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martes, 24 de febrero de 2015

Domingo 08.02.15 Roma. Me he despertado muy tarde y durmiendo toda la noche de un tirón. No recuerdo desde cuando no me sucedía esto.

Marga comienza el día aun peor de como se retiró anoche, sin apenas voz y comentando lo mal que ha pasado la noche. Se convence que en su estado salir a la calle no es lo mejor y pasa parte de la mañana en la cama. A la tarde se dormirá de nuevo en el sofá.

Nada más mirar mi correo esta mañana me llevo una inmensa alegría. Lev, del que no tenia noticias desde octubre, me ha escrito esta noche. No contengo mi emoción.

El día lo pasaremos en casa. Consultas en el ordenador, notas y lecturas, ratos de TV donde veremos una película y parte de otra, comer bien, cenar mejor, copiosamente, que Marga, a pesar de su estado, tiene apetito y yo siempre tengo hambre. Me cuesta convencerla de que tome al menos algún analgésico y los toma entre protestas.


Me ayuda a preparar el camino de salida desde su casa hasta la via Casilina que es la que me ha de llevar por las primeras etapas. Si por la mañana fui somnoliento durante horas, por la noche el sueño me vence igualmente pronto. Estoy acostumbrado, por entrar en calor dentro del saco y por la falta de mejores ocupaciones, a dormir muy pronto y ahora, aún estando en una casa, mi cuerpo me pide dormir a horas muy tempranas. Gracias a eso, cuando despierto de madrugada por el frío, mi cuerpo ya reposó horas más que suficientes cada día. Aquí en casa de Marga, obviamente, no hace frío.
Sábado 07.02.15 Roma. Peregrinación urbana. La Confraternita di San Jacobo di Compostella, que me ha ofrecido, ya por segunda vez hospitalidad en Roma, organiza, los primeros sábados de cada mes, una peregrinación que recorre distintos lugares de la ciudad. Es en parte religiosa en parte cultural y hoy asistirán más de 30 personas que se empiezan a agrupar en el patio del hospital sobre las ocho y media de la mañana. Allí me encuentro finalmente con Nicola, a quien tenia muchas ganas de saludar.

Decido acompañarles y paso la mañana entre ellos, haciendo un cómodo recorrido en el que solo salimos del Trastévere para una corta visita a la Isola Tiberina.

Llevo nueva credencial que me facilitan ellos mismos y un libro que compro para Marga. Conozco sus necesidades de tener las cosas bajo control por el rato en que la observé mirar la ruta del Danubio y se que el conocer las etapas de la Francigena Meridional, los lugares por los que transcurre, los perfiles y sitios de hospitalidad, le será grato.

Llego a su casa a la hora acordada y me la encuentro mucho peor de como la dejé anoche, la voz le sale quebrada y débil, paso mala noche y hoy el día en cama. Por cierto, anoche, regresar caminando hasta cerca de las diez, sin guantes y sin tener los pies helados, supuso toda una novedad tras estas semanas. Disfruté del paseo.

Tan pronto le doy el libro se tira a el y comienza a planear la que podría ser una semana de rodar juntos. Depende de que logre permiso en el trabajo, cosa que me comunicará via correo durante la próxima semana.

Me pongo al día colgando post en el blog que tenia ya escritos, bien en el procesador, bien en el cuaderno, y al corriente igualmente con los correos atrasados.

Cena de charla probando verduras locales que desconozco y tras un vistazo a la prensa nacional on line me retiro a dormir.

Mañana Marga tiene idea de salir con la bici o la moto de excursión, viendo su estado dudo que una u otra cosa le sea posible.



domingo, 8 de febrero de 2015

Viernes 06.02.15 Roma. Y tengo pasaporte. Hasta el 2025, o hasta que lo pierda o me lo roben.

Nada más salir del hospital me dirijo al consulado con el firme propósito de convencer a quien sea. No será necesario. Cuando llego y digo que vengo a ver si esta mi pasaporte, el funcionario sale al momento con el en la mano, me hace rellenar un impreso y tras identificarme con mi DNI me lo entrega.

He pasado antes días por Roma, pero o bien arrastrando la bici o con alguna misión que no me ha permitido hacer verdaderamente turismo. El día sale soleado, pero eso cambiara pronto y llueve, como estaba previsto, solo que sin la bici, sin prisa, sin tener que buscar donde dormir, la lluvia la veo de otro modo. Me refugio cuando aprieta y camino con la chaqueta puesta. Cuando caminas, vas erguido y de ese modo, las perneras de los pantalones se mojan muy poco, es al rodar con la bici cuando la parte de los muslos suben y bajan poniéndose en un plano perpendicular al agua y te calas. Son los vehículos con los que te cruzas los que despiden agua contra ti y te calas. Son otras las circunstancias. Así caminando me mojo muy poco. Visitaré alguna plaza y fuente, algún obelisco que tenia ganas de observar sin prisas, veré tranquilamente el Panteón. Y simplemente ir de la Plaza del Popolo hasta la de Venecia por la vía del Corso sin un palmo de lengua fuera por que necesito encontrar algo a tiempo o hacer una gestión como en pasadas ocasiones. Un placer. La lluvia desluce, o así me lo parece, pero no era la lluvia lo que me impedía disfrutar de las cosas, si no el modo en que he “vivido” la lluvia. El estar permanentemente calado, la lluvia más el frío, la incomodidad de caminar con unos pies siempre mojados. De cualquier modo, prefiero que deje de llover, no nos confundamos.

A medio día llamo a Margherita, me ha dicho que me acerque a su casa si puede ser hoy y hemos quedado a las 19:00, mi hora de regreso al hospital no ha de pasar de las 22:00 pero no vive lejos, en algo menos de una hora puedo cubrir la distancia paseando.
Grato encuentro y cena con mi querida Marga, se encuentra algo mal con su garganta. Mientras cenamos vemos parte de The Straght Storyde David Lynch, película de la que le hable y que me marco profundamente, en el sentido de desear viajar despacio. Pase un tiempo mirando catálogos de motocultores y pequeños tractores con Lev hace unos años y ahora sueño con poder disponer algún día de un motocarro de estos que tanto veo por aquí en Italia y convertirlo en una autocaravana low cost. La movería pocos kilómetros al día, por eso del combustible, pero el problema ya no es la compra, si no mantener su mecánica y el costo del seguro. En fin, un sueño, solo eso.

Me da la buena noticia, Marga, que posiblemente disponga de unos días libres en la semana del 16 al 22 de febrero, si es así igual rodamos juntos por el Adriático, desde Bari hacia el sur, hasta donde ella disponga de tiempo. De cualquier modo no tomaré el barco hasta que cobre mi pensión y eso no sucede antes del día 25 de modo que no me importa dejar Brindisi atrás y regresar el 22 hacia allí. Por otro lado me ilusiona la idea de compartir esos días con ella y vivir la experiencia de viajar acompañado aunque solo sea por unos días.

Mi simpatía hacia Marga va más allá del simple agradecimiento, que siento y mucho. Me gusta esta mujer y me siento especialmente bien cuando comparto tiempo a su lado. Tengo los pies en el suelo e historias como La Dama y El Vagabundo solo se dan en la factoría Disney.

Me dice que está enfadada conmigo. Por irme al hospital de peregrinos en lugar de alojarme en su casa. El tema lo soluciona invitándome a ir mañana a su casa, donde permaneceré hasta el lunes día 9 en que partiré por la Vía Francigena Meridional.


No he mencionado que ayer, Cesar, se me quejo de algunas cosas que no le terminan de gustar del funcionamiento del hospital, en confidencia. Hoy noto que el ambiente está tenso, no por el, que ya partió, si no entre Lorenzo y Ana, la hospitalera. Ni de lejos con el cálido que se respiró por aquellos días de Navidad con Ilaria y los otros peregrinos. Se nota que Ana no termina de estar cómoda y que alguna fricción se esta creando por aquí. Estoy contento de salir mañana. Me dicen que a las 8:30 estará por aquí Nicola, que mañana tienen organizado un recorrido por algunas iglesias y probablemente les acompañe si no me ponen pegas, sera un modo de conocerlas, de pasar la mañana con Nicola, que aprecio y de estar distraído hasta medio día. Con Marga he quedado en su casa a las 18:00 y dispongo de tiempo de sobra. 

Se siente mal de la garganta, congestionada. Aún así se empeña en preparar algo de cenar. 
Jueves 05.02.15 Roma. Me ha sentado bien el dormir una noche sin estar expuesto al clima. Una habitación que no es cálida, se me ha antojado como si lo fuera por el simple hecho de no tener la nieve frente a mi cara ni el viento dando en ella toda la noche.

A pocos kilómetros de donde estoy encuentro el primer bar abierto, un cafe caliente y las ganas de estar en Roma obran el milagro y me dan fuerzas. Llueve con insistencia, pero el saber que podré quitarme las ropas, todas, ducharme con agua caliente, dormir sobre una cama en un lugar casi cálido, todo ello me va dando fuerzas. Y voy devorando kilómetros que otros días he ido retrasando para no estar allí antes de tiempo.

No logro ver el encanto de las ciudades con lluvia. Supongo que no soy objetivo, pero es que en este momento he estado 10 días bajo el agua, 7 de ellos bajo diversas formas de nieve y solo deseo estar en sitios secos.

Cuando llego al hospital de peregrinos, me esperan. Sabían, por que así lo comenté, que regresaría a por el pasaporte y a pesar de que me abre una hospitalera que no conozco, tan pronto comienzo a explicar quien soy, me suelta, “eres Xabier”. Me hace pasar y rápidamente me ofrece algo de comer. Benditas mujeres, son nutricias por naturaleza y muestran su lado más amable dando alimento. Allí en la cocina veré a Lorenzo, que conocí de diciembre, llega al momento Patricia que vi brevemente por esas fechas y Cesar, un nuevo hospitalero que termina de realizar un cursillo y con el que rápidamente congenio. Ferroviario jubilado y voluntario en diversos proyectos, aquí en Italia y por algún lugar de hispanoamérica donde viaja con frecuencia y de donde conoce el español, que curiosamente no habla con acento americano. Me habla igualmente en catalán, que conoce por su tierra y por una amistad que mantiene media vida con un barcelones a quien visita con cierta regularidad.

Me dejan un ventilador de esos que despiden el aire caliente y comienzo a calentar mi estancia y secar frente a el mis pertenencias. Duchado, cambiado de ropa y compartiendo con Cesar una cena caliente y de cuchara me empiezo a sentir mejor. Ana y Lorenzo salieron esta noche, Patricia solo paso a saludar. Tras la cena me siento agotado, con todo el peso del cansancio acumulado estos últimos días. Mañana aún anuncia lluvia, pero el domingo parece que lucirá el sol. Palabra que lo necesito como nunca antes en mi vida.

Mi pasaporte se supone que llega mañana y se supone igualmente que me lo darán el lunes. De aquí del hospital,  he de salir el sábado pero creo que con insistencia y buena suerte puedo lograr que teniendo la embajada desde mañana el documento en su poder, me lo puedan dar y de ese modo ahorrarme la complicación de las dos próximas noches.

Una vez tenga el pasaporte, aún me quedarán las jornadas en que he de atravesar, algo más al sur de Roma, eso si, los Apeninos y por fin alcanzar la costa Adriática y alejarme cada día más al sur y al calor. Viendo las previsiones meteorológicas en la prensa, estos meses, que hay por Italia, siempre encuentro días más soleados, más cálidos, en esa zona de la costa hacia la que me quiero dirigir.
Lunes, martes, miércoles 02,03 y 04.02.15 Retorno a Roma. Parece guasa, pero he estado en Roma en diciembre, regresé en enero y ahora me dirijo a mi visita de febrero.

En estos días no veré el sol. Siempre con lluvia o nieve. Temperaturas bajo cero, a medio día cuando crucé Espoleto, el termómetro había subido a -2 grados, no quiero saber por las noches a donde bajará.

En estas condiciones, yo al menos, no se hacer turismo y me limito a sobrevivir. Paso el día pensando en el momento y el lugar donde poder meterme dentro del saco. Cuando ya estoy dentro de el, en dormir, y tan pronto despierto en la hora en que este abierto un lugar donde poder tomar algo caliente.

La sensación de ver Assisi por la mañana suspendida en el cielo fue mágica, me explico. Está en alto y domina el valle, valle que la niebla hizo desaparecer y durante unos instantes el sol iluminó la ciudad que fue una isla flotando en el cielo, como si sobre una nube estuviera, se mantenía ingrávida sobre la nada. 

Ya no viajo en la distancia, si no en el tiempo.

Se trata de que el tiempo pase, que mejore un poco, llegar a zonas más cálidas si es que existen.

Lo de los frenos de la bici no es importante, con tan solo una visita al taller queda solucionado, tensado de cables y sustitución de las zapatas traseras que ya no son ni un testimonio de lo que fueron, han desaparecido en apenas dos meses de rodar. Esa operación sencilla me ocupa mucho tiempo, el mecánico atiende a un cliente que se compra media tienda y se deja una cantidad de dinero tremenda, bici y equipación al completo, todo de alto precio y lógicamente el dueño de la tienda no lo va a desatender para tensar dos cables. El tiempo que permanezco en la tienda-taller me es grato, me mantiene apartado del duro exterior y no tengo prisas por salir al mundo. 

El martes llegue a una gasolinera cerrada a medio día, frente a ni la nieve cayendo y yo mojado y aterido de frío. Me metí en el saco tan pronto pude y pase allí dentro toda la tarde, la noche, la mañana y la tarde del día siguiente. Sin que el tiempo me diera un respiro, febril, solo tomando algún trago de agua y analgésicos. Contando la distancia y los días que me separan de Roma, por que puedo llegar con esfuerzo, pero ¿después que? ¿para que llegar antes de tiempo? Fantaseo con quedarme dentro del saco hasta el fin de los tiempos y vivir en directo mi proceso de saponificación.

Decía hace unos días Margherita a su amiga Marta que yo creo en la providencia, ¿como no creer en ella? El miércoles por la tarde, desesperado, soñaba con 3 cosas. Por supuesto, lo primero, una habitación que me mantuviera apartado de las inclemencias del tiempo, con comida que no tengo en este momento y puestos a pedir, con un aseo. Esta gasolinera, como muchas que he visto, funciona con pago automático y carecen de empleados, de cualquier modo apenas si he visto detenerse a nadie, tan solo veo la nieve a mi alrededor. El miércoles por la tarde, mientras sueño con esos tres deseos, se detiene una furgoneta. Es un empleado de Repsol o un ángel disfrazado de ello. Un africano joven. Mi primer pensamiento es que me dirá que me marche. No es así. Se acerca a mi y lo primero que hace es preguntarme como me encuentro. Le digo que ando con fiebre y que espero mejorar un poco para continuar. Me dice que los próximos dos días el tiempo seguirá igual y que he de bajar hacia Roma cuanto antes por que la diferencia de temperatura es notable.

Se retira a la furgoneta y al momento se me acerca con una botella de agua, un paquete de galletas, me abre una habitación donde guardan cosas de limpieza y que dispone de un aseo impecable, limpio. Me dice que duerma allí, que mañana regresará y si no he podido moverme por que sigo mal ya veremos que solución tomar.

Habitación, comida y aseo. Las tres cosas en que he estado soñando todo el día. No puedo evitar tararear "Angelitos Negros" de Antonio Machín

Del resto de cosas que he ido haciendo estos días, ciertamente las tengo mezcladas entre ellos, los lugares que he pasado que ni los recuerdo, esta todo confundido con diversos episodios en que la fiebre, el frío y la desesperación me llenaron los pensamientos de alucinaciones y solo quería que pasara el tiempo para poder llegar a Roma, a por mi pasaporte y por la calidez que fuera de Úmbria confío encontrar. Es una sensación extraña, no es que olvide las cosas, es que se me hacen iguales unas a otras, no sintiéndome con fuerzas ni ánimos para visitar ni hacer nada. Las manos, principalmente, siempre frías, no se si por la temperatura, por tenerlas casi siempre húmedas, los guantes que prometen ser impermeables, no lo son, el calzado igual, supongo que tienen unos límites, un nivel de tolerancia que han sobrepasado, como mi espíritu en este momento. Ponerme a manipular el hornillo, el contacto con el metal o el agua helada, se me antoja un tormento que evito. De igual modo noto, tal vez por la congestión de mis músculos ante esta climatología adversa, la bicicleta más pesada de mover, mojada como está la encuentro inhóspita y meter la mano entre sus bolsillos, siempre calados, la bolsa delantera no es estanca, es algo que evito. Leer, igual, si estoy sentado aprovecho para calentar las manos y no quiero tenerlas con nada entre ellas. Cuando apareció el empleado de la gasolinera, llevaba desde un breve paseo, con la intención de calentar los pies, horas, como unas 6 o así, con los pies dentro del saco sin lograr que entraran en calor. Tan pronto entre en la habitación que me ofreció, a los pocos minutos, empezaron a recuperar una temperatura que no se me antojara dolorosa.

No es que la temperatura sea tan baja, que no lo es. Se trata de la exposición continua a los elementos, se trata de que las prendas no se secan y por las mañanas me he de vestir, por preservar las secas, con prendas que están caladas del día anterior. De ir siempre, todo el día, con unos calcetines que no terminan de secarse dentro de unas botas mojadas, de ponerte unos guantes húmedos o calados, según el día, por que prefiero esa humedad que en algún momento puede llegar a ser templada, a la exposición al agua fría exterior. Todo eso que un día llega a ser soportable, cuando los vas sumando y la perspectiva que tienes ante ti es la de nuevos días en idénticas e incómodas circunstancias, sin esperanza, socavan el ánimo y de algún modo te hacen más vulnerable a los elementos, te hacen más permeable, más descuidado y vas sumando errores.

Voy a adelantar un día o dos mi llegada a Roma, Allí la temperatura es por lo menos 10º más alta y ya veré como soluciono las cosas, pero no me veo con fuerzas de ir vagando dos o tres días más en estas condiciones y viajando en el tiempo más que en la distancia, como decía unas líneas más arriba.
Domingo 01.02.15 Assisi. Que bonita es la nieve ¿no?. No se que decir. Dia de nieves desde que comencé a rodar. Solo cuarenta minutos por la mañana me he mantenido alejado de ella. Desde las 8 hasta las 11 rodando bajo la nevada y el resto del dia con intervalos de esta pero todo el tiempo teniendo nieve a mi alrededor. La sensación de ponerme la ropa mojada a las 5 de la mañana no es sencilla de describir, por que ciertamente no se seco lo que ayer empapé, calcetines y botas incluidos. Dudo entre ponerme en movimiento o no, pero si me detengo me congelo y al menos rodando voy logrando que el calor corporal seque poco a poco mis prendas.

En Foligno, al ir a tomar la taza de mi capuchino de las manos de Gina, le rozo sin querer, sin tacto como estoy, su mano y como me la notará que sin decirme nada se pone a calentar agua con la cafetera en una jarra, me la lleva a donde estoy en la barra y me dice que caliente en ella mis manos. Mauricio, el dueño del local, se empeñara en no querer cobrarme el café, donde permanezco un rato mientras el granizo se torna en nieve, hablando de como es viajar en estas condiciones.

Ruedo a ratos y me detengo otros. Si encuentro donde hacer noche no me pienso mover, pero es que no veo nada interesante, igual lo hay y estoy ofuscado y embrutecido por las condiciones del día. Igual no soy capaz de encontrar ni ver nada. Así, de ese modo, voy sumando kilómetros en una jornada especialmente dura, de las más que recuerdo desde que comencé a viajar. Y así sin darme cuenta llego a Assisi.

Visitando el monasterio franciscano, la iglesia de arriba, que después veré la de abajo y que me gustará, no se por que, mucho más, visitando la tumba de San Francesco, hablo un rato con un fraile venezolano recién llegado, apenas unos meses en Assisi y el vigilante que hay por allí. El fraile es pura ingenuidad, de la zona de Valencia, es el vigilante quien me pregunta donde voy durmiendo cada noche, pregunta que se repite en muchas conversaciones con quienes se interesan por mi periplo, y cuando le digo que voy buscando techos, me mira y me ve chorreando agua, pantalones y botas empapadas. Me dice que me acerque a una iglesia que esta como a un kilómetro y que hable con un fraile, Enzo. Tardaré un rato en ir, tras visitar todo el complejo del monasterio. Otro lugar Unesco.

Siguiendo las señas llego a un local parroquial, chicos y jóvenes con el futbolin, de charla y saliendo a fumar al patio en ocasiones. Me dicen que Enzo no está, pero que si necesito hablar con el, ellos le pueden llamar. Les cuento mi película y uno de ellos le llama, Enzo no puede venir hasta mucho más tarde, pero que me acomode y que por supuesto paso la noche en el local parroquial.

A partir de ahí dos jóvenes me interrogan sobre eso de viajar con bici. No quiero pintarles las cosas muy fáciles, por que no lo son, pero incluso cuando les hablo de las dificultades de algunas jornadas, eso se les antoja aún más aventura y creo que soy culpable de dos nuevos ciloturistas más. Pronto comienzan a planear que el próximo verano pueden hacer una ruta por Italia, al escuchar “verano” me tranquilizo. Más si es en solar patrio, que les hará las cosas más sencillas por muchas razones.

Finalmente aparece Enzo, no me entiende una palabra, por suerte yo si le entiendo. Regresa con no se quien que si entiende español y me dice, va con prisa, que cuando descargue mis cosas me traen de cenar. Insisto en que viajo con comida, pero le importa un comino. Me traen unas lentejas con un tipo de embutido que no conozco, sabe a comino, y pan. Ya he cenado esperando, pero no pienso desaprovechar una comida y ceno de nuevo. Poco antes de dormir aparecen dos jóvenes con un colchónahí si que no, tengo montado mi catre y no lo necesito, les ayudo a subirlo al piso de arriba y me dispongo a dormir. Caliente y seco. Con un aseo que dispone de ducha. No se puede pedir más en una noche como esta y tras un día que me ha dejado el cuerpo molido. En estas condiciones el cuerpo esta entumecido y el esfuerzo físico se me antoja mucho mayor que en condiciones normales. Assisi una preciosidad de población, por cierto.
Sábado 31.01.15 Trevi. Por suerte los cafés abren muy pronto, a las 6 ya encuentras algunos abiertos, pocos, muy pocos, incluso un poco antes. Y gracias a eso entro en uno de ellos pasadas las 6 mientras fuera nieva. Cuando me ven aparcar la bici en la puerta, la mitad de la parroquia me expresan su admiración, mucho "complimenti" pero la totalidad de la misma, estoy convencido de ello, dudan de mi estado mental. Con todo, el capuchino matutino me devuelve a la vida como tantos días y hago tiempo a que la luz sea suficiente como para rodar y que mis manos sean capaces de algún movimiento.

El camino de hoy será una sucesión de pueblos por el desfiladero que va desde Marmore hasta San Anatolia di Narco en donde un largo túnel, más de 4 kilómetros, me permite evitar el puerto que separa Terni de Espoleto. Esta garganta, al ir por el recorrido del rió, no tiene cuestas pronunciadas y se hace cómoda de recorrer. Solo la dureza del clima la hace insana. Los pueblos son una repetición unos de otros, colgados en una cornisa en las montañas o en la cresta de un monte, recorren la rivera que no llega a formar valle en ningún momento por su estrecho espacio. A ratos nieva.

Al llegar al túnel, se que al menos durante un rato descansaré del agua que el cielo me esta regalando, cansado ya de ella. No recorro ni la mitad del recorrido cuando un coche de un servicio de emergencias se pone a mi lado y me hace un aviso. Por el túnel, me informa,  no esta permitido que circulen bicicletas. Mientras vemos la mejor solución al problema, ya que estoy más o menos por la mitad del mismo, se detiene un coche de Carabineros que me dicen lo mismo, les digo que no hay señales a la entrada que avisen de esa prohibición y tras hablar entre ellos me ofrecen que el coche del servicio de emergencia, que es una furgoneta realmente, cargue mi bici y me saque de allí. Como expresar la sensación de poder calentar mis manos con la calefacción del vehículo.

Ya en el otro lado del túnel, Francesco, que así se llama el sanitario que lo conduce, me indica el camino a seguir, ya que la salida del túnel sin ser autopista, es una superestrada con el tránsito de bicis no permitido. Tras un par de poblaciones y tras visitar otro sitio Unesco, cruzo uno cada dos días de media, me planto en Trevi.

La subida son cuatro kilómetros de cuesta, pero lo peor no sera la subida. Arriba no veo lugar para dormir que me agrade y abajo, en Burgo de Trevi, si tengo localizado uno genial. Pero es que comienza a llover en serio, mucho, muy fuerte. Dispongo de poco tiempo de luz por lo que me decido a bajar sin esperar, pero la bici, así por las buenas, deja de frenarme, ambos frenos, en ambas ruedas. La bajada con esa lluvia intensa y haciendo malabarismos para que no acelere en exceso me supone llegar a Burgo de Trevi agotado y atacado de los nervios por la tensión, con mañana domingo imposible de encontrar taller y calado hasta la médula.

Por suerte dispongo de ropa seca y nada más llegar me desprendo de todo lo que tengo para ponérmela. Sin confiar en que la noche seque la que me he quitado, ahora se trata de entrar en calor y mañana veremos. Trevi no me ha gustado especialmente, pero ojo, ver lugares bajo el agua o la nieve, con frío, la noche encima, preocupado por donde dormir, no es el mejor modo de hacer turismo. Seguro que en un día luminoso y cálido, seco y bien comido, el lugar me puede resultar encantador.

La noche amenaza con ser dura, por lo menos el lugar de que dispongo tiene techo amplio y más de una pared, por lo que puedo elegir la esquina que mayor protección me ofrece y entro pronto en el saco con la esperanza de poder descansar unas horas antes de que el frío me despierte. Eso sucede entre las cuatro y media a las cinco y media casi cada día, a partir de esa hora permanezco en el saco pero ya sin dormir. De cualquier modo, al dormirme pronto, tengo en mi cuerpo horas suficientes de sueño y puedo permanecer en el saco hasta las 6 poco más o menos al resguardo del tiempo y a la espera de la hora de apertura de las benditas cafeterías.