractores camino a una antigua granja colectiva. Ni idea del tipo de explotación que en este momento será, si empresarial, cooperativa... pero sigo viendo grandes extensiones de cultivos y muy escasos campos pequeños de explotación familiar.

lunes, 11 de mayo de 2015

Miércoles 05.05.15 Bucarest. El día transcurre entre paseos por la ciudad y descanso bajo el techo del hostel. No se ha formado grupito como en Varna y tan solo comparto un rato de charla por la tarde con el fotógrafo que conocí ayer. Me va enseñando muestras de su trabajo que lleva consigo en papel y es el papel precisamente, según me explica, el responsable de algo que observo en ellas y por lo que le interrogo. Las fotos presentan unos tonos en escala de grises que contrastan fuertemente con la violencia de algunos de los colores que se observan. Son como tomas en blanco y negro a las que se les hubiera coloreado partes usando anilinas. Por lo visto, el soporte sobre el que las veo es de tipo metálico y confiere tan notable contraste. Hay fotos de sus viajes, por supuesto.

Me va gustando más la ciudad al tiempo en que la voy conociendo. Recorro bulevares y un gran parque a las afueras que rodea un lago. El río que la cruza lo pude ver el primer día. Ya localicé el hostel donde me traslado mañana, el que reservo Marga y he localizado el autobús que me llevará al aeropuerto donde nos reuniremos.


Pero sobre todo, estos días, disfruto de estar bajo techo y entre paredes. Algo que solo cuando careces de ellos toma sentido y aprecias en toda su extensión. Como del disponer de una cocina, agua corriente o ducha. Con todos estos placeres voy haciendo la espera al fin de semana. Y comiendo como un descosido.

Desde mañana 7 y hasta el día 11, estaré por la ciudad con Marga, continuaré desde el día 12 o así. Nos vemos.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Martes 04.05.15 Bucarest. Día de descanso y turismo. Llegó pronto a un hostel de los muy económicos que se pueden encontrar en la ciudad, está medio vacío. Ducha caliente. Colada y ropa tendida al sol. Día muy caluroso que paso ganduleando por el hostel y la zona centro de la ciudad, haciéndome con el terreno, visitando tiendas y comprendiendo sus precios.

Puedo comprar comida para cocinar en el hostel y si bien hoy la tomaré fría pienso en que mañana me pondré a cocinar toneladas de comida caliente y comer como un animal. El dormitorio es cómodo, el sitio limpio y muy muy tranquilo. La gente del establecimiento amable. Me encuentro con Alberto, un madrileño que lleva viajando una buena cantidad de tiempo, lo de siempre, consejos, recomendaciones, indicaciones de lugares o curiosidades, etc, me invita a un café mientras espera su hora de partir. El tomará un tren para el norte. En el dormitorio coincido con un rumano que termina de llegar de México, donde vive desde hace 16 años, fotógrafo. Llega molido del viaje y se retira pronto a dormir, mañana coincidiremos con tiempo, creo.

La ciudad vieja me parece interesante. Aparte de sus edificios, me llama la atención su ambiente, sus locales y el ritmo relajado que se respira. Andaré poco por allí, tengo días por delante y hoy ando algo cansado tras la paliza de los últimos dos días. La sensación de ir limpio tras la ducha, de ponerme ropa igualmente limpia, con el sol y el calor se seca muy pronto, es indescriptible. Si a eso le sumo el comer sentado a una mesa y cómodamente sentado, en la terraza, respiro felicidad. Con todo, dentro de pocos días tendré a Marga rondando por aquí y eso aumenta la sensación de alegría y bienestar. Planeo alguna noche por esas terrazas que hoy recorro, compartiendo una cerveza, ¡Bien!

Al disponer de conexión a la red, me pongo al día de correos, envio alguno que vengo retrasando tiempo, leo noticias de la prensa y por la tarde algún documental y tutorial de un asunto que llevo semanas dándole vueltas en la cabeza, concretamente desde que pasé unos días en Roma y vi las plantas aromáticas de Marga. Me voy documentando sobre huertos en balcón. Tengo entendido que la gente dejó de ser nómada por la agricultura. Pues eso. Soñar es gratis.

En el patio del hostel, me pongo hasta arriba de yogur y frutas frescas. Le añado muesli por hacer el yogur más consistente, por que me llene más y por que el cuerpo me pide azucares. Frente a mi, una señora de Hong Kong, come de una fiambrera sentada en los escalones. Me crucé con ella un par de veces por el hostel a lo largo del día y no deja de mirarme. Le he pedido tabaco a Marga, decididamente no parece ser sencillo encontrar por aquí tabaco de liar, he visto pocas marcas, en pocos sitios y a precios nada baratos. Marcas desconocidas que no me siento con ánimos de experimentar, por su precio más que otra cosa. Si fueran más baratas seguro que lo hacia y con suerte encontrar algo de mi agrado. Si encontré tras mucho buscar, papel y filtros. Si en la capital cuesta dar con todo ello no quiero pensar por los pueblos que cruce en mi camino, mejor ir prevenido.


En el pub del hostel, asi le llaman, veo un cartel de las otras ciudades donde la cadena dispone de establecimientos. Tienen en Varna, vale, en Málaga, muy bien y en ALICANTE. El caso es que me alegro de ver el cartel donde lo anuncian, cosas que pasan. Puedo ver un edificio tras el que yo viví un tiempo.

Resulta del todo relajante volverme a encontrar con sonidos que comparten nuestra raíz latina y unos signos que soy capaz de descifrar. no resulta complicado entender lo que leo y seguramente comprendo mejor lo que dicen si me hablan en rumano en vez de en inglés. 
Lunes 04.05.15 A la entrada de Bucarest. Día de mucho calor. Entré esta mañana a Ruse donde desayuné. Recorro la población pero mis ganas de cruzar la frontera me vencen y salgo en dirección a esta al poco rato. Un puente de los años 50, visiblemente deteriorado y que observo que están reparando superficialmente, me cruza el Danubio, que no es azul por aquí si no de un tono más bien verdosos, pero bueno, el Mar Negro tampoco era negro. Lo he visto con un tono gris azulado los días que he rodado cerca de el.

Tras cruzar la frontera, en lugar de tomar la carretera hacia Bucarest, me dirijo a la ciudad de Giurgiu, por tener un primer contacto con el país y por cambiar moneda. El primer banco que me cruzo me sirve para ese fin. Antes de salir de nuevo, como algo a una hora algo temprana pero con apetito.

La carretera que me lleva a Bucarest es cómoda. Alguna pendiente como era de esperar, ya que me alejo del cauce y valle del Danubio, pero mi cuerpo responde bien y ruedo con alegría y a buen ritmo. El día, como decía, caluroso, ya por la mañana desperté muy temprano y con calor en mi saco. Por suerte, pronto dispondré de un saco manta de fibra que me hace saco de verano, de complemento del saco de invierno usándolo juntamente con el o de aislante, si lo pongo debajo de mi saco de plumas. Tengo ganas de probar que tal se duerme ahí dentro, lo emplearé con mi saco interior de seda y me las prometo muy felices.

Por el camino me detengo a comprar algo de comida, poca cosa, para el momento. Comí muy temprano y tengo apetito. Bueno, siempre tengo apetito, para que engañarnos. Los precios no son ni de lejos los que he disfrutado en los países anteriores. No es que me resulten caros, pero baratos no lo son. Otra sorpresa que me encontraré, es la dificultad de encontrar tabaco para liar o sus necesarios complementos. Aquí se fuma tabaco ya liado, de marca, algo más barato que en España, pero poco. Por suerte me queda tabaco turco para un par de días y un paquete de George Karelias and Son de liar que compré en Bulgaria hace días y que guardo como un tesoro para este fin de semana.

Me aproximo a Bucarest, pero es que simplemente no encuentro un lugar que me agrade para hacer noche. Los grupos de árboles que veo no me ofrecen la suficiente intimidad al ser pequeños y poco densos, demasiado cercanos a la carretera por otro lado. Y no veo edificaciones abandonadas o en parte ruinosas que me atraigan especialmente. Por otro lado, cada vez que entro en un nuevo país, paso unos días hasta que me siento tranquilo en el a la hora de dormir. Por fin, y tras pasar el cartel que me indica que me encuentro ya en Bucarest, termino por encontrar un tejado discreto y medianamente apartado que me ofrece abrigo para la noche.

En un bar donde me detuve por el camino, por eso de ir al aseo y demás, vi en la TV algo de una corriente de África que es la responsable de estos días de calor y que durará algún día más, sea bienvenida. Por el camino, si observo muchos ciclistas, cosa que no me sucedió ni en Turquia ni en Bulgaria. Nos vamos saludando. Y una vez en Bucarest, veo con agrado que aquí alguna gente usa la bici para desplazarse o como deporte.


El día no da para más. Entre la distancia que cubrí camino a Ruse, mi desvío a la población y lo que rodé por ella, mi otro desvío hacia Giurgiu y el paseo por su puerto fluvial, más los kilómetros que separan esta de Bucarest, finalmente me he merendado hoy una bonita distancia. Sorprendido por la facilidad en que he superado las cuestas y el buen tono con el que termino el día. Realmente me sentía con fuerzas para rodar más, mucho más.
Viernes, sábado y domingo 01, 02 y 03.05.15 Camino a Ruse. De todos los lugares por los que he viajado, es en Bulgaria y con diferencia, donde más fácil me está resultando encontrar donde acampar. Junto a la carretera, son multitud los bosquecillos que me voy encontrando donde poder montar la tienda con comodidad, sin grandes desplazamientos y a salvo de las miradas indiscretas de quien sea. Incluso viajando con una tienda de doble techo naranja, lo que no ayuda precisamente en la debida discreción que deseo. Tomo nota que si en algún momento he de cambiar esta, lo haré por otra con colores más discretos.

Aún con eso, la primera noche y tras una jornada con lluvia intermitente, prefiero encontrar un tejado bajo el que dormir y evitar el recoger una tienda mojada a la mañana. Veo muy pocas explotaciones agrícolas pequeñas, las hay, pero casi todo lo que me rodea son grandes extensiones de cultivos y las instalaciones agrícolas son igualmente grandes. Alguna ya en desuso, pero dotadas de naves, cuadras y establos, edificios parcialmente derruidos que me pueden ofrecer una solución para pernoctar. En uno de ellos solo veo habitada la casa de la entrada, el guarda, a quien le pido permiso para dormir en unos establos. La confusión es total, no hablo una palabra en su idioma y el no entiende otro. Para complicar más la cosa, me dice con señas que si puedo dormir, pero me lo dice al modo local, negando con la cabeza. Tras unos minutos de absurda charla, termino entendiendo que si puedo hacer noche allí y me instalo para descansar. Sus muchos perros, pasaran uno tras otro a saludarme y asegurarse que no supongo una amenaza.

La última noche me interno en un pequeño bosque, el día a sido muy cálido, casi caluroso, si bien por las mañanas suele refrescar, todo sea dicho que me pongo en pie en ocasiones pasadas las cinco de la mañana, con las primeras luces. El bosquecito tiene el suelo sembrado de una maraña de arbustos que me hace complicado moverme por el con la bici, entre espinos y ramas secas. El encontrar un claro no parece tarea sencilla y tras algunas vueltas veo lo más parecido a ello, apenas el sitio preciso para que quepa la tienda pero no mucho más. La espesura es total y solo gracias al sonido de la próxima carretera no termino desorientado.

Las razones por las que en unos sitios estoy cómodo y en otros no, se me escapa. En Bulgaria me siento bien. Como decía una gran oferta de bosques para dormir, por las carreteras, si bien no cuento con arcén, si me cruzo con vehículos que dejan una distancia muy generosa cuando te adelantan haciendo la circulación segura. Buenos precios. Si acaso la oferta de lugares donde detenerse a tomar algo, ir al aseo, etc, no es ni de lejos como la que tenia en Turquía o en Albania. Y puestos a poner pegas, hace tiempo que no encuentro ni un café con leche aceptable ni bollería dulce de mi agrado, pero todo esto son males menores.

Visito alguna población por las que paso, haciendo tiempo. El desvío que he tomado hacia Bucarest me la pone a tiro en las fechas previstas, si bien llegaré antes de tiempo y procuro ir demorándome. El buen tiempo, una carretera cómoda, la ausencia de molestias, me hace que rodar por estos parajes hermosos sea todo un placer. Me detengo a hacer noche a pocos kilómetros de Ruse por no hacer noche en una ciudad y por entrar en Rumanía en un día que no sea festivo, por el tema de cambiar moneda en banco y tener tiendas abiertas. En los últimos kilómetros y al ser domingo, me voy cruzando con familias rumanas que han pasado a este país para pasar una jornada primaveral de picnic y con muchos grupos de moteros, cargados de bultos, que usan esta carretera para ir de un país a otro en sus excursiones balcánicas.

Cicloturistas veo igualmente. El sábado dos, uno por la mañana y otro, en reclinada, ya por la tarde. Ambos germanos. Parada de saludo y poco más. El domingo me cruzaré con otros tres, estos ya viajando juntos y tan solo nos saludamos sin detenernos.

Si bien no he visto apenas señales de la presencia musulmana en Bulgaria, desde el sábado por la noche y la mañana del domingo, si puedo escuchar llamadas para oración desde las próximas mezquitas que no logro terminar de ver, tan solo oír.


Un último apunte. Sea por que ahora dispongo de los vientos de otro modo, sea por que he encontrado la mejor disposición de puertas abiertas y mosquiteras cerradas, sea por que el clima es por aquí más seco, más continental, el caso es que en las últimas semanas duermo sin problemas de condensación en la tienda y eso me agrada mucho. Este próximo fin de semana veré de revisarla en profundidad y proceder a su reparación si logro encontrar en Bucarest el producto reparador que preciso. Se trata de un gel que se extiende por las costuras interiores del doble techo y una vez seco sustituye a sus desaparecidas costuras termoselladas. Veremos que pasa o si simplemente es tirar el dinero.

martes, 5 de mayo de 2015

Jueves 30,04,15 Varna. Son casi las 9 a.m. Y paseo desde el puerto al museo naval con la intención de despedirme del mar. Si todo va según lo planeado, pasaré algunos meses sin poder verlo de nuevo. En el camino me cruzo con una niña, unos 10 años tendrá, va a la escuela y lo hace en bici. La mochila a la espalda y pedalea sin manos. Sus brazos extendidos, mueve las manos con una ondulación de ave, está volando. La sigo con la mirada hasta que gira y entra en un edificio anejo al puerto, otros niños atraviesan la puerta en ese momento. La escuela.

Tras este espectáculo, el día tiene que ser bueno de necesidad. Desayuné en el hostel, con el compañero finés, el brasileño y el ucraniano partieron ya. Somos los más madrugadores y entre ambos se ha establecido una cierta afinidad. Hemos intercambiado prendas en un practico trueque y con ayuda de google maps nos vamos contando por donde hemos pasado o tenemos previsto hacerlo, consejos y recomendaciones incluidos. Unos motivos tribales tatuados en su pelado cráneo y su envergadura contrastan con unos ojos tiernos de mirada amable y abierta.

Tras visitar el museo, al aire libre, donde coincido con varias excursiones de escolares, y el parque que discurre junto al mar, me dirijo a realizar un par de compras. Un cubierto para Marga que me hace especialmente feliz de poderle regalar, unas cordoneras para mis botas de invierno, un cuaderno, un cordón para mis gafas, el que me dio Marga peligra de romperse en el momento más inoportuno y con mis gafas no quiero jugar. Cosas menudas y de poco importe.

Ben, en el hostel, me enseña un cartel. Mañana tiene concierto en un local de la ciudad. Lamento y así se lo digo, el no poder ir a escucharle. Demorar un día más mi estancia supone un nuevo mordisco a mis finanzas y la rodilla parece que dejó de doler. Con los forzados reposos de estos días y habiendo quedado en reunirnos en Bucarest dentro de poco, no debo demorar más mi partida. De hecho, mis previsiones iniciales de pasar por Constanta e incluso acercarme a Galati se han visto frustradas por esos retrasos. Todo al traste por la maldita rodilla. Dispongo del tiempo justo para ir directo cruzando el Danubio por Ruse. Esto contando con no sufrir nuevas molestias que me obliguen a desplazamientos más conservadores o incluso con el auxilio de algún tren. Confío en que no sea así.

Como viene siendo habitual, la tarde se anima en el hostel. Hoy, un cántabro que reside aquí desde noviembre, viene a dar una charla y mostrar unos vídeos de su comunidad. Deportes tradicionales, folclore, gastronomía. El salón esta concurrido, de huéspedes y visitantes que suelen frecuentar este local como si de un bar alternativo se tratara. El hostel dispone de un rico calendario cultural y tiene sus seguidores.

Tras la charla, aparecen las guitarras, flautas y percusión y la gente improvisa una velada donde cantan, ríen y toman cerveza. A diferencia de los turistas, que viajan con tiempo reducido y agenda apretada, usan los alojamientos de un modo bien diverso. Para los viajeros, el hostel, es un sucedáneo del hogar. Reposan en el muchas más horas que un turista en un hotel, se relacionan de un modo distinto, se comparten experiencias, afectos y alimentos. No es extraño que gente que se conoce en estos lugares comparta juntos siguientes etapas de sus viajes. Son el soporte social de los que viajan solos, que no son pocos. En el proceso, ayudan frecuentemente los que trabajan aquí, presentando gente, solucionando problemas o dudas y procurando a cada instante que te sientas cómodo y lo más libre posible.

A esto le sumas su esplendida ubicación encontrándose en pleno centro, con los balcones frente al parque que nos separa de la catedral. En las aceras, un mercado de fruta y verdura al que cada día se añaden minúsculos puestecillos atendidos por ancianas donde venden lo que tienen, los huevos que hoy pusieron sus gallinas, los calcetines que tejieron con lana o con pelo de conejo, tarros de miel sin etiquetar y botellas de refresco rellenadas con leche. Hoy compré allí los huevos y ajos tiernos que empleo para mi cena. La fruta la compré en un puesto, barata y fresca.


Con el sonido de fondo de las canciones, fumo un cigarrillo sentado en el balcón. Observo la catedral iluminada y la templada noche me hace cerrar los ojos. Me quedo dormitando hasta que la gente, por parejas o grupos, sale a terminar la noche por la ciudad. Ahora, ya el local en silencio, me retiro a dormir.