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martes, 18 de noviembre de 2014

Miércoles 05.11.14 Las Galias I. Sarrance. Nieve en la cima de la montaña que tengo frente a mi y puedo ver por la ventana de la cocina. Estoy en una abadia de monjas en Sarrance, vi un cartel en la puerta que decia llamar y entrar y eso hice. A quitarme el frío que desde esta mañana metí en mi cuerpo al pasar por Somport y que a malas penas he logrado.

Me he adentrado 40 kilómetros en Francia y he bajado 1.200 metros en un intento de alejarme del frío de la cumbre, pero la cocina en la que paso la tarde solo es gélida, el exterior es peor por lo que no me quejo agradecido de poder usarla. Cuando le indique con las manos el gesto de que buscava techo, entendío que queria montar una tienda y me condujo a un prado que tienen dentro del convento. Con señas le pregunto si puedo dormir en un salón destartalado donde he dejado la bici y me dicen que si. A todo esto a las monjas no las he visto, hablo o lo que sea con un tal Jacobo, no se que es del convento ni tengo posibilidad de averiguar por que hablamos lenguas distintas. Me he podido calentar una sopa y tras esta me hice un vaso de leche. Con eso y calcetines secos, eso de que las botas son impermeables es pura fantasia, si no entro del todo en calor al menos detengo el frío que me tenia agarrotado.

El autobus, que al final tome, 2,80 € me deja en Somport a las 9 de la mañana bajo una nevada. Cometo el error de empezar a montar los bultos en la bici sin ponerme los guantes y lo pago caro. Una vez las manos heladas ponerme los guantes me cuesta mucho más. Con capas de prendas superpuestas me lanzo carretera abajo mientras la nieve me azota la cara y cubre parcialmente mi visibilidad a consecuencia de las gafas, malditas. La opción de detenerme para limpiarlas la veo inutil, con lo que esta cayendo no durarian limpias más que unos segundos y detenerme no es tampoco opción, ¿donde? Todo cerrado en el puerto, el antiguo puesto fronterizo incluido. La solución es alejarme lo antes posible sin caerme y bajar cota.

Nunca habia rodado ni por la nieve ni con nieve, pero me pongo en ello con toda precaución y tan pronto dejo atrás la cota de nieve, esta se convierte en lluvia lo que es peor. No me detengo al pasar por Urdos, con todo cerrado, bar incluido. En Borge si lo hago en una marquesina de autobus. Dejó momentaneamente de llover y aprovecho para limpiar gafas, ver mi calamitoso estado general y procurar calentar algo las manos con escaso éxito. Los bares, perdon, el bar, sigue cerrado. Supongo que es su mes de descanso, antes de la temporada invernal y tras los meses de verano en que tendrán más clientela. Tampoco observo ninguna tienda a la vista ni carteles que me la anuncien.

El paisaje, duro, vertical, la arquitectura gris y oscura, me traen a la cabeza las imágenes de la película “Rios de color púrpura”, dos coches de la gendarmeria con los que me cruzo terminan de reforzar esos pensamientos. El río a mi derecha baja con aguas bravas, solo de pensar en su temperatura aumenta la sensación de frío que albergo

Voy dejando atrás pueblo tras pueblo para bajar mas la cota y poner tierra de por medio a las cimas pirenaicas, es inutil. El pueblo en que me detengo tiene una cima próxima de 2.600 metros, nevada por su puesto. Bar cerrado, una carniceria-charcuteria es el primer comercio que veo abierto, me queda por fortuna algo de pan. Y es aquí donde veo la abadia y el cartel que invita a entrar a los peregrinos de modo que ahí me cuelo.

Me abre la puerta un hombre, le digo lo primero, tras saludarle que no hablo francés. Me hace esperar y busca a alguien. Sale a recibirme otro y este es el que confunde mi gesto de hacer un techo sobre mi cabeza. El tema se resuelve satisfactoriamente.

No se por que pensé en monjas. El convento es de frailes o eso supongo. Hay una lista de los servicios religiosos y cuando asisto a “visperas” solo aparecen ellos más el sacerdote. Más tarde mientras fumo los veo entrar de nuevo a “completas”, no se cuantos son ni de que orden, no llevan hábitos ni símbolos distintivos, tan solo como constante la marca de una conocida cadena de material deportivo que se puede leer en sus jerseys, pantalones o botas.

Leyendo en la colchoneta antes de salir, viene otro a saludarme, este si habla español y supongo esta comisionado por los demás para saber algo más de mi. Hablamos brevemente, leo un poco más y me sumo en un profundo sueño. Necesito entrar en calor y descansar de una jornada dura. La nieve ha sido un componente nuevo en mi viaje y no precisamente se ha presentado en un hermoso y soleado día.
Martes 04.11.14 Invirtiendo el Camino Tolosano. Jaca. Tras una noche de lluvia el día sale con nubes pero sin esta por lo que me apresuro a dirijirme a Jaca aprovechando ese respiro que el tiempo me concede. Desayuno con los conquenses y salgo del albergue a la vez que ellos. Se aprecia el descenso anunciado de temperatura y ruedo con más frío que otros días.

Antes de llegar a la ciudad paso por lo que ha de ser un campo de tiro del ejercito y escucho disparos de artillería. Pronto veo unos vehículos con cadenas que me cruzo por la carretera formando un convoy precedido de otros todo terrero. Dentro de ellos puedo ver a los soldados que llevan casco y uniformes miméticos.

Tan pronto entro en Jaca a mi izquierda me recibe un Mercadona hacia el que me lanzo para comprar las últimas provisiones que compraré en España. Los clientes llegan muy abrigados, son gentes de aquí habituados al frío y los veo cargados de chaquetas de plumas y guantes lo que me consuela en parte al ver de este modo que el frío que siento no es tan solo una apreciación personal. Una vez en la población y tras pasar por correos me dirijo a una oficina de turismo. Me informan de la ubicación del albergue, de horarios de autobuses para Somport y me cuentan que desde anoche esta nevando en el puerto. El viento que viene de esa dirección es el responsable del frío que padecemos.

En el albergue tomo algo caliente y entro en calor. Comenzó a llover un par de horas antes de su apertura, pero un tejado en su entrada me ha servido de refugio la última hora. Dentro la calefacción está encendida y se disfruta de una agradable entancia. Con la hospitalera pasaré de charla unas horas, pasando la tarde tan solo yo como “cliente”. Una visita a la catedral, a la iglesia de Santiago y a unas tiendas de deportes para ver sus ofertas, atestadas de madres que el tiempo les ha sorprendido y equipan a sus pequeños con ropas de abrigo. Aquí las prendas técnicas no son una opción, la gente viste con ropas deportivas de abrigo así como con calzado de ese mismo tipo. La cantidad de tiendas y su variedad y calidad de ropas está justificado igualmente por su proximidad a las estaciones de esquí. Compro un jersey por 8.95 € que tienen en liquidación y que me pongo al instante.

Al regresar al albergue me informa la hospitalera que no dormiré solo, un aleman termina de inscribirse, subio a la habitación, se metio en la cama y allí permanecio sin dar señales de vida en lo que resta del día. Ha bajado desde Somport y esta medio congelado y agotado.

Para cenar me preparo un vaso de leche con galletas, no tengo apetito pero si ganas de tomar algo caliente y dulce. El albergue dispone de wifi por lo que me pongo al día con correo y blog. Me facilitan la página de previsión meteorológica francesa que la pongo en favoritos tras consultarla. Parece que mañana tendré un respiro por la mañana que puedo aprovechar para pasar el puerto y avanzar lo que pueda por tierras galas. El valle de Aspe en la Gascuña.

Un rato más de lectura y me retiro a un cálido dormitorio con calefacción. Mañana no tengo la menor idea de donde podré pasar la noche, tras semanas de dormir en albergues de peregrinos y sin facilidad de comunicación para encontrar refugio. Siento cierta inquietud al respecto pero por otro lado alivio de quitarme de encima el costo de los albergues que tanto esfuerzo me han supuesto desde que comencé a usarlos.

Llueve a ratos y eso, me consta, es nieve en las montañas. Los termómetros de la tarde indicaban 7º.

martes, 4 de noviembre de 2014

Lunes 03.11.14 Invirtiendo el Camino Tolosano. Arrés II. Mañana tranquila, desayuno un par de veces con pereza. La del bar quedó en comprar el pan para mi y a medio día pasaré a por el. Mis planes para la mañana son poner orden en el albergue tras el lleno de ayer y limpiar que buena falta le hace.

La demora en la salida del grupo más numeroso hace que no pueda ponerme en faena hasta las 12 del medio día. El trabajo me cunde y un par horas después me dispongo a prepararme, con una cocina a mi sola y entera disposición, una comida como hace un siglo que no me pego. Tras el postre me meto en la cama y dormito una siesta con placer. No se que me deparará la tarde. Dispongo de una mediocre biblioteca a mi disposición, ya terminé el libro de Ira Levin, Las poseídas de Stepford que comencé anoche, sobre esa mediocre novela pesan ya dos versiones cinematográficas tituladas Las mujeres perfectas. Al final me decido por una de Lawrence Sanders del que nunca he leído antes nada.

Aparecen por la puerta un par de conquenses, serán tres pero el que falta anda metido en una especie de lío de teléfonos que le ha obligado a ir a Pamplona y llegará más tarde. Llega con un catalán que irá hasta Santiago, ellos lo dejan en Logroño al no disponer de más tiempo. Pronto se marchan todos al bar del que no regresarán hasta pasadas las 10 de la noche, cenados y convenientemente bebidos dejándome el albergue a mi disposición, cosa que aprovecho para pasar notas de la información que dispongo de lugares donde previsiblemente se puede hacer noche en mi camino por Francia e Italia. Con eso me puedo deshacer de innumerables papelitos y del libro de Pepe Sandoval, que dejo en el albergue para disfrute de a quien pueda gustar.

No deja de llover en toda la tarde y eso supone nieve en los lugares por los que he de pasar entre mañana y pasado, pienso mientras fumo en la puerta confiando en que me de un respiro para llegar a Jaca, después desde allí ya decidiré como y cuando subir Somport. Hasta la fecha, las masas de agua las he cruzado, cuando no tenia un puente, con el auxilio de los ferris. Lo se Sompotr no deja de ser una “masa de agua” solo que en estado sólido y eso bien me justifica a buscar lo equivalente a un ferri, que en este caso sería o bien el autobús que me puede dejar en el mismo Somport o el tren que me dejaría en Canfranc, ambos desde Jaca y ambos sin problemas en llevar una bici en su interior. Todo dependerá en confirmar si los pronósticos se cumplen y hay nieve, si no es el caso, con solo lluvia, subiría rodando con esfuerzo pero yendo yo sobre la bici.

Paso un rato de charla con mis compañeros de albergue, el catalán se retira pronto, mañana quiere madrugar, dos de los conquenses no tiene prisa y nos quedamos en el salón hablando de Cuenca principalmente, de su ciudad y de la provincia, que conozco bien y desde bien niño cuando anduve por su serranía un par de veranos con la mochila a la espalda, la última vez la crucé en invierno, pasé un par de días y de allí por la nieve, en coche y tras una máquina quitanieves, hasta Albarracín. Me hablan de un documental sobre Zobel, del que admiro su obra, que dicen no puedo dejar de ver. Tomo nota.

Por la mañana, haciendo tiempo a que los remolones  abandonen el albergue, me acerque paseando por el pueblo, hasta un grupo de caballos. A esa hora se reunieron un grupo de franceses que a las afueras del pueblo, 32 habitantes, tienen aparcadas las autocaravanas, tras montar en los caballos emprenden una excursión por el valle del río Aragón. Me comentaron ayer en el bar que en el pueblo llegaron a ser solo 10 personas la que vivían y que ahora viven un período de revitalización en que incluso hay niños. Las casas no habitadas son principalmente segundas residencias, con lo que en verano o fines de semana suelen tener vecinos. No es el único caso en la Jacetania, pasé ayer por pueblos que presentan el mismo grado de abandono.


Domingo 02.11.14 Invirtiendo el Camino Tolosano. Arrés. Desayuno a las 6, no tengo prisa en despertarme pero sucede normalmente a estas horas y el cenar temprano hace que siempre comience el día con mucho apetito. El desayuno sigue siendo la comida que más disfruto del día y me apresuro a prepararlo tan pronto me despierto cada día, luego me toca esperar, pero ya sin prisas por compartir la cocina con nadie y en ocasiones me tomo un segundo vaso de leche antes de salir, hoy no es el caso. Me espera un día con kilómetros por delante, subir un puerto y la amenaza de lluvia latente. Me retraso finalmente en la salida, conversando con Javier, haciendo fotos con las pamplonicas y por último la hospitalera llega temprano y nos entretenemos un poco más con besos y abrazos entre todos. La escena parece tópica pero es así y así sucede en muchos albergues en el momento de partir.

El día ya desde el comienzo avisa que será complicado. Niebla como viene sucediendo últimamente y decido ir por la carretera, si llueve los caminos se vuelven incómodos por el barro y subir cuestas embarradas es un suplicio. Tan pronto me alejo del pueblo me dicen que la carretera que he de tomar esta cortada. Obras. Un desvío que me regala 18 kilómetros adicionales a una jornada que no es sencilla. Pronto piso suelo maño, entré en Zaragoza sin apenas a ver visto el sol en Navarra.

He de detenerme constantemente, no veo, las gafas siempre mojadas me impiden ver la carretera y el paisaje por el que estoy pasando. A las 10 me siento cansado y apenas si he avanzado nada. Subir cuestas en las que no ves nada, sin referencias de la distancia que requiere el esfuerzo hace que estas sean más complicadas de acometer si cabe. Por fin enlazo en el cruce, tras una prolongada subida, al que me ha llevado el rodeo de las obras. Son las dos del medio día cuando llego a lo alto del puerto, cansado y hambriento, tomé medio bocadillo dos horas antes pero me siento como si no llevara nada en el cuerpo, me obligo a sabiendas de lo mucho que me queda por recorrer a aplazar el descanso de la comida al menos hasta verme más cerca de mi destino para hoy.

Llueve.

Para un poco y como a pie, en la cuneta, un café con leche y pan con mermelada.

Llueve.

Otro claro en el cielo, me dicen que el punto al que me dirijo lo alcanzaré sobre las 6 de la tarde y me animo a seguir con esa esperanza.

El día anterior el albergue fue usado por dos peregrinos y uno antes por tan solo Javier. Temo que pasaré la noche a solas y solo tengo en la cabeza la cuesta final y la ducha caliente que me daré tan pronto lo pise.

En el cruce antes de comenzar la última cuesta veo a un grupo de ciclistas, son cinco. Nos detenemos a hablar y tan pronto se acerca Mariano me extiende el brazo con una taza de té. Vienen de Ibiza por Cataluña y ahora se unieron al tolosano en Jaca. Llegamos juntos al albergue.

Para mi sorpresa y la de todos somos un total de 13, algo impensable en este Camino Tolosano y en estas fechas. La Fortuna ha un grupo de trotamundos. Dos chicas andan desde Arles y están a la mitad de su camino, ya llevan 800 kilómetros de los 1.600 que cuenta su viaje. Son cifras altas para caminar. Tres más comenzaron en Carcassonne lo que suma igualmente una cantidad notable de kilómetros. Los que vienen desde Ibiza continuarán tras su paso por Santiago hasta Faro en el Algarve. Se habla de viajes, de boofing que casi todos han, hemos, hecho, de senderos y continentes. Santiago a viajado un año por Asia, antes pasó una temporada entre Australia y Nueva Zelanda. Mariano conoce sendas por América del Sur. Ha recorrido gran parte de Brasil, una de las chicas parte en enero hacia Chile a pasar una temporada por allí. Dos cuñados que vienen desde Castellón me cuentan cosas del Canal Midi que recorrieron no hace mucho en el tramo en que pienso hacerlo. Lo dicho, trotamundos.

La cena es animada, cada cual prepara cosas y se van poniendo en la mesa, unas para su consumo, otras muchas para compartir. Calientan y especian vino. Otra francesa hace crepes, una muy callada. Aparece una guitarra y pasa de mano en mano, versionan canciones conocidas y se cantan cosas que nunca antes escuché. El albergue es cálido y atrás queda una dura jornada de agua y kilómetros de asfalto con puertos interminables. Fuera diluvia y en el Pirineo será nieve.

Me acerco al bar. La que lo atiende es la responsable de las llaves del albergue ahora que esta ¿cerrado?. Le hablo de mi cansancio de hoy, del rodeo que me hizo sumar esos kilómetros de más, del plan de lluvias de los próximos días y como pueden encajar con suerte con mis desplazamientos si retraso un día mi partida. No pone objeciones y decido quedarme una jornada más en Arrés.
Sábado 01.11.14 Invirtiendo el Camino Tolosano. Sangüesa. El camino que recorro esta mañana me dicen que pasa por unos parajes de singular belleza, me lo cuentan al llegar, por que yo no logré verlos rodando todo el tiempo dentro de una densa niebla que e envuelve y limita mi visión a escasos metros. He de detenerme cada pocos minutos para limpiar mis gafas siempre mojadas por la humedad suspendida en el aire que me empapa la cara y me hiela las manos.

Nada más entrar en Sangüesa me tropiezo con una oficina de información turística donde obtengo un plano e información. Un café me ayuda a entrar en calor y me dirijo al albergue de peregrinos. La hospitalera es un encanto, portuguesa con muchos años viviendo en Navarra donde ya nació la pequeña de sus tres hijas, estas van pasando a lo largo del día, a verla o a llevarle la comida. Yo me preparo también algo para comer allí. Por la tarde y a pesar de ser festivo, la hija menor me informa, que un supermercado estará abierto, ella trabaja allí reponiendo los lácteos.

Al rato aparece Javier. Tiene un albergue cerca de Llanes, en el Camino del Norte, que cerró el 15 de octubre y no abrirá hasta marzo. Ahora hace el camino y más tarde irá a Madrid a pasar las navidades con su familia. Vamos juntos al supermercado y planeamos la cena entre los dos. Aparecen 3 mujeres de Pamplona. Algún fin de semana hacen rutas del camino por la zona, cuando pueden al menos una de ellas hace periodos más largos y conoce algo del camino francés pero se informa con nosotros de lugares y albergues. Salen a tomar algo y aprovecho para leer con tranquilidad hasta la hora de la cena. Las chicas cenan fuera, pero aparecen a y con los postres, más una botella de vino que les regalo un peregrino con el que caminaron el año pasado y hoy han decidido abrirla, la comparten, un vino blanco francés extraño para mi paladar, solo tomo un par de sorbos tal y como les pedí que me pusieran.


Pasamos buenas horas de conversación, los cinco que vamos a dormir estamos en la cocina y carece de sentido hacer un silencio más temprano cuando nadie muestra deseos de ir pronto a dormir ni nadie piensa madrugar mañana. 
Viernes 31.10.14 Invirtiendo el Camino Tolosano. Monreal. Tras una noche fría la mañana no termina de serlo, pero muy húmeda, todo dentro de una cerrada niebla. Me falta del frigorífico medio cartón de leche, alguien ha podido pensar que era de uso común. No, a una de las chicas le faltan dos bocadillos que por la noche dejó preparados para comer durante la mañana, otro nota en falta un cargador de móvil, un tercero una navaja. Alguien nos ha hurtado cosas durante la noche, pequeñas sustracciones sin importancia obra de un aficionado mangante que ha ido a por lo que tenia más a mano en vez de emplearse en serio con las cosas que seguro merecen más la pena pero ha considerado más arriesgadas.

Me salgo del Camino Francés, desde ahora veré muy pocos peregrinos, ayer que nos conste, este camino lo usaron solo 4 personas. A falta de referencias de gente en sentido contrario estoy a punto de perderme en un par de ocasiones, carezco así mismo de plano de Navarra y unos guardias civiles a los que pregunto no me aclaran tampoco mucho, con explicaciones vagas y confusas más pendientes ellos en preguntarme a mi que en responderme.

De nuevo me cuesta avanzar, como me pasó ayer, pero ruedo al menos hasta el siguiente punto con albergue. He de ir a por la llave tal y como me dijeron, nadie por las sendas y caminos, nadie en el albergue con lo que sospecho que podría pasar la noche solo. Este es de pocas plazas, simple y sin encanto, proporciona, eso sí, un techo ante la anunciada lluvia y protección al frío que se deja ya notar. Unos radiadores portátiles repartidos por el dormitorio dan noticias de noches pasadas frías. Compre pan nada más pisar el pueblo y me queda comida de la que compre en Logroño, al menos para unos días más. Como solo, en la cocina, sin el bullicio de otros días y sin tener que disputar un fuego o una cazuela a nadie. No veo la amabilidad de otros lugares por los que he pasado en estas tierras. Indicaciones secas, gentes poco simpáticas en general.

A primera hora de la mañana, el ciclista de Pamplona, alma en pena del Camino que lo recorre dice que ya 14 veces creo que por que no tiene que hacer ni a donde ir, me dice si me molesta que ruede conmigo. Le advierto que mi ritmo es pausado, que paro cuando y donde e viene en gana para hablar con la gente, ver alguna cosa o por que si. Que dudo pueda ser buen compañero pero que el Camino es de todos y que el valla por donde le venga en gana, que me deje atrás y me espere en mis destinos si lo que busca es modo de no estar solo. Rodamos juntos hasta Santa Maria de Eunate y la veos juntos. Al salir de allí le digo que mi intención es parar en Monreal y si ando sobrado de ganas y no es muy tarde iría hacia Sangüesa cosa que dudo por la distancia y la inexistencia de albergues entre ambas poblaciones, que allí nos vemos si quiere y así nos despedimos.

Algunos kilómetros más tarde hay un desvío que va hacia Pamplona y sospecho que el lo tomará, cosa que se cumple. En Monreal donde dijo que nos reuniríamos no hay sombra de el. Egoistamente pienso que mejor para mi. Por variadas razones. Si un claustro no esta “enclaustrado”, encerrado entre paredes, ¿toma ese mismo nombre o recibe otro?, por que el de Santa Maria de Eunate rodea el edificio en vez de estar intramuros. Tampoco se si el nombre arquitectónico lo toma por el hecho de estar encerrado o si es a la inversa, que algo encerrado recibe el nombre de la construcción. No dispongo, cuando escribo esto, de conexión a la red para saciar mi curiosidad y espero poder hacerlo si antes no lo olvido cuando tenga oportunidad.


Un poco de Deuteronomio con padres apedreando a hijos por gandules y glotones me lleva a una siesta con todo el edificio para mi solo disfrute. Curiosa la excepción de mutilación como sanción que queda fuera del Talión.

Finalmente no estaré solo, aparece Michel, francés que viene caminando desde Toulouse, el cena fuera en el bar de la plaza pero tras la cena hablamos un poco, no se aún como, yo no se francés y el no sabe español, ninguno de los dos lo suficiente de inglés, pero nos entendemos.

Me da información, en serio, sobre el Canal Midi que me recomienda use para ir desde Toulouse hasta Narbona, la idea me parece genial, teniendo en cuenta una serie de factores. Uno, en las carreteras secundarias, que son las que busco, francesas, el arcén es inexistente, dos, los conductores no se distinguen por su respeto a los ciclistas según e han informado cicloturistas con los que he conversado estos meses, tres, el canal me garantiza un trazado plano con pocas o ningunas cuestas, cuatro, introduce y saca de las ciudades sin líos de indicaciones y sin tramos donde en ocasiones, me ha sucedido, las carreteras secundarias se funden con autovías, y algunas más que seguro olvido con un ataque de emoción que siento al verme rodando por tan hermoso canal. Lo conozco solo por un reportaje que pude leer en el National Geographic y que me enamoró, no se como he sido capaz de olvidar la existencia del mismo.

Mi compañero de albergue se retira a dormir muy pronto para mi, Al rato se abre la puerta y comienzan a entrar solos o por grupos gentes del pueblo. Resulta que por la puerta del albergue que da a la calle y una vez dentro a través del vestíbulo del mismo, se accede a un salón, que permanecía cerrado y no reparé en el, donde no se cuantas veces por semana usan para ensayar un coro local. Leyendo en la cocina, con un descafeinado con leche mientras escucho los ensayos del coro paso un rato espléndido, la mar de entretenido. Al salir cuando terminan su ensayo tengo ocasión de conversar con algunos de ellos mientras nos fumamos un cigarrillo en la puerta. Con sueño, ahora sí, me retiro a mi litera a dormir.

Jueves 30.10.14 Invirtiendo el Camino Francés. Puente la Reina. La mala noticia es que a partir del domingo se espera lluvia, por varios días seguidos. Pero la cosa no se queda ahí, la cota de nieve esta a 1500 metros y Somport, por donde he de cruzar, esta a 1.640.

El sube y baja de ayer hoy me ha pasado factura, las piernas congestionadas, pero como necesito una receta para retirar mis gotas de los ojos, me lo tomo con calma, paro en Puente la Reina y pido cita al médico, me la dan para las 13:50, con la espera de rigor ya me quedo aquí a pasar el día. El albergue, este será de los últimos que pise, está en un seminario, en edificio aparte, es sencillo y cómodo, con horario poco rígido, para el silencio y para abandonarlo por la mañana. Me aprovecho del acceso a una cocina que en tiempo no disfrutaré y me preparo una copiosa comida que sorprendentemente, no se de que me sorprendo con lo mucho que como ahora, la engullo con rapidez. Se me está terminando el descafeinado y quiero comprar esas cosas antes de cruzar la frontera, lamento la falta de espacio por cargar también con una botella de aceite que no me entra por mucho que me esfuerce.

Termino de escribir a Lev y le explico lo inteligente de mi modo de actuar, rodando por Andalucía en verano para ir a hacer la cara norte del Pirineo ahora que empiezan los fríos y nieves. Por fortuna no es biológico y con suerte poco le habré contagiado de mi absurdo modo de obrar.

Tras salir del médico me acerco a la oficina de información turística que permanece abierta a medio día, ya compre pan nada más pisar el pueblo, allí me informan de los albergues que el camino tolosano en su parte navarra siguen operativos, uno esta todo el año y el otro cerrara en diciembre, si bien me advierten que los puedo encontrar cerrados y he de ir a buscar la llave. Dos hermanas que aparecen por el albergue del pueblo para preguntar no se que y desde allí tomar un autobús que les lleve a Pamplona y desde allí a Jaca, donde dejaron su coche estacionado, me confirman esos extremos, que están abiertos pero que hicieron noche solas y en uno de ellos fueron a por la llave. Otros dos peregrinos que me tropiezo horas más tarde, estos pasarán la noche en otro albergue del pueblo, más de lo mismo.

Este albergue lejos de llenarse en estas fechas tampoco permanece vacío, alguna gente recala aquí pero todos llegan desde Roncesvalles. Tres jóvenes que caminan junto a un señor ya maduro, se conocieron hace un par de jornadas y unieron sus pasos. Un tipo inmenso, con una tripa descomunal, de Elche, resopla y nos amenaza explicitamente de su apnea de sueño, avisados estamos. El coreano de rigor, un ciclista de Pamplona, otro de no se donde, una chica alemana, una pareja creo que italianos y que solo hablan entre ellos, la fauna de cada día.

Uno de los hospitaleros voluntarios, son de una asociación local, me pregunta si he visitado ya la iglesia, esta es de Santiago y lo tenia previsto por lo poco leí en un folleto del Camino a su paso por Navarra. Me recomienda verla y no me defrauda, la nave central es digna de verse, su techo soberbio. Allí coincido con un hombre de un pueblo riojano que camina desde Pamplona hasta su localidad por la que pasa el Camino, regresamos juntos, tras nosotros la pareja creo que de italianos que andaban por la iglesia igualmente.

Más muestras de las guerras carlistas, en esta ocasión son unas aspilleras para los tiradores en la fachada del seminario desde donde se combatió en más de una ocasión, encontrándose Puente la Reina entre Estella y Pamplona fue escenario de muchos enfrentamientos. Alguna placa por el pueblo habla de batallas libradas en sus calles, ley sálica o pragmática sanción y toneladas de muertos, un sinsentido. A todo esto Fernando VII todo un genio. Alguna imagen de las que me salen por los carteles o de las que vi en el Museo Carlista de Estella la conocí en una edición ilustrada de los Episodios Nacionales. Incomoda de leer por su formato me limite a hojearla viendo sus ilustraciones, mapas y notas, los Episodios los leí tiempo antes en ediciones de finales del XIX con hojas amarillentas de tacto fino y suave, encuadernados en piel algunos, otros en una tela roja.


Otro rato de charla en el albergue hasta la hora de dormir, con el ciclista de Pamplona, el riojano que viste una de esas chaquetas de chándal a la que se le podían quitar las mangas por debajo de los codos y que hacia años que no veía, olvidé que eso en un tiempo fue moda, se nos une el joven que viaja con las dos chicas. Unos comienzan una partida de cartas de un juego que no conozco, parece sencillo. Mucho antes de la hora de apagar las luces que ando en la cama leyendo hasta que me vence el sueño.